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Néstor Martínez Valls

La estética suele ser hoy día un terreno muy utilizado para la defensa del relativismo Nada parece prestarse tanto a la relatividad de nuestras afirmaciones como la variación de gustos y modas en el terreno artístico Sobre todo la llamada vanguardia” artística provee abundantes ejemplos que parecen desafiar toda concepción objetiva de la belleza Duchamp ha firmado con el nombre de Fountain” una escultura” consistente en un urinario artísticamente” puesto en exhibición. Pero si decimos que eso no es arte, se nos responde que es la culminación de una larga búsqueda estética y que el conocimiento de esa historia es parte necesaria del goce estético en este caso.

Sobre este punto, es esencial ante todo distinguir la afirmación estética de la afirmación acerca del estado anímico del que contempla una obra de arte La afirmación esto es bello” no es la misma que la afirmación esto me gusta” En el primer caso, estamos afirmando una cualidad de la cosa; en el segundo caso, un estado del sujeto que contempla a la cosa.

No decimos, en efecto, que mi gusto es bello” o mi estado de agrado es bello”, sino que el cuadro, la sinfonía o la escultura es bella Tampoco decimos que la pintura o la escultura me bellan” sino que me gustan” o no me gustan.

El subjetivismo estético debe defender la tesis según la cual la afirmación esto es bello” es una afirmación espúria, ilusoria, cuyo único contenido real es esto me gusta” No se puede tratar, para el subjetivista estético, solamente de que esa afirmación sea siempre falsa, porque eso de algún modo admitiría que la cuestión de la belleza objetiva tiene un sentido: no puede ser errónea una afirmación carente de significado Se trata más bien de que la afirmación esto es bello” no tiene sentido, no puede por tanto ser ni verdadera ni falsa, y todo su contenido se reduce a esto me gusta”, la cual afirmación, por su parte, será siempre verdadera, pues no sale del ámbito de la subjetividad y no tiene nada objetivo con lo que concordar o no concordar.

Pero, según este principio, ¿a qué se reduce la afirmación de que el urinario de Duchamp es arte? Simplemente a que, por razones que habría que explicar detenidamente, eso le gusta a alguien A partir de ahí, se entiende que muchos teóricos contemporáneos de la estética hablen de la muerte del arte”, pues el arte ya no tiene identidad ni consistencia propia, reduciéndose al accidente de que a algunas personas les gustan ciertas cosas, que no tienen por qué, obviamente, limitarse al plano de lo usualmente considerado artístico”.

Esto no parece ser un aporte grande en orden a la comprensión de ese fenómeno indudable, característico y mayúsculo de la existencia humana que es el arte.

Por el contrario, la tesis del sentido común, que dice que la belleza existe y que es algo objetivo, puede prestar servicios mucho más destacados a la estética, supuesto que se la comprenda bien Una de las confusiones que conviene despejar al respecto es la que queremos tratar aquí.

Sin duda, la belleza artística tiene formas muy distintas de realizarse históricamente Es un lugar común la narración de las contiendas entre partidarios de estilos diferentes: los clasicistas contra los románticos, éstos contra los impresionistas, etc Hay una diferencia grande entre el arte renacentista y el barroco, y de ambos con el griego clásico, y si nos salimos de la civilización occidental, las diferencias son más grandes todavía.

El argumento relativista dice que tanto los clasicistas como los impresionistas tienen razón, y que por tanto la belleza es algo relativo Respondemos que sin duda ambos tienen razón cuando afirman que lo de cada uno de ellos es arte y es bello, pero de ahí no se sigue que la belleza sea relativa, porque en eso en que ambos tienen razón no se contradicen, y sólo hay relativismo cuando sostenemos que ambas partes de una contradicción pueden ser verdaderas, una para un sujeto, y la otra para otro Porque sólo se podrá decir que la verdad es relativa” cuando lo que es verdad, con derecho, para uno de los sujetos no lo sea, con derecho, para el otro; o sea, cuando tengan razón tanto el que dice A es verdad” como el que dice A no es verdad”.

Pero eso no puede ocurrir, por el principio de no contradicción Los sujetos de nuestro ejemplo, por tanto, no pueden tener ambos razón cuando se contradicen realmente, es decir, cuando uno afirma y otro niega que el clasicismo o el impresionismo sean arte y sean portadores de la belleza artística.

Por tanto, de ningún modo se sigue de aquí el relativismo.

En efecto, una cosa es diferencia y otra contradicción Clasicismo vs Romanticismo” no es una contradicción Una contradicción es la afirmación y negación del mismo predicado respecto del mismo sujeto En la contienda entre la escuela A y la escuela B, las tesis en juego, esquemáticamente, claro, suelen ser las siguientes: la escuela A sostiene que el arte de la escuela A es arte, y el de la escuela B no Por su parte, la escuela B sostiene que su arte es arte, y el de la escuela A no.

Entre las afirmaciones el arte de A es arte” y el arte de B es arte” no hay contradicción El sujeto no es el mismo En un caso es el arte de A; en otro caso, el arte de B Y una contradicción es, como dijimos, la afirmación y negación del mismo predicado respecto del mismo sujeto.

La contradicción se da solamente cuando pensamos en las negaciones que ambas escuelas formulan, a saber, entre el arte de A es arte” y el arte de A no es arte”; y entre el arte de B es arte” y el arte de B no es arte”.

Por tanto, no estamos obligados a elegir entre la verdad de el arte de A es arte” y la verdad de el arte de B es arte” Es decir, no estamos obligados a elegir entre clasicismo y romanticismo, o entre el arte griego y el arte impresionista.

Sólo en los casos en que sí hay contradicción, es necesario que la verdad esté de un lado, y el error del otro Eso no nos exige elegir entre corrientes artísticas, sino entre una pretendida corriente artística y la negación de que lo sea en verdad.

Y aquí es posible que se den ambos casos, históricamente hablando Sin duda, muchas veces ha sido rechazado como arte algo que luego se reconoció que verdaderamente lo era Y sin duda, muchas veces se ha querido presentar como arte lo que en realidad era pura superchería.

Respecto del urinario de Duchamp, entonces, la filosofía puede prestar un servicio útil enmarcando la cuestión, si bien es claro que finalmente habrá que responderla Para enmarcar la cuestión, basta con señalar que sólo debemos elegir entre las proposiciones “Fountain’ es arte’ y Fountain’ no es arte”, no entre las proposiciones “Fountain’ es arte” y La Gioconda es arte” Con eso basta para que no haya necesidad alguna de sostener el relativismo estético.