planeta-privilegiado

Néstor Martínez Valls

Introducción

En la discusión acerca de si el orden del mundo lleva o no a afirmar una Inteligencia ordenadora del mundo, cuando esta discusión se lleva a cabo sobre la base de los datos actuales de la ciencia y no en una perspectiva estrictamente metafísica, el teísta argumenta que el orden que la ciencia descubre en el Universo hace más probable la existencia de Dios que su no existencia, mientras que el no teísta lo niega, y afirma concretamente que no es necesario recurrir a Dios para explicar el orden del Universo, lo cual quiere decir, o bien que la existencia de un Universo como el nuestro, sin una Causa Inteligente, no es improbable, o bien que lo es, pero que la única conclusión que podemos sacar es que hemos tenido suerte, o “hemos sacado la lotería”, como dice Jacques Monod.

Muchas veces, la argumentación no teísta al respecto yerra el punto, pues se reduce a tratar de mostrar que un Universo salido del azar sería posible, cuando en realidad, lo que se debe discutir es si es probable o no lo es y si, en caso de no serlo, la existencia del Universo que conocemos no requiere una Inteligencia ordenadora como opción más probable.

Otras veces, la argumentación no teísta apunta al problema de la probabilidad. Por ejemplo, se argumentará a partir de la hipótesis de una pluralidad muy grande de Universos actualmente existentes, entre los cuales el nuestro será un caso más, estadísticamente esperable y, por tanto, no improbable.

También puede el no teísta argumentar a partir de ciertas formas del “principio antrópico”. Este principio se basa en la constatación obvia de que hay una relación entre el orden del Universo y nuestra misma existencia como observadores de ese orden. Si el Universo fuese algo diferente de lo que es, no estaríamos allí nosotros para maravillarnos de que sea como es.

Pero a partir de eso que es obvio, el no teísta puede intentar construir un argumento que dice que en realidad no tenemos que maravillarnos del orden del mundo y, por tanto, no tenemos que buscar como explicación una Inteligencia ordenadora. Si el mundo no fuera ordenado, no estaríamos aquí.

Un ejemplo del uso antiteísta del “principio antrópico” es el artículo de Stenger, Victor J., Natural explanations for the anthropic coincidences; el cual comentaremos en lo que resta de este trabajo.

La tesis del autor es que el principio antrópico no requiere de un diseño inteligente. Sus argumentos son :

  1. La vida puede ser muy distinta de la que nosotros conocemos; luego, no tiene por qué ser necesario, para que haya vida, y vida racional, que las constantes del Universo sean tan cuidadosamente seleccionadas.
  2. Las leyes de la naturaleza son un producto natural. Surgen naturalmente, del mismo proceso natural del Universo. Las simetrías cósmicas son el resultado, precisamente, de la no intervención de un agente exterior, y dan origen a las grandes leyes de conservación.
  3. La ruptura de las simetrías puede deberse al azar, y da origen a las leyes naturales. Es espontánea, sin causa.
  4. El Universo surge de un “falso” vacío que no contiene materia ni radiación, pero contiene un espacio curvo dentro del cual había cierta energía. A su vez, este “falso vacío” salió de un “vacío puro”, es decir, de la “nada”, mediante una fluctuación cuántica.
  5. Posibilidad de infinitos Universos dentro del modelo físico actual.
  6. La infinitud de Universos no viola la ley de Ockham. Es más económica que la tesis de un solo Universo, porque para explicar las peculiaridades de este último hay que agregar principios especiales.
  7. Selección natural de Universos a partir de “agujeros negros”. Progresiva multiplicación de Universos.
  8. Son posibles todos los Universos que no implican contradicción. Las leyes de la lógica son simplemente las leyes de nuestro lenguaje.

La nada primordial

Ante todo queremos comentar lo del comienzo del Universo a partir del “vacío puro”. Lo del “falso vacío” que procede del “vacío puro”, del cual en definitiva procede entonces el Universo todo, marca un hito en la lectura y hace que uno se dé cuenta de lo profundamente absurda que es toda esta postura en general, por debajo del disfraz de “sobriedad” y “racionalidad” que gusta aparentar.

