benedicto-xv

Néstor Martínez Valls

En el número 250 de “Entre Todos” se publicó un artículo titulado “El aborto: ¿un tema religioso?” De él extractamos el siguiente párrafo:

“Por eso la mujer tiene pleno derecho a decidir sobre su cuerpo: el tema es cómo. La solución es sencilla y lógica, tanto antes como durante una relación sexual. Quien vive la fe católica sabe lo que la Iglesia pide a sus fieles. Quien no es católico o no vive plenamente su fe, tendrá opciones que permitirán evitar la concepción, sin llegar a un embarazo no deseado.”

En primer lugar, según la doctrina católica, que en este punto no es exclusiva de los católicos, sino que declara simplemente lo que constituye la ley natural, válida para todo ser humano, no tenemos derecho absoluto sobre nuestro propio cuerpo. Es moralmente ilícito el suicidio y toda clase de mutilación que no se base en graves razones médicas o de solidaridad con otras personas.

Dice el Catecismo de la Iglesia Católica:

2280 Cada uno es responsable de su vida delante de Dios que se la ha dado. Él sigue siendo su soberano Dueño. Nosotros estamos obligados a recibirla con gratitud y preservarla para su honor y la salvación de nuestras almas. Somos administradores y no propietarios de la vida que Dios nos ha confiado. No disponemos de ella.

2281 El suicidio contradice la inclinación natural del ser humano a conservar y perpetuar su vida. Es gravemente contrario al justo amor de sí mismo. Ofende también al amor del prójimo porque rompe injustamente los lazos de solidaridad con las sociedades familiar, nacional y humana con las cuales estamos obligados. El suicidio es contrario al amor del Dios vivo.

2297 […] Exceptuados los casos de prescripciones médicas de orden estrictamente terapéutico, las amputaciones, mutilaciones o esterilizaciones directamente voluntarias de personas inocentes son contrarias a la ley moral.”[1]

En el propio artículo parece reconocerse esto, cuando dice que:

“Porque algo está en el cuerpo, no puede ser considerado “propiedad”. Si quiero vender uno de mis riñones u otro órgano, la ley no me lo permite. No puedo decidir libremente sobre mi cuerpo. La ley me pone límites”.

Pero, por un lado, no es fundamentalmente la ley positiva, sino la ley moral, la que me impide disponer indiscriminadamente de mi propio cuerpo.

Y, por otro lado, en el mismo artículo se habla de:

“… el derecho de la mujer a decidir sobre su propio cuerpo. Planteado así, ¿quién podría cuestionarlo? Es un derecho básico, indiscutible, irrebatible. Y obviamente lo apoyo plenamente.”

Luego pasa a decir que el embrión no es parte del cuerpo de la madre.

Con lo cual se ve que no es fácil compaginar esas dos afirmaciones que aparecen en el mismo artículo.

Pero además, el texto citado en primer lugar deja la impresión de que hay “dos morales” distintas, una para católicos, otra para no católicos. Los primeros deberían utilizar solamente los métodos naturales de regulación de la natalidad; los segundos podrían libremente acudir a los anticonceptivos.

No vemos que eso sea compatible con la doctrina católica. La Iglesia basa sus enseñanzas en la ley moral natural, y ésta es una y la misma para todos los hombres, pues tiene su fundamento en la naturaleza humana que es una y la misma, por definición, para todo ser humano.

2370 La continencia periódica, los métodos de regulación de nacimientos fundados en la autoobservación y el recurso a los períodos infecundos[2] son conformes a los criterios objetivos de la moralidad. Estos métodos respetan el cuerpo de los esposos, fomentan el afecto entre ellos y favorecen la educación de una libertad auténtica. Por el contrario, es intrínsecamente mala “toda acción que, o en previsión del acto conyugal, o en su realización, o en el desarrollo de sus consecuencias naturales, se proponga como fin o como medio, hacer imposible la procreación.”[3]

“Al lenguaje natural que expresa la recíproca donación total de los esposos, el anticoncepcionismo impone un lenguaje objetivamente contradictorio, es decir, el de no darse al otro totalmente: se produce no sólo el rechazo positivo de la apertura a la vida, sino también una falsificación de la verdad interior del amor conyugal, llamado a entregarse en plenitud personal.” Esta diferencia antropológica y moral entre la anticoncepción y el recurso a los ritmos periódicos ‘implica… dos concepciones de la persona y de la sexualidad humana irreconciliables entre sí.’”[4]

Si se habla de una acción “intrínsecamente mala”, es claro entonces que su maldad moral no depende de si son católicos o no los esposos que incurren en esa práctica.

Entendemos que, teniendo a mano un instrumento tan maravilloso como es el Catecismo de la Iglesia Católica, deberíamos acudir a él más a menudo, para estar seguros de que realmente proporcionamos orientación y no confusión a nuestros hermanos en la fe.


[1] Ver DS 3722. || DS, abreviatura. El Enchiridion Symbolorum, cuyo título completo es Enchiridion symbolorum, definitionum et declarationum de rebus fidei et morum, es una recopilación católica del magisterio de la Iglesia, elaborada y publicada inicialmente por el jesuita Heinrich Joseph Dominicus Denzinger en 1854. Es la principal referencia teológica en lo que se refiere al Magisterio eclesiástico, donde están recopiladas las verdades dogmáticas. La primera edición del Denzinger —abreviado con la letra D— (Würzburg, 1854) era un manual que contenía una colección de 128 documentos dogmáticos, que incluía los decretos principales y definiciones de concilios, lista de proposiciones condenadas, etc. Se inicia con las formas más antiguas del Credo de los Apóstoles. La sexta edición, el última que ocupó a Denzinger, incluyó 202 documentos. Después de la muerte de Denzinger el 19 junio de 1883, otros autores acometieron la tarea de actualizar la obra, que ha sido revisada y reeditada más de treinta veces. En 1963, tras requisitos adicionales por las editoriales con la 32ª edición, el padre jesuíta Adolf Schönmetzer realizó una nueva edición del Enquiridio de los Símbolos. Amplió el número y el orden de los documentos. La última edición (38ª) incorpora los documentos del Concilio Vaticano II y otros, incluidas las encíclicas papales, hasta 1995. El contenido de la obra se organiza cronológicamente, relacionado con los reinados de los sucesivos papas. El último en acometer tal tarea es Peter Hünermann (Denziger-Hünermann), cuyo trabajo ha levantado cierta polémica por la laxitud de sus opiniones como teólogo1 y su crítica por la decisión de Benedicto XVI con la FSSPX.2 El Enchiridion Symbolorum suele citarse con la abreviatura Denz.3 o, para la edición de 1963, DS (de Denzinger-Schönmetzer, por A. Schönmetzer, su editor). Wikipedia. NOTA DEL EDITOR.

[2] Humanae Vitae, 16.

[3] Humanae Vitae, 14.

[4] Familiaris Consortio, 32. || Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2370.