preguntas-2

Néstor Martínez Valls

Se encuentran dos viejos amigos, Mercurio y Formoso. La conversación deriva hacia el tema de la evolución y su relación con la razón humana.

Mercurio: Sostengo que la razón humana es un producto de la evolución. En algún momento se produjo, azarosamente, una mutación que dio lugar a un ser dotado de la capacidad de hacer una cierta evaluación racional de la realidad. Eso significó una ventaja evolutiva y fue por ello mismo naturalmente seleccionado. Del mismo modo, no tiene por qué haber un solo tipo de razón, ni el nuestro tiene por qué serlo. Ha sido simplemente el que mejor se adaptó a las circunstancias particulares de nuestro mundo; en otro mundo, podría haber sido diferente.

Formoso: Por mi parte, no estoy muy seguro de que haya habido una evolución o, si la hubo, de que se explique sólo o principalmente por la selección natural. Pero supongamos que así fue; en ese caso, si la razón humana es un producto de la evolución, entonces, nada racional había en el mundo antes del surgimiento del hombre. Ahora bien, si esto es así, la evolución misma ha sido irracional. Pero entonces, ¿cómo ha podido ser conocida científicamente? No puede haber conocimiento racional de lo irracional.

Mercurio: Que la ciencia deba ser siempre racional no quiere decir que su objeto deba serlo siempre. Un retrato impresionista no tiene por qué ser el retrato de un impresionista.

Formoso: Pero ha de ser necesariamente el retrato de algo dotado de extensión, figura, colores. Es decir, el retrato de algo “pintable”. Del mismo modo, una teoría racional sólo puede hacerse sobre algo que pueda ser racionalmente conocido, inteligible. No puede haber ciencia de lo absurdo, lo contradictorio, lo irracional como tal.

Mercurio: Sí, pero que algo sea inteligible no quiere decir que sea inteligente ni que tenga inteligencia, ni que tenga razón.

Formoso: Sin embargo, no es necesario que algo tenga razón para ser racional. En un automóvil hay razón, en su funcionamiento, en su estructura, y en ese sentido un automóvil es algo racional, sin que por ello sea un ser dotado de razón.

Mercurio: Es distinto el caso del automóvil, que es obra, justamente, de la razón humana, del caso de la naturaleza, que no lo es.

Formoso: ¿Pero es que la naturaleza no es inteligible, como también lo es el automóvil? ¿Qué es la teoría de la evolución sino un intento de captar la inteligibilidad de la naturaleza?

Mercurio: El caso del automóvil sólo prueba que lo que procede de la inteligencia es inteligible, no que lo que es inteligible proceda de la inteligencia.

Formoso: Pero ahora no estamos discutiendo eso. Estamos discutiendo si la naturaleza es o no es inteligible antes de la aparición de la razón humana. ¿Y cómo no lo sería, si ha podido ser entendida, al menos, hasta donde las diversas teorías científicas, incluida la de la evolución, sean verdaderas? ¿Y cómo lo que es inteligible no va a ser racional? Lo irracional, en cuanto tal, no puede ser entendido. Ahora bien, si admitimos esa racionalidad general de la naturaleza, que ha hecho posible, a la postre, y de algún modo, el surgimiento de la razón humana, quiere decir que en el fondo no es la razón la que es evolutiva, sino la evolución la que es racional.

Mercurio: ¿Qué quieres decir?

Formoso: Siempre es el predicado el que modifica al sujeto, y no a la inversa. El color blanco es el mismo color, sea el color de una hoja de papel o el color del diente de un animal. Si la razón es evolutiva, entonces lo supremo es la evolución, y la razón es afectada por ella, y en concreto, es algo cambiante. Si la evolución es racional, entonces lo supremo es la razón, y la evolución viene afectada por ella, y la razón, en definitiva, no cambia. Obviamente, no estoy hablando aquí de la razón humana en cuanto humana, sino de la razón como tal, o la inteligencia, que ha debido existir antes, por tanto, que la razón humana, ya que aquella preside toda la evolución y toda la historia del Universo (pues en efecto, el Universo en principio es inteligible, ya que a todo él apunta la actividad científica), mientras que ésta ha aparecido muy tardíamente, como sabemos.

Mercurio: ¿Qué racionalidad puede haber en un proceso azaroso como es el proceso evolutivo, basado en mutaciones genéticas casuales, y guiado por una fuerza eficaz pero ciega como es la selección natural? ¿No es cierto, a la postre, que confundes la racionalidad de la descripción del proceso con la racionalidad del proceso mismo?