Así, como si nada, se nos informa, sin mayor explicación (lógicamente) que todo ha surgido de la nada. A la nada se la pone entre comillas: “nothing”. ¿Qué quieren decir esas comillas? ¿Qué no es realmente la nada, sino algo, o que no nos animamos a decir franca y rudamente que todo salió de la nada? Ambas alternativas son ruinosas para el argumento. En el primer caso, no estamos explicando el origen del Universo, sino el origen de esa parte de Universo, con mucho la más grande, ciertamente, que derivó de ese “algo” inicial. Pero la curiosidad impenitente del ser humano llevará inmediatamente a preguntar de dónde o de qué procede ese “algo”, si no procede de nada, si es eterno, si lo que estamos afirmando, entonces, es en realidad un universo eterno, sin comienzo, contra la teoría aceptada hoy día por los físicos. Y si no es eterno, si acaso surgió “porque sí”, lo cual no es explicación alguna.

Y si lo que se afirma es que todo procede de la nada, tomada en sentido estricto, entonces, hay que detenerse un momento a meditar. ¿Es esto una aplicación de la navaja de Ockham? Sin duda, la nada es lo más económico de todo. Pero tal vez sea demasiado económico, ¿no? No hay que multiplicar los entes sin necesidad, pero algún ente hay que poner, y el no ente no explica nada. Ahora bien, ¿es preferible hacer derivar todo de la nada, que no quiere decir nada, a aceptar una Inteligencia ordenadora? ¿Tiene sentido seguir hablando de racionalidad, ciencia, y todo lo demás, una vez que se acepta que de la nada puede salir algo? ¿Es más racional el absurdo que la afirmación de Dios?

El autor dice que la nada inicial ha dado lugar al “falso vacío” mediante una “fluctuación cuántica”. En todo caso, eso nos llevaría a hacer retroceder el “falso vacío” un paso más. Cualquier cosa capaz de sufrir una “fluctuación cuántica”, no es la nada. Es algo, sea lo que sea. Aunque sea una virtualidad o una potencialidad, no es la nada. Sigue en pie la pregunta: ¿por qué existe ese algo, aun cuando fuese con existencia “virtual”?

Origen natural de las leyes naturales

En cuanto a que las leyes de la naturaleza sean un producto natural, ahí estamos en un retruécano bastante interesante. ¿Todo lo que puede ser calificado de “producto natural” surge de acuerdo con leyes naturales? Si decimos que sí, entonces resulta que las leyes de la naturaleza son un resultado de las leyes de la naturaleza, lo cual es bastante circular. Si decimos que no, entonces cuando decimos que las leyes de la naturaleza son un producto “natural”, estamos usando la palabra “natural” en un sentido bastante excepcional.

Las simetrías observables en el Universo, dice el autor, son precisamente el resultado de la no intervención de un agente exterior. Obviamente, para explicar las simetrías no hace falta la intervención de un agente exterior que venga a romperlas. Pero tal vez sí haga falta la intervención de un agente exterior que las instituya y fundamente. Es como una máquina en funcionamiento: no hace falta la intervención de un agente externo que la apague para explicar que siga funcionando.

Dice también que la ruptura de las simetrías puede deberse al azar. Pero es dudoso que algo pueda deberse al azar. Veamos: si la estadística predice que cada tanto tiempo alguien ha de sacar el primer premio en un juego de azar, es claro que será azaroso que el premiado sea Juan en vez de Pedro. Pero eso no quiere decir que el premio le haya llegado a Juan “por azar”, es decir, de modo que el azar sea la única causa explicativa del hecho. No es así. El premio le llegó porque las bolillas chocaron entre sí en el globo girante de tal modo que, según las leyes de la física, y dada la posición inicial, debía salir por el agujero precisamente la bolilla que corresponde al billete comprado por Juan. El azar supone por tanto las leyes naturales, y no puede entonces producirlas, y no puede ser entonces, como dice el autor, que las leyes naturales hayan surgido por la ruptura azarosa de las simetrías primitivas.

Sin duda, dado que el Universo ha comenzado, según la teoría hoy aceptada, ha habido, para cada ley natural, un primer suceso que ha ocurrido según esas leyes. Pero eso no quiere decir que la ley haya comenzado a ser una ley. Una ley debe estar vigente, lógicamente, antes de aplicarse a un caso particular. Toda ley tiene la forma “Si se da A, entonces ha de darse B”. Ahora bien, antes de darse A, la ley, o está vigente, o no. Si ya está vigente, lo está con anterioridad a su aplicación. Si no lo está, cuando A se da no ocurre nada, no se sigue B, y si se sigue, es por puro azar, no por razón de una ley.

