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Timothy Dolan

El siguiente artículo fue enviado, en una forma ligeramente más corta, al New York Times como un artículo op-ed [enfrentado a la página editorial]. El Times declinó publicarlo. Yo pensé que ustedes podrían estar interesados en leerlo—Cardenal Timothy M. Dolan, Arzobispo de Nueva York

¡Pelota afuera!

Jueves 29 de octubre de 2009.

Octubre es el mes en el que nos deleitamos con el punto más alto de nuestro pasatiempo nacional, ¡especialmente cuando uno de nuestros propios equipos de Nueva York está en la Serie Mundial!

Tristemente, los Estados Unidos tienen otro pasatiempo nacional, no siendo éste agradable en absoluto: el anticatolicismo.

No es una hipérbola llamar “pasatiempo nacional” al prejuicio contra la Iglesia Católica. Académicos como Arthur Schlesinger Sr. se refirieron a él como “el prejuicio más profundo en la historia del pueblo estadounidense”, mientras John Higham lo describió como “la más exuberante y tenaz tradición de agitación paranoica de la historia norteamericana”. “El antisemitismo de la izquierda” es como Paul Viereck lo interpreta, y el Profesor Philip Jenkins subtitula su libro sobre este tema “El último prejuicio aceptable”.

Si ustedes quieren evidencia reciente de esta injusticia contra la Iglesia Católica, no necesitan mirar más allá de unos cuantos de los siguientes ejemplos de incidentes de las últimas dos semanas:

  • El 14 de octubre, en las páginas del New York Times, el periodista Paul Vitello expuso el triste alcance del abuso sexual de niños en la comunidad judía ortodoxa de Brooklyn. Según ese artículo, hubo 40 casos de tales abusos en esa pequeña comunidad sólo el año pasado. Sin embargo el Times no exigió lo que ha reclamado incesantemente cuando se refiere al mismo tipo de abuso por parte de una pequeña minoría de sacerdotes: divulgación de los nombres de los abusadores, reversión del estatuto de limitaciones, investigaciones externas, publicación de todos los registros, y total transparencia. En cambio, se cita a un fiscal urgiendo a los funcionarios a cargo de la aplicación de la ley a reconocer las “sensibilidades religiosas”, y no se hizo ninguna crítica a la oficina del FD [Fiscal del Distrito] por permitir a los rabinos ortodoxos arreglar estos casos “internamente”. Dada la propia experiencia reciente y horrible de la Iglesia Católica, no estoy en condiciones de criticar a nuestros vecinos judíos ortodoxos, y tampoco tengo ningún deseo de hacerlo… pero puedo criticar esta especie de “indignación selectiva”. Por supuesto, esta indignación selectiva probablemente no debería sorprendernos en absoluto, dado que hemos visto muchos otros ejemplos de este fenómeno en años recientes cuando se trata el asunto del abuso sexual. Para no citar sino dos: en 2004, el Profesor Carol Shakeshaft documentó el extendido problema del abuso sexual de menores en las escuelas públicas de nuestra nación (el estudio puede ser encontrado aquí). En 2007, Associated Press publicó una serie de investigaciones periodísticas que también mostraron los numerosos ejemplos de abuso sexual por educadores contra estudiantes de escuelas públicas. Tanto el estudio de Shakeshaft como los informes de AP fueron esencialmente ignorados, dado que los periódicos tales como el New York Times parecen tener sólo a sacerdotes en sus puntos de mira.
  • El 16 de octubre, Laurie Goodstein del Times ofreció una historia en la parte de arriba de la portada sobre el triste episodio de un sacerdote franciscano que había engendrado un hijo. Incluso tomando en cuenta que la relación con la madre fue consensuada y entre dos adultos, y que los franciscanos han tratado de manejar con justicia las responsabilidades del sacerdote errante hacia su hijo, esta acción es todavía pecaminosa, escandalosa e indefendible. Sin embargo, uno todavía tiene que preguntarse por qué una historia de hace un cuarto de siglo de un pecado de un sacerdote es ahora súbitamente más urgente y de mayor interés periodístico que la guerra en Afganistán, el sistema de salud y la hambruna genocida en el Sudán. Ningún clérigo de religiones distintas a la católica parece merecer nunca tal atención.
  • Cinco días después, el 21 de octubre, el Times dedicó su titular principal a la decisión del Vaticano de dar la bienvenida a los anglicanos que habían pedido la unión con Roma. Es bastante justo. Injusta, no obstante, fue la observación del artículo de que la Santa Sede atrajo a los anglicanos e hizo una oferta para adquirirlos. Por supuesto, la realidad es simplemente que por años miles de anglicanos han estado pidiendo a Roma ser aceptados en la Iglesia Católica con una especial sensibilidad por su propia tradición. Como observó el Cardenal Walter Kasper, el principal ecumenista del Vaticano, “no estamos pescando en el estanque anglicano”. No es suficiente para el Times; para ellos, éste fue otro caso del astuto Vaticano atrayendo y comprando a gente buena y confiada, capitalizando codiciosamente las actuales tensiones internas del anglicanismo.
  • Finalmente, el ejemplo más inflamable de todos vino el domingo con una intemperante y procaz pieza de Maureen Dowd en las páginas de opinión del Times. En una diatriba que con razón nunca habría pasado la revisión de los editores si hubiera criticado así un asunto religioso islámico, judío o afroamericano, ella profundiza en el manual nativista para usar toda posible caricatura anticatólica, desde la Inquisición hasta el Holocausto, los condones, la obsesión con el sexo, los sacerdotes pedófilos y la opresión de las mujeres, acuchillando todo el tiempo al Papa Benedicto XVI por sus zapatos, su conscripción forzada —junto con todos los demás adolescentes varones alemanes— en el ejército alemán, su esfuerzo por alcanzar a ex Católicos y su reciente bienvenida a anglicanos.

