flew-anthony-2

Néstor Martínez Valls

Anthony Flew se hizo famoso allá por los años 50, en los cuales publicó un artículo sobre la carencia de significado de la afirmación “Dios existe”. Siguiendo la línea del positivismo lógico, Flew no afirmaba directamente en ese caso la inexistencia de Dios, ni la imposibilidad de demostrar la existencia de Dios, sino la misma falta de significado de la afirmación de la existencia de Dios.

El argumento consistía en desarrollar una parábola, propuesta anteriormente por otro filósofo, John Wisdom, acerca de un “jardinero invisible”. Dos exploradores encuentran en un claro de un bosque unas cuantas flores y arbustos. Uno de ellos dice que eso es obra de un jardinero; el otro lo niega. Para ver quién tiene razón, plantan tienda en ese lugar y lo vigilan estrechamente, pero no ven nada. El “creyente” emite entonces la hipótesis de que el jardinero es invisible. Patrullan el lugar con sabuesos para que olfateen al presunto jardinero invisible, pero no ocurre nada. El “creyente” dice entonces que el jardinero, además de invisible, es inodoro. Ponen cercas electrificadas, para ver si con ellas logran detectar al jardinero, pero nada ocurre. El “creyente” dice entonces que el jardinero es además intangible e insensible a los choques eléctricos. Finalmente el “escéptico” dice: “¿Qué queda de tu afirmación original? ¿En qué se diferencia lo que tú llamas un jardinero invisible, intangible, eternamente elusivo, de un jardinero imaginario o aún de ningún jardinero?”.

En cuanto a los artefactos que se proponen en la parábola para detectar la presencia del “jardinero invisible” y que fallan en hacerlo (vigilar de noche, poner una cerca electrificada, hacerlo olfatear por sabuesos, etc.), su esquema lógico es “Si existe X, entonces ocurrirá P”. Es cierto que en caso de ser verdadera esta premisa, la no ocurrencia de P sería argumento suficiente para la inexistencia de X.

Pero el caso es que la premisa mayor de este argumento no es una verdad necesaria; a lo sumo es probable. “Si existe el jardinero indivisible, será atrapado por el alambrado electrificado” o “será olfateado por los sabuesos”, puede ser probable, pero no necesariamente es verdadero. Puede haber muchas razones que impidan tanto la electrocución como el reconocimiento olfativo del jardinero. Por tanto, la no electrocución o el no olfateo no son argumento suficiente para negar apodícticamente la existencia del jardinero.

Ésta es la dificultad en general para demostrar negaciones de existencia. El hecho de no haber visto algo hasta el presente no quiere decir que ese algo no exista. Si su existencia es contradictoria en sí misma, como el caso del círculo cuadrado, o si contradice verdades necesarias, entonces sí, se puede negar con absoluta certeza. No así en caso contrario. También se puede verificar la falsedad de una afirmación cuando se verifica que ocurre lo contrario de lo que ella afirma. Aquí entramos en el territorio propio del argumento de Flew.

En efecto, dicho argumento consiste en decir que si la hipótesis de la existencia de Dios conserva algún contenido, es refutable empíricamente, y si no es posible pensar una situación en que fuese empíricamente refutada, se vuelve sin sentido. Pero justamente, dice Flew, no podemos comprobar apodícticamente la no existencia de Dios, porque siempre se podrá retirar algo de sentido de esa hipótesis, para dar razón de la falla de algún procedimiento de verificación. Es decir, se hará de tal modo que la negación de la hipótesis no pueda ser verificada, debilitando la conexión entre el antecedente y el consecuente del condicional. Pero al hacer esto, es la hipótesis misma la que finalmente queda carente de significado.

Para explicar y analizar esto mejor, desarrollaremos el argumento de Flew en forma de silogismos.

Tesis: “La afirmación de la existencia de Dios carece de significado.”

Argumento:

“Carece de significado toda supuesta proposición que en realidad no afirma nada.

Pero eso ocurre con la afirmación de la existencia de Dios.

Luego, la afirmación de la existencia de Dios carece de significado.”

La Mayor de este argumento es obvia. En cuanto a la Menor, Flew entiende probarla así:

“No dice nada la supuesta proposición cuya negación tampoco dice nada.

Pero eso ocurre con la afirmación de la existencia de Dios.

Luego, la afirmación de la existencia de Dios no dice en realidad nada.”

La Mayor de este nuevo argumento otra vez parece evidente. Los contrarios pertenecen al mismo género, dice Aristóteles, luego, la afirmación y su negación también, y entonces, si ésta no dice nada, aquella tampoco. Flew la prueba por medio de la ley de “doble negación”: toda afirmación es igual a la negación de su negación, de modo que si la negación no dice nada, la negación de la negación, y por tanto, la afirmación, tampoco.

En cuanto a la Menor de este nuevo silogismo, Flew la probaría así:

“Una proposición es tal que su negación no dice nada si y sólo si su negación no puede ser verificada en ninguna hipótesis.

Pero la afirmación de la existencia de Dios es una proposición cuya negación no puede ser verificada en ninguna hipótesis.

