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Mesa Coordinadora Nacional por la Vida

Proclama leída en el acto realizado en la Plaza de la Bandera de Montevideo el 25 de Marzo de 2009

Nos hemos reunido una vez más para celebrar el Día del Niño por Nacer. Nos convoca esta celebración de la grandeza y dignidad de la vida humana.

Debemos sin duda asombrarnos ante el don maravilloso de la vida. A todos nos fascina, nos asombra, y nos admira ver a un bebé recién nacido, pero mucho más admirable aún es todo el proceso de la gestación desde el instante de la concepción, que puede conocerse a través de las imágenes que hoy en día son de fácil acceso.

Por eso el Día del Niño por Nacer es una ocasión para reflexionar acerca del valor de la vida humana, del respeto que se debe al ser humano desde el instante mismo de la concepción, a partir de la cual existe un desarrollo coordinado, gradual, autónomo y continuo.

Desde el descubrimiento del genoma humano, ya nadie puede decir con honestidad intelectual que el fruto de la concepción no es un individuo de la especie humana.

Las evidencias científicas nos demuestran que desde el mismo instante de la concepción, cuando se constituye el cigoto, allí está toda la información genética que señala la identidad de la persona y que va a desarrollarse no sólo hasta el nacimiento, sino hasta el fin natural de la vida.

Desde esta óptica de valoración de la vida humana, felicitamos a las madres, porque todas ellas son heroicas, al acoger, cuidar, alimentar y amar a un nuevo hijo, por la valentía que han tenido de traer un hijo al mundo.

Toda maternidad bien entendida conlleva sacrificio, el olvidarse de sí mismas por el hijo, y merece por tanto el perpetuo respeto de todos los seres humanos.

Al mismo tiempo tenemos que decir que, lamentablemente, hoy día, cuando vivimos una ola de inseguridad en las calles y en las casas, el lugar más peligroso para el ser humano es el vientre materno. El lugar que debería ser su primer refugio, es el lugar más desprotegido.

Eso es así, porque en nuestro país no sólo se recurre al aborto como una falsa “solución” a los problemas, sino que hay quienes lo promueven como un supuesto “derecho” y buscan su legalización.

Por eso mismo deploramos que se haya aprobado irregularmente una supuesta ley que posibilita que los médicos informen cómo eliminar la vida humana. Concretamente nos referimos a las consejerías del Pereira Rossell, que ahora pretenden extender a todo el país.

Los médicos, en quienes depositamos nuestra confianza, deberían ser los que cuidan la vida, no los que enseñan cómo suprimirla.

Pero la vida del niño por nacer no está amenazada solamente por el aborto y las leyes que lo quieren despenalizar, sino además por las técnicas de reproducción asistida y de investigación sobre embriones, que llevan necesariamente a la destrucción de miles de embriones humanos, que son considerados como material sobrante.

Esta mentalidad considera al embrión humano como un objeto, y no se advierte que el ser humano, desde el instante de la concepción, no puede ser medio o instrumento para otra cosa, sino que es alguien que tiene sentido por sí mismo.

No podría llegar nunca a ser una persona humana si no lo fuera desde el comienzo, porque no es un embrión vegetal, no es un embrión animal, sino que es un embrión humano, y como tal tiene la dignidad que corresponde al hombre, que es un ser personal: fin y no medio.

Es por todo esto que queremos gobernantes que defiendan el derecho a vivir de todo ser humano, de cada uno de nosotros, no importa nuestra edad o estadio de desarrollo.

Porque una sociedad donde algunos vean que su integridad y su vida no son protegidas por la ley es una sociedad retrógrada, donde prima la ley de la selva.

Y si a un ser humano no se le reconoce el derecho a vivir, ¿qué garantías tenemos de que se le respeten otros derechos?

Este año nos enfrentamos a un nuevo desafío. Es año electoral, y, comenzando ya por las elecciones internas, se decide la orientación que el futuro gobierno va a tener en lo que tiene que ver con el derecho a la vida.

En estas elecciones se juega el destino de muchos niños por nacer en nuestro país. Según quiénes salgan elegidos, hay la posibilidad de que en la próxima legislatura tengamos que estar nuevamente en la calle defendiendo el más básico y elemental de todos los derechos humanos.

Vamos a ser responsables, con nuestro voto, de que en el futuro gobierno, la vida humana en el vientre materno siga protegida por la ley, o deje de estarlo. Tenemos que pensar esto muy bien, antes de votar.

La Mesa Coordinadora Nacional por la Vida no depende de ningún grupo político ni de ninguna institución religiosa. Nos une la defensa de la vida humana y de la familia. Por eso la Mesa no puede decirle a la ciudadanía a quién debe votar en estas elecciones. Y no lo vamos a hacer.

Pero dentro de nuestro campo específico, que es la defensa de la vida humana y del derecho a la vida, hay algo que sí podemos y debemos hacer, y por eso nos sentimos en el deber de exhortar a todos los uruguayos:

¡Votemos a favor de la vida humana!
¡Votemos a favor del derecho humano fundamental, que es el derecho a la vida!
¡Votemos a favor del niño por nacer!
¡Votemos a favor de los que defienden la vida!
¡No votemos a partidos o candidatos que promuevan la despenalización o legalización del aborto!
¡No votemos, comenzando por las elecciones internas de los partidos, a aquellos que hayan levantado su mano para votar a favor de la despenalización del aborto!
¡Hagamos saber a nuestros representantes que el voto de los uruguayos depende del respeto que se muestre a la vida humana y a la familia basada en el matrimonio de un varón y una mujer!
¡Difundamos entre todos nuestros conocidos la consigna de votar a favor del derecho humano fundamental, que es el derecho a la vida desde la concepción!
¡Viva la vida humana!
¡Viva la familia!
¡Viva el Uruguay!
¡Viva la Patria!