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Equipo de Dirección

Dado que la Iglesia Católica considera a octubre como un mes dedicado especialmente a las misiones, desde hace tiempo habíamos decidido dedicar el tema central de este número de Fe y Razón al estado de la misión evangelizadora de la Iglesia Católica en nuestro país, el Uruguay. Como veremos luego, una serie de importantes acontecimientos recientes nos han impulsado a agregar un segundo tema principal, referido a tres iniciativas legislativas tendentes a legalizar en el Uruguay respectivamente las uniones concubinarias,” el testamento vital” y el aborto y la perspectiva de género.”

Uruguay, tierra de misión

En su edición del día 21 de junio de 2006, el diario El País de Montevideo informó lo siguiente:

Según la última Encuesta Nacional de Hogares sobre religión, un 47% de los uruguayos se definen como católicos,” aunque el porcentaje de creyentes es mayor en el interior del país (48%) que en Montevideo (44%) […]

¿Cómo se definiría usted desde el punto de vista religioso?,” fue una de las preguntas en la Encuesta Nacional de Hogares 2006 del Instituto Nacional de Estadística (INE), con las opciones: católico, cristiano no católico, judío, umbandista u otro culto afroamericano, creyente en Dios sin confesión, ateo o agnóstico u otro. En total, el estudio revela que un 58.2% de los uruguayos se definen como cristianos, incluyendo a los católicos, y un 11% se consideran creyentes no practicantes.[1] La encuesta del INE también revela que un 17.2% de los uruguayos son ateos o agnósticos y un 23% se considera creyente sin ser católico.”[2]

Esta encuesta –que, hasta donde sabemos, sería la primera encuesta del INE en abordar el fenómeno religioso- muestra que, probablemente por primera vez en la historia, los católicos somos minoría en el Uruguay. Una minoría muy importante: casi la mitad de la población, que representa a la vez una amplia mayoría relativa dentro de las distintas definiciones en materia religiosa; pero minoría al fin.

Los datos sociológicos sobre el porcentaje notoriamente decreciente de católicos en Uruguay en las últimas décadas nos invitan a pensar acerca del estado de la misión de la Iglesia Católica en nuestro país. Con motivo del IV Sínodo Arquidiocesano de Montevideo, celebrado el año pasado, tuvimos ocasión de reflexionar sobre ese asunto, aunque acotado a nuestra diócesis, que reúne a algo menos de la mitad de la población del Uruguay. Si bien el tema de la relación de la Iglesia con los católicos más o menos alejados de ella, los cristianos no católicos, los creyentes no cristianos y los no creyentes no fue uno de los temas que acapararon en mayor grado la atención de este Sínodo, en definitiva tampoco estuvo ausente. En este número publicamos pues dos aportes presentados al Sínodo (uno de ellos en una versión revisada) que de distintas maneras se aproximan a nuestro tema. Incluimos además una reflexión a partir del Instrumentum Laboris de la XI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos (celebrada en Roma en octubre de 2005) y un texto del Cardenal Ratzinger (actual Papa Benedicto XVI), que nos parece iluminador acerca del mismo tema.

La nueva evangelización requiere el nuevo ardor de los católicos

Los problemas que queremos tratar aquí no son exclusivos del Uruguay. A continuación citaremos dos pasajes de un libro de Scott Hahn, pastor y teólogo presbiteriano de los Estados Unidos convertido al catolicismo. Estos pasajes describen de un modo impactante la situación de debilitamiento del impulso misionero en buena parte de la Iglesia Católica en el período post-conciliar.

El primer pasaje se refiere a la época en que Scott Hahn era un joven protestante fervorosamente anticatólico:

Me dedicaba con especial entusiasmo a los católicos, por compasión hacia sus errores y supersticiones. Cuando dirigía estudios sobre la Biblia para alumnos de Secundaria, preparaba estratégicamente mi charla para llegar a los chicos católicos, que me parecían tan perdidos y confusos. Lo que más me alarmaba era su ignorancia, no sólo de la Biblia, sino de las enseñanzas de su propia Iglesia. Me daba la impresión de que los estaban tratando como conejillos de indias en sus propios programas de catequesis. Por tanto, hacerles ver los errores de su Iglesia resultaba tan fácil como acertar a patitos de plástico metidos en un barril.”[3]

El segundo pasaje narra dos hechos ocurridos en una época en que las creencias protestantes de Scott Hahn habían sufrido grandes conmociones y se sentía atraído por la verdad cristiana que comenzaba a percibir en el catolicismo:

Fue duro, porque ella [su esposa, Kimberly] no quería saber nada de la Iglesia católica, y resultó más duro aún porque varios sacerdotes a los que visité tampoco querían hablar sobre su Iglesia. Cada dos por tres yo me escapaba en busca de un sacerdote que pudiera contestar a algunas de las dudas que aún me quedaban; pero uno tras otro me desilusionaban. A uno de ellos le pregunté:

— Padre Jim, ¿qué debo hacer, convertirme al catolicismo?

— Antes que nada –me dijo-, no me llame padre,” por favor. En segundo lugar, creo que en realidad usted no necesita convertirse. Después del Vaticano II eso no es muy ecuménico. Lo mejor que puede hacer es, simplemente, ser mejor como presbiteriano. Le hará más bien a la Iglesia católica si usted se mantiene en lo que es.

Asombrado, le contesté:

— Mire, padre, yo no estoy pidiendo que me tome del brazo y me haga católico a la fuerza. Creo que Dios puede estar llamándome a la Iglesia católica, donde he encontrado mi hogar, mi familia de alianza.

