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Eduardo Casanova

Huellas en el tiempo de la Pasión, Muerte y Resurrección: A partir del revelado fotográfico del “negativo” que se encuentra impreso en la tela de lino, continuamente los medios tecnológicos han ido aportando más y más información. Llegados a la primera década del siglo XXI, puede decirse que la Sábana Santa es el objeto que en toda la historia humana ha sido el que se sometió a la mayor cantidad y diversidad de estudios.

A esta altura de los acontecimientos, la datación histórica, la ubicación de la edad de la tela de lino, cuyo dato discordante aportado por el carbono 14 se confrontaba con cinco mil trillones de probabilidades en contrario, parece ser un dato que corresponde totalmente al pasado, existiendo evidencias de su falsedad. En todo caso sólo ha sido útil para satisfacer a quienes aman más la ideología que la ciencia, y por ello prefieren negar lo evidente, antes que reconocer aquello que contradice sus propios intereses particulares.

Como señalamos antes, la microscopía electrónica permitió poner en evidencia el carácter “tridimensional” de la figura humana de la Sábana. La impronta fotográfica tiene lugar gracias a una especie de “quemadura”, que afecta a las fibras de lino en una profundidad de unos 125 micrómetros, dando que en sectores existe una impresión que es más superficial, mientras que en otros es más profunda. El estudio se realizó con el VP8, instrumento utilizado por la NASA para estudiar la superficie tridimensional de los planetas, relevando planicies, hondonadas y elevaciones de su superficie. El mismo procedimiento se llevó a cabo para traducir la tridimensionalidad existente en ese breve margen de 125 micrómetros, donde la profundidad o la superficialidad de las zonas quemadas diferían de una a otra zona del cuerpo, en relación inversa a la proximidad de la tela a la superficie corporal.

La citada tecnología permitió describir detalles micrométricos, no sólo anatómicos de la figura corporal, sino también de otras “marcas” que presentaba el cuerpo o que aparecían en la tela, junto a él. Una de las marcas presentes en el cuerpo mismo era por ejemplo la producida por los latigazos que tuvieron lugar durante la flagelación. Se registran las marcas correspondientes, coherentes con el dato histórico, pues los azotes eran sistematizados, y en número predeterminado, administrándose en la superficie anterior y dorsal del tronco y de los miembros. Tal es la perfección del registro de dichas huellas, que es posible calcular, por la inclinación de las marcas, la estatura de cada una de las dos personas que se ocuparon de la tarea de la flagelación, con el cuerpo atado a una columna.

Otro detalle que revela la precisión de la imagen, es la fuerte flexión de ambos pulgares, sobre las palmas de las manos, debido a la estimulación del nervio mediano, irritado por los clavos insertados entre los huesos cúbito y radio, fijando la muñeca al palo horizontal de la Cruz.

Los hallazgos más importantes aportados por la microscopía electrónica se relacionan también con la fecha de datación del tejido, que obviamente está falseada por el carbono 14, dado que era imposible en el siglo XII obtener un resultado tecnológico semejante. Sin embargo, el carbono 14 ha servido notablemente (como veremos más adelante), para entender mejor el mecanismo que produjo en la tela la impresión fotográfica que hoy comprobamos.

La datación más grosera puede ser apreciada por la presencia de imágenes de monedas (con las que los judíos cubrían los ojos de sus muertos), que cuentan con la inscripción del emperador Tiberio. Más aún, recientemente Scheuermann comprobó que las descargas eléctricas producidas sobre el metal son capaces de impresionar el lienzo con imágenes similares a las que presentan estas monedas. También este hecho es compatible con el mecanismo por el que se alteró la proporción de carbono 14 en las fibras de lino.

Sin embargo, quizá la más relevante prueba de historicidad de la Sábana, no sólo por la fecha a la que corresponde, sino por todo el recorrido geográfico que realizó a lo largo de los siglos, está dada también por un hallazgo de la microscopía electrónica. Nos referimos a los granos de polen, que estudian los botánicos dedicados a la palinología, disciplina que identifica los granos de polen con plantas que existen en determinado lugar geográfico, o bien que existieron en ese lugar en algún momento de la historia.

La importancia de la palinología es fundamentalmente de tipo forense y policial, para identificar la presencia de un sospechoso que posee en los tejidos de su vestimenta granos de polen que sólo existen en la escena del crimen. Al mismo tiempo, dado que con el correr de los siglos desaparecen plantas y aparecen otras, sus granos de polen van quedando superpuestos en sucesivas capas en el fondo de los mares. Ello permite, como si se recorriesen los estantes de una biblioteca, identificar el grano de polen de un tejido (por ejemplo en una sábana de lino), dentro de una época histórica determinada, porque posee los granos de polen que corresponden a esa capa, de ese siglo, que se conserva en el fondo del mar.

Quien primero realizó los estudios palinológicos de la Sábana Santa fue un suizo, de nombre Max Frei, que trabajaba para Interpol y que colaboró con los técnicos de la NASA en la década de los 80. Confirmó que la Sábana Santa contaba con granos de polen pertenecientes a plantas que existieron en Jerusalén en el siglo I de nuestra Era. Hallazgos similares fueron descritos, varios años después, por botánicos israelíes.

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