También puede ser que la ley “Si se da A, ha de darse B”, dependa de una condición, por ejemplo, la unión previa de C y D. Antes de dicha unión ¿se puede decir que la primera no es aún una ley? Tampoco. Antes de esa unión tiene que ser de todos modos verdad que “Si se unen C y D, entonces, en caso de darse A, ha de darse B”.

¿El Universo puede haber comenzado a existir de acuerdo con una ley natural? Si por “Universo” entendemos la totalidad de los seres materiales, y no solamente la totalidad de los que más o menos podemos observar, o forman nuestro entorno, etc., sino la totalidad en sentido estricto, entonces claramente no. Porque la totalidad de los seres materiales equivale a la “naturaleza” en su conjunto, y la naturaleza en su conjunto no puede deberse a una ley natural, pues ésta debería por necesidad quedar fuera de la naturaleza en su conjunto, y entonces no sería natural.

Tampoco es posible que la ruptura de las simetrías sea espontánea y sin causa. Eso equivale a decir que se ha dado “porque sí”, lo cual viola el principio de razón de ser y hace inútil toda búsqueda científica. Que nosotros no podamos asignar la causa de ciertos fenómenos naturales no quiere decir que puedan no tenerla.

Finalmente, el autor reconoce que quedan excluidos de entre los Universos posibles aquellos que van contra las leyes de la lógica, por ejemplo, los que contienen círculos cuadrados o los que existen y no existen a la vez. Pero luego dice que las leyes de la lógica son solamente las leyes de nuestro lenguaje. ¿Tanto poder tiene nuestro lenguaje, como para permitir o no la existencia de Universos reales? De nuevo ¿tiene sentido ser tan puntilloso en la aplicación del principio de economía, para luego dar por bueno un salto argumental semejante? Si los Universos en realidad posibles deben obedecer a las leyes de la lógica ¿no son éstas anteriores a toda posible intervención del azar? ¿Y por tanto, a todo Universo real? ¿Y de dónde proceden, entonces? ¿Cómo se explican?

Notemos que nuestro lenguaje no puede ser en todo caso anterior a nuestra existencia en el planeta, y que mucho antes de eso, desde el mismo Big Bang, tenemos que reconocer que la existencia de realidades contradictorias era imposible, o bien, dejar de hacer ciencia.

Nuestro autor, entonces, debe comenzar por ciertas “simetrías” y por las leyes de la lógica. Las mismas leyes naturales ya vimos que no pueden ser un producto natural. Si no hay nada, no hay tampoco azar. Y si hay algo, entonces hay alguna ley, por ejemplo, el principio de no contradicción, y por tanto, algún orden.

Es ilógica la excepción que el autor establece a favor de las simetrías primitivas. Dice que allí sería “antieconómico” recurrir a una inteligencia ordenadora. Vemos que el famoso “principio de economía” se presta para bastante subjetivismo, al menos en su aplicación. Lo que no puede hacer el principio de economía es dispensarnos de toda explicación. Alguna razón tiene que haber, y el principio de economía no puede primar sobre el principio de razón de ser. Tanto más cuanto que en realidad es una consecuencia del mismo. Por tanto, las simetrías primitivas o se explican por el azar, o se explican por una Inteligencia ordenadora. Pero ya vimos que de todos modos el azar supone siempre algún orden y, por tanto, no puede explicar el orden en forma radical.

La navaja de Ockham

Con su argumento de que la pluralidad de Universos sin un Creador es más conforme al principio de economía de Ockham que la afirmación de un único Universo creado por una Inteligencia, el autor intenta mostrar que efectivamente, es más probable lo primero que lo segundo. Porque lógicamente, lo que requiere menos principios para realizarse, es de más probable realización, que lo que requiere más. Y para explicar la vida a partir de un solo Universo, hacen falta más principios, dice el autor, que para explicarla a partir de muchos, porque habría que agregar principios especiales que no se dan en cualquier Universo posible.

El tema de si la pluralidad de Universos no viola la ley de Ockham es discutible. Se trata de cuántos “entes” son necesarios para explicar nuestro mundo. El teísta pone uno solo: Dios. El no teísta debe poner una cantidad muy grande de Universos y, al parecer, sería mejor que pusiera infinitos Universos. Eso es mucho más que uno.

