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Daniel Iglesias Grèzes

La primera parte de este capítulo[1] trata acerca de seis de las principales objeciones planteadas contra la existencia de Dios. Para cada una de ellas seguiré el mismo esquema: primero presentaré la objeción en forma de silogismo (premisa mayor, premisa menor y conclusión) y luego plantearé su refutación. En cada una de esas seis objeciones, la premisa mayor es falsa. Por lo tanto, aunque la premisa menor es verdadera y el razonamiento está bien construido, la conclusión es inválida. Para refutar estos silogismos, se deben refutar las correspondientes premisas mayores.

En los numerales 7 y 8 plantearé otras dos objeciones usuales contra la existencia de Dios. Si bien ambas podrían ser consideradas casos particulares de la “objeción lógica” (tratada en el numeral 3), ameritan ser analizadas en detalle.

La objeción materialista

Presentación: Todo lo que existe es material. Dios no es material. Por lo tanto, Dios no existe.

Refutación

El axioma básico del materialismo (“todo es material”) debe ser rechazado, al menos por las siguientes dos razones:

– Esta afirmación del materialista acerca del “todo” es completamente infundada, por lo cual se debe aplicar aquí la conocida regla dialéctica de los escolásticos: “Gratis asseritur, gratis negatur” (lo que se afirma sin prueba, se puede rechazar sin prueba).

– Existen muchas realidades conocidas por el hombre (por ejemplo, el conocimiento humano, la libertad humana, la información, etc.) acerca de las cuales no se puede alegar con algún sentido que sean realidades materiales. Es decir, no existe ninguna noción válida de “materia” que abarque esa clase de realidades.

La objeción cientificista (o positivista)

Presentación: Todo lo que existe es susceptible de verificación por medio del método científico. La existencia de Dios no es científicamente verificable. Por lo tanto, Dios no existe.

Refutación

Debemos tener en cuenta que el concepto de “ciencia” utilizado por el cientificista incluye sólo las ciencias particulares (matemática, física, química, biología, etc.), excluyendo las ciencias universales (filosofía y teología).

De la premisa mayor de la objeción cientificista se deduce fácilmente esta otra afirmación: “Sólo el conocimiento científico es verdadero conocimiento”. Ahora bien, esta afirmación es auto-contradictoria, y por lo tanto falsa. Al negar la existencia de afirmaciones verdaderas no fundadas en la ciencia, se está haciendo una afirmación (supuestamente verdadera) no fundada en la ciencia, sino en una falsa filosofía. Es decir, ninguna ciencia particular demuestra ni puede demostrar que el único conocimiento válido es el conocimiento científico. La falsedad de la premisa mayor de la objeción cientificista se deduce pues de su reducción al absurdo.

Por otra parte, la objeción cientificista puede reducirse a la objeción materialista, que ya he refutado en el numeral anterior.

La objeción lógica

Presentación: La noción de “Ser infinito” es absurda, porque implica la predicación simultánea de atributos contradictorios. La noción de “Dios” incluye la noción de “Ser infinito”. Por lo tanto, Dios no existe.

Refutación

La premisa mayor de la objeción lógica sólo tiene validez en contra de la noción panteísta del Ser infinito, no en contra de la correspondiente noción cristiana. El Ser infinito de la fe cristiana no es el conjunto de todos los entes, sino la Causa primera (incausada) del ser y del devenir de todos los demás entes (los entes creados). Los entes creados son realmente distintos de Dios, por lo cual no hay ninguna razón para afirmar que Dios sea a la vez (por ejemplo) sabio e ignorante, misericordioso y cruel, poderoso y débil, etc.

Entre el ser de Dios y el ser de las criaturas hay analogía, es decir, semejanza en un sentido y desemejanza en otro sentido. Las propiedades trascendentales del ser (unidad, verdad, bondad, belleza) corresponden también a Dios, pero no conocemos el modo infinito que estas propiedades tienen en Dios. Por estas razones, hay tres vías para el conocimiento de los atributos divinos: causalidad, negación y eminencia. Veamos un ejemplo:

– Causalidad: La bondad de Dios es la causa primera de la bondad de las criaturas (hay una semejanza entre la causa y el efecto).

– Negación: La bondad de Dios no es igual a la bondad de las criaturas (la desemejanza es mayor que la semejanza).

– Eminencia: La bondad de Dios es eminente, infinita.

No hay nada absurdo en esta noción de Dios.

La objeción cosmológica

Presentación: Si Dios existe, entonces no puede existir un mundo imperfecto. El mundo es imperfecto. Por lo tanto, Dios no existe.

