subsiste-y-existe

Néstor Martínez Valls

Algunos sostienen hoy día que cuando en la Constitución Lumen Gentium del Concilio Vaticano II se dice que la Iglesia de Cristo “subsistit in”, subsiste en, la Iglesia Católica, se está diciendo que la Iglesia de Cristo “está presente” en la Iglesia Católica.

A esto decimos que no es lo mismo “estar presente” que “ser”. Yo estoy presente en mi oficina, pero no soy mi oficina. La Iglesia de Cristo ¿no es, entonces, la Iglesia Católica? A lo que responden estos autores, diciendo que no se puede identificar el “subsistit” con el “est”. Se ha renunciado, dicen, al “est” de una identificación completa.

A su vez, y por eso mismo, entienden que la Iglesia de Cristo no subsiste solamente en la Iglesia Católica.

Argumentan, por ejemplo, que en el decreto “Unitatis Redintegratio”, sobre el ecumenismo, en su n. 4, dice: “entre aquellas en las que las tradiciones y estructuras católicas continúan subsistiendo en parte, ocupa lugar especial la Comunión Anglicana”.

Por tanto, dicen, la Iglesia de Cristo también subsiste, aunque sea imperfectamente, fuera de la Iglesia Católica.

Por eso dicen que no se puede hablar ecuménicamente en clave de “retorno” a la Iglesia Católica.

Por lo que tiene que ver con la cita de “Unitatis Redintegratio”, el texto latino del Concilio Vaticano II dice:

“Inter eas, in quibus traditiones et structurae catholicae ex parte subsistere pergunt, locum specialem tenet Communio anglicana.”

Traducido:

“Entre aquellas en las que las tradiciones y estructuras católicas siguen subsistiendo en parte, ocupa un lugar especial la Comunión anglicana”.

Hay que decir, por tanto, que las tradiciones y estructuras católicas no son lo mismo que la Iglesia Católica, pero además, el sujeto en el pasaje de LG no es la Iglesia Católica, ni sus tradiciones y estructuras, sino “la Iglesia de Cristo”, de la cual se dice que subsiste en la Iglesia Católica. Aquí se cambia el sujeto de la proposición a la vez que se pretende seguir hablando de lo mismo.

Este texto no sirve, por tanto, para argumentar una “subsistencia imperfecta” de la Iglesia de Cristo fuera de la Iglesia Católica.

Respecto de que no se puede identificar el “subsistit” con el “est” y de que se ha renunciado al “est”, hay una reflexión muy fácil y sencilla que muestra que eso es imposible.

La única alternativa lógica al “est” es el “non est”, por el principio de tercero excluido. Luego, si al hablar de la relación entre la Iglesia de Cristo y la Iglesia Católica excluimos el “est”, necesariamente tenemos que dar en el “non est”. La Iglesia de Cristo, entonces, NO ES la Iglesia Católica.

La siguiente pregunta es si la Iglesia de Cristo es, “est”, alguna de las otras Iglesias hoy existentes. La respuesta lógica, siguiendo el mismo modo de pensar, sería “no”.

La conclusión es sorprendente, por decir poco: ¡La Iglesia de Cristo no existe hoy día, al no identificarse con ninguna de las Iglesias hoy día existentes!

A no ser que se opte por la tesis de la “Iglesia Invisible”, que es protestante, no católica. O de la “Iglesia futura, no presente”, que tampoco es católica.

Luego, no podemos renunciar, como católicos, a decir que la Iglesia de Cristo ES la Iglesia Católica.

Por eso, tampoco tiene sentido hablar de “renuncia al “est” de identificación completa”, si con ello se quiere decir que puede haber una “identificación incompleta” que sea un medio (imposible) entre ser y no ser.

Lo que pasa es que la “identificación completa” puede entenderse en dos sentidos. Se puede decir: a) “todo lo que es de la Iglesia de Cristo está en la Iglesia Católica”, agregando una de estas dos precisiones, excluyentes entre sí: b) “nada de lo que es de la Iglesia de Cristo está fuera de la Iglesia Católica (entendido de los límites visibles de la Iglesia Católica)”, o c) “Algo de lo que es de la Iglesia de Cristo está fuera de la Iglesia Católica, es decir, de sus límites visibles.”

