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Eduardo Casanova

En esta segunda parte se analiza el uso del Carbono 14 y la correlación de los relatos evangélicos con el carbono 14 en el lienzo. El 16 de octubre de 1992 se analizó en una mesa redonda la abundantísima información recogida por diversos medios tecnológicos aplicados sobre la Sábana Santa. Lo tratado se publicó por la editorial Montre-Nous Ton Visage. El tema central en esta oportunidad había sido expuesto por Jean Baptiste Rinaudo, investigador en medicina nuclear de Montpellier: sostenía que el mecanismo por el que se imprimió la figura en la tela era el mismo fenómeno que había disminuido la proporción de carbono 14 del lino. Se fundaba para sostenerlo en la comprobación de que distintas radiaciones de energía también disminuían la proporción de átomos del carbono 14 en otros materiales biológicos examinados. También se apoyaba en los análisis radiocarbónicos del profesor Eberhard Lindner, físico de Karlsruhe (Alemania), quien en 1989 planteó que la figura de la Sábana Santa habría sido grabada por una corriente de electrones, partículas beta. Esta misma propuesta había sido luego fortalecida por los hallazgos experimentales de Dimitri A. Kouznetsov irradiando tejidos de lino de grosor semejante.

En la citada mesa redonda, llamó la atención la posición de Evin, un investigador que, pese a manifestar respeto por las pruebas, expresó sus dudas acerca de la fuente de energía en los siguientes términos: “Tenéis una máquina que os surte de la energía necesaria, el campo eléctrico focalizado que necesitáis, la muestra de lino, etc. … Tendréis que hacer grandes acrobacias para encontrar todo eso en una tumba oscura…”

Cabe preguntarse si no resulta artificioso buscar otra fuente de energía diferente a la del propio Cuerpo cuya figura quedó esculpida en el lino. Parece capcioso pretender ignorar lo evidente: no existía en el Sepulcro otra fuente que el propio Cuerpo que envolvía el lino. ¿Cuál otra podía ser la fuente que aumentó en un 15% el carbono 14, y al mismo tiempo esculpió su figura en la tela? ¿Cuál otra explicación, para que contra toda otra evidencia histórica y científica, se modifique la edad de la tela de 2.000 a 600 años?

Hablar de una “tumba oscura” contrasta con la luminosidad advertida en plena noche por los guardias que custodiaban el Sepulcro. Contrasta con los textos narrados por los Evangelios, que hoy nos recuerdan a una “onda expansiva” que removió la pesada losa que bloqueaba la tumba: “de pronto hubo un gran terremoto.”[1]

La noche del sábado al domingo de Pascua

El relato de San Mateo expresa el carácter súbito que sorprende y atemoriza a los guardias: aparece como una brusca liberación de energía que “hizo rodar la piedra del sepulcro,”[2] y afecta a los soldados, que “quedaron como muertos”. Los efectos mecánicos se traducen por una sensación de movimiento de la tierra, como un “terremoto”. No quedan dudas que tiene su origen en el interior del Sepulcro, porque la roca que lo cierra es despedida hacia fuera: el Sepulcro aún no estaba “vacío”.

La reacción de los soldados: a pesar de la evidencia, la fuerza que consiguió mover la pesada losa no es capaz de remover su corazón. Venden su con-ciencia, su conocimiento de lo presenciado, por el interés de las monedas que reciben: “los ancianos acordaron en consejo dar bastante dinero a los soldados, advirtiéndoles: Decid: Sus discípulos fueron de noche, y lo robaron mientras dormíamos.”[3]

Hoy podemos comprobar una actitud similar a la de aquellos soldados, no sólo ante lo que muestra la evidencia científica sobre la Sábana Santa, sino también para negar otro tipo de evidencias que se relacionan con la vida humana. La mentira relacionada con la negación de la Vida, la cultura de la muerte, es la misma que actualmente se cultiva.

También aplicada a la Síndone la evidencia no cambia. Es la que hoy reproduce un acelerador de partículas cuando marca la tela de lino por deshidratación y oxidación de las fibrillas vegetales. Es la misma energía que modifica de modo similar el carbono 14 del lino .

La mañana del domingo de Pascua

Tras el anuncio de las santas mujeres, Pedro y Juan son los primeros discípulos que llegan al Sepulcro, que ahora encuentran vacío. Llegan corriendo, como dice Juan, sosteniendo de sí mismo que, por ser el más joven, llegó antes que Pedro. No entró, aguardando a que lo hiciese primero Pedro, a quien reconoce ese derecho. Sin embargo, aún desde la puerta del Sepulcro se sorprende porque “sólo vio los lienzos.”[4] Lo comprobado, también a Pedro le hace volver “a casa maravillado de lo acaecido”.