Luego, la afirmación de la existencia de Dios es una proposición cuya negación no dice nada.”

Concedemos la Menor de este nuevo silogismo. La existencia de Dios es una existencia necesaria. Es la única existencia necesaria, de modo que no es posible concebir un mundo en el que Dios no exista. Por tanto, es imposible concebir un mundo o una situación en la que se pudiese verificar la no existencia de Dios.

En efecto, las pruebas metafísicas de la existencia de Dios consisten en concluir que el mundo mismo no sería posible, sería contradictorio, en el caso de que no existiese una Causa Primera dotada de los atributos básicos de la Divinidad. En efecto, un ente contingente que exista por sí mismo, sin tener su razón última de existir en un Ser Necesario, sería algo contradictorio y absurdo. Y en un mundo contradictorio, la razón misma sería contradictoria y por tanto inservible.

Se debería aceptar que el ente contingente existe por sí mismo, siendo así que por definición puede tanto existir como no existir, o bien que la serie de causas actuales del ente contingente es infinita, al no haber una Causa Primera; pero entonces se debería aceptar que el ente contingente a la vez tiene y no tiene razón de ser, lo cual es igualmente contradictorio y absurdo. Pues un retroceso al infinito en la serie de razones de ser de la existencia del ente contingente equivale a la negación de que exista, en definitiva, una razón de ser de dicha existencia. Ahora bien, en un mundo contradictorio, con una razón contradictoria, es claro que no se podría verificar nada.

Ni siquiera la no existencia del mundo creado sería un argumento válido para afirmar la no existencia de Dios, por la sencilla razón de que Dios no tiene por qué crear el mundo para existir y ser Dios, y además, si el mundo no hubiese sido creado, no habría tampoco nadie para registrar ese dato, salvo Dios mismo, el cual tampoco podría, obviamente, en esa hipótesis, concluir en su propia inexistencia. La no existencia de Dios no puede ser verificada, porque la existencia de Dios es la condición última de posibilidad de cualquier verificación.

En cuanto a la Mayor de este silogismo, presenta el principio filosófico fundamental de Flew, basado en el neopositivismo lógico: “toda proposición con sentido debe poder ser verificada”. Con todo, si entendemos “verificación” en sentido amplio, que equivalga simplemente a “demostración”, incluyendo la demostración filosófica, entonces no habría problema, al menos para el que sostiene la validez de la metafísica tradicional, en decir que la afirmación de la existencia de Dios puede ser “verificada”, y por tanto, tiene sentido, puesto que puede ser demostrada filosóficamente dentro de la metafísica tradicional.

El neopositivista debería demostrar primero que dicha metafísica es inválida, para luego, recién, poder decir que el único criterio válido de verificación es el empírico. Y debería hacerlo sin usar ese criterio empirista de verificación como argumento, pues sería justamente lo que estaría en discusión. Pero el criterio empirista de verificación, a la postre, es el único argumento que el neopositivista maneja contra la metafísica tradicional.

Pero si decimos que para toda proposición con sentido debe ser posible concebir al menos el modo en que se podría verificar su negación, estamos diciendo implícitamente que toda proposición con sentido debe afirmar un hecho empírico. Porque sólo los hechos dados o dables en la experiencia son tales que es siempre posible concebir una situación en que dichos hechos no se darían y ese “no darse” de estos hechos podría ser verificado. Por ejemplo, para la afirmación “El agua hierve a 100º”, una verificación de su negación sería hervir agua repetidamente durante un largo lapso de tiempo, y que el resultado fuese siempre o la gran mayoría de las veces notablemente distinto de 100º.

Ahora bien, la afirmación de que “toda afirmación con sentido debe afirmar un hecho empírico” ha sido ampliamente refutada desde los tiempos del neopositivismo lógico hasta hoy día. Lo más notable ha sido la comprobación de que esa misma afirmación no afirma un hecho empírico, y por tanto, es carente de sentido según lo que ella misma afirma.

Negamos entonces la Mayor. La no existencia de Dios no puede ser verificada en ninguna hipótesis, pero de ahí no se sigue que la proposición “Dios no existe” no afirme nada. La existencia de Dios no es un hecho empírico, ni es una verdad de hecho y contingente. Es una verdad metafísica, es decir, una verdad necesaria acerca de las condiciones de posibilidad de los hechos empíricos. Para la existencia de Dios, “ser un hecho” debe ser entendido de modo diferente a “ser una verdad de hecho”. Simplemente quiere decir “ser verdad, ser algo real”. El error del argumento de Flew está, entonces, en pedir una condición de sentido propia de un hecho empírico para lo que no es un hecho empírico.

No sabemos si son estos razonamientos u otros los que han ayudado a que ahora, en su vejez, Anthony Flew afirme que Dios existe. No lo sabemos, porque no hemos leído aún el último libro de Flew: There is a God, (Hay un Dios), publicado en Nueva York en el año 2007. El subtítulo es significativo: “Cómo el más notorio ateo del mundo cambió de opinión”.