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Néstor Martínez Valls

El Documento tiene una introducción, tres partes y una conclusión.

La primera parte es un ver la realidad de nuestro continente, titulado “La vida en nuestros pueblos hoy.”

Se subdivide en dos partes: Los discípulos misioneros y Mirada de los discípulos misioneros sobre la realidad.

La segunda parte ilumina esa realidad con un juzgar centrado en el tema de los “discípulos misioneros”. Su título es “La vida de Jesucristo en los discípulos misioneros.”

Se subdivide en cuatro partes. La primera, dedicada a la Buena Nueva y la alegría de comunicarla en los ámbitos de la dignidad humana, la vida, la familia, la actividad humana, el trabajo, la ciencia y la tecnología, el destino universal de los bienes y la ecología.

La segunda, sobre la vocación de los discípulos misioneros a la santidad.

La tercera, sobre la comunión de los discípulos misioneros en la iglesia.

La cuarta, sobre la formación de los discípulos misioneros.

La tercera y última parte, finalmente, recoge el actuar que se deriva de los pasos anteriores.

Una primera parte habla de la misión a favor de la vida.

La segunda parte habla de la promoción de la dignidad humana.

La tercera parte habla de familia, personas y vida.

La cuarta parte habla de la cultura.

En los últimos años América Latina ha sido literalmente bombardeada por proyectos de ley de despenalización del aborto y la eutanasia, legalización de matrimonios homosexuales y de uniones concubinarias, fecundación artificial en seres humanos, educación sexual aberrante basada en la “perspectiva de género”, campañas de anticoncepción y hasta esterilización forzada, ingerencias y presiones de organismos de la ONU ante los gobiernos nacionales para legalizar el aborto, etc., etc.

En nuestro Documento, el “ver” está estructurado en un apartado sociocultural, otro económico, otro sociopolítico, y otros dedicados a la biodiversidad, ecología, pueblos indígenas y afroamericanos.

En el numeral 40 hay la referencia y condena de la “ideología de género”:

“Entre los presupuestos que debilitan y menoscaban la vida familiar, encontramos la ideología de género, según la cual cada uno puede escoger su orientación sexual, sin tomar en cuenta las diferencias dadas por la naturaleza humana. Esto ha provocado modificaciones legales que hieren gravemente la dignidad del matrimonio, el respeto al derecho a la vida y la identidad de la familia.”

En los nn. 44 y 47 se hace referencia al culto desenfrenado a la libertad individual y a los derechos subjetivos:

“44. Vivimos un cambio de época, cuyo nivel más profundo es el cultural. Se desvanece la concepción integral del ser humano, su relación con el mundo y con Dios:

‘aquí está precisamente el gran error de las tendencias dominantes en el último siglo… Quien excluye a Dios de su horizonte, falsifica el concepto de la realidad y sólo puede terminar en caminos equivocados y con recetas destructivas.’”

Surge hoy, con gran fuerza, una sobrevaloración de la subjetividad individual. Independientemente de su forma, la libertad y la dignidad de la persona son reconocidas. (…) Se deja de lado la preocupación por el bien común para dar paso a la realización inmediata de los deseos de los individuos, a la creación de nuevos y, muchas veces, arbitrarios derechos individuales, a los problemas de la sexualidad, la familia, las enfermedades y la muerte.”

“47. También se verifica una tendencia hacia la afirmación exasperada de derechos individuales y subjetivos. Esta búsqueda es pragmática e inmediatista, sin preocupación por criterios éticos. La afirmación de los derechos individuales y subjetivos, sin un esfuerzo semejante para garantizar los derechos sociales, culturales y solidarios, resulta en perjuicio de la dignidad de todos, especialmente de quienes son más pobres y vulnerables.”

En el n. 79 se habla de las legislaciones injustas:

“Algunos parlamentos o congresos legislativos aprueban leyes injustas por encima de los derechos humanos y de la voluntad popular, precisamente por no estar cerca de sus representados ni saber escuchar y dialogar con los ciudadanos, pero también por ignorancia, por falta de acompañamiento, y porque muchos ciudadanos abdican de su deber de participar en la vida pública.”

Se habla también de la situación de la mujer, los cambios de roles masculinos y femeninos, “potenciando todas sus dimensiones humanas en la convivencia cotidiana, en la familia y en la sociedad, a veces por vías equivocadas.”[1]

En el n. 65 se habla de “los rostros de quienes sufren”, entre los cuales figuran “también los niños víctimas del aborto”.

En el n. 80 se habla del desprecio a la objeción de conciencia:

“En algunos Estados, ha aumentado la represión, la violación de los derechos humanos, incluso el derecho a la libertad religiosa, la libertad de expresión y la libertad de enseñanza, así como el desprecio a la objeción de conciencia.”

