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Eduardo Casanova

La Sábana Santa como signo de los tiempos

Signo es la expresión material, física, que puede ser comprendida por el intelecto como un concepto, es decir, con un “significado”. Los signos pueden ser figuras, palabras o señas, más o menos complejas, captadas por nuestros sentidos –vista, oído e incluso tacto, para el lenguaje Braille– expresando “mensajes” que aumentan nuestro conocimiento.

La Sábana Santa es una figura humana, de un hombre que luego de flagelado y sometido a distintos agravios, fue muerto por crucifixión. Pero el conjunto de los signos del lienzo traduce mucho más de lo que en una primera aproximación captan nuestros sentidos. La tecnología científica actual distingue además la sangre de las heridas, como distinta del coágulo cadavérico del costado, que documenta la muerte. El propio C14 comprueba la existencia de una radiación emitida por el Cuerpo luego de muerto.

Los signos recogidos por la ciencia no sólo confirman la autenticidad histórica de la Síndone, sino que documentan de un modo nuevo los relatos evangélicos.

Si bien todo signo es una expresión física y temporal, los signos impresos en la Sábana Santa parecen trascender la materialidad de lo corpóreo, como una huella de la Eternidad en el tiempo. Todo ello nos interpela acerca del “significado” de esos signos, y nos plantea su relación con lo que el Evangelio llama “los signos de los tiempos”, pues al trascender el tiempo, aparecen como Presencia de Dios Eterno en el tiempo.

Los signos estudiados por los paleontólogos tienen un carácter histórico especial. Por ejemplo, los trazos inteligentes descubiertos en las Cuevas de Altamira revelan la presencia humana en tiempos remotos. Lo mismo ocurre con los granos de polen en la Síndone, que documentan su ubicación en Jerusalén en el siglo I. Pero en la Síndone estos signos contienen un valor no sólo paleontológico-histórico, sino que parecen proyectar nuestro presente al futuro, y a la eternidad, que no cuenta con pasado ni futuro. Con más de 2000 años, las huellas sindónicas escapan a la historia porque pertenecen al Creador del tiempo.

Lo que el Evangelio llama “signo de los tiempos” se refiere al significado global de los sucesos de determinado período histórico: sabemos que se aproxima la primavera al advertir brotes en las plantas. Por ello cabe que nos preguntemos hoy sobre el significado de la Síndone, ya que hasta el presente no contábamos con toda la información y el conocimiento con que hoy el Lienzo nos enriquece. Hasta ahora no podíamos apreciar esa riqueza, como no podíamos apreciar durante el invierno la vitalidad de la planta que se hace aparente en la primavera.

La Síndone como signo de los tiempos por excelencia

El planteo anterior se corresponde con la realidad de que la Síndone contiene aquellos signos que traducen “la plenitud de los tiempos”, los de la Vida de Dios hecho Hombre, con Su Pasión, Muerte y Resurrección. Desde ese momento histórico tomarán significado todos los demás períodos de la historia, reconocidos como anteriores o posteriores a Cristo.

No obstante lo dicho, el análisis de la Síndone permite descubrir un significado especial para cada época histórica. Se comportará siempre como signo de los tiempos para esa época, y por ello obrará como signo de los tiempos por excelencia.

La ciencia semiológica permite a los médicos interpretar los síntomas relatados por una persona. De igual modo la semiótica analiza las expresiones que permiten entender lo que manifiesta un intelecto racional. En todos los casos, los signos se interpretan vinculados a su origen, relacionado con una inteligencia personal, racional. Lo mismo ocurre con la Sábana Santa, con la diferencia de que, igual que para las Sagradas Escrituras, no se origina en una inteligencia creada, sino en la del Creador.

La Revelación implícita (la del universo) y la Revelación explícita (la de la Palabra) se encuentran ambas contenidas en la Sábana Santa, y puede accederse a ellas a través del conocimiento científico racional. Los datos examinados por la tecnología científica permiten establecer su correspondencia con los datos históricos, tanto respecto al Antiguo como al Nuevo Testamento: lo antes profetizado, que es recogido por el Evangelio, es documentado por la Sábana Santa, lo que justifica se le denomine el Quinto Evangelio.