Pero además, habría que aportar un principio que justificase la existencia de varios Universos en vez de uno solo. ¿En virtud de qué existirían los múltiples o infinitos Universos? No puede ser “porque sí” y, por tanto, tampoco puede ser “por azar”. ¿Hay una ley natural que dice que deben existir todos los Universos posibles? ¿De dónde viene esa ley? En todo caso, es un principio de explicación que no hace falta en la hipótesis de un solo Universo.

La posibilidad no equivale a la existencia. Porque si todos los Universos posibles son posibles, lo son en el sentido de que también es posible que no exista ninguno de ellos, o sea, nada. ¿Por qué, entonces, existe alguno y, con más razón, por qué deberían existir todos?

También, la noción de “varios Universos” es problemática. ¿No forman parte todos, en realidad, de un único Universo? Los requisitos para justificar la “separación” entre Universos serían otros tantos principios más requeridos por esta explicación. Nada de eso hace falta en la teoría de que hay un solo Universo, que es el nuestro.

Y nótese además que en esta hipótesis se estarían pidiendo principios “extra” para justificar algo que no es un hecho, sino una mera hipótesis: la pluralidad o incluso infinitud de Universos. Nada más antieconómico que eso.

Diferentes formas de “vida”

En cuanto a que la vida puede ser en otros Universos distinta de lo que es en el nuestro, al menos se nos debe conceder que es posible la materia inanimada. Es decir, no por el solo hecho de existir algo, existe un viviente. Luego, necesariamente la existencia de vivientes ha de ser menos probable que la existencia de algo en general, es decir, no por el hecho de que haya un Universo, habrá en él vida.

Ahora bien, la cuestión es cuál sería, grosso modo, la cantidad de Universos posibles con vida, respecto de la cantidad de Universos posibles en general. El autor contiende que no lo podemos saber con seguridad, porque la vida puede ser muy diferente de lo que nosotros conocemos. Pero algo, seguramente, podremos decir. Por ejemplo, con todo lo que ha avanzado nuestro conocimiento del Universo, hasta ahora no hemos encontrado ninguna forma de vida fuera de nuestro planeta. Parece que efectivamente la vida no es algo que se dé tan fácilmente. Es cierto, se dirá que eso es así en nuestro Universo, pero que con otras constantes cósmicas, otros tipos de vida podrían ser posibles. ¿Podría haber vida en un planeta cuya temperatura de superficie fuese de 1000 grados? En todo caso, reconozcamos que es al menos bastante improbable.

Pero el argumento puede funcionar también en sentido contrario: no sabemos tampoco si nuestro conocimiento abarca todas las formas posibles de existencia inanimada. Lo más probable es que no, y que haya muchísimas otras combinaciones además de las que conocemos, que dan por resultado materia no viviente. Con lo cual ambos argumentos se anulan, y volvemos al punto de partida: la vida es en verdad muy poco probable.

Agreguemos algo más: no se trata solamente de que el Universo en cuestión tenga vida, se trata de que tenga vida racional, como la nuestra, es decir, capaz de llegar a realizar investigaciones sobre el origen del Universo y maravillarse ante las “coincidencias antrópicas”. Evidentemente, la probabilidad disminuye más aún.

El punto central es que evidentemente la vida es menos probable que la ausencia de vida, y la vida racional es menos probable aún. Aumentar la cantidad de Universos en la que es posible la vida racional implica aumentar proporcionalmente la cantidad de Universos existentes sin más.

La cantidad de Universos requerida para que en uno de ellos haya vida dependerá de cuán probable sea la vida en general. Es claro, alguna noción de “vida” tendremos que manejar para hacer ese cálculo. El autor extiende generosamente el título de “ser vivo” a las computadoras y a la Internet. No lo seguimos en eso, obviamente, pero ahí no más bastaría para preguntarnos en cuántos Universos es probable que haya computadoras e Internet, y en cuántos de esos Universos es probable que éstas hayan surgido al azar. ¡Y conste que ni siquiera tienen vida en el sentido auténtico del término!

El argumento del autor va por el lado de decir que aunque no sean exactamente iguales a nuestro Universo, otros Universos al menos podrían albergar vida racional algo diferente de la nuestra. Parece probado, en efecto, que por lo que toca a la vida racional tal como la conocemos, una pequeña variante en las constantes básicas de nuestro Universo la habría vuelto imposible. Pero ¿cuán distinta de la nuestra puede ser una vida racional, para poder no verse afectada por un cambio en esas constantes? Cuanto más diversos de los de nuestro Universo sean los valores de esas constantes, más distinta de nosotros deberá ser esa forma de vida racional y, por lo mismo, menos probable será, porque, como ya dijimos, de todos modos ha de haber un límite a lo que puede ser llamado “vida” en cualquier Universo posible.

