milagros-3

Biblia de Jerusalén

¡No a nosotros, Yahveh, no a nosotros,
sino a tu nombre da la gloria,
por tu amor, por tu verdad!
¿Por qué han de decir las gentes: “¿Dónde está su Dios?”
Nuestro Dios está en los cielos,
todo cuanto le place lo realiza.
Plata y oro son sus ídolos,
obra de mano de hombre.
Tienen boca y no hablan,
tienen ojos y no ven,
tienen oídos y no oyen,
tienen nariz y no huelen.
Tienen manos y no palpan,
tienen pies y no caminan,
ni un solo susurro en su garganta.
Como ellos serán los que los hacen,
cuantos en ellos ponen su confianza.
Casa de Israel, confía en Yahveh,
Él, su auxilio y su escudo;
casa de Aarón, confía en Yahveh,
Él, su auxilio y su escudo;
los que teméis a Yahveh, confiad en Yahveh,
Él, su auxilio y su escudo.
Yahveh se acuerda de nosotros, Él bendecirá,
bendecirá a la casa de Israel,
bendecirá a la casa de Aarón,
bendecirá a los que temen a Yahveh,
a pequeños y grandes.
¡Yahveh os acreciente
a vosotros y a vuestros hijos!
¡Benditos vosotros de Yahveh,
que ha hecho los cielos y la tierra!
Los cielos, son los cielos de Yahveh,
la tierra, se la ha dado a los hijos de Adán.
No alaban los muertos a Yahveh,
ni ninguno de los que bajan al Silencio;
mas nosotros, los vivos, a Yahveh bendecimos,
desde ahora y por siempre.