Refutación

Precisamente lo contrario a lo afirmado por la premisa mayor de la objeción cosmológica es cierto: Si Dios existe, entonces no puede crear un mundo absolutamente perfecto, porque un ser absolutamente perfecto (perfectísimo) es un ser divino. Si Dios hubiese creado un mundo perfectísimo, habría creado un segundo Dios. Pero no puede haber dos dioses distintos, porque entonces ninguno de ellos sería Dios, el Ser perfectísimo, ya que a cada uno de ellos le faltaría algo de la perfección del otro. Por lo tanto, si Dios crea un mundo, necesariamente debe crear un mundo con alguna clase de imperfección.

Además, Dios no puede crear otro Dios porque la misma noción de “Dios creado” es absurda, dado que un Dios creado debería ser a la vez incausado y causado. Esto no supone ninguna limitación de la omnipotencia divina, porque ésta abarca todo lo posible, es decir todo lo que en sí mismo no implica contradicción.

La objeción moral

Presentación: Si Dios existe, entonces no puede existir el mal. El mal existe. Por lo tanto, Dios no existe.

Refutación

La premisa mayor sólo sería válida si se considerara al mal como algo creado por Dios, lo cual no es el caso en la filosofía cristiana, como veremos a continuación.

El mal es una imperfección, pero no cualquier imperfección es un mal. Se denomina “mal” a aquella imperfección que priva a un ser de una perfección que en principio le correspondería según su naturaleza. Así, por ejemplo, carecer de vista no es un mal para una piedra, pero es un mal para un león.

El mal no es un ser, sino una carencia o privación de ser. Existen dos grandes clases de males: los males físicos (como el dolor y la muerte) y los males morales (los pecados o actos humanos malos).

Todo lo que Dios ha creado es bueno. Dios no es el autor del mal, pero permite el mal, por razones que Él, en su infinita sabiduría, puede juzgar mucho mejor que nosotros. Carece de sentido que el hombre pretenda erigirse en juez de la obra creadora de Dios.

Podemos comprender algunas de las razones por las cuales Dios permite el mal (físico o moral):

– En el orden biológico el dolor cumple la finalidad de informar al ser vivo acerca de alguna realidad amenazadora.

– La muerte de las plantas y de los animales irracionales no frustra el cumplimiento de su función en el cosmos.

– La muerte del ser humano no es su aniquilación, sino su entrada en la vida eterna, que da sentido a su vida terrena.

– Exceptuando el caso particularísimo de Jesús de Nazaret, podemos decir que, tal como las cosas son de hecho, si un hombre, durante su vida terrena, no pudiera pecar (hacer el mal), tampoco podría amar (hacer el bien). La libertad es la grandeza del hombre, pero también su riesgo. Dios no ha querido complacerse en crear roboTesalonicenseso esclavos, sino en crear seres hechos a su imagen y semejanza, destinados a ser sus hijos y a participar de la naturaleza divina.

La objeción antropológica

Presentación: Si Dios existe, entonces no puede existir ningún ser libre distinto de Dios, porque su conocimiento y libertad infinitas anularían la libertad finita de los demás seres. El hombre es libre. Por lo tanto, Dios no existe.

Refutación

Examinaré dos posibles intentos de justificación de la premisa mayor de la objeción antropológica:

– Dios es omnisciente y eterno; por lo tanto Dios conoce simultáneamente todos los sucesos pasados, presentes y futuros, incluyendo los actos futuros de los hombres. De esta manera los predetermina e impide que sean actos libres.

El error de esta argumentación está en confundir precognición con predeterminación. Dios puede conocer un acto humano futuro sin eliminar su carácter de acto libre.

– Dios no sólo conoce los sucesos futuros, sino que es la causa primera de todos ellos. Por lo tanto la determinación última de los actos humanos (buenos o malos) está en Dios, no en el hombre. Por lo tanto, si Dios existe, el hombre pierde su libertad.

El error de esta argumentación está en oponer la libertad infinita de Dios y la libertad finita del hombre y en confundir los modos en que estas dos libertades operan. La libertad de Dios y la libertad del hombre no se oponen, ni operan en el mismo plano. Dios es la causa primera de todo lo que existe, incluyendo los actos humanos; pero la causa divina no suprime las causas creadas. Dios ha querido que existan causas segundas y que éstas sean realmente causas, no meras apariencias. En un acto humano no podemos separar una parte que provendría de Dios como Causa primera de otra parte que provendría del hombre como causa segunda. Todo acto humano procede enteramente de Dios y enteramente del hombre, pero de tal modo que los planos de acción de ambas causas no se confunden ni se oponen. El hecho de que no podamos comprender plenamente cómo esto es posible no implica que esta concepción cristiana sea irracional, sino que es un ejemplo de la finitud de la capacidad cognoscitiva del hombre.

