catequesis.png

Joseph Ratzinger con Vittorio Messori

Las confusiones que el Prefecto registra en la teología se traducen, para él, en graves consecuencias para la catequesis.

Dice él: “Una vez que la teología ya no parece transmitir más un modelo común de la fe, también la catequesis se expone al riesgo del fraccionamiento de las experiencias que cambian continuamente. Algunos catecismos y muchos catequistas no enseñan más la fe católica en su conjunto armónico, donde toda verdad presupone y explica la otra, sino que procuran volver humanamente “interesantes” –según la orientación cultural del momento- ciertos elementos del patrimonio cristiano. Algunos textos bíblicos son seleccionados por ser considerados “más próximos a la sensibilidad contemporánea”; otros, por el motivo opuesto, son dejados de lado. Por tanto, no más una catequesis que sea formación global para la fe, sino reflexiones y temas de experiencias antropológicas, parciales y subjetivas”.

A comienzos de 1983, Ratzinger pronunció en Francia una conferencia, que provocó mucho ruido, exactamente sobre la “nueva catequesis”. En aquella ocasión, con su acostumbrada claridad, dijo, entre otras cosas: “Fue un primer y grave error suprimir el catecismo, declarándolo “superado”. El hecho de que haya sido una decisión generalizada, en estos años, no impide que haya sido errónea o, por lo menos, apresurada”.

Él me repite ahora: “Es necesario recordar que, desde los primeros tiempos del cristianismo, surge un “núcleo” permanente e irrenunciable de la catequesis–por tanto, de la formación para la fe. Es el núcleo, por cierto, utilizado tanto por Lutero para su catecismo, como por el Catecismo Romano, decidido en Trento. Todo el discurso sobre la fe es organizado en torno de cuatro elementos fundamentales: el Credo, el Padre Nuestro, el Decálogo y los Sacramentos. Es ésta la base de la vida del cristiano, es ésta la síntesis de la enseñanza de la Iglesia, basada en la Escritura y en la Tradición. El cristiano encuentra en ellos aquello que debe creer (el Símbolo o Credo), esperar (el Padre Nuestro), hacer (el Decálogo) y el espacio vital en que todo eso se debe realizar (los Sacramentos). Ahora bien, esta estructura fundamental es abandonada en muchas catequesis de hoy, con los resultados, que constatamos, de disgregación del sensus fidei [sentido de la fe] en las nuevas generaciones, muchas veces incapaces de una visión de conjunto de su religión”.

En las conferencias francesas, él contó que había hablado con una señora, en Alemania, que le dijo que “el hijo, alumno de primer grado, estaba aprendiendo la “cristología de los logia del Kyrios”, pero no había oído hablar todavía de los siete sacramentos o de los diez mandamientos…”[1]


[1] Joseph Ratzinger; Vittorio Messori, A fé em crise? O Cardeal Ratzinger se interroga, Editora Pedagógica e Universitária Ltda., Sao Paulo, 1985, Cap. V, pp. 50-51. Traducción del portugués de Daniel Iglesias Grèzes. || NOTA: El libro citado es el resultado de una entrevista del periodista italiano Vittorio Messori al Cardenal Joseph Ratzinger, en ese entonces Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, hoy S. S. Benedicto XVI. Dicho libro se publicó en español con el siguiente título: Informe sobre la fe.