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Equipo de Dirección

En este mes de febrero la revista virtual Fe y Razón está completando su cuarto año de vida, con 43 números publicados. Nos parece que ésta es una buena ocasión para una breve reflexión sobre nuestro humilde emprendimiento. Esta reflexión se basará en los distintos elementos que aparecen en el encabezado de cada número de la revista:

Ante todo está el título Fe y Razón, tomado de nuestro sitio web homónimo. Mediante ese título pretendemos subrayar la importancia fundamental de la conjugación correcta y armónica de esas dos vías de acceso al conocimiento: la razón natural y la fe sobrenatural. En nuestros tiempos la síntesis de fe y razón se ve gravemente amenazada, no sólo desde el principio luterano de la “sola fe”, sino también (y sobre todo) desde el principio racionalista y secularista de la “sola razón”.

Debajo del título figura el siguiente subtítulo: “Revista virtual gratuita de teología católica”. Aquí subrayamos el adjetivo “católica”. Somos católicos y queremos hacer “teología católica”, en fidelidad al Magisterio de la Iglesia Católica. Queremos dirigirnos a todos, no sólo a los católicos; pero queremos hacerlo como católicos, desde una identidad católica firme y respetuosa, sin complejos de ningún tipo. Después del Concilio Vaticano II (pero no a causa de ese Concilio Ecuménico, al cual como católicos nos adherimos sin reservas) se produjo una grave crisis eclesial que en muchas personas y ambientes debilitó la fe y la identidad católicas. Gracias a Dios, durante los pontificados de Juan Pablo II y Benedicto XVI se ha avanzado hacia la superación de esa crisis, pero aún queda mucho por hacer, sobre todo en nuestro querido Uruguay.

Más abajo figura un segundo subtítulo: “Desde Montevideo (Uruguay), al servicio de la evangelización de la cultura”. Dentro del género “apostolado católico en Internet”, se indica aquí nuestra “diferencia específica”: “al servicio de la evangelización de la cultura”. El Papa Pablo VI, en su primera encíclica —Ecclesiam Suam— escribió: “La Iglesia se hace coloquio (diálogo)”. En este sentido, vemos dos dificultades:

  • Al interior de la Iglesia, pese a que se habla mucho del diálogo, se dialoga demasiado poco. Queremos ofrecer nuestra modesta contribución al diálogo intraeclesial manifestando francamente nuestra opinión sobre asuntos discutidos (aunque no siempre opinables) entre católicos.
  • Hacia fuera de la Iglesia, existe un diálogo abundante y multiforme, pero con frecuencia a ese diálogo le falta una nota esencial: para el católico, el diálogo no puede no ser evangelizador. El objetivo principal del diálogo con los no católicos debe ser el anuncio del Evangelio, la presentación y propuesta integrales de la fe católica.

Después del número y la fecha, figura nuestro primer lema: una frase citada por Santo Tomás de Aquino en su Suma Teológica: “toda verdad, dígala quien la diga, procede del Espíritu Santo”. Elegimos este lema por su contenido y por su origen:

  • Por su contenido, porque nos invita a no tener miedo de enfrascarnos en un diálogo abierto y constructivo con personas de diferentes creencias y a estar atentos para detectar en cualquier discurso los fragmentos de verdad que pueda contener y para integrar esos fragmentos dentro del marco más amplio de la verdad revelada por Dios en Cristo y transmitida por la Iglesia.
  • Por su origen, porque así queremos honrar a Santo Tomás de Aquino, insigne teólogo católico, y proponerlo una vez más como modelo ejemplar en la búsqueda de una nueva síntesis de fe y razón que sea fiel al depósito de la fe y a los principios perennes de la filosofía cristiana.

Por último figura un segunda lema, bastante largo, que hemos tomado del Documento de Aparecida. Ese otro lema pretende subrayar el objetivo apologético de nuestra revista. Desgraciadamente, uno de los aspectos de la ya citada crisis eclesial post-conciliar fue la difusión de un enfoque o sentimiento anti-apologético. Así se ha debilitado en muchos católicos el arraigo del árbol de la fe en el terreno racional de los “preámbulos de la fe” y se ha dejado a muchos fieles casi indefensos frente al ataque doctrinal de los muchos adversarios de la Iglesia (sobre todo de las sectas). Queremos aportar nuestra modesta contribución al surgimiento y la consolidación de una apologética católica renovada.

Rogamos al Señor que en el transcurso del presente año nos ayude a cumplir cada vez más y mejor estos buenos propósitos o compromisos y que bendiga y guarde día tras día a todos y cada uno de ustedes, nuestros lectores.

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