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Pedro Gaudiano

A la hora de analizar una religión, existe el riesgo de fijarse solamente en algunos detalles externos que son secundarios y darles una gran importancia. Por esos detalles se puede juzgar todo un conjunto, lo cual puede llevar a formarse un juicio equivocado de esa religión. Para conocer con cierto rigor científico una religión, es necesario entrar en un análisis detallado de sus creencias y estructuras.[1] Un elemento básico para dicho análisis es, sin duda, la concepción de Dios que tiene cada religión. En el presente artículo nos vamos a referir solamente a las religiones monoteístas, es decir, aquellas que creen en un solo Dios.

Según su orden cronológico de aparición, las religiones monoteístas son tres: el judaísmo, que se remonta al año 2000 a.C; el cristianismo, fundado por un judío del primer siglo llamado Jesús, tiene sus raíces en las Escrituras hebreas; el islam, que surge con Mahoma hacia el año 610 d.C., y su libro sagrado, el Corán, que también debe mucho a las Escrituras hebreas (en el Corán se considera a Abraham y a Jesús como profetas).

Las tres religiones monoteístas que actualmente existen en el mundo nacieron en el marco geográfico de lo que se conoce como Oriente Medio, es decir, un conjunto de países situados entre Egipto y Arabia, por el sur, y Turquía e Irán, por el norte. En el centro de esa zona geográfica discurren los ríos Tigris y Éufrates, auténtica espina dorsal de todo este territorio en el que se han desarrollado grandes civilizaciones.

El Judaísmo

Moisés, Jesús, Mahler, Marx, Freud y Einstein… ¿qué tuvieron en común estas personas? Todos eran judíos y, de diferentes maneras, todos han afectado la historia y la cultura de la humanidad. Es evidente que los judíos han sido notables por miles de años. La Biblia misma da testimonio de eso. El judaísmo, pues, es una de las religiones que más han influido en la historia de la humanidad, tanto por su experiencia religiosa y su actitud ante la vida, como por encontrarse en la raíz del llamado mundo occidental.

Dos características marcan y distinguen al judaísmo:

  • La primera, su sentido de comunidad, de pueblo: la religiosidad no es asunto individual sino algo comunitario, colectivo, incluso nacional.
  • La segunda, es la idea de que Dios no permanece ajeno a los hombres, sino que se manifiesta en la propia historia.

Actualmente hay en el mundo unos quince millones de judíos: seis de ellos están en Estados Unidos; casi cuatro, en Israel, y el resto, esparcido por el mundo, especialmente en Rusia y Europa oriental. Aunque sus costumbres varían considerablemente, forman un pueblo muy unido.

El Dios de los Judíos

Para el judaísmo, hay un Dios único, Yahvé, que habla y se revela en la historia y actúa en ella para liberar a su pueblo. Sus palabras y sus revelaciones se han ido produciendo a lo largo de toda la historia del pueblo: comenzaron con Abraham, con el que hizo una alianza; siguieron, sobre todo, con Moisés, al que comunicó la Ley; más tarde continuaron con los profetas.

El Dios de los judíos es inaccesible, totalmente distinto de los hombres, pero a la vez cercano y preocupado por la vida del pueblo, al que se va revelando progresivamente. Todas estas revelaciones van acompañadas de acciones liberadoras de Dios. Es completamente trascendente y eterno. Creador del universo y de todo lo que existe: de la tierra, de la luz, de los animales, del hombre y de la mujer, a quienes hizo a semejanza suya. Liberador de la opresión.

No está ligado a ninguna fuerza especial, aunque se puede manifestar en una zarza ardiendo, en la palabra de un profeta o en algún fenómeno natural.

Ha revelado su ley al pueblo judío, al que ha elegido para ser luz de la humanidad y dentro del cual nacerá el Mesías.

El Cristianismo

El cristianismo es la religión más importante hoy en el mundo si consideramos el número de sus seguidores (1.900 millones). Es la que más ha influido en la civilización occidental (Europa y América), que a su vez es la civilización más fuerte del mundo. Está dividido en tres grupos:

  • Los católicos (960 millones) están presentes con mayor o menor intensidad en casi todos los países del mundo. Su centro espiritual está en Roma.
  • Los protestantes (460 millones) se encuentran principalmente en Europa del norte y central y en Estados Unidos Se separaron de la Iglesia católica en el siglo XVI.
  • Los ortodoxos (215 millones) se extienden principalmente por Oriente Medio, Grecia y países de la comunidad de estados independientes. Se separaron de la Iglesia Católica en el siglo XI.
  • El resto de cristianos abarca unos 265 millones.