Es verdad que el tema que disparó su espasmo —la actual visita de las religiosas por parte de representantes del Vaticano— bien vale una discusión y no está exento de un legítimo cuestionamiento. Pero su prejuicio, aunque quizás habría sido apropiado para “La Amenaza”, el periódico ignorante de los años 1850, no tiene lugar en una gran publicación de hoy día.

No quiero insinuar que el anticatolicismo está confinado a las páginas del New York Times. Desafortunadamente, abundantes ejemplos pueden ser encontrados en muchos lugares diferentes. Ni siquiera comenzaré a tratar de enumerar los muchos casos de anticatolicismo en los así llamados medios de entretenimiento, dado que ellos son tan frecuentes que a veces parecen casi de rutina y obligatorios. En otro lugar, la semana pasada el Representate Patrick Kennedy hizo algunas observaciones no solicitadas e increíblemente inexactas acerca de los obispos católicos, como fue mencionado en este blog el lunes. También, la Legislatura del Estado de Nueva York ha establecido un impuesto especial a las nóminas para ayudar a la Autoridad del Transporte Metropolitano a financiar su déficit. Esta legislación dispone que a las escuelas públicas se les reembolse el costo del impuesto; las escuelas católicas, y las otras escuelas privadas, no recibirán el reembolso, lo que costará a cada escuela miles –y en algunos casos decenas de miles– de dólares, costo que los padres y las escuelas difícilmente puedan afrontar. (Tampoco puede hacerlo la Arquidiócesis, que ya subsidia a las escuelas con u$s30 millones por año). ¿No es un asunto de justicia básica que todos los escolares y sus padres sean tratados de forma igualitaria?

La Iglesia Católica no está por encima de la crítica. Nosotros mismos los católicos la practicamos también en una buena medida. Le damos la bienvenida y la esperamos. Todo lo que pedimos es que esa crítica sea justa, racional y exacta, lo que deberíamos esperar para todos. La sospecha y el prejuicio contra la Iglesia es un pasatiempo nacional que debería ser superado para bien.

Supongo que mis conocimientos de la historia norteamericana deberían precaverme contra el aguantar mi respiración (hasta que el prejuicio pase).

Sin embargo, ayer fue la fiesta de San Judas, el santo patrono de las causas imposibles.

Traducción por Daniel Iglesias Grèzes.

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