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Congreso Nacional de la Familia

Las familias católicas del Uruguay, congregadas junto a nuestros Pastores, nos dirigimos a todos nuestros conciudadanos a fin de:

  • anunciarles la buena noticia sobre la familia revelada por Jesucristo, el Señor Resucitado;
  • invitarles a colaborar en la defensa y la promoción de la familia, “base de nuestra sociedad” (Artículo 40 de la Constitución de la República), a fin de que la familia sea el corazón de una cultura del amor;
  • transmitirles algunas conclusiones extraídas de las múltiples reflexiones y experiencias compartidas durante el Congreso.

Los derechos y deberes de las familias

“Por el hecho de haber dado la vida a sus hijos, los padres tienen el derecho originario, primario e inalienable de educarlos; por esta razón ellos deben ser reconocidos como los primeros y principales educadores de sus hijos.” (Pontificio Consejo para la Familia, Carta de los Derechos de la Familia, Artículo 5).

La libertad de elegir la clase de educación que queremos para nuestros hijos es un derecho humano fundamental. La organización del sistema educativo uruguayo no respeta este derecho básico, contrariando lo garantizado por el Artículo 68 de la Constitución y discriminando injustamente a quienes no están de acuerdo con el tipo de educación brindado en los establecimientos de enseñanza del Estado. Nos comprometemos a trabajar para cambiar esta situación inconstitucional y antidemocrática, a fin de que el Estado asuma plenamente su deber de ayudar a los padres a ejercer su derecho de educar a sus hijos conforme a sus propias convicciones.

“Las familias tienen el derecho de poder contar con una adecuada política familiar por parte de las autoridades públicas en el terreno jurídico, económico, social y fiscal, sin discriminación alguna” (Pontificio Consejo para la Familia, Carta de los Derechos de la Familia, Artículo 9).

La crisis de la familia no es sólo una consecuencia sino también una causa de la pobreza. El fortalecimiento de la familia debe ser un objetivo central de verdaderas políticas de Estado, en esencia independientes de los vaivenes electorales. La familia debe ser asumida como sujeto y objeto político y no como la destinataria de una mera sumatoria de políticas que no la consideran en su unidad. Se debe prestar particular atención a las políticas de empleo.

“La vida humana debe ser respetada y protegida absolutamente desde el momento de la concepción.” (Pontificio Consejo para la Familia, Carta de los Derechos de la Familia, Artículo 4).

El Uruguay vive un momento crítico de su historia en lo que respecta al primero de los derechos humanos, el derecho a la vida. Exhortamos a todos los uruguayos a unir sus fuerzas para:

  • Rechazar la legalización del aborto voluntario.
  • Brindar alternativas válidas a las madres que esperan hijos no deseados.
  • Modificar la normativa vigente en materia de adopciones, a fin de facilitarlas.
  • Prohibir la clonación humana y toda forma de reproducción humana asistida que no respete la dignidad esencial del ser humano.

Nos comprometemos a ser, en estos asuntos fundamentales, la voz y el voto de aquellos que no tienen ni voz no voto.

La familia es un capital social

La familia es la expresión fundamental de la naturaleza social del ser humano. Es una comunidad de personas basada en la alianza conyugal, por la cual un hombre y una mujer se entregan y aceptan mutuamente, estableciendo entre sí una comunión íntima de vida y de amor ordenada al bien de ambos y a la procreación y la educación de los hijos. El matrimonio es una institución natural dotada por el Creador de una muy alta dignidad, que debe ser amparada por la ley civil. No corresponde equiparar el matrimonio con ninguna forma de “unión de hecho.”

El desarrollo económico de un país depende crucialmente de su “capital humano.” La familia tiene un rol fundamental en la formación de este capital, por lo que una estructura familiar débil atenta gravemente contra la economía de una sociedad. La familia educa en virtudes fundamentales para la economía tales como honestidad, responsabilidad, laboriosidad, austeridad y solidaridad.

