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Daniel Iglesias Grèzes

El cristianismo tiene una dimensión política. La fe cristiana tiene muchas consecuencias necesarias en lo referente a la acción política en general y a la defensa y la promoción de la vida y la familia en particular. En todo aquello que brota necesariamente de la verdad revelada por Jesucristo acerca del hombre y de la sociedad, los católicos debemos mantenernos siempre unidos, a pesar de nuestras legítimas diferencias sobre otros asuntos políticos, los que son opinables. Por esto cabe hablar de una “plataforma política cristiana,” en la que deberían converger los esfuerzos de todos los católicos, a fin de traducir en logros históricos concretos los principios de la doctrina moral social de la Iglesia.

En todos los órdenes de la vida conviene plantearse metas asequibles,[1] empezando por las más fáciles y dejando para el final las más difíciles. Considerando la notable debilidad política de los católicos en el Uruguay, este principio general tiene una especial vigencia en cuanto a la formulación de una plataforma política cristiana. Es muy conveniente que las metas de corto plazo sean relativamente sencillas de alcanzar, lo cual implica que no sean demasiado polémicas, sino que respondan a visiones compartidas por la gran mayoría de la población. Creemos que las respuestas de los precandidatos a la Presidencia de la República al cuestionario planteado por la revista “Pastoral Familiar” de la Conferencia Episcopal Uruguaya– en 2004 ofrece algunas pistas valiosas al respecto.[2]

Dicho cuestionario constaba de diez preguntas cerradas y dos preguntas abiertas. Cada una de las diez preguntas cerradas contenía una propuesta razonable desde una perspectiva cristiana. Pues bien, es interesante notar que tres de esas diez preguntas (concretamente, las preguntas 8, 9 y 10) fueron respondidas afirmativamente por los cinco precandidatos que respondieron el cuestionario. Dos de estos precandidatos subrayaron incluso la importancia de la propuesta Número 8. A continuación cito las tres propuestas que recibieron un apoyo unánime:

¿Se comprome Ud. a impulsar las siguientes medidas de gobierno en caso de ser electo Presidente de la República? […]

  1. Reducción de los tiempos de espera requeridos en los trámites de adopción.
  2. Aplicación efectiva del horario de protección al menor en la televisión.
  3. Reconocimiento oficial del nombre “Navidad” para el feriado del 25 de diciembre.

Dedicaremos el resto de este artículo a comentar brevemente cada una de estas tres propuestas.

Las adopciones

Desgraciadamente, el abandono de niños por parte de sus padres es un fenómeno bastante frecuente. Si bien dicho abandono nunca debe ser estimulado, es una realidad, un problema grave que requiere soluciones urgentes. Por sus muy negativas consecuencias, el hecho de que existan niños criados por funcionarios públicos en hogares colectivos debería ser visto como una aberración. En muchos casos sería mejor para estos niños crecer en un hogar problemático que ser criados por el Estado; entre otras muchas razones, porque la tutela del Estado cesa abruptamente al llegar la mayoría de edad. Si hay algo cuya “privatización” es imprescindible, se trata de los niños. Ser padre es una vocación, no un empleo. Los niños deben ser criados por sus padres, en el seno de una familia.

En este asunto tienen prioridad los derechos de los hijos, no los de los padres. Los padres no tienen derecho a tener hijos de cualquier manera, por ejemplo recurriendo a la fecundación in vitro (FIV). Nótese que la FIV heteróloga (la que se usa semen u óvulos procedentes de un tercero, ajeno a la pareja) ni siquiera soluciona el problema de la esterilidad de uno de los cónyuges, sino que lo suplanta por medio de un tipo sofisticado y costoso de adulterio, el “adulterio in vitro.” En cambio los hijos tienen derecho a ser concebidos de un modo humano, como fruto de un acto de amor conyugal y no como producto de una manipulación técnica. Cuando los padres que sufren el problema de la esterilidad desechan el camino arduo pero hermoso de la adopción, optando por el camino quizás más fácil pero moralmente ilícito de la FIV, resultan dañados no sólo ellos y sus hijos, sino también los niños que ellos podrían haber adoptado.

En el Uruguay la tasa de adopciones es muy baja debido a la gran lentitud de los trámites de adopción. Según informes de prensa, el tiempo promedio de espera de un matrimonio para adoptar un hijo por medio del Instituto del Niño y el Adolescente del Uruguay[3] es de cuatro años, un tiempo exageradamente largo. Es justo que el INAU evalúe rigurosamente a los candidatos a padres adoptivos, pero la seriedad de esta tarea no debe obstar a que se cumpla en un plazo más breve. También es justo que los padres naturales de los niños abandonados tengan una oportunidad de recuperar a sus hijos, pero las normas vigentes extienden esta oportunidad a tal extremo que perjudican gravemente las posibilidades de ser adoptados de estos niños.

