salmo-22

Catecismo de la Iglesia Católica

I. Por qué el Verbo se hizo carne

456 Con el Credo Niceno-Constantinopolitano respondemos confesando: Por nosotros los hombres y por nuestra salvación bajó del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María la Virgen y se hizo hombre”.

457 El Verbo se encarnó para salvarnos reconciliándonos con Dios: Dios nos amó y nos envió a su Hijo como propiciación por nuestros pecados.”[1] El Padre envió a su Hijo para ser salvador del mundo.”[2] Él se manifestó para quitar los pecados.”[3]

Nuestra naturaleza enferma exigía ser sanada; desgarrada, ser restablecida; muerta, ser resucitada Habíamos perdido la posesión del bien, era necesario que se nos devolviera Encerrados en las tinieblas, hacía falta que nos llegara la luz; estando cautivos, esperábamos un salvador; prisioneros, un socorro; esclavos, un libertador ¿No tenían importancia estos razonamientos? ¿No merecían conmover a Dios hasta el punto de hacerle bajar hasta nuestra naturaleza humana para visitarla, ya que la humanidad se encontraba en un estado tan miserable y tan desgraciado?”[4]

458 El Verbo se encarnó para que nosotros conociésemos así el amor de Dios: En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene: en que Dios envió al mundo a su Hijo único para que vivamos por medio de Él.”[5] Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga vida eterna.”[6]

459 El Verbo se encarnó para ser nuestro modelo de santidad: Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí…”[7] Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida Nadie va al Padre sino por Mí.”[8] Y el Padre, en el monte de la transfiguración, ordena: Escuchadlo.”[9] Él es, en efecto, el modelo de las bienaventuranzas y la norma de la ley nueva: Amaos los unos a los otros como Yo os he amado.”[10] Este amor tiene como consecuencia la ofrenda efectiva de sí mismo.[11]

460 El Verbo se encarnó para hacernos partícipes de la naturaleza divina”:[12] Porque tal es la razón por la que el Verbo se hizo hombre, y el Hijo de Dios, Hijo del hombre: para que el hombre, al entrar en comunión con el Verbo y al recibir así la filiación divina, se convirtiera en hijo de Dios”[13] Porque el Hijo de Dios se hizo hombre para hacernos Dios.”[14] “Unigenitus Dei Filius, suae divinitatis volens nos esse participes, naturam nostram assumpsit, ut homines deos faceret factus homo” (El Hijo Unigénito de Dios, queriendo hacernos partícipes de su divinidad, asumió nuestra naturaleza, para que, habiéndose hecho hombre, hiciera dioses a los hombres.”)[15]

II. La Encarnación

461 Volviendo a tomar la frase de San Juan El Verbo se encarnó,”[16] la Iglesia llama Encarnación” al hecho de que el Hijo de Dios haya asumido una naturaleza humana para llevar a cabo por ella nuestra salvación En un himno citado por San Pablo, la Iglesia canta el misterio de la Encarnación:

Tened entre vosotros los mismos sentimientos que tuvo Cristo: el cual, siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios, sino que se despojó de sí mismo tomando condición de siervo, haciéndose semejante a los hombres y apareciendo en su porte como hombre; y se humilló a sí mismo, obedeciendo hasta la muerte y muerte de cruz.”[17]

462 La carta a los Hebreos habla del mismo misterio: Por eso, al entrar en este mundo, [Cristo] dice: No quisiste sacrificio y oblación; pero me has formado un cuerpo Holocaustos y sacrificios por el pecado no te agradaron Entonces dije: ¡He aquí que vengo.. a hacer, oh Dios, tu voluntad!”[18]

463 La fe en la verdadera encarnación del Hijo de Dios es el signo distintivo de la fe cristiana: Podréis conocer en esto el Espíritu de Dios: todo espíritu que confiesa a Jesucristo, venido en carne, es de Dios”[19]Ésa es la alegre convicción de la Iglesia desde sus comienzos cuando canta el gran misterio de la piedad”: Él ha sido manifestado en la carne.”[20]

III. Verdadero Dios y verdadero hombre

464 El acontecimiento único y totalmente singular de la Encarnación del Hijo de Dios no significa que Jesucristo sea en parte Dios y en parte hombre, ni que sea el resultado de una mezcla confusa entre lo divino y lo humano Él se hizo verdaderamente hombre sin dejar de ser verdaderamente Dios Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre La Iglesia debió defender y aclarar esta verdad de fe durante los primeros siglos frente a unas herejías que la falseaban.