En el relato evangélico llama la atención el modo en como se insiste en los detalles respecto a la disposición de las mortajas. Dice primero Juan que “vio los lienzos plegados, pero no entró”. Agrega después que “vio los lienzos plegados, y el sudario que había sido puesto en su cabeza, no plegado junto con los lienzos, sino aparte, todavía enrollado en su sitio. Entonces entró también el discípulo que había llegado antes al sepulcro, vio y creyó.”[5]

No debería pasarnos desapercibida esta afirmación: “vio y creyó”. Pedro y Juan eran de los discípulos más próximos a Jesús. Pedro ya se había arrepentido, llorando amargamente por su negación; y Juan nunca se había separado de Jesús y de María: había estado hasta el final al pie de la Cruz. ¿Qué significa que sólo ahora, al ver la Sábana y el Sudario en el Sepulcro Vacío, se asombren, vean y crean? Juan lo explica: “los discípulos no habían comprendido todavía que según las Escrituras debía resucitar entre los muertos.”[6]

San Pablo sostiene que nuestra fe sería vana si Cristo no hubiese resucitado. Por ello, la alegría y admiración surgen juntas al confirmarse la fe de los discípulos ante la Sábana Santa. Quizá aquí se encuentre el empeño persistente en toda la historia por negar, robar y destruir la Síndone; la explicación de que hasta en nuestros días se niegue toda evidencia.

La Primera Iglesia, los discípulos que habían sido dispersados, vuelven a reunirse en torno a María y a los lienzos encontrados en el Sepulcro Vacío. Nunca un vacío, una falta, una carencia, pudo verse colmada de una Presencia semejante. Es la misma Presencia que hizo temblar la mano de Secondo Pía, al comprobar el resultado de aquella primera foto tomada en 1898 a la Sábana Santa.

Significado histórico en el contexto actual

Luego de siglos de haberse ignorado la Síndone, para considerarla como objeto de arte sacro o, en el mejor de los casos, una reliquia más, la fotografía de Secondo Pía provoca en los cristianos contemporáneos un efecto similar al de hace 2.000 años.

Parece providencial que, después de que la tecnología nos hubiese permitido conocer la impresionante multitud de detalles presentes en la Sábana Santa, el carbono 14, utilizado para negarlo todo, haya resultado a la postre el medio que mejor traduce físicamente, en el plano fenomenológico, la misma Resurrección de Jesús. El carbono 14 en la Sábana Santa nos permite entender que la Resurrección de Jesús, no sólo fue un suceso histórico, sino que además dejó improntas físicas en el tiempo, en la materia, en la historia.

Sin duda que la interrupción de los estudios dejó aspectos cuya interpretación física aún no se ha aclarado, a diferencia de lo que ocurrió con el carbono 14. Sigue siendo un desafío, por ejemplo, interpretar el hecho de que la imagen grabada en el lienzo no cuente con la acción asociada de la gravedad. Si la “quemadura” que observamos sobre el lino la comparamos con la que hace un hierro caliente (la “marca”) sobre el ganado, al calor siempre se suma la mayor o menor presión ejercida al aplicarla. En cambio, en la Síndone no aparece la presión que efectuaría el propio Cuerpo en sus puntos de apoyo, dando mayor profundidad a la quemadura sobre el lino. Sin embargo, no se advierte este efecto de gravedad: la profundidad de la quemadura está dada sólo por la mayor o menor proximidad de la superficie corporal a la tela sobre la que se proyecta tridimensionalmente.

Analizaremos en una próxima nota los distintos avatares acaecidos en la historia de la Sábana Santa. En ella se advierten, no sólo los documentos que resultan elocuentes para confirmar su historicidad, su datación y autenticidad, sino también para ilustrar acerca de lo que puede verse como un signo de los tiempos, quizá el más elocuente de todos.

De este modo, analizando las distintas etapas históricas de la Sábana Santa, llegaremos a la paradoja a la que dio lugar en nuestros días, cuando la mala utilización de la tecnología hizo posible desconocer la enorme riqueza de signos físicos presentes en la Síndone.

No parece casual, sino providencial, la similitud que existe entre los procedimientos actuales, al usar como excusa el carbono 14, con el procedimiento usado hace 2.000 años por “los ancianos”, de los que habla el Evangelio, cuando pretendieron ocultar la Resurrección.

29 de agosto de 2010.


[1] Mateo 28,2.

[2] Mateo 28,2.

[3] Mateo 28,12-13.

[4] Lucas 24,13.

[5] Juan 20,5-8.

[6] Juan 20, 9.

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