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Sandro Magister

Ayer por la tarde se presentó en la Oficina de Prensa de la Santa Sede el segundo volumen de Benedicto XVI sobre Jesús de Nazaret. “Desde la entrada en Jerusalén hasta la Resurrección”. Participaron en la rueda de prensa el cardenal Marc Ouellet, prefecto de la Congregación para los Obispos, y Claudio Magris, escritor y germanista.

El cardenal Ouellet explicó que “además del interés por un libro sobre Jesús, el libro del Papa se presenta con humildad al foro de los exégetas, para confrontarse con ellos sobre los métodos y resultados de sus investigaciones. […] En este libro no puedo sino entrever al alba de una nueva era de la exégesis, una era prometedora de exégesis teológica”.

“El Papa dialoga en primer lugar con la exégesis alemana, pero no ignora autores importantes que pertenecen a las áreas lingüísticas francófonas, anglófonas y latina”. El objetivo del Santo Padre, dijo, es “encontrar al Jesús real”, no al “Jesús histórico” propio de la corriente dominante de la exégesis crítica, sino al “Jesús de los Evangelios”.

El cardenal Ouellet señaló que “si bien el autor se opone a ofrecer una enseñanza oficial de la Iglesia, es fácil imaginar que su autoridad científica y la reanudación de ciertas cuestiones de debate serán una gran ayuda para confirmar la fe de muchos. También servirán para hacer avanzar los debates encallados a causa de los prejuicios racionalistas y positivistas que han hecho mella en el prestigio de la exégesis moderna y contemporánea”.

Pasando a continuación a comentar el contenido del libro, el purpurado destacó en primer lugar “la cuestión del fundamento histórico del cristianismo, de la que se ocupó Joseph Ratzinger desde los años de su formación y de su primera enseñanza, como se desprende de su libro “Introducción al cristianismo”, publicado hace más de cuarenta años”.

“Un segundo problema –continuó– concierne al mesianismo de Jesús. Algunos exégetas modernos han hecho de Jesús un revolucionario, un maestro de moral, un profeta escatológico, un rabino idealista, un loco de Dios, un mesías en cierta manera surgido como imagen de su intérprete influenciado por las ideologías dominantes”.

El prefecto de la Congregación para los Obispos puso de relieve que “el Papa expone con fuerza y claridad las dimensiones real y sacerdotal de este mesianismo, cuyo sentido es instaurar el nuevo culto, la adoración en Espíritu y en Verdad, que implica toda la existencia, personal y comunitaria, como ofrenda de amor para la glorificación de Dios en la carne”.

“Un tercer problema es el de la redención y el lugar que deba ocupar en la expiación de los pecados. El Papa afronta las objeciones modernas a esta doctrina tradicional […] y muestra cómo la misericordia y la justicia van de la mano en el marco de la Alianza establecida por Dios”.

Un cuarto problema “atañe al sacerdocio de Cristo. Según las categorías eclesiales de hoy, Jesús era un laico investido de una vocación profética. No pertenecía a la aristocracia del sacerdocio del Templo. […] Este hecho ha inducido a muchos intérpretes a considerar la figura de Jesús como completamente extraña y sin ninguna relación con el sacerdocio. […]. El Papa responde ampliamente a las objeciones históricas y críticas demostrando la coherencia histórica del nuevo sacerdocio de Jesús con el culto nuevo que vino a establecer en la tierra en obediencia al Padre”.

“Un último problema es el de la resurrección, su dimensión histórica y escatológica, su relación con la corporeidad y la Iglesia. El Papa niega las elucubraciones exegéticas que declaran compatible el anuncio de la resurrección de Cristo y la permanencia de su cadáver en el sepulcro. Excluye estas teorías absurdas señalando que la tumba vacía, aunque no es una prueba de la resurrección, de la que ninguno fue testigo directo, es un signo […] en la historia de un evento trascendente. […] La experiencia de las apariciones revela que en esta nueva dimensión del ser […] Jesús vive en plenitud, en una nueva relación con la realidad corpórea, pero es libre de las restricciones corporales tal y como las conocemos. […] La importancia histórica de la resurrección se manifiesta en el testimonio de las primeras comunidades, que dieron origen a la tradición del domingo como señal distintiva de pertenencia al Señor”.

El cardenal concluyó subrayando que era evidente cómo a través de esta obra “el sucesor de Pedro se dedica a su ministerio específico, que es el de confirmar a sus hermanos en la fe. […] Por una parte, el libro llevará a cabo una mediación entre la exégesis contemporánea y la exégesis patrística y por otra, en el diálogo necesario entre exegetas, teólogos y pastores”.

“Veo en esta obra –finalizó– una gran invitación al diálogo sobre lo esencial del cristianismo, en un mundo que busca puntos de referencia, en el que las diferentes tradiciones religiosas encuentran dificultades a la hora de transmitir a las generaciones futuras el legado de la sabiduría religiosa de la humanidad.”