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Néstor Martínez Valls

– ¿Jesús es Dios?

– Sí, porque es el Hijo de Dios.

– Pero si es el hijo, entonces no es Dios.

– El hijo de un hombre es un hombre, el Hijo de Dios es Dios.

– ¿Son dos personas distintas entonces?

– Sí.

– Entonces son dos dioses.

– No. Sólo hay un Dios. Las Tres Personas son un solo Dios verdadero. Ahí está el misterio de la Trinidad.

– ¿Por qué de la Trinidad, si son solamente el Padre y el Hijo?

– Porque lo mismo sucede con el Espíritu Santo. Es Dios, es Persona divina distinta del Padre y del Hijo, y las Tres Personas son un solo Dios verdadero.

– ¿Entonces no es lo mismo decir “Dios” que decir “Persona divina”?

– Depende. Si cuando decimos “Dios” queremos decir la naturaleza divina, la divinidad, eso es común a las Tres Personas, y no es lo mismo, por tanto, que “Persona divina”. En cambio, si nos referimos a alguna de las Personas divinas en particular, es lo mismo.

– ¿Cada Persona divina es una parte de Dios?

– No. Cada Persona divina posee la naturaleza divina en su totalidad, y es totalmente Dios.

– ¿Hay tres naturalezas divinas entonces?

– No. Hay una sola y única Naturaleza divina, que es poseída totalmente por cada una de las Tres Personas divinas realmente distintas entre sí.

– ¿Entonces hay cuatro realidades distintas en Dios, es decir, las Tres Personas y la Naturaleza Divina?

– No. En Dios hay Tres Personas divinas realmente distintas entre sí, cada una de las cuales posee totalmente la única naturaleza divina, la cual no se distingue realmente de ninguna de las Tres Personas.

– ¿Podemos entender esto?

– No, porque trasciende toda inteligencia creada. Pero tampoco podemos mostrar que sea contradictorio.

– ¿Pero Jesús no es nuestro Padre?

– No. Jesús es Nuestro Señor y Nuestro Salvador. Nuestro Padre es toda la Trinidad, porque toda ella nos ha dado la vida eterna.

– ¿No es el Padre una sola de las Tres Personas?

– El Padre de Jesús es una sola de las Tres Personas. Nuestro Padre son las Tres Personas, porque así como sólo el Padre ha engendrado al Hijo, así las Tres Personas nos han engendrado a la vida eterna.

– ¿Entonces el Padre Nuestro se lo rezamos a toda la Trinidad?

– Sí, porque de toda la Trinidad santificamos el Nombre, y a toda la Trinidad le pedimos que venga su Reino, que se haga su voluntad, que nos dé el pan de cada día, que perdone nuestras ofensas, que no nos deje caer en la tentación y que nos libre del mal.

– ¿Pero no es Jesús el que nos enseñó a llamar a Dios “Padre Nuestro”?

– Sí, pero, al hacerlo, no se incluyó a sí mismo en ese “nuestro”. Al contrario, siempre que habla de su relación con Dios dice “mi Padre” y no “nuestro Padre”. Y dice a los Apóstoles por medio de la Magdalena: “Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios”.

– ¿No está diciendo ahí que el mismo que es Padre suyo es Padre nuestro?

– Sí, pero ahí está “apropiando” a la Primera Persona algo que es común a las Tres Personas: ser nuestro Padre. Lo que no es por apropiación, sino en forma exclusiva, es que la Primera Persona sea el Padre de Jesús.

– ¿No es el Padre el que se ha encarnado?

– No. El Padre ha enviado al Hijo para que éste, no el Padre, se hiciese hombre y salvase al mundo con su muerte y resurrección.

– Pero si las Tres Personas divinas son un solo Dios verdadero, al encarnarse una de ellas ¿no se encarnan las otras?

– No. La que se encarnó es solamente la Segunda Persona de la Santísima Trinidad, el Hijo de Dios. No se encarnó ni el Padre ni el Espíritu Santo.

– ¿Y entonces, el mundo, lo creó solamente el Padre?

– No. La creación del mundo y todo lo que las divinas Personas hacen en la creación, lo hacen totalmente en común. La creación es obra de toda la Trinidad, así como la misma Encarnación, porque son las Tres Personas las que han hecho que sólo la Segunda Persona se hiciese hombre.