Formoso: Tú lo has dicho: la selección natural es “eficaz”. Eso es tanto como decir que es racional. En efecto, se comprende que si entre los miembros de una especie algunos tienen una ventaja comparativa en la lucha por la vida, tienen más probabilidades de trasmitir sus genes a la descendencia, y que si este proceso se repite suficientes y adecuadas veces, al final se produce una diferencia muy grande entre los descendientes y sus ancestros. Y se comprende porque es racional. Y entonces, hay una racionalidad interna del proceso evolutivo. La racionalidad no está en la descripción del proceso, sino en el proceso mismo que se describe. Porque la teoría habla de la evolución, no de sí misma, e intenta captar, justamente, la racionalidad interna de la evolución, como toda teoría intenta captar la racionalidad interna de lo real. Justamente, lo que mueve a la investigación científica es el convencimiento de que la realidad es explicable, o sea, es racional, a la postre. Pero además, hay otra cosa a tener en cuenta.

Mercurio: ¿Qué otra cosa?

Formoso: Que si la realidad natural en general no es racional, y por tanto, si no hay racionalidad antes de la aparición de la razón humana, entonces la razón humana tampoco es racional.

Mercurio: ¿Qué quiere decir eso?

Formoso: Tú lo has dicho: no hay nada racional en lo azaroso como tal. Pero en tu explicación, la razón misma es algo azaroso. Luego, la razón, según tu tesis, es irracional.

Mercurio: Un momento. Hace poco decías que en la evolución, concebida en base al azar, como hace el evolucionismo darwinista, había racionalidad, y ahora dices que en lo azaroso no hay racionalidad: ¿en qué quedamos?

Formoso: Nunca he dicho que en lo azaroso en cuanto azaroso haya racionalidad. Sí he dicho que hay racionalidad en un proceso que, partiendo de ciertos hechos azarosos y ciertas circunstancias determinadas, produce ciertos resultados. En efecto, no es azaroso que las ventajas no sean desventajosas, ni que el más apto sobreviva, ni que a medida que los cambios se acumulan, generación tras generación, la diferencia con los primitivos ancestros vaya siendo más grande.

Mercurio: ¿Y no alcanza con esa racionalidad, entonces, para decir que la razón no es irracional, pues no brota de lo azaroso como tal?

Formoso: Pero es que entonces deberíamos decir que la razón brota, no del azar, sino de la racionalidad. Yo estoy de acuerdo, por lo que ya dije, en que todas las cosas fuera de la razón misma brotan de la racionalidad. Pero me parece contradictorio decir que la razón brota de la racionalidad: la racionalidad es más bien una propiedad de la razón y de las obras de la razón.

Mercurio: No entiendo.

Formoso: Lo que quiero decir es que si la razón es algo derivado, no es racional, y entonces, no es razón. Porque si es algo derivado, deriva de lo irracional, y de lo irracional no puede proceder lo racional.

Mercurio: Con ese argumento, el mundo no podría haber sido creado por Dios, porque si lo racional no puede proceder de lo irracional, tampoco lo material podría haber procedido de lo inmaterial.

Formoso: No es lo mismo. Cuando decimos “irracional”, hablamos de una privación: la carencia de razón. Cuando decimos “inmaterial”, no hablamos de una privación, sino al contrario, de una plenitud, sólo que nosotros, precisamente por nuestra limitación, sólo podemos nombrarla negativamente. El espíritu es una plenitud, la materia limita esa plenitud. Por tanto, que la razón provenga de lo irracional es imposible, porque es sacar lo más de lo menos, en cambio, que la materia proceda del espíritu, es sacar lo menos de lo más: eso no es imposible. Y es que en el fondo, ambos casos son uno solo: el espíritu es justamente lo racional. Decir que la materia procede del espíritu es decir que lo irracional procede de lo racional, mientras que yo he negado la posibilidad de lo contrario, precisamente: de que lo racional proceda de lo irracional.

Mercurio: No veo que la razón o el espíritu sea superior a lo irracional o la materia, que lo sólido, lo fuerte, lo resistente, lo que indudablemente existe fuera de nosotros.

Formoso: Sin embargo, es la razón la que explica, hasta donde es posible, a lo irracional, y no viceversa. En efecto, es la ciencia la que estudia e investiga a la materia, y no la materia la que estudia e investiga a la ciencia. En cuanto a qué cosa existe más, cabe dudar: las verdades matemáticas que eran verdaderas en tiempos de Euclides siguen siéndolo hoy, pero los soportes materiales en que fueron escritas en aquellos tiempos ya no existen. La materia misma no parece ser, al menos para la física moderna, sino el soporte de ciertas leyes matemáticas. Sin ir tan lejos, la materia no es lo decisivo de las cosas: baste ver que todas las cosas materiales son igualmente materiales, y sin embargo, difieren en su ser unas de otras: piedra, agua, oro, plata, metal, madera, tierra, fuego, aire, etc. Luego, lo que las hace ser lo que son no es la materia, sino precisamente algo del orden de la idea, del pensamiento, de la razón, eso que Aristóteles llamaba “forma”: por eso la ciencia puede conocerlas, es decir, son “inteligibles”.