Si la “identificación completa” se entiende en el sentido de a) más c), entonces es parte de la enseñanza de la Iglesia Católica. Si se entiende en el sentido de a) más b), entonces va contra la enseñanza de la misma Iglesia Católica en la Lumen Gentium.

Pero nuevamente, tampoco la “identificación completa” así entendida es parte de la doctrina católica, si se la entiende separada del “est”.

Notemos que en ninguna parte la Lumen Gentium dice que haya que renunciar al “est” o que la Iglesia de Cristo “no sea” la Iglesia Católica o viceversa.

¿Cómo podría ser que todo lo de la Iglesia de Cristo estuviese en la Iglesia Católica, sin que la Iglesia de Cristo “fuese” la Iglesia Católica? ¿Qué faltaría para el “est”, si todo lo de la primera está en la segunda?

Y si algo de la primera no está en la segunda, de modo que no se cumple el “est”, entonces ¿hay subsistencias imperfectas, pero no hay subsistencia perfecta? Y entonces volvemos a lo de arriba: ¿no existe, entonces, hoy, la Iglesia de Cristo?

Y que no se diga: “existe imperfectamente”. No se puede “existir imperfectamente”, se existe o no se existe. Se puede existir siendo imperfecto, pero no se puede existir imperfectamente.

Y para existir, o sea, para existir perfectamente, que es la única forma posible de existir, es necesario identificarse sin más con un sujeto existente. Si algo no se identifica sin más con ningún sujeto existente, entonces, no existe.

Pero se dirá: esa identificación “sin más”, ¿no excluye que algo de la Iglesia de Cristo pueda existir fuera de la Iglesia Católica?

Para nada. Identificarse sin más con algún sujeto existente no excluye la identificación parcial o bajo algún aspecto solamente con otros sujetos existentes. Solamente excluye identificarse sin más con algún otro sujeto existente al mismo tiempo.

Por eso mismo la Iglesia de Cristo no existe sin más en las otras Iglesias o comunidades cristianas, sino sólo bajo cierto aspecto, en la medida en que existen en ellas “elementos de la Iglesia”, como dice el Concilio.

Y no se diga tampoco que “existir bajo cierto aspecto” es “existir en parte y no existir en parte”, cosa que hemos rechazado arriba. La existencia es absoluta, simple; lo que es parcial es lo que existe de ese modo.

Y por eso mismo, allí, en las otras Iglesias o comunidades cristianas, no “subsiste” en modo alguno la Iglesia, tampoco imperfectamente. Porque “subsistencia” quiere decir “existencia perfecta”, perfecta, ya dijimos, no en cuanto al mismo existir o no, que sólo puede ser “perfecto”, o no ser, sino en cuanto a aquello que así existe, que sólo se da en plenitud en la Iglesia Católica, como enseña el mismo Concilio.

La unidad sigue al ser. Un caballo es un caballo. Si la Iglesia ha perdido su unidad, ha perdido su ser, y entonces no existe. Por eso el Concilio no habla de restablecer la unidad de la Iglesia, sino la unidad de los cristianos, que es otra cosa diferente.

Por eso dice la misma Unitatis Redintegratio:

“… in unius unicaeque Ecclesiae unitatem congregentur quam Christus ab initio Ecclesiae suae largitus est, quamque inamissibilem in Ecclesia catholica subsistere credimus et usque ad consummationem saeculi in dies crescere speramus.”

Traducido:

“…para aquella unidad de una sola y única Iglesia que Cristo concedió desde el principio a su Iglesia, y que creemos que subsiste indefectible en la Iglesia Católica y esperamos que crezca cada día hasta la consumación de los tiempos.” (subrayado nuestro).

