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Néstor Martínez Valls

Hacemos un breve comentario al texto del Grupo de Lengua Española I de la XVI Asamblea General de la Pontificia Academia Pro Vida, en lo que tiene que ver con el tema de la “falacia naturalista”.

Aplicada al tema de la ley natural, la objeción de la “falacia naturalista” dice así:

“Toda derivación de enunciados normativos a partir de enunciados descriptivos incurre en la ‘falacia naturalista’. Pero toda fundamentación de la ley natural en la naturaleza humana deriva enunciados normativos de enunciados descriptivos. Luego, toda fundamentación de la ley natural en la naturaleza humana incurre en la falacia naturalista”.

Algunas respuestas posibles:

No toda fundamentación de la ley natural debe apoyarse en la naturaleza humana:

  1. En esta opción se conceden ambas premisas y se acepta la conclusión. A partir de ahí, se busca algo en lo que fundamentar la moral. Es la primera de las posturas presentadas en el documento que comentamos:
  2. “Un tipo de re-formulación del argumento clásico de la Ley Natural ha sido propuesto por autores como Germain Grisez, John Finnis y Alfonso Gómez-Lobo (…) Por tanto, en lugar de partir de la naturaleza humana para derivar de ella la noción de felicidad y los bienes morales, estos autores proponen partir directamente del primer principio de la razón práctica (bonum est faciendum et prosecuendum, malum vitandum), que es un principio per se nota ad omnibus. Para dar contenido a este principio proponen una lista de bienes humanos básicos, sobre los que existiría un cierto acuerdo (como la vida, la libertad, el conocimiento, la amistad, el juego, etc.). Según estos autores, el fundamento de los juicios morales es su referencia a estos bienes humanos básicos (y no a la noción de ‘naturaleza’, que sería un concepto abstracto y meramente descriptivo). De este modo, un acto que atenta contra uno de los bienes humanos básicos, estaría mal y habría que prohibirlo, mientras que un acto que promueva estos bienes estaría bien y habría que favorecerlo.”
  3. Es muy cierto que por sí solos, los principios de la razón práctica indican, ciertamente, lo que se debe hacer y lo que se debe evitar, pero no dan una fundamentación filosófica de por qué eso es así.
  4. Pero al fundamentar los juicios morales en “bienes humanos básicos”, no se ve cómo se evita volver a poner el fundamento en la noción de “naturaleza”. En efecto, exista o no acuerdo sobre esos bienes básicos, ciertamente que no es el acuerdo el que los consagra como tales bienes humanos básicos, y si algo es un bien humano básico, ¿de qué otra cosa depende eso sino de la naturaleza humana?

No toda derivación de enunciados normativos a partir de enunciados descriptivos es una falacia.

  1. Es la segunda opción presentada en el documento, al menos en sus líneas generales y sin bajar a las tesis concretas de los autores ahí nombrados. “La otra alternativa para responder a la objeción de la falacia naturalista, es la que proponen autores como Alasdair McIntyre, Martin Rhonheimer y Alejandro Vigo. Estos filósofos procuran mostrar que la noción de naturaleza en el modelo clásico de la Ley Natural no es meramente descriptiva, sino que es en sí misma normativa, porque es teleológica. Esta contra-objeción se apoya en nociones de la lógica de Prior, que han sido tomadas en el ámbito de la filosofía práctica por Alasdair McIntyre. Prior dice que, en general, es verdad que de una descripción no se sigue una prescripción, pero que esto no es así en lo que llama los ‘contextos funcionales’. En los contextos funcionales, de la mera descripción sí se siguen evaluaciones, porque la descripción es teleológica. Por ejemplo, al estudiar la fisiología del pulmón, no sólo comprendemos cómo funciona el pulmón, sino –al mismo tiempo– cómo debe funcionar.”
  2. En esta opción se distingue la premisa Mayor: si se trata de enunciados descriptivos de meras situaciones de hecho, se concede; si se trata de enunciados descriptivos de auténticas naturalezas o esencias, se niega.
  3. Y se contradistingue la Menor: si se trata de enunciados descriptivos de auténticas naturalezas o esencias, se concede; si se trata de enunciados descriptivos de meras situaciones de hecho, se niega.
  4. Se niega por tanto la Conclusión.
  5. En efecto, si partimos de concebir la naturaleza humana como una mera situación de hecho, estamos ya en un contexto filosófico nominalista en el cual no es posible, ciertamente, esperar que pueda comprenderse la ley natural, ni muchas otras cosas.

Más allá del contenido concreto de las propuestas de McIntyre, Rhonheimer y Vigo, el hecho es que efectivamente, la noción clásica de “naturaleza humana”, siendo descriptiva, no es meramente descriptiva, sino también normativa, en la medida en que las nociones de ser, bien y fin están relacionadas y no separadas entre sí. Es decir, se trata de una comprensión metafísica y no meramente fáctica de la naturaleza humana y de las naturalezas en general. La expresión “mera descripción” ha de entenderse, por tanto, en el sentido de que en este caso la sola descripción ya encierra pautas normativas, no en el sentido de que no las incluya.

No nos parece, entonces, que ambas propuestas sean “complementarias”, como dice el grupo de trabajo en español de la Pontificia Academia Pro Vida. Porque como ahí mismo se precisa, sus fundamentos son contradictorios entre sí, en vez de ser complementarios:

“Si de antemano se entiende la noción de naturaleza como meramente descriptiva –es decir, como meramente fáctica– entonces, obviamente, el argumento de la Ley Natural caería bajo la objeción de la falacia naturalista. Si, en cambio, la noción de naturaleza no es definida en términos puramente fácticos, sino que apunta a contextos funcionales, teleológicos, entonces la argumentación no comete la falacia naturalista y es válida como criterio de un juicio ético racional.”

Obviamente que no puede haber “complementariedad” alguna entre una visión de la naturaleza humana como meramente fáctica, y una visión de esa misma naturaleza humana como teleológica, como no puede haberla entre la filosofía nominalista en la que se inspira la objeción de Hume, y la filosofía cristiana, eminentemente realista. Entendemos que es mejor tener claras estas cosas desde el principio para no perder tiempo en buscar imposibles conciliaciones.