Esta peculiaridad de la Síndone permite entender que Juan Pablo II le haya honrado con honores similares a los reservados para la Eucaristía.

Algunos autores cristianos se refirieron a la Síndone como a un “icono”. Sin embargo, su valor ontológico es mucho mayor que el de un “símbolo” (etimología griega del término “icono”), sobre todo cuando la tradición cristiana aplica este término a una “pintura, imagen u objeto consagrado”. La Síndone no es una imagen pintada, ni consagrada por creatura alguna, sino por el mismo Creador.

Si una cruz es “símbolo” de salvación, y la figura o reliquia de un santo es signo de vida a imitar, la Síndone es mucho más que eso: no sólo “representa” la Pasión, Muerte y Resurrección, sino que la “materializa” en el tiempo, así como la Eucaristía materializa la Presencia Real en las especies consagradas.

Los signos de los tiempos en la historia de la Síndone

La Vida Oculta de Jesús se traduce en la historia de la Síndone en el largo período en que permaneció en la muralla occidental de Edessa. Es en cierto modo también un signo similar al que precedió al de la Buena Nueva, cuando las profecías no descubrían la totalidad de lo anunciado. Sin embargo, para la Síndone, podríamos considerar que el período de ocultamiento duró bastante más que el que pasó luego en Constantinopla y en Francia: antes de 1898, cuando se tomó su primera fotografía, sólo se la consideraba como un objeto sagrado. Más aún, esa fotografía estaba destinada a una exposición de arte sacro. Pero la experiencia de Secondo Pía, luego de revelar la “fotografía”, hizo evidente que no se trataba de un mero icono más.

Durante el siglo XX la creciente tecnología reveló, a partir de los hallazgos iniciales, nuevos signos, y fue enriqueciendo nuestro conocimiento.

Antes y después de Edessa, la Síndone fue signo de contradicción, de violencia, como lo había sido la vida de Jesús enfrentado al “establishment” de su tiempo, violencia que a la postre lo llevó a la Cruz. También la Síndone fue perseguida y maltratada, desde Edessa, donde los primeros cristianos encontraron el martirio. Luego se intentó incendiarla en varias oportunidades, y aún hoy mantiene los estigmas del fuego que la agravió durante su permanencia en la Catedral de Chambery.

¿Qué ocurre con la Síndone durante el siglo XX? En nuestros días el lienzo de Turín parece materializar la interpelación más concreta a quienes aún no creen, para que crean y se conviertan, de modo similar a Juan evangelista en el siglo I, cuando ante el Sepulcro Vacío, y ante la Sábana Santa, expresa textualmente que “vio y creyó.”[1]

El estrecho vínculo de la Síndone con la Resurrección es puesto hoy en evidencia por el C14, cuando nuestra fe parece afrontar el desafío descrito por San Pablo, quien sostiene que si Cristo no hubiese resucitado, sería vana nuestra fe. Ante las circunstancias actuales, la Sábana Santa parece llamarnos la atención al respecto, mostrándonos en el lino que no sólo podemos certificar la Muerte de Jesús, sino también su Resurrección. Los 500 testigos de los que habla San Pablo no vieron a Jesús vivo, una vez recuperado, luego de haber sido bajado moribundo de la Cruz. La mortaja contiene, en el coágulo cadavérico, el documento que certifica su Muerte. El lienzo contiene también las huellas de su Resurrección, en la radiación que alteró los átomos del lino, para aumentar la proporción de C14. Contiene los signos para que hoy, como antes Juan, “viendo creamos”.

La física cuántica enseña que el tiempo se identifica con la materia del universo, pero la realidad no se agota en el tiempo, ni en lo material. Ello aparece también expresado en la Síndone, como huella de la Realidad suprema e inmaterial en la materialidad del lino.

La Síndone como signo peculiar de los tiempos actuales

El enfrentamiento que hoy comprobamos entre ciencia e ideología es uno de los signos más elocuentes de contradicción, también proyectado en la Síndone. Aunque por más de dos siglos se consideraron fe y razón como incompatibles, y a la ciencia como contraria a la religión, hoy se evidencia una total coherencia. Sin embargo, cuando la ciencia documenta los relatos evangélicos, se desconoce a la ciencia, y se opta por la ideología.