En efecto, en la peor hipótesis, la nuestra sería la menos probable de las formas de vida racional, y la más alejada de la más probable. Pero a lo mejor estamos en el centro y somos la forma de vida más probable de todas. O sea que, en definitiva, a medida que aumenta la diferencia en los valores de las constantes entre un Universo X y el nuestro, se va reduciendo el campo en que la vida es probable. Eso quiere decir que tampoco nos podemos ir demasiado lejos de nuestro Universo en la búsqueda de Universos posibles en los que pueda haber vida y vida racional.

¿Cuántos Universos serían necesarios?

Se nos dirá que al que saca la lotería se le puede decir que no tiene de qué asombrarse, porque alguien tenía que sacar el premio, y él no puede deducir, del hecho de que salir sorteado ha sido sin duda altamente improbable, que alguien hizo trampa a su favor.

Pero este argumento tiene límites que se alcanzan bastante pronto. Si a la semana siguiente vuelve a sacar la lotería, la explicación por el azar ya no va ser tan natural. Y si una semana después de eso saca el primer premio por tercera vez, entonces algo está sucediendo.

¿A cuántas semanas sucesivas de sacar el primer premio equivale nuestra existencia en el mundo tal como lo conocemos?

Si miramos la historia de nuestro Universo, vamos a encontrar muchos puntos en los cuales todas las posibilidades menos una, o unas pocas, eran contrarias al hecho de que finalmente llegásemos a estar aquí. Si decimos que todo ello estaba predeterminado en la configuración inicial del mundo, y por tanto, en el tipo de Universo que de hecho es el nuestro, entonces eso quiere decir que para cada uno de esos pasos críticos hay al menos un Universo posible sin nosotros al final. En 15.000.000.000 años ha habido tiempo para muchísimos de esos “puntos críticos”, y particularmente durante la historia de la vida en nuestro planeta.

Aquí entra el tema de la pluralidad de Universos. Si lo que existe o se produce es una pluralidad de Universos, se dice, es menos extraño que haya allí uno como el nuestro.

Pero veamos de qué pluralidad estamos hablando. ¿Cuántas veces será necesario tirar al aire una caja completa de tipos de imprenta para que finalmente salga “El Quijote de la Mancha”? ¿Y qué es más complejo, el “Quijote” o nuestro Universo?

No parece injusta la comparación. La vida, y sobre todo la vida racional, se relaciona con lo inanimado de un modo semejante a como el “Quijote” se relaciona con un conjunto informe de letras.

Hagamos un pequeño cálculo. Pongamos que el “Quijote”, o si no otra novela, tiene 500 páginas. Pongamos que cada página tiene unos 3.000 caracteres. En total, son 1.500.000 caracteres, en un orden preciso y determinado.

¿Cuántas novelas posibles de 1.500.000 caracteres se pueden escribir, que difieran entre sí al menos en un carácter, es decir, que difieran entre sí al menos porque en el carácter 34, en vez de haber una A, hay una B, o algo por el estilo?

Es decir, la palabra “novelas” aquí no es del todo apropiada, pues se trata simplemente de series de caracteres, la inmensa mayoría de las cuales no tendrá sentido alguno. Es decir, el equivalente, en nuestro argumento, a Universos sin vida.

Debemos partir de un alfabeto de 27 letras, porque en la cuenta automática la ch y la ll serán contadas cada una como dos caracteres, es decir, no se las tiene en cuenta. Eso quiere decir que para la primera letra tendremos 27 posibilidades, la misma cantidad para la segunda, para la tercera, etc. O sea, que el total será 27^1.500.000, es decir, 27 multiplicado por sí mismo 1.500.000 veces.

Obviamente, no tiene sentido tomar papel y lápiz. Si una calculadora pudiese hacer una multiplicación de ésas cada segundo, tardaría 1.500.000 segundos en llegar al resultado correcto. Es decir, 25.000 minutos, o sea, unas 416 horas, y por tanto, unos 17 días, calculando todo el tiempo de corrido.

