aniversario-10

Antonio Bonzani

Sres. Expositores, Señoras y Señores,

Tengo el agrado de dar la bienvenida en nombre de la Facultad de Teología del Uruguay a este acto dedicado a la conmemoración de los 10 años de la página web Fe y Razón, obra de un equipo que integran algunos miembros y colaboradores del Instituto Pastoral de Bioética de la Arquidiócesis, en el marco de los 150 años de la muerte del Santo Cura de Ars.

Quiero destacar esto porque nuestro Papa Benedicto XVI, comparando la época del Santo Cura con la nuestra, afirmaba que:

“los desafíos de la sociedad actual no son menos arduos; al contrario, tal vez resultan todavía más complejos. Si entonces existía la ‘dictadura del racionalismo’, en la época actual reina en muchos ambientes una especie de ‘dictadura del relativismo’. Ambas parecen respuestas inadecuadas a la justa exigencia del hombre de usar plenamente su propia razón como elemento distintivo y constitutivo de la propia identidad.

  • El racionalismo fue inadecuado porque no tuvo en cuenta las limitaciones humanas y pretendió poner la sola razón como medida de todas las cosas, transformándola en una diosa;
  • el relativismo contemporáneo mortifica la razón, porque de hecho llega a afirmar que el ser humano no puede conocer nada con certeza más allá del campo científico positivo. Sin embargo, hoy, como entonces, el hombre “que mendiga significado y realización” busca continuamente respuestas exhaustivas a los interrogantes de fondo que no deja de plantearse”.[1]

El Siervo de Dios Papa Juan Pablo II, de cara al tercer milenio, reclamaba:

“a los hijos de la Iglesia una verificación: ¿en qué medida ellos también están afectados por la atmósfera de secularismo y relativismo ético?”[2]

La situación es tan delicada que el mismo Papa Benedicto XVI denunciaba que “la secularización, que se presenta en las culturas como configuración del mundo y de la humanidad sin referencia a la Trascendencia, invade todos los aspectos de la vida diaria y desarrolla una mentalidad en la que Dios de hecho está ausente, total o parcialmente, de la existencia y de la conciencia humana.

Esta secularización no es sólo una amenaza exterior para los creyentes, sino que que desde ya hace tiempo se manifiesta en el seno de la Iglesia misma. Desnaturaliza desde dentro y en profundidad la fe cristiana y, como consecuencia, el estilo de vida y el comportamiento diario de los creyentes. Éstos viven en el mundo y a menudo están marcados, cuando no condicionados, por la cultura de la imagen, que impone modelos e impulsos contradictorios, negando prácticamente a Dios: ya no hay necesidad de Dios, de pensar en Él y de volver a Él. Además, la mentalidad hedonista y consumista predominante favorece, tanto en los fieles como en los pastores, una tendencia hacia la superficialidad y un egocentrismo que daña la vida eclesial.”[3]

“No hay que dar por descontada nuestra fe. Hoy existe el peligro de una secularización que se infiltra incluso dentro de la Iglesia y que puede traducirse en un culto eucarístico formal y vacío, en celebraciones sin la participación del corazón […]. Siempre es fuerte la tentación de reducir la oración a momentos superficiales y apresurados, dejándose arrastrar por las actividades y por las preocupaciones terrenales…”[4]

De aquí la reclamada exigencia de una “fe adulta”.

“En los últimos decenios la palabra ‘fe adulta’ se ha convertido en un eslogan generalizado. A menudo se entiende como la actitud de quien ya no escucha a la Iglesia y a sus pastores, sino que elige autónomamente lo que quiere creer y no creer, o sea, una fe fabricada por cada uno […] Según San Pablo, la fe adulta […] se opone a los vientos de la moda. Sabe que esos vientos no son el soplo del Espíritu Santo; sabe que el Espíritu de Dios se expresa y se manifiesta en la comunión con Jesucristo.”[5]

“Dios nunca pide al hombre que sacrifique su razón. La razón nunca está en contradicción real con la fe. El único Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, ha creado nuestra razón y nos da la fe, proponiendo a nuestra libertad que la reciba como un don precioso.”[6]

Que la Virgen María, la Virgen Inmaculada de los Treinta y Tres, cuya novena estamos celebrando, bendiga y proteja nuestros trabajos e interceda para que “el diálogo fecundo entre fe y razón haga más eficaz el ejercicio de la caridad en el ámbito social.”[7]

Montevideo, 4 de noviembre de 2009.

El Pbro. Dr. Antonio Bonzani es Rector de la Facultad de Teología del Uruguay Monseñor Mariano Soler


[1] Cf. Catequesis del miércoles 5 de agosto de 2009.

[2] Cf. Juan Pablo II, Tertio Millennio Adveniente, Carta Apostólica del 10 de noviembre de 1994, n. 36.

[3] Cf. Benedicto XVI, Discurso del sábado 8 de marzo de 2008, en L’Osservatore Romano esp. del 4 de abril de 2008, p. 5.

[4] Cf. Benedicto XVI, Homilía en la solemnidad del Corpus Christi, jueves 11 de junio de 2009, en L’Osservatore Romano esp. del 19 de junio de 2009, pp. 5-6, aquí p. 6.

[5] Benedicto XVI, Homilía en las primeras Vísperas de la Solemnidad de San Pedro y San Pablo en la Basílica de San Pablo extramuros, Domingo 28 de junio de 2009, con ocasión de la clausura del Año Paulino, en L’Osservatore Romano esp. del 3 de julio de 2009, p. 3s.

[6] Benedicto XVI, Homilía del sábado 13 de setiembre de 2008 en París, en L’Osservatore Romano esp. del 19 de setiembre, p. 11s.

[7] Benedicto XVI, Caritas in Veritate, Encíclica del 29 de junio de 2009, n. 57.