Él contestó fríamente:

— Bueno, si lo que quiere es alguien que le ayude en su conversión, yo no soy la persona adecuada.

Me quedé helado.

De vuelta a casa le pedí al Señor que me guiara hacia alguien que pudiera resolver mis dudas y mis inquietudes, y de repente tuve una idea: tal vez debía inscribirme en cursos de teología de una universidad católica.

Envié mi solicitud para el programa de doctorado de Duquesne University, en Pittsburgh, donde me aceptaron y me ofrecieron una beca. Cada semana viajaba hasta allí en coche para asistir a las clases. En algunos de los seminarios era el único protestante, y el único estudiante que defendía al Papa Juan Pablo II. ¡Eso era lo paradójico! Al final me vi explicándoles a los sacerdotes (e incluso a ex sacerdotes) cómo ciertas creencias católicas tenían su fundamento en la Biblia, especialmente en su teología de la alianza. No parecía que yo fuera a encontrar respuesta a mis preguntas allí.” (idem, pp. 82-83).

Finalmente Scott primero y Kimberly después fueron incorporados a la plena comunión con la Iglesia Católica. Su camino al catolicismo habría sido mucho más sencillo si en la primera parte de sus vidas hubieran encontrado más católicos bien formados en la doctrina católica y habituados a dar un testimonio visible eficaz de Cristo y de su Iglesia con palabras y obras. Como nos enseñó el amado Papa Juan Pablo II, la nueva evangelización que el mundo (y especialmente Occidente) requiere es nueva en su ardor, en sus métodos y en su expresión; pero lo primero y decisivo es el nuevo ardor.

Una amplia ofensiva contra la familia y la vida

El pasado 12 de septiembre el Senado uruguayo aprobó (con 25 votos a favor y sólo dos en contra) un proyecto de ley que otorga reconocimiento y protección legal a las uniones concubinarias con al menos cinco años de convivencia, concediendo a dichas uniones, tanto heterosexuales como homosexuales, derechos y deberes análogos a los del matrimonio. El artículo correspondiente a las uniones homosexuales fue aprobado con 16 votos a favor y 12 en contra. Según el proyecto aprobado, una persona casada podría unirse en concubinato legal con otra persona distinta de su cónyuge, por lo cual se estaría legalizando una especie de bigamia. Además dicho proyecto no establece ninguna clase de impedimentos dirimentes, por lo cual las uniones concubinarias legales podrían ser incestuosas o involucrar a menores, por ejemplo.

El Artículo 40 de la Constitución Nacional establece lo siguiente: La familia es la base de nuestra sociedad. El Estado velará por su estabilidad moral y material, para la mejor formación de los hijos dentro de la sociedad.” Es evidente que los constituyentes se refirieron a la familia basada en el matrimonio, unión estable entre un hombre y una mujer. Por consiguiente, no sería constitucional una ley que otorgue derechos propios del matrimonio a parejas que, o bien no quieren casarse o bien no pueden casarse debido a impedimentos dirimentes.

Ahora este proyecto de ley debe ser considerado por la Cámara de Representantes. Te invitamos a enviar un mensaje a todos los Diputados, pidiéndoles que rechacen este proyecto de ley gravemente injusto e inconstitucional.

Además, a principios del mismo mes de septiembre, dio un nuevo paso en el Parlamento uruguayo un proyecto de ley que permite a una persona negarse a recibir tratamientos que prolonguen artificialmente su vida cuando se encuentre en estado terminal. La propuesta, elaborada por los Diputados Luis Gallo y Washington Abdala fue aprobada por unanimidad en la Comisión de Salud de la Cámara de Representantes. La persona podrá oponerse por escrito a la aplicación de tratamientos médicos que prolonguen su vida con dolor, angustia o daño,” cuando esté en el estado terminal de una enfermedad crónica, incurable o irreversible.” El procedimiento, llamado ahora voluntad anticipada” y ya no testamento vital,” requerirá la firma del titular y de dos testigos. En caso de que la persona no haya expresado su deseo y se encuentre incapacitada de hacerlo, el médico tratante podrá tomar la decisión, con el aval de los familiares directos.

Este proyecto de ley está redactado en términos tan amplios e imprecisos que abre las puertas no sólo a la adistanasia (rechazo al encarnizamiento terapéutico), lo cual es su intención declarada, sino también a la eutanasia, violando así el fundamental derecho humano a la vida.

Por último, la prensa ha informado que varios legisladores del partido de gobierno, haciendo caso omiso del anunciado veto presidencial, insistirán para que el Parlamento trate lo antes posible el proyecto de ley que legalizaría el aborto e impondría la perspectiva de género” como ideología oficial del Estado uruguayo.

Estas tres iniciativas legislativas, que convergen en un corto espacio de tiempo, son las puntas de lanza de una amplia ofensiva contra el derecho a la vida y los derechos de la familia en nuestro país. Todos los católicos fieles al Magisterio de la Iglesia debemos esforzarnos por hacer frente a esta ofensiva y por hacerlo juntos, con la fuerza de la razón.

¡Que el Señor ilumine a nuestros gobernantes y a todos nosotros, ciudadanos del Uruguay, para que estemos a la altura de los acontecimientos de esta hora crítica!

 


[1]  NOTA DE FE Y RAZÓN: en realidad éste es el porcentaje de cristianos no católicos

[2]  NOTA DE FE Y RAZÓN: en realidad éste es el porcentaje de creyentes en Dios sin religión

[3] Scott y Kimberly Hahn, Roma, dulce hogar. Nuestro camino al catolicismo, Ediciones Rialp, Madrid 2001, p. 30