Por lo pronto, la calculadora del XP se rehúsa a calcular esa cifra. Pero sí calcula algo mucho menor, como es 27^10.000, cuyo resultado es aproximadamente 4,3 x 10^14.313, es decir, un número que tiene 14.312 ceros.

¡Y conste que no hemos incluido los espacios, y los signos de puntuación, las mayúsculas y minúsculas, etc., y el lugar preciso en que deben ir! ¿Qué decir entonces de nuestro Universo?

A esto se puede objetar que ese número inmenso representa en realidad, además de las innumerables series de caracteres sin sentido, todas las novelas posibles, dotadas de sentido, de 1.500.000 caracteres, las cuales serán completamente legibles e inteligibles, tanto como el Quijote. Si lo que buscamos es la “inteligibilidad” como equivalente de la “vida” en nuestro ejemplo, entonces la proporción no sería tan espantosamente desproporcionada.

Pero de todos modos, es claro que la desproporción entre las novelas dotadas de sentido y las series de caracteres sin sentido sería inmensa. Pensemos que basta cambiar una letra en el “Quijote” por alguna otra determinada letra, para que la palabra resultante ya no tenga sentido en castellano.

Se dirá que podría tener sentido en algún otro idioma, al menos posible, es decir, representaría un tipo de vida distinto del que conocemos. Pero contra esto, pensemos que una de esas muchísimas posibilidades es cuando todas las letras de la novela (¡1.500.000!) son la A. Otra, cuanto todas son la B. Otra, cuando todas menos una son la A. Otra, cuando las únicas letras que aparecen son la A y la B. Y así sigue. En ninguno de estos casos se puede hablar de “idiomas diferentes”.

Se puede objetar que para variar el tipo de Universo no hay que hacer variar una de 1.500.000 propiedades. El autor propone un juego en el cual se van generando distintos Universos posibles con variar los valores de 4 constantes fundamentales. Supongamos que cada una de esas constantes puede tener uno entre 1.000 valores. El total de Universos posibles sería de 1 x 10^12, es decir, un millón de millones de Universos. La probabilidad de que nuestro Universo apareciese sería, por tanto, de una en un millón de millones. Si a cada constante le damos 100 valores posibles, tenemos 1 x 10^8 Universos posibles, es decir, 100 millones de Universos posibles, y la probabilidad de nuestro Universo sería de una en 100 millones.

Las constantes cósmicas en relación con la vida

Sin embargo, en un sitio de Internet[1] se mencionan las siguientes constantes cósmicas que deben tener un valor bastante preciso para que la vida racional como la nuestra sea posible (omitimos las explicaciones, que se pueden consultar en el sitio indicado):

  • La constante de acople gravitacional (es decir, la fuerza de la gravedad).
  • La constante de acople de la fuerza nuclear fuerte
  • La constante de acople de la fuerza nuclear débil
  • La constante de acople electromagnética
  • La relación de masa del electrón a masa del protón
  • La edad del universo
  • El índice de la expansión del universo
  • El nivel de la entropía del universo
  • La masa del universo
  • La uniformidad del universo
  • La estabilidad del protón
  • Las constantes de estructura fina (son varias).
  • La velocidad de la luz
  • Los niveles de energía mostrados por estos tres núclidos: 8Be, 12C y 16O (afectan la posibilidad de la vida)
  • La distancia entre las estrellas
  • El índice del aumento de la luminosidad para las estrellas (afecta la temperatura de los planetas circundantes).

Y si agregamos las condiciones para la vida en un sistema de planetas girando en torno a una estrella, como en nuestro sistema solar, tenemos:

  • número de compañeros de la estrella
  • fecha del nacimiento de la estrella paterna
  • edad de la estrella paterna
  • distancia de la estrella paterna del centro de la galaxia
  • masa de la estrella paterna
  • color de la estrella paterna
  • gravedad superficial
  • distancia de la estrella paterna
  • espesor de la corteza
  • período de rotación
  • interacción gravitacional con una luna
  • campo magnético
  • inclinación axial
  • albedo (relación de luz reflejada con respecto a la cantidad total de luz que cae en superficie)
  • relación oxígeno a nitrógeno en la atmósfera
  • niveles de bióxido de carbono y vapor de agua en la atmósfera
  • nivel del ozono en la atmósfera
  • tasa de descargas eléctricas en la atmósfera
  • actividad sísmica

¡Como se ve, son bastantes más que cuatro! Unas 35. Obviamente, el rango de valores que puede darse a cada uno de estos parámetros es muy diferente en cada caso. Como mínimo, deberán ser al menos dos valores posibles para cada uno. Eso sólo ya nos da un número de 34.359.738.368 Universos posibles. Es obvio que en la mayoría de los casos serán más de dos valores posibles, lo cual aumenta el resultado final. La probabilidad de sacar el “cinco de oro” es de 1 en 1 millón, más o menos, pero aquí estamos hablando por lo menos de una probabilidad en 35.000 millones aproximadamente, 3,4 x 10^10.

