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Eduardo Casanova

El negativo fotográfico

Cuando en 1898 se tomó la primera fotografía de la Sábana Santa por parte de un abogado, Secondo Pía, fue con la intención de presentarla en una exposición de arte sacro. Hasta entonces, la Sábana Santa, o Sábana de Turín, o Síndone (en la nominación italiana), se conservaba como una preciosa reliquia, aunque aún no se contaba con la certeza total acerca de su autenticidad con la que hoy contamos.

Durante siglos se había conservado superando diversas agresiones físicas, como las de la intemperie y el incendio de 1532. Presentaba el registro impreciso y borroso de una figura humana, a la que se agregaban distintos tipos de manchas difíciles de interpretar. Uno de estos estigmas era el efecto del citado incendio, que tuvo lugar en la capilla de Chambéry, cuando la caja de plata que contenía la Sábana Santa llegó a derretirse por el calor, y una gota del metal fundido perforó el lienzo.

Hasta 1898 el pueblo cristiano la veneraba, fundado en la Tradición y en los relatos evangélicos, que hablaban de una sábana de lino, propiedad de José de Arimatea, que éste había ofrecido para amortajar el Cuerpo muerto de Jesús, luego de bajado de la Cruz.

La foto realizada por Secondo Pía marcó al mismo tiempo un hito histórico y científico para la humanidad: transformó a la Sábana Santa en la expresión más emblemática de la unidad entre la razón y la fe, entre la ciencia y la Revelación. Desde aquel momento no se ha cesado de investigar y, al mismo tiempo, los hallazgos tampoco ha dejado de maravillar a quienes se acercan a ellos libres de prejuicios, con un afán sincero de conocer.

El desafío planteado por la Síndone se estableció en torno a la dificultad de encontrar una explicación científica a un fenómeno que existe con la misma realidad evidente con que existe la luz del sol. No se puede discutir lo evidente y lo real, aunque no se alcance a entender en todas sus dimensiones y aspectos. El discurso científico racional ha de conjugarse con la fe en la Revelación, quizá no para creer, pero sí para entender que la Revelación sirve a la ciencia como lo hace el dibujo en la tapa del puzzle para ordenar las piezas que se nos ofrecen. La Síndone muestra ante todo la evidente coherencia entre la Palabra de Dios y la realidad física que se nos presenta ante los ojos y ante toda la tecnología con la que la analizamos. Cuanto más se estudia, tanto más se avanza en la unidad que existe entre la Revelación y la evidencia física, biológica e histórica que se nos ofrece en la Sábana Santa. Ello ameritó que se le llamase “el quinto Evangelio” y que en 1998, al conmemorarse el centenario de aquella primera fotografía, el Papa Juan Pablo II le rindiese similares honores litúrgicos que los reservados para la Eucaristía.

¿En que consistió el hecho que asombró al mundo con aquella primera fotografía, que luego se repitió en cuantas nuevas fotografías se le tomasen? Según se dice, el negativo obtenido por Secondo Pía temblaba en su mano, y él estuvo a punto de desmayarse por la sorpresa, al comprobar que lo que había obtenido, no era un negativo fotográfico, sino una fotografía en positivo: el negativo fotográfico era el que estaba impreso en el lino.

La fotografía obtenida contenía tal precisión, era tan perfecta, que aún hasta el día hoy, pese al avance tecnológico, no resulta simple obtener una imagen de semejante calidad, tanto por su gran tamaño (la cara anterior y posterior de un cuerpo de unos 180 cm. de altura, con un largo de 260 cm.), que cuenta además con una calidad de imagen que da tridimensionalidad a la figura, como luego pudo comprobarse.

El tamaño de la imagen se comprende a partir de un lienzo doblado sobre la cabeza, para que cubriese la cara anterior y la posterior del cuerpo, desde la cabeza hasta los pies. El negativo fotográfico que se comprueba en la tela no puede resultar sino de algún tipo de irradiación física, como ocurre con la radiación luminosa para la fotografía tradicionalmente conocida. Aunque aquí obviamente no se trata de radiación lumínica, la radiación física indiscutiblemente existe para poder imprimirse en la tela. Ella es la que produjo sobre las fibrillas de lino una especie de “quemadura”, desde la superficie a la profundidad de la tela. Dicha impronta se realizó de tal manera que la superficie más próxima al cuerpo fuese “quemada” más profundamente que las más alejadas, que se “quemaron” más superficialmente. Existe una perfecta adecuación de las distancias y la profundidad de las marcas o quemaduras en cada milímetro de la superficie corporal: ambas dimensiones son inversamente proporcionales. Por ejemplo, a la altura de la nariz el lienzo se marcaba más profundamente que a nivel de los labios, y en los labios más que a nivel del hueco supra-mentoniano. Este hecho es el que explica la perfección de las primeras fotografías, que se debe al aspecto tridimensional que luego se comprobó aplicando nuevas tecnologías, como la del VP8, que luego analizaremos. Esa tridimensionalidad se explica por la precisión micrométrica con la que se produjo en profundidad la quemadura de las fibrillas de lino, tal como lo comprueba el microscopio electrónico.

Cuando actualmente nos referimos a la Síndone, el público en general trae a colación, de modo espontáneo, el tema del carbono 14, citándolo como presunta prueba que pondría en duda la autenticidad de la Sábana. Ello parece ser también un elocuente signo de los tiempos: sintetiza la filosofía de relativismo agnóstico, que, con un objetivo laicista, proclama una postura de tipo ideológico anticristiano, sin importar que sea claramente anticientífica. Ello da más fuerza a la Síndone como providencial signo contemporáneo que reclama la unidad entre fe y razón: para ello es preciso conservar una actitud abierta, no dogmática, no cerrada al principio de no contradicción y a la evidencia científica.

En 1998 Emanuella Marinelli realizó la estimación matemático-estadística que permitía dudar de la autenticidad de la Síndone ante las abrumadoras pruebas de lo contrario: dicha posibilidad sería equivalente a la de acertar a la ruleta 158 veces seguidas. Fijarse sólo en el carbono 14 para desestimar el resto de las pruebas equivale a desestimar cinco mil trillones de probabilidades, tal como lo refiere Francisco Ansón.[1] Ello es claramente anticientífico, sobre todo porque el carbono 14 carece de todo valor para datar en el tiempo un objeto que, como la Síndone, fue sometido a una intensísima radiación, no sólo cuando se imprimió la figura en el lienzo, sino en el incendio de la noche del 3 al 4 de diciembre de 1532, cuando fue perforada en Chambéry por una gota de metal fundido, de la caja de plata que lo contenía. Es sabido que la plata se funde a 960 ºC y, como luego veremos, esta radiación aumenta los átomos de carbono 14, que hacen aparecer al objeto como del siglo XIII. Sin embargo, los estudios realizados por parte de la NASA y por autoridades científicas de todo el mundo, no permiten ignorar que la realidad histórica, física y biológica de la Sábana Santa se encuentra en total y absoluta coherencia con la Revelación. A ello nos referiremos en próximas notas.


[1] 19 de abril de 2010. Francisco Ansón, La Sábana Santa, publ. Palabra, Madrid 1999.

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