– Pero lo que Jesús hace y dice en la tierra como hombre ¿no es una acción divina en la creación? ¿No debería ser entonces común a toda la Trinidad?

– No, porque el sujeto de la Encarnación es la Persona del Hijo de Dios, no la naturaleza divina común a las tres Personas. De modo que lo que el Hijo hecho hombre hace mediante su naturaleza humana, lo hace como Persona divina distinta de las otras dos Personas divinas. Lo que hace mediante su naturaleza divina y no mediante su naturaleza humana (por ejemplo, mantener el mundo en la existencia) lo hace en común con las otras dos Personas divinas.

– ¿Jesús no empezó a existir cuando María dijo al ángel “Hágase en mí según tu palabra”?

– Depende. Como hombre, empezó a existir en ese instante. Como Dios, existe desde toda la eternidad.

– Pero ¿cómo existe desde toda la eternidad, si es el Hijo de Dios? ¿El hijo no viene después del padre, y no comienza a existir cuando nace?

– El Hijo de Dios es Dios como el Padre, y por tanto, es Eterno como el Padre. Eso quiere decir que nace eternamente, sin comienzo ni fin. No quiere decir tampoco que nunca termine de nacer, sino que desde siempre y para siempre nace perfectamente y es perfectamente Hijo y perfectamente Dios. Eso es así porque la Eternidad de Dios está por encima del tiempo, y es un eterno presente, sin pasado ni futuro, sin antes y sin después.

– ¿Y dejó de ser Dios cuando se hizo hombre?

– No. Ha sido, es y será Dios por toda la eternidad, sin cambio y sin interrupción.

– Pero si antes no era hombre, y después lo fue, ¿no fue eso un cambio para el Hijo de Dios?

– El antes y el después pertenecen al tiempo, en el cual existe la naturaleza humana, pero no pertenecen a la Eternidad, que es lo propio de Dios. En su naturaleza divina, por tanto, el Hijo de Dios no conoce ni un antes ni un después, ni cambio alguno. En su naturaleza humana, solamente, ha comenzado a existir en el tiempo, cuando María dijo al ángel: “Hágase en mí según tu palabra”.

– ¿Pero Jesús no dejó de existir cuando murió en la Cruz?

– Depende. Dejó de existir como hombre, no como Dios.

– ¿Entonces el Hijo de Dios y Jesús son dos personas distintas?

– Al contrario. Es la misma y única Persona, que tiene dos naturalezas: la divina y la humana. En su naturaleza divina, el Hijo de Dios existe desde toda y para toda la Eternidad, con el Padre y el Espíritu Santo. En su naturaleza humana, comenzó a existir al ser concebido en el vientre de María, dejó de existir al morir en la Cruz, cuando su alma se separó de su cuerpo, y volvió a la existencia con su Resurrección de entre los muertos, cuando su alma se reunió con su cuerpo, para ya no morir ni dejar de existir nunca más.

– ¿Entonces la Persona, en Jesús, es una tercera realidad distinta de las dos naturalezas, la divina y la humana?

– No. Ya dijimos que cada Persona divina es realmente idéntica a la única naturaleza divina. En Jesús, la Persona divina y la naturaleza divina no se distinguen realmente, y ambas se distinguen realmente de la naturaleza humana de Jesús.

– ¿Entonces sólo la naturaleza divina le pertenece en realidad?

– No. Ambas naturalezas le pertenecen, la divina y la humana, porque de ambas es sujeto la Segunda Persona de la Trinidad, por más que con una de ellas se identifique realmente y con la otra no.

– ¿Cuándo hablamos de la naturaleza humana de Jesús, hablamos de su cuerpo, de modo que la Encarnación sería que el Hijo de Dios tomó para sí un cuerpo humano?

– No solamente. Al hablar de la naturaleza humana de Jesús, hablamos de su cuerpo y de su alma humana, sustancialmente unidos. Y la Encarnación del Hijo de Dios consistió en que asumió un cuerpo y un alma humana al ser concebido en el seno de María Santísima.

– ¿Tanto el cuerpo como el alma los recibió de la Virgen?

– No. De modo semejante a nosotros, Jesús recibió de su Madre el cuerpo, mientras que su alma humana fue creada por Dios directamente, en el mismo instante de su concepción.

– ¿Esa alma humana de Jesús la creó solamente el Padre?

– No. Como todo lo que Dios hace en la Creación según la naturaleza divina, esa alma fue creada por toda la Trinidad.

