camino

Milton Iglesias Fascetto

Seguir a Cristo exige una decisión fuerte porque Cristo pide un compromiso total, un amor exclusivo.

En primer lugar nos pide estar despiertos, darnos cuenta que el Señor es el que llama. Hay que estar preparados. Los que ignoran la invitación son echados afuera.

Exige un cambio radical, hay que volver a nacer. Elegir entre dos señores incompatibles: Dios o la vanagloria del mundo. No es posible la neutralidad.

Esta opción es una alternativa de vida o muerte, es para gente decidida. Hay que tomarlo en serio y la decisión debe ser fuerte.

En todo momento Cristo nos obliga a optar. Supone un esfuerzo para entrar por la puerta estrecha,[1] aceptar el yugo. No mirar para atrás para no desviar el surco. Exige un amor de preferencia. También la decisión por Cristo nos exige no esperar provechos terrenos del Evangelio.[2]

Por eso Cristo exige probarse a sí mismo con una decisión fuerte. Optar por Cristo significa afirmarse en el sólido fundamento de la práctica, aumento de Fe y sacrificio.[3] La traducción cristiana de esto es: “tomar la Cruz.”[4]

¿Por qué Cristo pide esto? ¿Cuál es el motivo? Él ha dicho que hay otros valores, otros tesoros. Él lo ha centrado en tres palabras: Reino, Evangelio, Jesucristo.

El secreto de haber descubierto el Reino como un valor superior, exclusivo, supremo.[5] Este secreto es la perla y el tesoro escondidos. En el último caso, el secreto de una persona, la persona de Cristo encontrada: “todo lo tengo por basura al haber encontrado a Cristo.”[6]

El Reino es el don de Dios, es el motivo radical, el encuentro supremo. EL es el secreto, la justificación.

Terminemos esta reflexión contemplando la grandeza de Cristo, nuestro amigo, nuestro Dios y Señor, nuestro hermano, nuestro Salvador, nuestra Vida, amor, maestro, gozo, descanso. Amor exclusivo que es para nosotros amor de consagración y sin este amor a Jesucristo es imposible la entrega, es imposible seguirlo y ser testigo suyo para los demás.

 

 


[1] Lucas 13,24.

[2] Lucas 9,57.

[3] Mateo 7,24-27.

[4] Mateo 10,37; Lucas 14,26.

[5] Lucas 12,32-34; Mateo 13,44-45.

[6] Filipenses 3,8.