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Néstor Martínez Valls

La prensa ha recogido las declaraciones del Dr. Luis Enrique Gallo, Presidente de la Junta Nacional de Salud (JUNASA) en el sentido de que, en virtud de la recientemente aprobada ley de “salud sexual y reproductiva”, existe obligación de facilitar anticonceptivos a las usuarias que los soliciten, y los centros de salud que no lo hagan serán sancionados. Dice que están en conversaciones con el Círculo Católico para lograr que “cumpla la ley” del modo “menos traumático posible”.

Más allá de que la anticoncepción en sí misma es gravemente inmoral, interesa subrayar que en este caso concreto no se trata sólo de anticonceptivos; se trata de abortivos.

La “píldora del día después”, como su nombre lo indica, actúa con posterioridad a la fecundación (ésta puede ocurrir en un período que va desde cualquiera de las siguientes 24 horas a la relación sexual, hasta 6 días después), y por tanto, cuando el ser humano ya ha sido concebido. Lo que hace es impedir la anidación en el útero, con lo que el embrión muere. Es decir, se trata de un aborto.

El DIU tiene el mismo efecto

La implantación ocurre entre 6 a 12 días después de la fecundación. Los promotores del aborto en el nivel internacional han hecho cambiar la definición de “embarazo” para que el DIU y la “píldora del día después” no sean calificados como abortivos. Ahora, según ellos, el “embarazo” comienza con la implantación del óvulo ya fecundado en el útero, y no con la fecundación misma del óvulo por el espermatozoide.

A continuación vemos algunos hitos históricos de esta manipulación de la ciencia y del lenguaje y la respuesta del Magisterio eclesiástico.

1959 – Simposio de la IPPF y el Population Council. El investigador sueco Bent Boving propone “un prudente hábito de lenguaje” para preservar al “control de la implantación” (DIU) la “ventaja social” de ser considerado anticonceptivo y no abortivo.

1964 – 2ª Conferencia Internacional sobre Contracepción Intrauterina organizada por el Population Council. Preocupación por el rechazo que genera el carácter abortivo del DIU. Propuesta de redefinir el embarazo haciéndolo comenzar con la implantación.

1965 – El Colegio de Obstetricia y Ginecología de los Estados Unidos (ACOG) define la concepción como la implantación de un óvulo fertilizado. Hasta ese momento había sido definida por la medicina como la fertilización del óvulo por el espermatozoide.

1995 – “Afirmación consensuada sobre contracepción de emergencia”. Centro de conferencias de la Fundación Rockefeller en Bellagio, Italia. Participan la IPPF, Population Council, OMS. La “anticoncepción de emergencia” no es abortiva.

1998 – Moore, Keith, y Persaud, T.V.N.: “The Developing Human: Clinically Oriented Embryology.” Naturaleza abortiva de la “anticoncepción de emergencia.” Los autores son embriólogos y aceptan ese aborto en algunos casos.

2000 – Pontificia Academia para la Vida, “Ante la polémica reciente”. El embarazo comienza desde el momento de la fecundación y no desde la implantación del blastocisto en la pared uterina. La “píldora del día siguiente” es abortiva.

“3. Por consiguiente, resulta claro que la llamada acción “anti-anidatoria” de la “píldora del día siguiente”, en realidad, no es otra cosa que un aborto realizado con medios químicos. Es incoherente intelectualmente, e injustificable científicamente, afirmar que no se trata de la misma cosa. Por otra parte, está bastante claro que la intención de quien pide o propone el uso de dicha píldora tiene como finalidad directa la interrupción de un eventual embarazo, exactamente como en el caso del aborto. El embarazo, en efecto, comienza desde el momento de la fecundación y no desde la implantación del blastocisto en la pared uterina, como en cambio se intenta sugerir implícitamente.”

El Population Council es el principal de los organismos del clan Rockefeller destinado al control de la población mundial. La IPPF es la ONG abortista más grande del mundo, financiada también por los Rockefeller.

En nota de prensa del 3 de agosto de 2010 el director de la JUNASA dice que el MSP compra los anticonceptivos al UNFPA: Fondo de las Naciones Unidas para la Población. Esta entidad fue creada en la ONU a instancias de los Rockefeller y con su financiación, y tiene en el nivel público y oficial la misma finalidad que el Population Council tiene en el nivel privado.

