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Daniel Iglesias Grèzes

Pregunta: Recientemente leí la siguiente frase en un artículo de un autor católico: “No sólo no está probado que Cristo es un mito…, sino que está probado precisamente lo contrario: que Jesucristo pertenece a la historia y no al mito.”

Esa frase me llamó mucho la atención. ¿No es cierto que la existencia histórica de Jesús sigue siendo un tema discutido entre los expertos?

Respuesta: Niego que entre los expertos reine la incertidumbre acerca de la existencia o inexistencia histórica de Jesús de Nazaret. Al contrario, entre estudiosos de distintas tendencias religiosas y filosóficas, a pesar de sus distintas opiniones sobre el valor histórico de los Evangelios, existe un amplísimo consenso acerca de que ellos permiten conocer (como mínimo) varias verdades sobre Jesucristo, entre ellas su existencia real.

En este punto se puede palpar la distancia entre la “cultura académica”, para la cual la cuestión de la historicidad de Jesús es prácticamente una “cosa juzgada”, y cierta “cultura popular” anticristiana, difundida sobre todo a través de Internet, que divulga toda clase de argumentos contra la fe cristiana, la mayoría de ellos de escaso valor intelectual, incluyendo los que pretenden reducir a Jesucristo a la categoría del mito.

En una breve síntesis, se puede decir que los estudios históricos sobre Jesús han pasado por cuatro fases principales:

  1. Desde el siglo XVIII hasta fines del siglo XIX se extendió la etapa de la llamada First Quest u Old Quest (Primera Búsqueda o Antigua Búsqueda), marcada sobre todo por la filosofía racionalista y el liberalismo teológico. Muchos críticos de los Evangelios separaron al “Jesús de la historia” del “Cristo de la fe” e intentaron redescubrir a aquél, construyendo imágenes de un Jesús meramente humano, maestro de sabiduría, profesor de moral o profeta apocalíptico.
  2. Durante la primera mitad del siglo XX se extendió la etapa que algunos llaman No Quest (“Ninguna Búsqueda”). En este etapa predominó el influjo de Rudolf Bultmann y su “desmitologización” de los Evangelios. En pocas palabras, Bultmann sostuvo que sobre el Jesús histórico (si acaso existió) no se podía saber nada con certeza; pero tampoco necesitábamos saber nada, ya que la fe cristiana estaría basada únicamente en el mito de Cristo.
  3. Aproximadamente de 1950 a 1990 se extendió la etapa de la Second Quest o New Quest (“Segunda Búsqueda” o “Nueva Búsqueda”), marcada por una fuerte reacción contra el “nihilismo histórico” de Bultmann y sus seguidores. Se vuelve a investigar al Jesús histórico, aunque prevalece una perspectiva de “minimalismo histórico”: muchos autores piensan que los Evangelios sólo permiten conocer unas pocas cosas ciertas sobre Jesús, entre ellas su existencia real. En los años ‘80 prácticamente sólo los expertos soviéticos seguían negando la historicidad de Jesús y lo hacían por “disciplina partidaria”. Poco después, el Partido Comunista de la Unión Soviética sucumbió junto con la URSS.
  4. Desde 1990 hasta el presente se extiende la etapa de la Third Quest (“Tercera Búsqueda”), en la cual se está superando el “minimalismo histórico”. Al haber aumentado mucho el conocimiento histórico sobre el Israel de los tiempos de Jesús, hoy predomina la idea de que es posible conocer muchas cosas históricamente ciertas sobre Jesús. Abundan las obras de autores que intentan volver a presentar o reinterpretar la imagen de Jesús, destacando sobre todo su carácter judío.

Te recomiendo la lectura de un artículo muy interesante sobre las últimas investigaciones acerca del Jesús histórico: Pbro. Miguel Antonio Barriola, Consideraciones acerca del “Jesús judío” y las investigaciones de la “Third Quest”. Leyendo con calma este artículo, seguramente aprenderás unas cuantas cosas sobre el estado actual de las investigaciones históricas acerca de Jesús de Nazaret. Entre otras cosas verás que la postura “nihilista” sobre la historicidad de los Evangelios pasó de moda hace varias décadas. Se ha producido un regreso a la sensatez y también a los “preámbulos de la fe”.

En todos los tiempos la Iglesia Católica ha sostenido firmemente el valor histórico global de los Evangelios. La gran mayoría de los autores católicos se ha mantenido en esa línea, pese a los vaivenes experimentados por otras corrientes de pensamiento en la “búsqueda” del “Jesús de la historia”, en las distintas etapas antes señaladas.