465 Las primeras herejías negaron menos la divinidad de Jesucristo que su humanidad verdadera (docetismo gnóstico) Desde la época apostólica la fe cristiana insistió en la verdadera encarnación del Hijo de Dios, venido en la carne.”[21] Pero desde el siglo III, la Iglesia tuvo que afirmar frente a Pablo de Samosata, en un concilio reunido en Antioquía, que Jesucristo es hijo de Dios por naturaleza y no por adopción El primer concilio ecuménico de Nicea, en el año 325, confesó en su Credo que el Hijo de Dios es engendrado, no creado, de la misma substancia [‘homoousios’] que el Padre” y condenó a Arrio, que afirmaba que el Hijo de Dios salió de la nada” (Denzinger-Schonmetzer 130) y que sería de una substancia distinta de la del Padre” (Denzinger-Schonmetzer 126).

466 La herejía nestoriana veía en Cristo una persona humana junto a la persona divina del Hijo de Dios Frente a ella San Cirilo de Alejandría y el tercer concilio ecuménico reunido en Efeso, en el año 431, confesaron que el Verbo, al unirse en su persona a una carne animada por un alma racional, se hizo hombre” (Denzinger-Schonmetzer 250) La humanidad de Cristo no tiene más sujeto que la persona divina del Hijo de Dios, que la ha asumido y hecho suya desde su concepción Por eso el concilio de Efeso proclamó en el año 431 que María llegó a ser con toda verdad Madre de Dios mediante la concepción humana del Hijo de Dios en su seno: Madre de Dios, no porque el Verbo de Dios haya tomado de ella su naturaleza divina, sino porque es de ella, de quien tiene el cuerpo sagrado dotado de un alma racional, unido a la persona del Verbo, de quien se dice que el Verbo nació según la carne.”[22]

467 Los monofisitas afirmaban que la naturaleza humana había dejado de existir como tal en Cristo al ser asumida por su persona divina de Hijo de Dios Enfrentado a esta herejía, el cuarto concilio ecuménico, en Calcedonia, confesó en el año 451:

Siguiendo, pues, a los Santos Padres, enseñamos unánimemente que hay que confesar a un solo y mismo Hijo y Señor nuestro Jesucristo: perfecto en la divinidad, y perfecto en la humanidad; verdaderamente Dios y verdaderamente hombre compuesto de alma racional y cuerpo; consustancial con el Padre según la divinidad, y consustancial con nosotros según la humanidad, `en todo semejante a nosotros, excepto en el pecado’;[23] nacido del Padre antes de todos los siglos según la divinidad; y por nosotros y por nuestra salvación, nacido en los últimos tiempos de la Virgen María, la Madre de Dios, según la humanidad Se ha de reconocer a un solo y mismo Cristo Señor, Hijo único en dos naturalezas, sin confusión, sin cambio, sin división, sin separación La diferencia de naturalezas de ningún modo queda suprimida por su unión, sino que quedan a salvo las propiedades de cada una de las naturalezas y confluyen en un solo sujeto y en una sola persona.”[24]

468 Después del concilio de Calcedonia, algunos concibieron la naturaleza humana de Cristo como una especie de sujeto personal Contra éstos, el quinto concilio ecuménico, en Constantinopla el año 553 confesó a propósito de Cristo: No hay más que una sola hipóstasis [o persona], que es nuestro Señor Jesucristo, uno de la Trinidad.”[25] Por tanto, todo en la humanidad de Jesucristo debe ser atribuido a su persona divina como a su propio sujeto,[26] no solamente los milagros sino también los sufrimientos[27] y la misma muerte: El que ha sido crucificado en la carne, nuestro Señor Jesucristo, es verdadero Dios, Señor de la gloria y uno de la santísima Trinidad.”[28]

469 La Iglesia confiesa así que Jesús es inseparablemente verdadero Dios y verdadero hombre Él es verdaderamente el Hijo de Dios que se ha hecho hombre, nuestro hermano, y eso sin dejar de ser Dios, nuestro Señor:

“Id quod fuit remansit et quod non fuit assumpsit” (Permaneció en lo que era y asumió lo que no era”), canta la liturgia romana.[29] Y la liturgia de San Juan Crisóstomo proclama y canta: Oh Hijo único y Verbo de Dios, siendo inmortal te has dignado por nuestra salvación encarnarte en la santa Madre de Dios, y siempre Virgen María, sin mutación te has hecho hombre, y has sido crucificado ¡Oh Cristo Dios, que por tu muerte has aplastado la muerte, que eres Uno de la Santa Trinidad, glorificado con el Padre y el Santo Espíritu, sálvanos![30]

