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Joseph Ratzinger

Entrevista de Peter Seewald al Cardenal Joseph Ratzinger

Peter Seewald: Juan Pablo II ha sido la piedra del siglo XX. El Papa polaco ha influido en la Iglesia más que muchos de sus predecesores. Su primera encíclica, Redemptor hominis (Redentor del ser humano,) señaló su programa: las personas, el mundo, los sistemas políticos se habían alejado de las demandas de la moral y la justicia. La Iglesia, pues, tenía que suministrar el modelo contrario con una doctrina clara. Esta idea directriz está presente en todas las circulares papales. Contra la cultura de la muerte, la Iglesia tenía que proclamar una cultura de la vida. ¿Ha proporcionado Juan Pablo II a la Iglesia las bases para que pueda transitar sin tropiezos por el nuevo siglo? [1]

Joseph Ratzinger: La auténtica base es Cristo, por supuesto, pero la Iglesia necesita siempre nuevos estímulos, ha de ser continuamente construida. A este respecto, bien podemos afirmar que su pontificado ha ejercido un extraordinario influjo. Ha sido una confrontación con todas las preguntas fundamentales de nuestro tiempo y, además, ha suministrado directamente y propiciado avances positivos.

Las grandes encíclicas del Papa –primero Redemptor hominis, después su tríptico trinitario en el que presenta la imagen de Dios, la gran encíclica de la moral, la encíclica de la vida, la circular sobre la razón y la fe– constituyen hitos y muestran también, como usted ha dicho, la base sobre la que se puede construir de nuevo. En concreto porque el cristianismo siempre necesita manifestarse en este mundo tan cambiante.

Con la misma visión de futuro con la que Tomás de Aquino tuvo que repensar el cristianismo en el encuentro con el judaísmo, el islam y la cultura griega y romana para darle forma, al igual que tuvo que ser pensado de nuevo al comienzo de la edad moderna –con lo que se encaminó hacia la Reforma y hacia los principios del concilio de Trento que determinaron a la Iglesia durante cinco siglos– así hoy un gran cambio con visión de futuro ha de preservar ilimitadamente tanto la identidad del conjunto como la capacidad de lo viviente para expresarse y representarse de nuevo. Y aquí el actual Pontífice ha prestado sin duda una aportación esencial.

 

[1] Entrevista extraída de Dios y el mundo. Creer y vivir en nuestra época. Una conversación con Peter Seewald, publicado por Editorial Sudamericana, Buenos Aires 2005, pp. 419-421.