Recordemos que si aumentamos la cantidad de valores posibles para cada parámetro aumentaremos la cantidad de Universos posibles. Para 3 valores posibles por parámetro, por ejemplo, serían 50.031.545.098.999.707 Universos posibles, es decir, unos 50.000 millones de millones de Universos posibles, o 5 x 10^16.

De todos esos, uno solo podría tener vida como la nuestra. En efecto, si a cada parámetro le damos solamente 2 valores posibles, es claro que uno de ellos será el que cada parámetro necesita para que la vida sea posible en nuestro planeta, en este Universo, y por tanto, el otro la hará imposible. Uno solo de esos Universos posibles, por tanto, reunirá en todos los parámetros el valor adecuado. Quiere decir que deberían existir al menos 35.000 millones de Universos para que el nuestro, es decir, uno capaz de albergar vida como la nuestra, tuviese una sola chance de existir. Para que hubiese dos Universos como el nuestro, deberían existir por lo menos unos 70.000 millones de Universos.

En la hipótesis de 3 valores posibles por parámetro, deberían darse al menos unos 50.000 millones de millones de Universos.

Pero el mismo autor que nos aportaba esos 35 parámetros, en otro lugar da una lista de 93 parámetros.[2] Según esto, y siguiendo el razonamiento anterior, basado en 2 valores por parámetro, serían posibles al menos 9.903.520.314.283.042.199.192.993.792 Universos diferentes, o sea, 9,9 x 10^27 Universos aproximadamente, es decir, 9.000 billones de billones de Universos deberían darse para que se diera uno capaz de albergar vida como la nuestra.

Claro que si vamos a 3 valores por parámetro, tendremos un total de 2,3 por 10^44 Universos posibles. Es decir, unos 230 millones de billones de billones de billones de Universos posibles.

Hacia el final del artículo, el autor presenta la teoría de la “generación sucesiva de Universos”. La idea es que dentro de cada Universo, algunos “agujeros negros”, al menos, dan origen a otros Universos. La “selección natural” cósmica va “eliminando” los Universos con pocos agujeros negros, que dan por tanto origen a pocos Universos. El tipo de Universo con más agujeros negros por lógica “se reproduce” más, y así, su porcentaje va siendo cada vez mayor. Eso es una forma de acelerar la producción de Universos, a fin de llegar pronto a la cantidad necesaria para que el nuestro parezca algo natural.

Pero eso mismo implica que estamos hablando de una sucesión finita. En una sucesión infinita no tiene sentido marcar un progreso semejante, porque no hay dónde poner un punto de partida; todos los Universos, digamos, son iguales de viejos, pertenecen a generaciones que son posteriores, siempre, a infinitas generaciones. Pero en una sucesión finita de Universos, la improbabilidad de un Universo como el nuestro pesa decisivamente, por lo arriba dicho.

Porque además, si de entrada limitamos el tipo de Universos posibles, en un sentido favorable al nuestro, de modo que no hagan falta tantos intentos sucesivos para hacer probable nuestro mundo, estamos recurriendo ocultamente al diseño inteligente. Lo único que puede limitar al azar, es el propósito.

Terminamos esta sección con una interesante e inquietante cita del mismo Ross:

“Más de una docena de otros parámetros, tales como la composición química atmosférica, se están investigando actualmente para conocer su sensibilidad en la ayuda para la vida. Sin embargo, los diecinueve enumerados en la Tabla 1, por sí mismos, permiten llegar a una conclusión: solamente menos de una de cada 10^(28) estrellas tendría planetas habitables. En el universo hay 10^(11) estrellas/galaxia y 10^(14) galaxias/cosmos, lo cual da un total de 10^(25) estrellas/cosmos.