Gaudium et Spes

470 Puesto que en la unión misteriosa de la Encarnación la naturaleza humana ha sido asumida, no absorbida,”[31] la Iglesia ha llegado a confesar, con el correr de los siglos, la plena realidad del alma humana, con sus operaciones de inteligencia y de voluntad, y del cuerpo humano de Cristo Pero, paralelamente, ha tenido que recordar en cada ocasión que la naturaleza humana de Cristo pertenece propiamente a la persona divina del Hijo de Dios que la ha asumido Todo lo que es y hace en ella pertenece a uno de la Trinidad” El Hijo de Dios comunica, pues, a su humanidad su propio modo personal de existir en la Trinidad Así, en su alma como en su cuerpo, Cristo expresa humanamente las costumbres divinas de la Trinidad:[32]

El Hijo de Dios.. trabajó con manos de hombre, pensó con inteligencia de hombre, obró con voluntad de hombre, amó con corazón de hombre Nacido de la Virgen María, se hizo verdaderamente uno de nosotros, en todo semejante a nosotros, excepto en el pecado.”[33]

El alma y el conocimiento humano de Cristo

471 Apolinar de Laodicea afirmaba que en Cristo el Verbo había sustituido al alma o al espíritu Contra este error la Iglesia confesó que el Hijo eterno asumió también un alma racional humana.[34]

472 Este alma humana que el Hijo de Dios asumió está dotada de un verdadero conocimiento humano Como tal, éste no podía ser de por sí ilimitado: se desenvolvía en las condiciones históricas de su existencia en el espacio y en el tiempo Por eso el Hijo de Dios, al hacerse hombre, quiso progresar en sabiduría, en estatura y en gracia”[35] e igualmente adquirir aquello que en la condición humana se adquiere de manera experimental.[36] Eso correspondía a la realidad de su anonadamiento voluntario en la condición de esclavo.”[37]

473 Pero, al mismo tiempo, este conocimiento verdaderamente humano del Hijo de Dios expresaba la vida divina de su persona.[38] La naturaleza humana del Hijo de Dios, no por ella misma sino por su unión con el Verbo, conocía y manifestaba en ella todo lo que conviene a Dios.”[39] Esto sucede ante todo en lo que se refiere al conocimiento íntimo e inmediato que el Hijo de Dios hecho hombre tiene de su Padre[40] El Hijo, en su conocimiento humano, demostraba también la penetración divina que tenía de los pensamientos secretos del corazón de los hombres.[41]

474 Debido a su unión con la Sabiduría divina en la persona del Verbo encarnado, el conocimiento humano de Cristo gozaba en plenitud de la ciencia de los designios eternos que había venido a revelar.[42] Lo que reconoce ignorar en este campo,[43] declara en otro lugar no tener misión de revelarlo.[44]

La voluntad humana de Cristo

475 De manera paralela, la Iglesia confesó en el sexto concilio ecuménico[45] que Cristo posee dos voluntades y dos operaciones naturales, divinas y humanas, no opuestas, sino cooperantes, de forma que el Verbo hecho carne, en su obediencia al Padre, ha querido humanamente todo lo que ha decidido divinamente con el Padre y el Espíritu Santo para nuestra salvación.[46] La voluntad humana de Cristo sigue a su voluntad divina sin hacerle resistencia ni oposición, sino todo lo contrario estando subordinada a esta voluntad omnipotente.”[47]

El verdadero cuerpo de Cristo

476 Como el Verbo se hizo carne asumiendo una verdadera humanidad, el cuerpo de Cristo era limitado.[48] Por eso se puede pintar” la faz humana de Jesús (cf Gálatas 3, 2) En el séptimo Concilio ecuménico[49] la Iglesia reconoció que es legítima su representación en imágenes sagradas.

477 Al mismo tiempo, la Iglesia siempre ha admitido que, en el cuerpo de Jesús, Dios que era invisible en su naturaleza se hace visible.”[50] En efecto, las particularidades individuales del cuerpo de Cristo expresan la persona divina del Hijo de Dios Él ha hecho suyos los rasgos de su propio cuerpo humano hasta el punto de que, pintados en una imagen sagrada, pueden ser venerados porque el creyente que venera su imagen, venera a la persona representada en ella.”[51]

El Corazón del Verbo encarnado

478 Jesús, durante su vida, su agonía y su pasión, nos ha conocido y amado a todos y a cada uno de nosotros y se ha entregado por cada uno de nosotros: El Hijo de Dios me amó y se entregó a sí mismo por mí.”[52] Nos ha amado a todos con un corazón humano Por esta razón, el sagrado Corazón de Jesús, traspasado por nuestros pecados y para nuestra salvación,[53] es considerado como el principal indicador y símbolo.. del amor con que el divino Redentor ama continuamente al eterno Padre y a todos los hombres.”[54]

Resumen

479 En el momento establecido por Dios, el Hijo único del Padre, la Palabra eterna, es decir, el Verbo e Imagen substancial del Padre, se hizo carne: sin perder la naturaleza divina asumió la naturaleza humana.