La unidad de la Iglesia, por tanto, no se ha perdido: ha sido concedida por Cristo a la Iglesia desde el principio y desde entonces subsiste indefectible en la Iglesia Católica. Esperamos que crezca cada día hasta el fin de los tiempos, pero eso no quiere decir que haya que pasar en algún momento de la no-unidad a la unidad. Eso no sería crecimiento en la unidad, como no es crecimiento el ser concebido y empezar a existir. Por el contrario, es también una forma de decir que esa unidad que subsiste indefectible desde el principio en la Iglesia Católica subsistirá además indefectible hasta el fin de los tiempos. Al tiempo que se abre la posibilidad de un crecimiento en las riquezas propias de esa unidad, por la esperada unión de los cristianos que busca fomentar la tarea ecuménica.

A continuación citamos partes del documento de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Respuestas a algunas preguntas acerca de ciertos aspectos de la doctrina sobre la iglesia, 29 de junio de 2007.

“El Concilio Ecuménico Vaticano II ni ha querido cambiar la doctrina sobre la Iglesia ni de hecho la ha cambiado, sino que la ha desarrollado, profundizado y expuesto más ampliamente.”

Pero, decimos nosotros, antes del Concilio se decía que la Iglesia de Cristo ES la Iglesia Católica. Luego, sigue siendo así actualmente.

En la respuesta a la pregunta: ¿Cómo se debe entender la afirmación según la cual la Iglesia de Cristo subsiste en la Iglesia católica?, dice:

“Aunque se puede afirmar rectamente, según la doctrina católica, que la Iglesia de Cristo está presente y operante en las Iglesias y en las Comunidades eclesiales que aún no están en plena comunión con la Iglesia católica, gracias a los elementos de santificación y verdad presentes en ellas, el término “subsiste” es atribuido exclusivamente a la Iglesia católica, ya que se refiere precisamente a la nota de la unidad profesada en los símbolos de la fe (Creo en la Iglesia “una”); y esta Iglesia “una” subsiste en la Iglesia católica.”

Luego, decimos nosotros, no es posible, en doctrina católica, afirmar algún tipo de subsistencia de la Iglesia de Cristo fuera de la Iglesia Católica. Nótese que no es el término “subsiste perfectamente”, sino el término “subsiste”, el que, según el documento, “es atribuido exclusivamente a la Iglesia Católica.”

A la pregunta: ¿Por qué se usa la expresión “subsiste en ella” y no sencillamente la forma verbal “es”?

Responde:

“El uso de esta expresión, que indica la plena identidad entre la Iglesia de Cristo y la Iglesia católica, no cambia la doctrina sobre la Iglesia. La verdadera razón por la cual ha sido usada es que expresa más claramente el hecho de que fuera de la Iglesia se encuentran “muchos elementos de santificación y de verdad que, como dones propios de la Iglesia de Cristo, inducen hacia la unidad católica.”

Nótese, decimos nosotros, que aquí se dice que hay “plena identidad” entre la Iglesia de Cristo y la Iglesia Católica, y se dice además que esto viene afirmado con el término “subsistit in”. Por eso se entiende que a continuación se diga que con ello no se cambia la doctrina sobre la Iglesia. En efecto, el “est” de la tradición católica indica la “plena identidad” en el sentido que hemos intentado exponer arriba.

Se explica la “verdadera razón” del cambio de término, que no es el “abandono” del “est” anterior, cosa que ya vimos que es imposible porque llevaría a negar la existencia actual de la Iglesia de Cristo, sino que con el “subsistit in” se expresa “más claramente” la existencia de elementos de la Iglesia de Cristo fuera de la Iglesia Católica.

A la pregunta: ¿Por qué el Concilio Ecuménico Vaticano II atribuye el nombre de “Iglesias” a las Iglesias Orientales separadas de la plena comunión con la Iglesia católica?

Responde:

“El Concilio ha querido aceptar el uso tradicional del término. “Puesto que estas Iglesias, aunque separadas, tienen verdaderos sacramentos y, sobre todo, en virtud de la sucesión apostólica, el sacerdocio y la Eucaristía, por los que se unen a nosotros con vínculos estrechísimos”, merecen el título de “Iglesias particulares o locales”, y son llamadas Iglesias hermanas de las Iglesias particulares católicas.”

