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Daniel Iglesias

Hacia fines del año 1999 mi Administradora de Fondos de Ahorro Previsional (Unión AFAP) me regaló el libro titulado El gen, una novela de Michael Cordy.[1] Al principio recibí el obsequio con agrado, debido a mi gusto por la lectura. Sin embargo, enseguida me llamó la atención que la contratapa del libro contenía una cita de Richard Dawkins —un ardoroso propagandista del ateísmo— en la cual, de un modo ridículo, asignaba a los genes atributos divinos. Habiendo comenzado a leer el libro, muy pronto me percaté de su carácter ferozmente antirreligioso, anticristiano y anticatólico. Capítulo tras capítulo mi indignación fue en aumento. No obstante, leí la novela hasta el final, para poder opinar sobre ella con total propiedad.

No es mi intención realizar una crítica literaria de El gen, ni abrumar a nadie con detalles de los actos obscenos y violentos que abundan en ella. Me limito a referir algunos elementos básicos de la trama de esa novela:

Las curaciones milagrosas de Jesucristo se explican por la presencia en su genoma de tres genes extraordinarios, que son descubiertos por el héroe de la novela –un científico ateo– y aprovechados por él para resucitar a su hija.

Todas las reliquias de Cristo conservadas por la Iglesia católica son falsas. Las únicas reliquias de Cristo auténticas son conservadas por la Hermandad del Segundo Advenimiento, fundada por Lázaro después de la muerte de Cristo para evitar que se repitiera el fracaso de la Cruz. Esta Hermandad considera a Cristo como un Mesías fallido y espera la llegada de un nuevo Mesías. Mientras espera al segundo Mesías, la Hermandad se dedica a ajusticiar a algunos pecadores – práctica introducida en la Edad Media debido a la influencia de los caballeros templarios, que habían ingresado en la secta.

La fanática Hermandad finalmente reconoce como segundo Mesías a una asesina sádica –una de las encargadas de los ajusticiamientos dispuestos por la secta– después que se descubre que ella posee los tres “genes de Dios”.

Por lo demás, la novela de Cordy sigue generalmente un planteo racionalista favorable al ateísmo, presenta a la religión como una debilidad o una perversión, según los casos (por cierto, los rasgos más inmorales y desagradables suelen aparecer en personajes católicos) y parodia grotescamente varios episodios de la vida de Jesús.

Espero que esta breve descripción del contenido de El gen baste para demostrar que la susodicha novela agrede la fe cristiana y católica.

Pienso que entre los visitantes uruguayos de Fe y Razón debe haber unos cuantos afiliados a Unión AFAP y supongo que algunos de ellos deben haber recibido el mismo regalo que yo. Si esto es así, invito a aquellos que compartan mi opinión sobre El Gen a enviar una carta de protesta al Dr. Stephen Apolant, Gerente Comercial de Unión AFAP (Av. Brasil 2655, Montevideo), cosa que yo hice el 14 de febrero de 2000. Esto podría servir para recordar a los expertos de marketing de esa AFAP que los católicos también existimos y que no tomamos a la ligera las ofensas a Nuestro Señor y Salvador Jesucristo.

NOTA: En una nota fechada el 21 de febrero de 2000, el Dr. Apolant me respondió diciendo que lamenta lo ocurrido y que espera que sepa disculparlos.


[1] Ediciones B, Barcelona, 1997.