¿Dios es necesario y omnipotente?

Objeción: Dios no puede ser necesario y omnipotente. Para convencerse de esto basta con preguntarse si Dios puede aniquilarse a Sí mismo. Si puede hacerlo, entonces Dios puede no ser y por lo tanto no es un Ser necesario; si no puede hacerlo, entonces hay algo que Dios no puede hacer y por lo tanto no es un Ser omnipotente.

Respuesta

Con respecto a cualquier ente X podemos plantear las siguientes tres preguntas:

– La pregunta acerca de su existencia: ¿X es o no es?

– La pregunta acerca de su posibilidad: ¿X puede ser o no puede ser?

– La pregunta acerca de su contingencia: ¿X puede no ser o no puede no ser?

Es fácil ver que cualquier ente puede ser clasificado en principio en una de las siguientes cuatro categorías (que luego reduciré a tres):

– Los entes que son y pueden no ser (entes contingentes).

– Los entes que son y no pueden no ser (entes necesarios).

– Los entes que no son y pueden ser (entes posibles en sentido estricto).

– Los entes que no son y no pueden ser (entes imposibles).

Nótese que, con respecto a los entes que son (contingentes o necesarios), la pregunta acerca de su posibilidad no aporta nada nuevo. Si un ente es, entonces puede ser. Análogamente, con respecto a los entes que no son (posibles o imposibles), la pregunta acerca de su contingencia no aporta nada nuevo. Si un ente no es, entonces puede no ser.

Nótese además que podemos simplificar las definiciones de los entes necesarios y de los entes imposibles: si un ente no puede no ser, entonces es; si un ente no puede ser, entonces no es. Por lo tanto los entes necesarios son aquellos que no pueden no ser y los entes imposibles son aquellos que no pueden ser.

Por consiguiente, los entes que pueden ser (entes posibles en sentido amplio) se dividen en entes que son (entes existentes) y entes que pueden ser y no son (entes posibles en sentido estricto). Los entes existentes se dividen a su vez en entes contingentes y entes necesarios.

La filosofía tomista demuestra que existe un único ente necesario (Dios) y que todos los demás entes existentes son contingentes y creados por Dios.

Un ente puede ser si su esencia no implica contradicción. Los centauros y los unicornios son entes posibles (en sentido estricto) porque no existen, pero pueden existir, porque sus respectivas esencias no implican contradicción alguna. Por lo tanto podrían existir en el futuro si Dios quisiere crearlos o podrían haber existido en el pasado si Dios hubiese querido crearlos.

Un ente no puede ser si su esencia implica contradicción. Un círculo cuadrado es un ente imposible porque no existe ni puede existir, dado que su misma esencia implica una contradicción y que el principio de no-contradicción rige en cualquier mundo posible. Otro ejemplo de ente imposible: una posición del juego de ajedrez en la cual falte uno de los dos reyes. Una posición de este tipo es imposible porque contradice las reglas del ajedrez; si se da, entonces no se trata de ajedrez, sino de algún otro juego.

En realidad los “entes imposibles” ni siquiera son entes, porque no son ni pueden ser. Son ideas absurdas, propiamente inconcebibles; es decir, son “nada”.

Después de este breve análisis ontológico, estamos en condiciones de refutar la objeción planteada al principio. Dios no puede aniquilarse a Sí mismo, porque es el Ser necesario. Sin embargo, esto no implica que Dios no sea omnipotente, porque no hay “algo” que Dios no pueda hacer. La absurda idea de la auto-aniquilación de Dios no es “algo”, sino que es “nada”. Dios no puede hacer que algo que no puede ser sea, porque entonces ese “algo” podría ser y a la vez y en el mismo sentido no podría ser, lo cual es contradictorio. Dios puede crear cualquier ente posible de la nada, pero no puede hacer que la nada sea, porque la nada no es. Si la nada fuera, no sería “nada” sino “algo”, es decir, no sería lo que es, lo cual es absurdo.

La omnipotencia de Dios abarca todo el ámbito de lo posible en sentido amplio (lo que puede ser) y excluye sólo el ámbito de lo imposible (lo que no puede ser porque es en sí mismo contradictorio). Esta exclusión, como es obvio, no limita en modo alguno dicha omnipotencia, porque lo que queda excluido equivale a la nada.