– ¿Se puede decir que Dios sufrió y murió?

– Depende. Jesús es Dios, y es una única Persona que tiene las dos naturalezas, la divina y la humana. Sufrió y murió en su naturaleza humana, no en su naturaleza divina. La Persona que sufrió y murió es la única Persona divina del Hijo de Dios, pero sufrió y murió en su naturaleza humana, no en su naturaleza divina, que es impasible e inmortal. Así que, si al decir “Dios sufrió y murió”, entendemos hablar solamente de la Segunda Persona de la Trinidad, y solamente considerada en su naturaleza humana, no en su naturaleza divina, la frase es verdadera. Pero si lo afirmamos de esa misma Persona en su naturaleza divina, es falsa, y lo mismo si lo afirmamos del Padre o del Espíritu Santo, o de la misma naturaleza divina como tal.

– Pero en el Antiguo Testamento se habla del dolor de Dios, el arrepentimiento de Dios, lo cual se refiere evidentemente a la naturaleza divina.

– Esas expresiones del Antiguo Testamento son metafóricas. Nada que implique algo de imperfección o negatividad puede darse propiamente en Dios.

– Si la Encarnación no hubiese ocurrido: ¿Jesús no habría existido?

– Depende. No habría existido como hombre, pero existiría, desde siempre y para siempre, como Dios e Hijo de Dios.

– ¿Jesús es Hijo de Dios porque nació de María y del Espíritu Santo?

– No. Jesús es Hijo de Dios porque nace eternamente del Padre y porque siendo así Hijo de Dios desde toda la eternidad, se hizo hombre en el tiempo, en el seno de María Santísima.

– ¿El Espíritu Santo no es entonces el Esposo de la Virgen?

– No. El esposo de María es San José.

– ¿Jesús no nació entonces del Espíritu Santo?

– No. Jesús nace eternamente del Padre como Dios y, en el tiempo, nació de María como hombre. “Por obra y gracia del Espíritu Santo” no quiere decir que el Espíritu Santo sea el padre de Jesús ni el esposo de María.

– ¿Pero no es que Dios Padre es el Padre de Jesús y el Espíritu Santo es como su Madre?

– No en cuanto a lo segundo. El Hijo procede del Padre, y el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo. La única Madre del Hijo de Dios es María Santísima.

– ¿Entonces el Espíritu Santo nace de Jesús?

– Tampoco, porque no es Hijo, sino Espíritu Santo. El que nace eternamente del Padre es el Hijo, el Espíritu Santo procede eternamente del Padre y del Hijo, no nace de ellos.

– ¿Pero no es que la Trinidad es como una familia?

– Depende. Es como una familia porque hay una comunión de Personas en el amor. No es como una familia, porque allí no hay un padre y una madre, ni tampoco un matrimonio, sino el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, y porque en una familia hay varias naturalezas individuales, mientras que en la Trinidad hay un solo Dios.

– ¿Entonces las Tres Personas son de sexo masculino?

– No. Dios no tiene sexo. El sexo es algo que depende de la condición corporal. Dios es Espíritu. Ésa es otra diferencia que hay entre Dios y una familia, la cual está basada en la relación conyugal de los esposos.

– ¿Entonces podríamos llamar a la Primera Persona Dios Madre, en vez de Dios Padre?

– Solamente si así lo hubiese revelado la Palabra de Dios. De hecho, en la Sagrada Escritura, bajo la inspiración del Espíritu Santo, a la Primera Persona de la Trinidad se la llama Dios Padre, y por eso lo debemos llamar así.

– ¿Y no nació Jesús de San José?

– No, porque María es Virgen antes del parto, en el parto, y después del parto.

– ¿Y entonces tampoco Jesús tuvo hermanos o hermanas?

– No, no los tuvo. Los “hermanos de Jesús” de los que habla la Escritura son parientes próximos, por ejemplo primos. También ha habido quienes han sostenido que se trata de hijos de un matrimonio anterior de José, el cual habría luego enviudado antes de casarse con María.

– ¿No es correcto decir que “Dios está en Jesús”?

– No es suficiente. No se trata solamente de que Dios esté en Jesús. Dios está en todos los justos. Y no se trata tampoco de que esté “más perfectamente” en Jesús, sino de que Jesús es Dios, porque es el Hijo de Dios, la Segunda Persona de la Santísima Trinidad, hecho hombre sin dejar de ser Dios.