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Jorge Novoa

La Quinta Conferencia del Episcopado Latinoamericano, que se realizará del 13 al 31 de mayo en la ciudad de Aparecida, será, como acontecimiento eclesial, un tiempo de gracia. El Señor, a través de nuestros pastores, nos hará escuchar su voz invitándonos a la conversión. Ha habido una amplia participación en la preparación de este acontecimiento de fe: consultas, reflexiones, eventos preparatorios y oración.

La presencia de Benedicto XVI es una maravillosa oportunidad que el Señor nos brinda, para que escuchemos al pastor universal de la Iglesia. Como Iglesia del continente de la esperanza, debemos en primer lugar escuchar al sucesor de Pedro, cuya palabra es eco de la voz del Pastor Eterno; para lo cual debemos disponernos para acoger con humildad y obediencia sus enseñanzas.

Algunos analistas han destacado el deseo que despertaba Juan Pablo II, en las multitudes, por ser visto. Los hombres y mujeres que acudían a sus encuentros querían verlo. Él era un ícono del Dios cercano y misericordioso. Benedicto XVI es un Papa que ha recibido de Dios el don de la sabiduría, es un sabio hombre de Dios y por lo tanto, alguien para ser escuchado con suma atención. Precisamente hoy más que nunca necesitamos, para transitar por estos senderos tan intrincados de América Latina, con todas las complejidades de la globalización y el secularismo, la palabra sabia y profética de Benedicto XVI, que iluminará cual faro potente los senderos de la misión continental. Es un hecho providencial que, en estos tiempos de tanta confusión, Dios nos regale un sucesor de San Pedro con tanta sabiduría, sembrador de paz y unidad.

Recordemos aquellas palabras, el 24 de abril de 2005, en la homilía que daba inicio a su pontificado:

“Mi verdadero programa de gobierno es no hacer mi voluntad, no seguir mis propias ideas, sino ponerme, junto con toda la Iglesia, a la escucha de la palabra y de la voluntad del Señor y dejarme conducir por El, de tal modo que sea El mismo quien conduzca a la Iglesia en esta hora de nuestra historia.”[1]

Benedicto XVI nos ha dado señales claras sobre el modo de encarnar estas palabras en su labor pastoral y, seguramente, ésta será su motivación profunda en esta conferencia del episcopado latinoamericano: el sucesor de Pedro y los sucesores de los apóstoles, se pondrán a la escucha de la Palabra y de la voluntad del Señor, para dejarse conducir por El, en esta hora de la historia de la Iglesia que peregrina en América Latina.

“Precisamente la familia merece una atención prioritaria, pues muestra síntomas de debilitamiento bajo las presiones de lobbies capaces de influir negativamente en los procesos legislativos. Los divorcios y las uniones libres están aumentando, mientras que el adulterio se contempla con injustificable tolerancia. Es necesario reafirmar que el matrimonio y la familia tienen su fundamento en el núcleo más íntimo de la verdad sobre el hombre y sobre su destino; una comunidad digna del ser humano sólo se puede edificar sobre la roca del amor conyugal, fiel y estable, entre un hombre y una mujer.”[2]

Hay muchas realidades emergentes que es preciso abordar con cuidado y urgencia y en este sentido aparecen como prioritarias las palabras de los pastores de la Iglesia en relación con la familia y la vida. Ésta es una hora crucial para la comunidad eclesial de América Latina. Nuestros gobiernos con ideologías de perfil ateo someten a los pueblos latinoamericanos, en su mayoría integrados por creyentes, a leyes que atentan contra la vida y la familia. Se necesitan, hoy más que nunca, palabras claras y firmes en defensa de la vida y la familia. Tal vez el Señor nos regale como opción preferencial de esta Conferencia de Aparecida, la defensa de la vida y la familia. Seguramente sobre esta clara y firme opción, el Espíritu Santo y nosotros, construiremos las bases sólidas de la Iglesia del siglo XXI que peregrinará en América Latina. No es éste un tema más, es el lugar en donde se desata la batalla más cruel de los tiempos modernos. En esta hora crucial, la defensa de la vida y la familia fortalecerá en estas tierras los cimientos de la identidad católica al inicio del siglo XXI. Si permanecemos en silencio o al margen, comprometemos seriamente el futuro de la Iglesia en América Latina.

 


[1] Benedicto XVI, Homilía en la misa de inauguración de su Pontificado, 24 de abril de 2005.

[2] Benedicto XVI, Discurso durante la audiencia con los Nuncios Pontificios en América Latina, 17 de febrero de 2007.