¿Quién creó a Dios?

Objeción: La doctrina cristiana acerca de Dios creador del mundo es inconsistente. A partir del principio de que todo ente tiene una causa, los cristianos deducen que el mundo ha sido creado por Dios. Pero entonces, ¿quién creó a Dios? Frente a esta pregunta sólo caben tres respuestas posibles, todas ellas inadmisibles:

– Dios fue creado por otro ser distinto de Él. En este caso Dios no sería el Ser Supremo de la religión cristiana.

– Dios se creó a Sí mismo. Esto es absurdo, porque nadie puede crearse a sí mismo.

– La creación de Dios es un misterio sobrenatural, incomprensible para el hombre. Esto equivale a eludir arbitrariamente la dificultad que supone dar una respuesta racional a la cuestión.

Los que plantean esta objeción difieren en cuanto a la caracterización de la respuesta cristiana, la cual oscilaría, según ellos, entre las respuestas segunda y tercera.

Respuesta

Las pruebas clásicas de la existencia de Dios (las “cinco vías” de Santo Tomás de Aquino) están basadas en dos principios metafísicos evidentes: el principio de razón de ser y el principio de causalidad. Ninguno de ambos afirma que “todo ente tiene una causa”, como suponen los objetantes. De hecho, la proposición “todo ente tiene una causa” es falsa.

Según el principio de razón de ser, todo ente (incluso Dios) tiene una razón de ser. Un ente puede tener su razón de ser en sí mismo o en otro ente. Si un ente tiene su razón de ser en otro ente (su causa) entonces es causado (por definición). Si un ente tiene su razón de ser en sí mismo, entonces no tiene ni necesita tener una causa. En este caso es incausado (por definición).

Según el principio de causalidad, en cambio, todo ente contingente tiene una causa.

Es fácil demostrar que:

– Todo ente incausado es necesario y todo ente necesario es incausado.

– Todo ente causado es contingente y todo ente contingente es causado.

Cada una de las “cinco vías” parte de un dato de la experiencia: existen entes que exhiben características tales que denotan su contingencia. A partir de este dato, aplicando sistemáticamente el principio metafísico de causalidad y excluyendo una regresión infinita en la sucesión de causas actualmente subordinadas, se deduce que existe un Ser necesario, al que llamamos “Dios”, y que es la Causa Primera de todo ente contingente. Se demuestra además que este Dios es el Ser absoluto, el Ser que existe por Sí mismo, el Ser cuya existencia coincide con su esencia, que es único, que es el Creador del mundo etc.

Dado que Dios es el Ser necesario, es también el Ser incausado. Puesto que Dios no es contingente, no se le puede aplicar el principio de causalidad. Dios no tiene ni necesita una causa porque existe por Sí mismo, es su propia razón de ser. Por lo mismo, también es el Ser increado.

Ahora podemos apreciar que la pregunta “¿Quién creó a Dios?” (o su versión más filosófica: “¿Cuál es la causa del ser de Dios?”) admite una cuarta respuesta posible, la verdadera respuesta cristiana: Nada ni nadie creó a Dios ni causó el ser de Dios, porque Dios es el Ser incausado e increado.

Es verdad que Dios no pudo crearse a Sí mismo ni ser la causa de su propio ser (causa sui). La auto-creación y la auto-causación son conceptos contradictorios en sí mismos, por tanto absurdos. En términos tomistas, estos conceptos suponen que un mismo ente podría ser, a la vez y en el mismo sentido, un ser en acto y un ser en potencia, lo cual es imposible. Jean-Paul Sartre se equivocaba totalmente al creer que la noción de Dios como causa sui era la propia de la teología escolástica medieval. Él ignoraba que esta noción provenía de la teología racionalista del siglo XVII.

También es verdad que debemos dar una respuesta racional a la objeción y no escudarnos en el misterio de Dios. Pero la respuesta correcta no es que Dios fue creado quién sabe cómo, sino que no fue creado ni necesitó ser creado.

La pregunta-objeción “¿Quién creó a Dios?” (tan clásica y tan infantil a la vez) supone una profunda incomprensión de la teología cristiana. Quien esto objeta ni siquiera ha comenzado a comprender el significado cristiano de la palabra “Dios”.[2]

 

 

 


[1] Numerales 1-6.

[2] Daniel Iglesias Grèzes, Razones para nuestra esperanza. Escritos de apologética católica, Lulu, Montevideo 2008, Capítulo 2.

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