“Consiguientemente, por la celebración de la Eucaristía del Señor en cada una de estas Iglesias, se edifica y crece la Iglesia de Dios”. Sin embargo, dado que la comunión con la Iglesia universal, cuya cabeza visible es el Obispo de Roma y Sucesor de Pedro, no es un simple complemento externo de la Iglesia particular, sino uno de sus principios constitutivos internos, aquellas venerables Comunidades cristianas sufren en realidad una carencia objetiva en su misma condición de Iglesia particular.”

Es interesante aquí, decimos, la afirmación de que la misma calidad de Iglesia local queda de algún modo afectada y disminuida objetivamente por la falta de comunión con la Iglesia Universal al faltar la comunión con el sucesor de Pedro.

A la pregunta: ¿Por qué los textos del Concilio y el Magisterio sucesivo no atribuyen el título de “Iglesia” a las Comunidades cristianas nacidas de la Reforma del siglo XVI?

Responde:

“Porque, según la doctrina católica, estas Comunidades no tienen la sucesión apostólica mediante el sacramento del Orden y, por tanto, están privadas de un elemento constitutivo esencial de la Iglesia. Estas Comunidades eclesiales que, especialmente a causa de la falta del sacerdocio sacramental, no han conservado la auténtica e íntegra sustancia del Misterio eucarístico, según la doctrina católica, no pueden ser llamadas “Iglesias” en sentido propio.”

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Finalmente, por lo que tiene que ver con el “retorno” a la Iglesia, la cuestión, lógica y elementalmente planteada, es así: o bien va a haber unidad, en el sentido de plena comunión, entre los cristianos, antes de la Parusía, o no.

En el primer caso, esa unidad va a exigir, lógicamente, unidad en todo lo que es esencial a la fe, o sea, unidad en lo que ambas partes consideran esencial a la fe.

Por tanto, y abreviando un poco, hay tres formas posibles, solamente, en que dicha unión de los cristianos puede realizarse:

  1. bien todos aceptan íntegra la profesión de fe de una de las confesiones cristianas actualmente existentes, rechazando a su vez todo lo que se opone a ella en aquello mismo que los que la profesan consideran esencial.
  2. O bien todos aceptan una profesión de fe cristiana nueva, que no es plenamente la de ninguna de las confesiones cristianas actuales.
  3. O bien, todos aceptan alguna profesión de fe ajena a todas las confesiones cristianas actualmente existentes o posibles, por ejemplo, una fe musulmana o hindú.

Fuera de estas tres alternativas, el proyecto de “unidad de los cristianos” es lógicamente imposible.

En realidad, en la tercera alternativa tampoco sería “unidad de los cristianos”, sino conversión de los cristianos al islamismo (o al budismo, hinduismo, ateísmo, etc.).

En la segunda alternativa, los católicos dejaríamos de ser tales, al abandonar elementos esenciales de nuestra fe. Si no tuviésemos que abandonar elementos esenciales de nuestra fe, eso no sería una nueva confesión de fe cristiana, sino que sería el credo católico. Y entonces, estaríamos en realidad en la primera alternativa, como veremos enseguida.

En efecto, esa primera alternativa se desglosa en otras dos:

  1. bien todos los cristianos aceptan íntegra la fe de la Iglesia Católica en todos sus aspectos esenciales, rechazando todo lo que se opone a ellos,
  2. O bien, todos los cristianos, incluidos los católicos, aceptan íntegra la fe de alguna otra confesión cristiana, rechazando todo lo que se opone esencialmente a ella.

Es claro que en este segundo caso, los católicos dejaríamos de ser tales. Por ejemplo, aceptaríamos íntegra la fe protestante, y rechazaríamos todo lo que es incompatible con ella, por ejemplo, el Papa, el culto a la Virgen, la fe en la Tradición. O bien aceptaríamos íntegra la fe ortodoxa, y entonces rechazaríamos también el ministerio del Papa.

Luego, la única forma en que nosotros los católicos podemos plantearnos la “unión de los cristianos”, objetivo de la tarea ecuménica, es apuntando a que todos los cristianos acepten íntegra la fe de la Iglesia Católica en todos sus puntos esenciales y rechacen todo aquello que se opone a ella así entendida. Si a eso se lo quiere llamar “retorno a la Iglesia Católica” o de otra manera, es cuestión secundaria.

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