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S. S. Benedicto XVI

Un fragmento del Discurso del Santo Padre Benedicto XVI a la Curia Romana en ocasión de la presentación de los augurios navideños. Sala Clementina, Lunes 22 diciembre de 2008.

Por la gran trascendencia actual del tema abordado por el Santo Padre, en medio de tanta confusión, fuera pero también a menudo–lamentablemente–dentro de la Iglesia, queremos difundir este texto sobre una mal entendida libertad humana, que en realidad no es legítima porque niega a Dios y a su proyecto creador soberano sobre la humanidad.

Prof. Dr. Carlos Alvarez Cozzi

Porque la fe en el Creador es una parte esencial del Credo cristiano, la Iglesia no puede y no debe limitarse a trasmitir a sus fieles solamente el mensaje de la salvación. Tiene una responsabilidad por lo creado y debe hacer valer esta responsabilidad también en público. Y haciéndolo, debe defender, no solamente la tierra, el agua y el aire como dones de la creación pertenecientes a todos. Debe proteger también al hombre contra la destrucción de sí mismo. Es necesario que exista algo así como una ecología del hombre, entendida en el sentido justo. No se trata de una metafísica superada si la Iglesia habla de la naturaleza del ser humano como hombre y mujer y exige que este orden de la creación sea respetado. Aquí se trata, de hecho, de la fe en el Creador y de la escucha del lenguaje de la creación, cuyo desprecio sería una autodestrucción del hombre y, por tanto, una destrucción de la obra misma de Dios.

Lo que frecuentemente se expresa y se entiende con el término “género”, se resuelve en definitiva en la autoemancipación del hombre respecto de lo creado y del Creador. El hombre quiere hacerse por sí solo y disponer siempre y exclusivamente por sí solo de aquello que se refiere a él. Pero de este modo vive contra la verdad, vive contra el Espíritu creador. Las selvas tropicales merecen, sí, nuestra protección, pero no menos la merece el hombre como creatura, en la cual está escrito un mensaje que no significa contradicción de nuestra libertad, sino su condición de posibilidad. Grandes teólogos de la Escolástica han calificado el matrimonio, es decir, el vínculo para toda la vida entre el varón y la mujer, como sacramento de la creación, que el mismo Creador ha instituido y que Cristo –sin modificar el mensaje de la creación– recogió luego en la historia de la salvación como sacramento de la nueva alianza. Es parte del anuncio que la Iglesia debe realizar el testimonio a favor del Espíritu creador presente en la naturaleza en su conjunto y de modo especial en la naturaleza del hombre, creado a imagen de Dios. Partiendo de esta perspectiva se debería releer la Encíclica Humanae Vitae: la intención del Papa Pablo VI era defender el amor contra la sexualidad como consumo, el futuro contra la pretensión exclusiva del presente y la naturaleza del hombre contra su manipulación.