La ideología del siglo XXI encarna una síntesis globalizada de los peores elementos de las ideologías del siglo pasado. Lo que se reconoce como “ideología de género” aparece como una filosofía consistente en “torcer” la realidad, proponiendo que la realidad ha de ser “construida” o “inventada”, no “descubierta”. De este modo, los “descubrimientos realizados” en el lienzo de Turín pierden todo “significado”: la ideología se ha empecinado en desconocerlos y negarlos. Como en tiempos de Jesús, la hipocresía actual llega también a niveles críticos, porque como antes se ponía por excusa la ley para desconocer la ley, hoy se pone a la ciencia como excusa para desconocer la ciencia: sobre el dato aislado del C14 se llegó a sostener que el negativo fotográfico presente en la Síndone tiene su origen cinco siglos antes de que se conociese la fotografía. Ello supone algo tan ridículo como afirmar que la Estatua de la Libertad ya estaba en la bahía de New York en el siglo XIII.

Se niega el valor de la evidencia, evidencia física, evidencia biológica, evidencia jurídica y evidencia moral. Las consecuencias de estas negaciones resultan nefastas para los seres humanos, a quienes se niega su carácter esencial de persona, atendiendo al grado de desarrollo biológico, intelectual o económico, y a su grado de salud. Una ministra española llegó a sostener que podía considerarse al embrión humano como “un ser vivo”, pero no “un ser humano”.

En esta ideología puede concebirse que alguien pueda ser padre de “un ser vivo” sin ser varón, y ser madre sin ser mujer, independientemente de su identidad genética.

Ante esta realidad, que puede ser “construida” o “inventada” por consenso, antes que “descubierta”, la Sábana Santa aparece como el signo por antonomasia de la Realidad que no puede ni debe contradecirse. Quienes se encarnizan contra la realidad de Dios, procurando mantenerLo aislado del mundo, tras las puertas del templo, son los mismos que consideran “flechados” o “conservadores” a quienes pretendemos hablar y actuar en relación al bien y a la verdad. Son los mismos que consideran que no deben ajustar su discurso a su comportamiento, como si la conducta ética estuviese divorciada del conocimiento de la moral.

La ideología que contradice a la Vida en su máxima expresión, es la que se identifica con lo que Juan Pablo II llamó “cultura de la muerte”. Es la misma que preconiza el asesinato de los seres humanos más inocentes e indefensos en el vientre materno. Es la que procura que las madres maten a sus hijos, contribuyendo así a la corrupción de la familia y de la sociedad. Son estos “ideólogos” quienes quieren “inventar” o “construir” “nuevos modelos de familia”, sin paternidad, sin filiación y sin fraternidad. Son los responsables de promover una sociedad violenta, corrupta y deshumanizada, dominada por los más fuertes.

La contradicción no radica sólo en desconocer la evidencia, sino en mentir: en pronunciar un discurso y optar por un comportamiento contrario. Así como se pretende negar la autenticidad de la Síndone invocando la ciencia, se invoca también el término “católico” para descristianizar instituciones, sobre todo educativas y de salud, que nacieron y crecieron inspiradas por y en el Magisterio de la Iglesia.

Si nos preguntamos cuál es el significado de la Síndone para estos tiempos, acaso podamos encontrarlo al señalar que estamos llegando al punto crítico de disociación del discurso y el comportamiento. Llegados a este punto, quizá podamos hoy interpretar mejor aquella oscura frase del Evangelio, acerca de hacia dónde mirar al fin de los tiempos: “dondequiera que esté el cuerpo, allí se reunirán las águilas.[2] Después de todo, la imagen que hasta 1898 sólo mostraba la figura borrosa y confusa de un “Cuerpo”, hoy podemos apreciarla con total nitidez: se trata del Cuerpo con el que finaliza el tiempo caduco de la vida humana, con el que finaliza la absurda la cultura de la muerte, y se abre la Vida Nueva. “Las águilas” son las que alcanzan la altura y perspectiva necesarias para poder “ver” e interpretar esos signos de los tiempos.

Dado el 22 de noviembre de 2010.


[1] Juan 20,8.

[2] Lucas, 17,37.

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