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Asociación Familia y Vida

La Asociación Familia y Vida, ante la noticia de que el INAU (Instituto del Niño y Adolescente del Uruguay) autorizaría la adopción de niños por parte de parejas homosexuales, hace llegar a la población las siguientes apreciaciones.

En los arts. 6 y 12 de la ley 17.823 (Código de la Niñez y Adolescencia), se establece la prioridad del interés superior del niño en materias de adopción. Ésta debe mirar ante todo al bien del niño, que, como lo enseñan juntamente el sentido común y los estudios científicos serios, requiere, para su sano desarrollo psicológico, afectivo y sexual, la relación con un padre y una madre.

Por otra parte, existen estudios científicos que destacan las consecuencias negativas que la crianza a cargo de parejas del mismo sexo tiene para los adoptados.

El niño que es dado en adopción ya está afectado por una situación familiar irregular, y es totalmente injusto cargarlo con la situación anómala que significa convivir con dos padres adoptivos del mismo sexo.

Siendo más numerosas las parejas heterosexuales que demandan niños para adoptar que el número de niños que anualmente son dados en adopción, no parece lógico ni sensato entregarlos para su crianza a parejas de homosexuales.

No cabe tampoco argumentar que la ventaja de la adopción por parejas homosexuales estaría en que las parejas heterosexuales preferirán a los niños más pequeños, dejando sin adoptar a los más grandes. Este argumento es falaz, porque es lógico pensar que lo mismo sucedería con las parejas homosexuales.

No se trata simplemente de una cuestión de afecto y de medios económicos, sino de estructuras antropológicas insoslayables que van más allá del querer particular de cada uno y de la postura ideológica que se sostenga. La legislación que da la espalda a la realidad del ser humano no puede nunca esperar buenos resultados.

Nuestra sociedad padece actualmente las consecuencias dramáticas de una crisis en la formación y educación de la juventud y la adolescencia. Eso debe hacernos particularmente cuidadosos de la familia, y atentos al cuidado que brindamos a las futuras generaciones y a cómo atendemos a las condiciones en que van a ser criados y educados.

Son conocidas las dudas y vacilaciones de los jueces en torno a lo poco clara y contradictoria que es la última norma aprobada en materia de adopción.[1] En ella no hay ninguna cláusula que expresamente autorice la adopción de niños por parejas homosexuales.

Incluso, la nueva ley de adopción supone claramente que los adoptantes son varón y mujer, al indicar que “en los casos de adopción, el hijo sustituirá su primer apellido por el del padre adoptante y el segundo apellido por el de la madre adoptante.”[2] Si un niño fuera adoptado dos personas del mismo sexo, no podría ser registrado, pues faltaría el apellido de la madre o el del padre.

En momentos en que el gobierno reconoce el grave problema del envejecimiento de la población y de la baja natalidad, consideramos que sería mucho más importante legislar para fortalecer a la familia y proteger a la mujer embarazada, siendo contradictorio promover iniciativas que van claramente en desmedro de la institución familiar y del interés superior del niño.

Por todo ello entendemos que la norma actual debe interpretarse en el sentido favorable al interés superior del niño, que es el que debe presidir en cuestiones de adopción, lo cual implica, en el caso concreto, que sólo pueda darse niños en adopción a parejas heterosexuales.

Comunicado número 1/2010. Dado en Montevideo, 23 de julio de 2010.


[1] Ley 18.590.

[2] Art. 1º de la ley 18.590.