El Dios de los cristianos

Para el cristianismo existe una sola divinidad pero tres Personas Divinas: el Padre (creador), el Hijo (redentor) y el Espíritu Santo (santificador). Esto se conoce como el misterio de la Santísima Trinidad.

El Hijo de Dios se hizo hombre en el seno de la Virgen María para abrir el camino del hombre hacia Dios. Es el misterio de la Encarnación. Jesús de Nazaret es una persona divina, el Hijo, en dos naturalezas: divina y humana. Es verdaderamente Dios y verdaderamente hombre, igual en todo a los hombres excepto en el pecado.

Hoy nadie duda de que hubo en Judea, en tiempos de Tiberio, en los inicios de nuestra era, un judío llamado Jesús o Cristo. Así lo atestigua no sólo el Nuevo Testamento, sino también autores extrabíblicos, ya sea judíos (Flavio Josefo, Thallos) o paganos (los romanos Plinio el Joven, Publio Cornelio Tácito, Cayo Suetonio Tranquilo). Con Jesús se inicia el cristianismo. La figura de Jesús es universalmente admirada como modelo de perfección humana, pero el cristiano va más allá reconociendo no sólo la calidad humana de Jesús, sino su divinidad. De esta manera, el Dios Yahvé del Antiguo Testamento pasa a ser el Dios Padre de Jesús.

Los cuatro evangelios (Mateo, Marcos, Lucas y Juan ) no son una biografía de Jesús, sino la manifestación de una convicción profunda de sus primeros discípulos: Jesús de Nazaret es el mesías anunciado por los profetas, es el Hijo de Dios. Así pues, el cristianismo es la religión de los que creen que Jesucristo es Hijo de Dios. Es el Dios hecho hombre que, tras su predicación, fue ejecutado en la cruz y resucitó. Vino a anunciar a todos los hombres, sin exclusión, la buena nueva de la salvación definitiva.

El Islam

El islam extiende su influencia en una amplia zona que va desde el norte de África hasta la India por el este y hasta los Urales por el norte. Por el número de seguidores (950 millones) es la segunda religión en orden de importancia, después del cristianismo. En los países en donde es religión mayoritaria, ejerce una enorme influencia en la cultura y en las costumbres.

[Declara ser][2] la tercera religión revelada por Dios a los hombres, después del judaísmo y del cristianismo. En realidad no se presenta como una nueva religión, sino que pretende restablecer la primera revelación hecha por Dios a Abraham, Moisés, David, María y Jesús.

Islam significa entregarse o someterse a la voluntad de Dios. Quien practica el islam es un musulmán (del término árabe muslim, “el que se somete a Dios” ); llamarlo mahometano sería una ofensa, ya que implica un culto personal a Mahoma, cosa totalmente prohibida en el islam.

El dios de los musulmanes

Dios cumple cuatro funciones respecto al universo y a la humanidad: crea, mantiene o sustenta, dirige y juzga. El juicio será la actividad final de Dios. Los “elegidos” irán al paraíso, y los “perdedores” al infierno; aunque Dios es misericordioso y perdonará a quien lo merezca.[3] Por tanto el musulmán cree en la vida futura y en la resurrección de todos los seres tras un juicio final que determinará quién irá al infierno y quién al paraíso.[4]

 

 


[1] Ver nuestro artículo “¿Qué es la religión?,” en Boletín CIEF Número 29, abril 2004, pp. 10-11

[2] NOTA DEL EDITOR: en la óptica islámica;

[3] NOTA DEL EDITOR: En el islam hay un monoteísmo absoluto: no existe más que un solo Dios, Alá, dueño y señor del universo. Es totalmente otro, único, trascendente e impenetrable. Creador, omnipotente y misericordioso, irrepresentable.

[4] Pedro Gaudiano es Doctor en Teología, profesor de Antropología y Fenomenología de la Religión en la Universidad Católica. En el Centro de Investigaciones y Estudios Familiares (CIEF) es profesor de Antropología y Comunicación de Valores en la Familia. Este artículo fue publicado en el Boletín CIEF N° 31, agosto 2004, pp. 12-13.