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Néstor Martínez Valls

Uno de los principales integrantes del movimiento del “diseño inteligente”, William Dembski, dice en una de sus obras:

“Design theorists find the “theism” in theistic evolution superfluous. Theistic evolution at best includes God as an unnecessary rider in an otherwise purely naturalistic account of life. As such, theistic evolution violates Occam’s razor. Occam’s razor is a regulative principle for how scientists are supposed to do their science. According to this principle, superfluous entities are to be rigorously excised from science. Thus, since God is an unnecessary rider in our understanding of the natural world, theistic evolution ought to dispense with all talk of God outright and get rid of the useless adjective ‘theistic.’”[1]

Este pasaje incluye varias de las confusiones características de la discusión en torno al “intelligent design”.

Ante todo, falta la perspectiva metafísica. Se considera que la única “huella” de Dios que puede haber en el Universo es el orden. Hay algo más básico aún: la existencia misma. Si por ventura existiera el universo mecanicista, aún necesitaría, y continuamente, un Creador.

Y eso la navaja de Ockham no lo puede eliminar, porque sin un Creador que lo sustenta continuamente en el ser, el Universo simplemente no existe. El Creador, por tanto, es necesario.

Dicho esto, hay que reconocer que, en realidad, el Universo mecanicista no existe, y en el Universo real, además de existencia, hay orden. Otra cuestión es si el reconocimiento de ese orden es tema propio de las ciencias particulares y no más bien de la filosofía.

En un Universo mecanicista, el único orden que habría (fuera del de las leyes de naturaleza y movimiento de los átomos) sería accidental, porque las únicas sustancias, que serían los átomos, serían simples, y por tanto, desprovistas de todo orden interno, que sería el orden sustancial. Es cierto que la imagen moderna clásica del átomo no es simple, pero también es cierto que su unidad es igualmente accidental, es decir, externa. Ahora bien, en el Universo real hay orden sustancial, no accidental, más allá de las leyes del movimiento de los átomos, si es que hay átomos: por ejemplo, el orden del organismo de los seres vivos.

La finalidad puede darse también en el orden accidental, como en el motor de un automóvil, pero puede también faltar, como en una figura hecha al azar por las olas sobre la playa. En cambio, el orden sustancial, como el de un organismo, no puede darse sin finalidad.

Sin duda, en un Universo mecanicista creado por Dios, el único orden que habría, exceptuadas las leyes mismas de la constitución, movimiento y choque de los átomos, que derivan de la sustancia misma de la materia o del átomo, sería el accidental, el de la reunión de los átomos o partículas últimas sean las que sean, que son en ese Universo las verdaderas y únicas sustancias (aparte de Dios). Ese orden sería intencional, obviamente, pero empíricamente sería indiscernible del orden igualmente accidental, pero no intencional, existente en un Universo mecanicista y ateo. En principio, las olas, o cualquier otra cosa, pueden producir cualquier orden accidental, golpeando sobre la playa, o sobre cualquier otra cosa. Sería indiscernible, salvo por un solo rasgo: que este último Universo no existiría.

Incluso, en un Universo mecanicista creado por Dios, todo podría deberse al azar a nivel de las causas segundas, excepto lo que tiene que ver directamente con las leyes del movimiento y choque de los átomos. Y sin embargo, nada sería azaroso por relación a la Causa Primera. Santo Tomás enseña, en efecto, que el azar existe por relación a las causas segundas solamente, no por relación a Dios, Causa Primera. Claro, en un mundo así no habría seres vivos.

El tipo de inteligencia que los programas de búsqueda de inteligencia detectan es la inteligencia finita, creada, que sólo puede producir agregados accidentales, es decir, artificiales, dotados de orden accidental. Pero ningún agregado accidental exige necesariamente una inteligencia en su origen. Las olas, nuevamente.

En cuanto al orden sustancial, se aprecia con la inteligencia, no con las ciencias particulares. Es decir, es un asunto filosófico.

Si al hablar de “diseño inteligente” en la naturaleza no se piensa en términos de “ser”, es decir, metafísicamente, el “dios” al que se llegaría desde allí tampoco sería pensado en términos de “ser”. Y entonces, no sería Dios.

¿Siempre que se piensa en términos de “ser” se piensa metafísicamente? ¿No es el ser el objeto mismo de la inteligencia, de modo que todo lo que ésta piensa, lo piensa como ser?

Pero el ser se puede pensar en tanto que árbol, o en tanto que perro, o en tanto que ser. Solamente en este caso se está en terreno metafísico. Y solamente en este caso, el diseño inteligente de la naturaleza nos llevaría a Dios.

¿Necesariamente, al pensar en Dios, se piensa en términos de ser? Sí, si se piensa en el Dios verdadero. Eso no quiere decir que se sea consciente de ello, porque el hábito de la reflexión metafísica no es muy común.

Por ejemplo, si se piensa a Dios como Todopoderoso, u Omnisciente, o Único, se lo piensa como Ser Infinito, aunque no se explicite esto último. Sólo el Ser Infinito, el Ser Subsistente, puede tener esos atributos. Un ser finito no puede tener ni un poder ni un saber infinitos, y por ser finito, admite siempre la posibilidad de que exista otro como él.

¿Pero no es bastante con que se pueda probar que hay una Inteligencia detrás de la naturaleza? ¿Puede ser esa Inteligencia otra cosa que Dios?

Filosóficamente, esa Inteligencia será Dios solamente cuando se pueda probar que es el Ser Subsistente. De lo contrario, podría, por todo lo que se sabe a esa altura, ser un demiurgo muy grande, pero finito.

¿Y la quinta vía de Santo Tomás llega de esa manera a Dios como Ser?

Sí, porque el orden de que habla es un orden natural, que brota por tanto de la esencia misma de los seres naturales, y que por tanto, requiere un Creador que dé el mismo ser a estos seres, y así, sea el Ser Subsistente, único que puede dar el ser, porque lo tiene en propiedad.

Ahora, hablar y razonar sobre la esencia de los seres naturales es hacer metafísica, no ciencia particular.

El programa del “diseño inteligente” busca solamente conocer huellas de “inteligencia” en la naturaleza. Sin las ulteriores precisiones metafísicas que hemos hecho arriba a la quinta vía, esa “inteligencia” bien podría ser la de un gran demiurgo finito.

Según esto, el argumento del “intelligent design” tal como se usa hoy día en EE.UU. a lo sumo serviría para demostrar que el evolucionismo mecanicista es falso, pero no para demostrar que Dios existe.


[1] Dembski, William A., What every theologian should know about creation, evolution and design.