Mercurio: Sin embargo, no hay duda de que efectivamente la razón humana ha surgido tardíamente en la naturaleza.

Formoso: En efecto, y por eso, en tanto humana, es algo derivado. Pero no en tanto razón: la razón como tal, o la Inteligencia, mejor dicho, existe antes que todas las cosas. Y por eso la razón humana, en tanto es razón y participa de la Inteligencia, puede conocer la realidad que es racional, no por participación en la razón humana, sino en la Inteligencia Primera.

Mercurio: Contra esto, yo sostengo que la inteligencia es el fruto de la evolución.

Formoso: Eso, así dicho sin más, no puede ser, por las razones ya mencionadas. Pero además, hay una última razón. Si la inteligencia es fruto de la evolución, entonces no sabemos si ha habido evolución.

Mercurio: ¿Cómo es eso?

Formoso: Es muy claro: es la razón humana, en todo caso, la que dice que ha habido una evolución. Si lo que dice es verdad, entonces la razón humana puede captar las leyes de lo real, y entonces, las leyes de la razón son también leyes de lo real, y entonces la evolución misma es racional, como ya dijimos. Pero si la razón es un producto azaroso de la evolución, entonces las leyes de la razón no tienen por qué coincidir con las de la realidad, y entonces, que la razón diga que hubo una evolución no es garantía alguna de que la haya habido. Llegaríamos a una contradicción: no sabemos que haya habido evolución, porque hubo una evolución. Y llegamos a esa contradicción a partir de la hipótesis de que la razón es un producto azaroso de la evolución. Luego, dicha hipótesis es falsa.

Mercurio: Ahí te salteas algo: la razón, en el curso de su evolución, ha debido irse adaptando a la realidad, para resultar realmente eficaz. Y de ahí le viene su capacidad de conocer las leyes de lo real, no de que la realidad misma sea dependiente de la razón. La evolución ha producido así, por pura casualidad, el medio de conocerse a sí misma.

Formoso: Eso no afecta mi argumento. Supongamos que diversas mutaciones genéticas dan origen, al comienzo, a diversos “tipos” de razón, unos más adaptados a la realidad que otros. Obviamente, los más adaptados son seleccionados con preferencia a los otros. Y así, a lo largo de los siglos, la razón “se va haciendo” más adaptada a la realidad y más capaz de conocerla. Es decir, cada vez son seleccionadas aquellas mutaciones de la “razón” que se adaptan más a la realidad. Pero eso mismo supone, que la realidad misma da “preferencia”, por así decir, a unos modelos de “razón” sobre otros, es decir, que la realidad es inteligible y que no es igualmente inteligible por cualquier tipo de razón y que, entonces, la razón se adapta a la realidad porque la realidad ya es previamente adaptada a la razón, es decir, es racional, es inteligible de un modo determinado.

Mercurio: Sin embargo, la realidad misma va evolucionando junto con la razón, así, que en todo caso la razón se adapta en cada etapa a la forma que la realidad tiene en ese momento, sin que deba haber una razón única y universal, por lo tanto, ni tenga que depender la realidad de una razón así.

Formoso: Algo que impide pensar así hasta el fondo es justamente la teoría de la evolución basada en la selección natural. Porque evidentemente ahí se entiende hablar de una ley que atraviesa toda la historia de la vida y aún del cosmos, y por lo mismo, la unifica. La inteligibilidad básica de lo real, que luego se traduce en las leyes de la razón, ha debido ser siempre la misma y seguir siéndolo, si es verdad que en todo momento, al menos por lo que toca a la vida y la razón, el motor del cambio han sido las mutaciones genéticas y la selección natural de esas mutaciones sobre la base de la lucha por la vida. Pero además, hay al menos una ley de la razón que ha debido valer siempre, y por tanto la razón sí es algo universal. Se trata del principio de no contradicción. “Una cosa no puede ser y no ser a la vez y en el mismo sentido”. En cualquier momento de la evolución, la evolución ha sido evolución y no ha podido no ser evolución, y el cambio ha sido cambio y no ha podido no ser cambio. Y si hubo diversos tipos de realidades en las diversas épocas, no han podido no ser diversos ni esos tipos de realidad ni esas épocas, pero además, todas las realidades han sido realidades, y las épocas, épocas. Por eso mismo, aún si hubiese habido distintos tipos de “razón”, la razón sería una sola, porque todos ellos habrían sido “razón” ya que todos ellos habrían debido ser no contradictorios.