480 Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre en la unidad de su Persona divina; por esta razón Él es el único Mediador entre Dios y los hombres.

481 Jesucristo posee dos naturalezas, la divina y la humana, no confundidas, sino unidas en la única Persona del Hijo de Dios.

482 Cristo, siendo verdadero Dios y verdadero hombre, tiene una inteligencia y una voluntad humanas, perfectamente de acuerdo y sometidas a su inteligencia y a su voluntad divinas, que tiene en común con el Padre y el Espíritu Santo.

483 La encarnación es, pues, el misterio de la admirable unión de la naturaleza divina y de la naturaleza humana en la única Persona del Verbo.


[1] 1 Juan 4, 10.

[2] 1 Juan 4, 14.

[3] 1 Juan 3, 5.

[4] San Gregorio de Nisa, Or. Catech. 15.

[5] 1 Juan 4, 9.

[6] Juan 3, 16.

[7] Mateo 11, 29.

[8] Juan 14, 6.

[9] Marcos 9, 7; cf. Deuteronomio 6, 4-5.

[10] Juan 15, 12.

[11] Cf. Marcos 8, 34.

[12] 2Pedro 1, 4.

[13] San Ireneo, haer., 3, 19, 1.

[14] San Atanasio, Inc., 54, 3.

[15] Santo Tomás de Aquino, opusc 57 in festo Corpus Christi, 1.

[16] Juan 1, 14.

[17] Filipenses 2, 5-8; cf Liturgia de las Horas cántico de vísperas del sábado.

[18] Hebreos 10, 5-7, citando Salmo 40, 7-9 Septuaginta.

[19] 1 Juan 4, 2.

[20] 1 Timoteo 3, 16.

[21] Cf 1 Juan 4, 2-3; 2 Juan 7.

[22] Denzinger-Schonmetzer 251.

[23] Hebreos 4, 15.

[24] Denzinger-Schonmetzer 301-302.

[25] Denzinger-Schonmetzer 424.

[26] Cf. Ya Cc Efeso: Denzinger-Schonmetzer 255.

[27] Cf. Denzinger-Schonmetzer 424.

[28] Denzinger-Schonmetzer 432.

[29] Liturgia de las Horas antífona de laudes del primero de enero; cf San León Magno, serm 21, 2-3.

[30] Tropario “O monoghenis”.

[31] Gaudium et Spes 22, 2.

[32] cf Juan 14, 9-10.

[33] Gaudium et Spes 22, 2.

[34] cf Denzinger-Schonmetzer 149.

[35] Lucas 2, 52.

[36] cf Marcos 6, 38; 8, 27; Juan 11, 34; etc.

[37] Filipenses 2, 7.

[38] Cf. San Gregorio Magno, ep. 10, 39: Denzinger-Schonmetzer 475.

[39] San Máximo el Confesor, qu. dub. 66.

[40] Cf. Marcos 14, 36; Mateo 11, 27; Juan 1, 18; 8, 55; etc.

[41] Cf. Marcos 2, 8; Juan 2, 25; 6, 61; etc.

[42] Cf. Marcos 8, 31; 9, 31; 10, 33-34; 14, 18-20.26-30.

[43] Cf. Marcos 13, 32.

[44] Cf. Hechos 1, 7.

[45] Cc de Constantinopla III en el año 681.

[46] Cf. Denzinger-Schonmetzer 556-559.

[47] Denzinger-Schonmetzer 556.

[48] Cf. Cc de Letrán en el año 649: Denzinger-Schonmetzer 504.

[49] Cc de Nicea II, en el año 787: Denzinger-Schonmetzer 600-603.

[50] Prefacio de Navidad.

[51] Cc Nicea II: Denzinger-Schonmetzer 601.

[52] Gálatas 2, 20.

[53] Cf. Juan 19, 34.

[54] Pío XII, Encíclica Haurietis aquas: Denzinger-Schonmetzer 3924; cf Denzinger-Schonmetzer 3812.