En la parte dedicada al “juzgar”, aparece el n. 108:

“Bendecimos al Padre porque todo hombre abierto sinceramente a la verdad y al bien, aun entre dificultades e incertidumbres, puede llegar a descubrir, en la ley natural escrita en su corazón,[2] el valor sagrado de la vida humana, desde su inicio hasta su término natural, y afirmar el derecho de cada ser humano a ver respetado totalmente este bien primario suyo. En el reconocimiento de este derecho, se fundamenta “la convivencia humana y la misma comunidad política”.”

Y en el n. 116, en sintonía con la condena de la “ideología de género” en el n. 40, se dice:

“Bendecimos a Dios por haber creado al ser humano varón y mujer, aunque hoy se quiera confundir esta verdad. “Creó Dios a los seres humanos a su imagen; a imagen de Dios los creó, varón y mujer los creó.”[3] Pertenece a la naturaleza humana el que el varón y la mujer busquen el uno en el otro su reciprocidad y complementariedad.”

En la tercera subdivisión de la tercera parte encontramos la mayoría de los textos referentes a familia, la vida humana, el aborto, la eutanasia, etc. Aquí transcribimos los principales:

“436. Esperamos que los legisladores, gobernantes y profesionales de la salud, conscientes de la dignidad de la vida humana y del arraigo de la familia en nuestros pueblos, la defiendan y protejan de los crímenes abominables del aborto y la eutanasia; ésta es su responsabilidad. Por ello, ante leyes y disposiciones gubernamentales que son injustas a la luz de la fe y la razón, se debe favorecer la objeción de conciencia. Debemos atenernos a la “coherencia eucarística”, es decir, ser conscientes de que no pueden recibir la sagrada comunión y al mismo tiempo actuar con hechos o palabras contra los mandamientos, en particular, cuando se propician el aborto, la eutanasia y otros delitos graves contra la vida y la familia. Esta responsabilidad pesa de manera particular sobre los legisladores, gobernantes, y los profesionales de la salud.”

“437. Para tutelar y apoyar la familia, la pastoral familiar puede impulsar, entre otras, las siguientes acciones:

[…]

Promover, en diálogo con los gobiernos y la sociedad, políticas y leyes a favor de la vida, del matrimonio y la familia.”

“464. El ser humano, creado a imagen y semejanza de Dios, también posee una altísima dignidad que no podemos pisotear y que estamos llamados a respetar y a promover. La vida es regalo gratuito de Dios, don y tarea que debemos cuidar desde la concepción, en todas sus etapas, y hasta la muerte natural, sin relativismos.”

“465. La globalización influye en las ciencias y en sus métodos, prescindiendo de los cauces éticos. Los discípulos de Jesús tenemos que llevar el Evangelio al gran escenario de las mismas, promover el diálogo entre ciencia y fe, y, en ese contexto, presentar la defensa de la vida. Este diálogo debe ser realizado por la ética y en casos especiales por una bioética bien fundada. La bioética trabaja con esta base epistemológica, de manera interdisciplinar, donde cada ciencia aporta sus conclusiones.”

“466. No podemos escapar de este reto de diálogo entre la fe, la razón y las ciencias. Nuestra prioridad por la vida y la familia, cargadas de problemáticas que se debaten en las cuestiones éticas y en la bioética, nos urge iluminarlas con el Evangelio y el Magisterio de la Iglesia.”

“467. Asistimos hoy a retos nuevos que nos piden ser voz de los que no tienen voz. El niño que está creciendo en el seno materno y las personas que se encuentran en el ocaso de sus vidas, son un reclamo de vida digna que grita al cielo y que no puede dejar de estremecernos. La liberalización y banalización de las prácticas abortivas son crímenes abominables, al igual que la eutanasia, la manipulación genética y embrionaria, ensayos médicos contrarios a la ética, pena capital, y tantas otras maneras de atentar contra la dignidad y la vida del ser humano. Si queremos sostener un fundamento sólido e inviolable para los derechos humanos, es indispensable reconocer que la vida humana debe ser defendida siempre, desde el momento mismo de la fecundación. De otra manera, las circunstancias y conveniencias de los poderosos siempre encontrarán excusas para maltratar a las personas.”

Como vemos, el Documento es muy rico en referencias a esta temática que marca tan dramáticamente el hoy de la Iglesia y de los pueblos de América Latina. Por eso mismo nos hubiera gustado, personalmente, que en la parte dedicada al “ver” esa realidad actual latinoamericana se hubiese hecho más espacio y dado algo de destaque a la brutal agresión de la “cultura de la muerte” que asalta todos los días los titulares periodísticos con noticias de intentos de legalización del aborto, la eutanasia, las uniones concubinarias, las uniones homosexuales, la fecundación artificial, etc., etc., así como a buscar las causas y tratar de diagnosticar la presencia de todos conocida de influyentes poderes económicos y políticos (¡incluida la misma ONU!) detrás de esas campañas dirigidas al parecer especialmente a los países pobres.

 


[1] n. 49.

[2] cf. Romanos 2, 14-15.

[3] Génesis 1, 27.