El razonamiento de ellos es así: “El aborto es la interrupción del embarazo. Pero el embarazo comienza recién con la implantación. Luego, matar al embrión ya fecundado antes de la implantación (que es lo que hacen el DIU y la “píldora del día después”) no es aborto.”

Este razonamiento tiene dos fallas:

Primero, es claro que cuando decimos que una mujer está “embarazada”, lo que estamos queriendo decir es que hay en ella una nueva vida, un nuevo ser humano que se está desarrollando y va a continuar desarrollándose después del nacimiento.

Segundo, la maldad moral del aborto no está en que se interrumpe un embarazo, sino en que se quita la vida a un ser humano ya concebido. Y para eso no hay que esperar a la implantación.

El aborto voluntario, entonces, para lo que moralmente hablando interesa, es el homicidio de un ser humano ya concebido.

Dice Juan Pablo II en la Encíclica Evangelium Vitae, n. 58:

“Precisamente en el caso del aborto se percibe la difusión de una terminología ambigua, como la de “interrupción del embarazo”, que tiende a ocultar su verdadera naturaleza y a atenuar su gravedad en la opinión pública. Quizás este mismo fenómeno lingüístico sea síntoma de un malestar de las conciencias. Pero ninguna palabra puede cambiar la realidad de las cosas: el aborto procurado es la eliminación deliberada y directa, como quiera que se realice, de un ser humano en la fase inicial de su existencia, que va de la concepción al nacimiento.”

Por tanto, el DIU y la “píldora del día después” son abortivos.

Se trata también de imponer a todo el sistema de salud el asesoramiento para abortar que actualmente se realiza en el Hospital Pereira Rossell, que es asesoramiento para cometer lo que es un delito según nuestro Código Penal.

Pero entonces, esta imposición legal obliga a las instituciones de salud a facilitar el aborto, a atentar contra el derecho de todo ser humano a la vida, y las obliga sin importar las convicciones filosóficas o religiosas que llevaron a la fundación de esas mismas instituciones ni las convicciones filosóficas o religiosas de sus dirigentes y asociados.

Hay otros hitos históricos que conviene recordar para situarse correctamente ante las iniciativas que desconocen el valor fundamental de la vida humana y ver en qué clase de “pendiente resbaladiza” colocan a la sociedad:

1916 – Grant, Madison: “The passing over of the great race”. Eliminación de niños defectuosos y esterilización de adultos carentes de valor para la comunidad. El autor recibirá una carta de Adolf Hitler en la que éste dice que ha hecho de ese libro “su biblia”.

1920 – Binding, Karl, y Hoche, Alfred: “Permitir la destrucción de la vida sin valor”. Texto fundacional para la aceptación de la eutanasia en Alemania. Incluye a los “idiotas incurables” cuyas vidas “carecen completamente de sentido”.

1936 – Unger, Helmut: “Misión y conciencia.” Novela pro-eutanasia, una de muchas que se escribieron en esta época en Alemania. Sobre esta novela se hizo también la película propagandística “Yo acuso.”

1938 – Hitler autoriza a su médico personal, Dr. Karl Brandt, a quitar la vida a la hija de un Sr. Knauer, como éste había solicitado. La niña era ciega y retrasada mental. Se calcula que por esta época unos 6.000 niños fueron asesinados en Alemania.

1939 – Hitler amplía las facultades de los médicos para aplicar la eutanasia a los pacientes incurables. Hasta 1940 se excluye a los judíos, considerados indignos de este “beneficio”.

1940 – El Dr. Karl Brandt y otros hacen en un hospital siquiátrico de Berlín el primer gran ensayo de asesinato de enfermos mentales mediante cámaras de gas disfrazadas de salas de baño. Hasta 1941 unos 100.000 enfermos mentales son muertos de este modo.

1941 – Las cámaras de gas de las instituciones psiquiátricas alemanas son desmanteladas y trasladadas a los campos de concentración. A partir de ese momento la matanza de pacientes psiquiátricos sigue más lentamente y con otros métodos.

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