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Eduardo Casanova

Desde luego, un ajusticiamiento es siempre una causa de muerte prematura Sin embargo, en el crucificado de la Sábana Santa la muerte ocurrió antes, al menos, respecto a lo que aconteció con quienes estaban crucificados a su lado Por los relatos evangélicos sabemos que existía cierta premura” para dar por finalizada la tortura La ley judía no permitía tocar cadáveres después de la Parasceve, y la pascua judía ya era inminente Por otra parte, como señalamos antes, adelantar la muerte, quebrándole las piernas, implicaba cierto gesto de piedad para con el ajusticiado, por cuanto acortaba su sufrimiento antes de morir.

Sin embargo, en el caso de Jesús de Nazaret ello no ocurrió de este modo Por supuesto, los agnósticos que no desconocen el Antiguo Testamento saben que estaba anunciado de modo especial y explícito que al Mesías no le romperán un solo hueso” La suspicacia de los agnósticos fundaba su incredulidad en la posibilidad de que este hecho hubiese sido un invento” de los evangelistas, cuando expresan que como le vieron ya muerto no le quebraron las piernas” Pero la fidelidad de los evangelistas a la realidad histórica se pone de manifiesto, una vez más, en este detalle que aporta este Quinto Evangelio que es la Sábana Santa: la perfección de la imagen fotográfica tridimensional deja claro que las piernas no fueron fracturadas Queda claro también que el clavo que penetró sus pies no fracturó hueso alguno: el crucificado debía poder apoyarse en sus pies para poder respirar.

Pero en relación a lo expresado es también importante consignar lo que se dice a texto expreso: que Jesús ya había muerto, lo que fue motivo para que no le quebrasen las piernas Su muerte se produjo antes de la de quienes estaban a su derecha y a su izquierda A éstos sí les fueron quebradas las piernas Más allá de lo anunciado previamente acerca del Mesías[1] acerca de que no le romperán ningún hueso”, analizando el hecho histórico, con la Sábana Santa ante nuestros ojos, y auxiliados por la tecnología actual, podemos comprender mejor otros hechos, que precedieron a la crucifixión y que son relatados por el Evangelio.

Estos hechos son los que dan cuenta de, y explican, el motivo por el cual Jesús murió antes que sus compañeros de patíbulo Se trata de evidencias coherentes con los relatos evangélicos, de hechos precedentes a la crucifixión…

Nos habíamos referido antes a la pena de la flagelación, a los azotes en la columna, que tomaban su nombre precisamente del instrumento romano utilizado para la tortura, el flagelum”, construido sobre un soporte de madera que sostenía dos o más correas de cuero, que terminaban anudadas sobre objetos metálicos, de hierro o de plomo.

Las manchas de sangre de los latigazos, lo mismo que las provocadas por los clavos y por las espinas de la corona, eran abundantes en la Sábana Santa El Prof. Baima Bolone determinó que se trataba del grupo AB, propio de los judíos yemeníes, que, debido a su aislamiento de otras etnias, prácticamente no tenían mezclas genéticas con otros grupos sanguíneos.

Los azotes constituían una pena aplicada para dejar luego al reo en libertad; no se azotaba a quien luego iba a ser crucificado, porque debía contar con la energía necesaria para cargar el leño horizontal de la cruz, al que iban atados sus brazos, antes de ser levantado en alto y clavado sobre el soporte vertical En el caso de Jesús de Nazaret, la flagelación previa (como solución de compromiso ofrecida por Pilatos, con intención de liberarlo), fue una verdadera excepción, y explica el adelantamiento de la muerte, luego de clavado en la Cruz.

Pero seguramente esa muerte prematura” no se debió sólo a la flagelación La tortura había comenzado muchas horas antes, en el Huerto de los Olivos, donde se inicia la Pasión, el padecimiento de una angustia de muerte”, como lo expresa el mismo Jesús, al asumir el peso de todos los pecados, de todo el dolor y de toda la muerte, consecuencias del pecado El fenómeno poco frecuente hoy reconocido como hemohidrosis”, tradujo lo que el texto evangélico llama sudor de sangre”, y que expresa ese padecimiento.

Las largas horas sin tomar líquidos, el estrés, la transpiración excesiva y la deshidratación más el sangrado, son seguramente la causa de esa muerte prematura Alrededor de un millar de marcas sobre el cuerpo explican lo paradójico de esa muerte que, aunque prematura, no por ello fue poco prolongada ni menos dolorosa.

Entre otras heridas, en la imagen que se conserva en el lino se destacan:

  1. proceso inflamatorio sobre la ceja derecha y rotura del cartílago nasal;
  2. contusiones en las rodillas por caída con el peso de la Cruz;
  3. heridas de espinas en la frente y en la nuca;
  4. heridas múltiples de la flagelación;
  5. rozaduras profundas sobre los hombros;
  6. herida del costado derecho del tórax;
  7. reguero de sangre brotada de la herida sobre la muñeca derecha; 8. regueros de sangre en ambos pies, procedentes de la herida de los clavos.

De todas estas heridas y manchas de sangre, la más notable por su abundancia y por sus características –ya analizadas– de coágulo post-mortem, es la que procede del pecho, que empapa la Sábana Ella permite confirmar que ya estaba muerto cuando fue bajado de la Cruz: los 500 testigos que le vieron con vida tres o más días después, no veían ni a un moribundo recuperado, ni a un fantasma, sino a Alguien que realmente había resucitado.


[1] Exodo 12, 36; Números 9, 12 y Salmo 33, 21.

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