caritas

Andrés Beltramo

Es la asociación de ayuda humanitaria más grande del mundo, incluso más que la Cruz Roja. Se llama Caritas Internationalis y es controlada por el Pontificio Consejo Cor Unum. Pero, en el pasado, su acción no ha sido exactamente “católica” y por ello el Vaticano emprendió la reforma de sus estatutos internos, en un proceso que deberá corregir errores doctrinales y prácticos. Pero el cambio afronta ya una inicial tormenta: la salida de escena de la secretaria general, Lesley Anne Knight, en medio de malhumores internos.

En una carta enviada hace unos días a los representantes de las 165 organizaciones que forman parte de la confederación de Caritas, el secretario de Estado de la Sede Apostólica, Tarcisio Bertone, informó la decisión de no permitir a Knight ser reelegida en el puesto. En ese documento quedó en claro que Caritas debe fortalecer su identidad católica y mejorar sus relaciones de trabajo con el Vaticano, proyecto en el cual la todavía secretaria no encaja.

Más claro quedó el mensaje en un comunicado oficial de la organización: “la Santa Sede quiere que haya un cambio en el modo en que trabaja con Caritas, y este cambio requiere que haya otra persona ocupando el puesto de secretario general”. Por eso la misma Secretaría de Estado decidió no dar su visto bueno a Knight para ser reelegible en el puesto, cosa que ella misma (y algunos de sus compañeros) daban por descontado.

La determinación no fue bien recibida ni por la secretaria saliente ni por el comité directivo de Caritas, cuyos miembros expresaron su “profundo desacuerdo”. Almas sacras que conocen del tema aseguran que las autoridades vaticanas no han sabido explicar bien y claramente sus razones, provocando mayor violencia interior en la afectada, quien creó un pequeño caso mediático con algunas filtraciones a la prensa del asunto.

[…] Entre los errores que se imputan a Caritas destaca la búsqueda de la eficacia a toda costa, en detrimento del mensaje cristiano intrínseco de su labor. En un afán por competir con las grandes agencias humanitarias, perdió su principio y fundamento: colocar en el centro al ser humano como reflejo de Cristo. Esto derivó en decisiones discutibles como la de aliarse en algunos países, por ejemplo de África, con grupos que promueven abiertamente el aborto como método de control natal. Recuerdo haberme topado hace unos años con manuales sobre educación sexual editados por esa institución. Su calidad era pésima y sus contenidos deplorables prácticamente contrarios a la doctrina católica. Numerosas quejas llegaron a Roma por dichos textos, una razón más para impulsar la reforma.

Para el cardenal Sarah y otros en la Curia Romana, Leslie Anne Knight “no es mala”, es más aseguran estarle agradecidos por sus años de servicio. Simplemente su perfil no cuadra con una Caritas que dependa más del Vaticano y actúe menos por libre. Porque al final de cuentas se trata de plasmar en su nuevo ADN el llamado de Benedicto XVI en su encíclica Deus Caritas Est:

“Cuantos trabajan en las instituciones caritativas de la Iglesia deben distinguirse por no limitarse a realizar con destreza lo más conveniente en cada momento, sino por su dedicación al otro con una atención que sale del corazón, para que el otro experimente su riqueza de humanidad. Por eso, dichos agentes, además de la preparación profesional, necesitan también y sobre todo una formación del corazón: se les ha de guiar hacia ese encuentro con Dios en Cristo, que suscite en ellos el amor y abra su espíritu al otro, de modo que, para ellos, el amor al prójimo ya no sea un mandamiento por así decir impuesto desde fuera, sino una consecuencia que se desprende de su fe, la cual actúa por la caridad”.

Sitio de la Santa Sede.