Nuestra civilización, afectada por ideologías materialistas, secularistas, racionalistas, relativistas y utilitaristas, vive una época de crisis moral y espiritual. A menudo los medios de comunicación social transmiten estas ideologías negativas hacia las familias. En este contexto no es fácil para las familias cumplir su misión de ser transmisoras de los valores humanos y cristianos. Las comunidades cristianas (parroquias, colegios, movimientos etc.) deben apoyar a las familias en esta difícil tarea.

La familia es el primer camino de la Iglesia

La familia es una prioridad pastoral para toda la Iglesia. Dado que la familia forma parte del ser del hombre, toda acción pastoral de la Iglesia incide también sobre la familia. Las distintas ramas de la pastoral de conjunto deben ser coordinadas con la pastoral familiar. Por ejemplo, es imprescindible un trabajo conjunto entre la pastoral juvenil y la pastoral familiar en el área del noviazgo. La pastoral familiar debe llegar a todos los integrantes de la familia y tener en cuenta las situaciones de todas las familias (por ejemplo, los problemas propios de las familias rurales, el drama de la emigración que sufren tantas familias uruguayas, etc.).

La crisis de fe que afecta a muchas familias dificulta los procesos de iniciación cristiana realizados en parroquias o colegios. La catequesis familiar es una nueva metodología catequética que apunta a apoyar a la familia cristiana para que pueda cumplir eficazmente su misión de educar en la fe. Alentamos a los catequistas del Uruguay a conocer, experimentar y evaluar esta metodología.

La Iglesia comparte las alegrías y tristezas de las familias de nuestro país y quiere estar a su lado, ayudarlas a resolver sus problemas en distintos órdenes de la vida y transmitirles el misterio de la fe en el Dios revelado por Cristo. A la miríada de obras sociales eclesiásticas o civiles de inspiración católica de nuestro país se podrían sumar con fruto centros especializados en los problemas de la familia (consultorios familiares, centros de escucha y acogida, pastoral de acompañamiento, etc.)

La familia cristiana, iglesia doméstica

La familia cristiana está fundada sobre el sacramento del matrimonio, que hace a los esposos partícipes del misterio de la alianza de amor entre Cristo y la Iglesia. Como Cristo amó a la Iglesia hasta el extremo y entregó su vida por ella, así los esposos deben amarse y entregarse recíprocamente.

Hay una vocación cristiana a la santidad en la vida matrimonial. Es preciso reconocer su altísima dignidad e impulsar a los novios y esposos a cumplir siempre la voluntad de Dios, viviendo lo ordinario de manera extraordinaria. Los padres, fortalecidos por la gracia del sacramento del matrimonio, son los pastores de la familia, iglesia doméstica. Han de ayudar a sus hijos a crecer en santidad y a descubrir y vivir su propia vocación particular, siguiendo a Cristo como María.

La familia cristiana participa de la misión de todo el Pueblo de Dios. Debe anunciar el Evangelio de Jesucristo con palabras y obras, sobre todo con el testimonio de una vida familiar ejemplar, yendo al encuentro de los otros y acogiéndolos con calidez, especialmente a las familias en situaciones difíciles o irregulares.

Al concluir este mensaje nos dirigimos especialmente a todos los matrimonios del Uruguay, llamando a cada esposo y esposa a renovar la entrega sincera de sí mismo, a construir entre ambos un amor fiel, fecundo, paciente, solidario y misericordioso y a vivir la paternidad responsable con generosidad.

Por la intercesión de la Bienaventurada Virgen María, Madre de Dios y Madre de la Iglesia, ama de casa y sede de la Sabiduría, rogamos a nuestro Padre Dios que bendiga a todas las familias del Uruguay y las colme de su gracia, por medio de su Hijo Jesucristo, nuestro único Salvador, en el Espíritu Santo. Amén.[1]


[1] Dado en Montevideo, 12 de octubre de 2003 por el II Congreso Nacional de la Familia. Montevideo, 11 y 12 de octubre de 2003, Conferencia Episcopal del Uruguay, Comisión Nacional de Pastoral Familiar, Montevideo 2005, Mensaje Final, pp. 165-168.