Podemos ver que -por procesos naturales solamente- ni siquiera un planeta habitable habría en todo el cosmos. No nos podemos maravillar de las afirmaciones de Robert Rood y James Trefil y otros: han conjeturado que la vida física inteligente existe solamente en la Tierra. Parece extraordinariamente claro que la Tierra, también, además del universo mismo, ha sido objeto de diseño divino.”[3]

¿Cantidad infinita de Universos reales?

El autor recurre, como a una hipótesis no indispensable pero auxiliar, a la pluralidad de Universos. En concreto, se podría pensar que actualmente existe una cantidad infinita de Universos. En ese caso, parece que necesariamente uno de ellos, al menos, debería tener las condiciones del nuestro, que hacen posible la vida racional.

El problema central con esto, es que el infinito numérico actual es imposible. Los únicos números infinitos que conocemos son números potenciales, no actuales. Por ejemplo, el conjunto de los números naturales. Siempre puede haber un número natural más grande, pero será siempre finito, y no hay un número natural infinito. Un número puede ser infinito, entonces, sólo potencialmente, es decir, en el sentido de que no se puede, de derecho y no sólo de hecho, encontrarle un tope finito a determinada cantidad de cosas. Pero no tiene sentido decir eso de un número actual, es decir, de un conjunto de cosas existentes, sino solamente de un conjunto de cosas posibles.

Pero además, recordemos que aún habría que explicar por qué existen todos los Universos posibles, en número infinito, siendo así que cada uno de ellos podría muy bien no existir.

Finalmente, parece que en todo caso el recurso a infinitos Universos no arregla nada. Porque podría pensarse que la proporción de nuestro Universo particular a una cantidad infinita de Universos posibles sin vida, sería la misma, a la postre, que la proporción de finitos o infinitos Universos dotados de vida racional, a la cantidad infinita, y siempre de orden mayor, de Universos carentes de la misma. En efecto, la distancia entre ambos extremos sería siempre infinita, y entonces, la probabilidad de un Universo con vida sería 1/infinito, o sea, 0.

Se podría responder que no necesariamente es así, que la proporción de los números pares, por ejemplo, a los números naturales es de ½, siendo ambos conjuntos infinitos. Pero entonces estamos postulando infinitos Universos dotados de vida. Lo cual sí va contra toda probabilidad posible, y además, tiene muy poco que ver con el principio de economía de Ockham.

¿Una infinita sucesión temporal de Universos?

Obviamente, parece que después o en medio de una cantidad infinita de intentos, debería surgir “El Quijote”. Aquí la probabilidad se convertiría incluso en necesidad, es decir, valdría 1. Aquí incluso Santo Tomás de Aquino parece ofrecer una agarradera al argumento de los múltiples mundos, porque él acepta el infinito sucesivo, al tiempo que rechaza el actual. Para Santo Tomás, al tiempo que acepta que de hecho el mundo ha comenzado a existir, por fe en la Escritura, en teoría, el mundo, y con él, el tiempo, podría no haber tenido comienzo, en cuyo caso, el número de días, digamos, sería infinito. Traducido a los términos de nuestro tema, una sucesión infinita de Universos diferentes sería posible para Santo Tomás. En ese caso, antes de nosotros ya habría habido infinitos Universos, y entonces, como que necesariamente debía llegar el nuestro.

Por eso es que el “Big Bang”, es decir, la teoría “standard”, ha sido un golpe bastante fuerte para los adversarios del argumento basado en el orden del mundo y su improbabilidad. Porque en todo caso apunta a la existencia de un comienzo del Universo, y entonces nos deja encerrados dentro de las cantidades finitas, dentro de las cuales es relevante la tremenda improbabilidad de formar por azar nuestro Universo.

Ahora bien, aún una sucesión infinita de Universos en el tiempo, o un Universo sin comienzo en el tiempo, requeriría igualmente una Inteligencia ordenadora. En efecto, lo contrario sería el azar como explicación última de ese Universo. Pero el azar no puede ser explicación última del orden, porque siempre supone un cierto orden, como dijimos más arriba. Pero si el orden no se puede explicar por el azar, y hay que explicarlo, entonces sólo se puede explicar por la Inteligencia.


[1] Diseño Antrópico.

[2] The Fine Tuning Universe.

[3] El libro al que se refiere Ross es: Are We Alone? The Possibility of Extraterrestrial Civilizations; Rood, Robert T. y Trefil, James S.; New York, Charles Scribner’s Sons, 1983.