Creemos que el tiempo de espera referido no debería superar los nueve meses, el tiempo de espera natural de un hijo en un embarazo. Para alcanzar esta meta probablemente se requiera introducir modificaciones legales, optimizar los procedimientos del INAU e incrementar los recursos que este Instituto asigna a las tareas correspondientes.

El horario de protección al menor en la televisión

Los medios de comunicación social a menudo utilizan mal su enorme poder y se vuelven promotores de un relativismo moral que atenta contra la familia y el recto orden social. Según esta mentalidad disolvente, cada uno tiene derecho a buscar la felicidad a su manera y todo está bien: unión libre, adulterio, homosexualidad y un largo etcétera. Abundan los programas de televisión que se burlan de los valores morales. No reflejan fielmente la realidad, sino que la transforman deliberadamente en un sentido negativo.

El Estado no debe coartar la legítima libertad de expresión, pero puede estimular a los medios (especialmente los televisivos) a comportarse más responsablemente, colocando los valores morales por encima de la búsqueda inescrupulosa del mayor rating.

En este sentido adquiere importancia una norma vigente, pero sistemáticamente incumplida en nuestro país: el horario de protección al menor en la televisión. Esta norma debería simplemente cumplirse, aplicándose las sanciones correspondientes a los canales que la violen.

La Navidad y otras fiestas religiosas

Los uruguayos a menudo no nos damos cuenta de cuán excéntrico es nuestro ordenamiento legal con respecto a los feriados de origen religioso cristiano. Hasta donde sabemos, Uruguay es el único país de civilización occidental que ha secularizado oficialmente todos esos feriados, cambiando sus denominaciones. En efecto, en 1919 se promulgó una ley que convirtió al 6 de enero en el “Día de los Niños,” a la Semana Santa en la “Semana de Turismo,” al 8 de diciembre en el “Día de las Playas” y al 25 de diciembre en el “Día de la Familia.” Exceptuando la supresión de los feriados religiosos en la Unión Soviética y otros países sometidos a regímenes comunistas (como Cuba), el mundo no ha conocido nada semejante desde el efímero intento de la Revolución Francesa, que introdujo un nuevo calendario, pretendiendo iniciar una nueva era, post-cristiana.

El experimento uruguayo ha sido mucho más duradero que el francés e incluso que el soviético. Sin embargo las denominaciones dadas por el secularismo uruguayo a los feriados religiosos han corrido suertes diversas:

Los nombres “Día de los Niños” y “Día de la Familia” han fracasado totalmente. Todos los uruguayos continúan llamando “Reyes” y “Navidad” a estas dos fiestas.

El nombre “Día de las Playas” se había difundido bastante, pero de todos modos ya no existe, porque hace algunos años el feriado del 8 de diciembre fue suprimido.

El nombre “Semana de Turismo” es utilizado por gran parte de los uruguayos y es evitado sistemáticamente sólo por una minoría de cristianos más o menos militantes. Por otra parte, desde hace años se discute la posible supresión del carácter de feriado de los días lunes, martes y miércoles de esta semana.

El calendario oficial de 1919 es un anacronismo, un residuo del agudo sentimiento anticatólico del primer batllismo. Los uruguayos cristianos no debemos seguir resignándonos a que nuestras fiestas sean ignoradas o desnaturalizadas por el Estado. Éste es un momento propicio para exigir el reconocimiento oficial de los nombres verdaderos de estas fiestas religiosas. Se trata de un claro derecho de los cristianos, que constituyen alrededor del 80% de la población de nuestro país. Una medida de este tipo tendría también un sentido simbólico, indicando el final del predominio de una forma de laicismo hostil a la religión, siempre dispuesta a negar a ésta su derecho a una presencia y una influencia en el espacio público. Sería también una medida favorable a la integración latinoamericana, puesto que las mismas fiestas, con el mismo carácter religioso, son celebradas en toda América Latina. Para nuestros hermanos argentinos, brasileños, chilenos etc. resultaría inconcebible adoptar o aceptar un calendario semejante al calendario uruguayo de 1919.[4]

 

 


[1] cf. Lucas 14,28-32.

[2] Véase: Pastoral Familiar, Año 2 Número 8, Junio-Julio 2004, pp. 20-26)

[3] INAU.

[4] NOTA DE FE Y RAZÓN: La versión original de este artículo fue publicada con el título Reflexiones sobre las respuestas de los Precandidatos en la revista Pastoral Familiar, Año 2 Número 9, Agosto-Septiembre 2004, pp. 25-27. Ahora publicamos una nueva versión, levemente modificada.