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Dimas Antuña

Y, para empezar, de San José no tenemos
ni una sola palabra en la Escritura.
San José no tuvo ninguna acción visible
en los acontecimientos de su época.
No tuvo que afrontar al rey Herodes
como San Juan Bautista
ni se presentó a los hombres con una palabra nueva
como San Pablo.
No tenemos nada que hacer con él
ni en el orden político
ni en el dominio de las ideas.
Su vida está completamente fuera
de eso que se llama vida pública;
fue una vida como la nuestra
una vida privada.
San José tuvo que soportar el orden exterior del mundo
dentro de ese orden, justo o injusto
no hizo otra cosa sino callar, obedecer,
buscar el pan de cada día.
Ahora bien en la vida privada de este hombre
hay algo más,
ese algo más es de un orden enteramente espiritual.
Es como nuestra vida religiosa,
un secreto del alma;
algo que pasa en lo escondido
lejos de la mirada de los hombres.
La vida exterior de San José, pues,
pertenece a lo que se llama la vida privada.
y el misterio que puede haber en esa vida
es algo religioso, algo invisible,
algo que pasa delante del Padre
y que corresponde a lo que se llama la vida oculta.
Y esta semejanza entre la vida de San José y nuestra vida,
es lo que me alienta a hablaros del santo.[1]/a>


[1] Dimas Antuña, La vida de San José, pp. 11-12. Esta publicación nació de una conferencia pronunciada en la Fraternidad de la Asunción, el día 9 de junio de 1940.