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Miguel Antonio Barriola

Lo antiguo rejuvenecido

Por más que Pablo haya considerado su vida anterior como “basura” una vez que se encontró personalmente con Cristo Jesús,[1] esto no lo obligó a deshacerse de las Sagradas Escrituras de su pueblo. Ellas obtienen un lugar central en el Evangelio de Pablo, en gran forma superior al uso de los mismos “logia” de Jesús, en un período de tiempo que todavía no veía la redacción de los Evangelios, ni la del Nuevo Testamento, distinto del Antiguo Testamento. En efecto, es imposible comprender todas las “insondables riquezas del Hijo de Dios,”[2] prescindiendo de la Biblia hebraica, que lo preparaba y a la cual ha dado Cristo la más completa culminación.

Como prueba de tal principio baste aludir a la “inclusión” que abre y cierra Romanos: “El Evangelio de Dios, que Él había prometido [pro-engéilato] mediante sus profetas en las Sagradas Escrituras, en relación a su Hijo.”[3] “El mensaje de Jesucristo… anunciado mediante las Escrituras proféticas”[4]

Dinámica interpretativa

El hecho determina también el itinerario paulino en la consideración de la Biblia. Su fe plena no se formó partiendo del Antiguo Testamento, sino más bien desde la experiencia de Cristo. Sólo secundariamente se dirige al Antiguo Testamento, para encontrar allí confirmación. “En el camino de Damasco se lleva a cabo también una verdadera y propia conversión hermenéutica, que produjo en Pablo un auténtico vuelco en su comprensión de las antiguas Escrituras”.[5] Pablo no solamente comparte con los rabinos las antiguas promesas que miraban hacia el Mesías (Cristo), sino, antes que nada las ve verificadas en Cristo-Jesús.

Un pueblo amplificado

En íntima unidad con el concreto Mesías, Jesús, encuentra asimismo Pablo a la Iglesia de las naciones, dado que las promesas a Abraham no fueron monopolio de su descendencia israelita,[6] por más que poco a poco se habían ido restringiendo nacionalísticamente.[7] El apóstol recurre sobre todo a los textos proféticos de Isaías, que prometían la salvación de Dios “para toda carne.”[8] Se lo puede constatar especialmente en 1Corintios 5,17-6,2. Nos encontramos ya en el “tiempo de salvación” anunciado por Isaías 49,8, cuando el Siervo del Señor no sólo restablecerá las tribus de Jacob, sino que extenderá también la salvación hasta los confines de la tierra.[9] La reconciliación del mundo con Dios en una nueva creación[10] es llevada adelante por medio del ministerio del Apóstol, que llama a la Iglesia a llegar a ser “justificación de Dios”. Pablo, por ende, como todos los autores del Nuevo Testamento, comparte la convicción, común también para el judaísmo, que ve a la Escritura como portadora de significado para hoy, trascendiendo igualmente el acontecimiento originario, pero encontrando su sentido definitivo, ahora y por los siglos futuros, en Cristo.[11]

Superación de lo imperfecto

A la luz de este cumplimiento, discierne Pablo igualmente que no todo el Antiguo Testamento desemboca en Cristo Jesús y su nuevo pueblo. Como ya se ha insinuado, la promesa universal hecha a la fe de Abraham tiene para el Apóstol el valor de protoevangelio, al cual ha de someterse el resto.[12] Esto le permite reducir el papel de la Ley, porque “Cristo es el télos de la ley.”[13] Por eso algunas veces Pablo usa positivamente a “la ley”, para introducir una cita bíblica,[14] por más que se trate de un pasaje profético[15] y hasta proponiendo a los destinatarios el cumplimiento de la ley como posible desde ahora:[16] “para que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros.”[17]

Pero fuera de estos usos aceptables, Pablo desarrolla toda una polémica contra la ley. Es notorio que él, un discípulo de los rabinos, jamás funda la moral cristiana sobre alguna ordenanza legal del Antiguo Testamento,[18] exceptuando Levítico 19,18,[19] donde no tenemos solamente una inédita reducción de la ley a un solo precepto, cuanto más bien su colocación bajo el nuevo principio normativo del amor desplegado por Jesucristo[20] y practicado por el cristiano en el signo del Espíritu.[21] Así se asiste al abandono de muchas prescripciones judaicas: la circuncisión,[22] reglas cultuales,[23] rituales y culinarias.[24] En otras palabras, la ley, en este sentido, ha sido sólo transitoria, una especie de “baby-sitter”[25] hasta la llegada de la fe, que ha abrogado la ley, en su aspecto meramente preceptivo.[26]

Así, el Antiguo Testamento no es sólo Sagrada Escritura en cuanto ley, porque, aun cuando fue dada para la “justicia”, Israel no la ha alcanzado, basándose sobre las obras y no sobre la fe.[27] Por eso, enseguida[28] Pablo sustituye abiertamente la ley, prescrita por Deuteronomio 30,11ss, con la persona de Cristo y el anuncio de Deuteronomio 30,8, que interioriza la “nueva alianza,”[29] con “la palabra de la fe.”[30] La conexión Cristo-fe alcanza la salvación.

Nueva revelación plenificante

A la luz de estos resultados, se comprende que Pablo contempla la verdad de las Escrituras, no por medio de deducciones racionales, partiendo del texto desnudo, sino que descubre los tesoros escondidos en él más bien por una nueva revelación: “Según la revelación del misterio callado por siglos, pero revelado ahora y anunciado mediante las Escrituras proféticas.”[31]

Es sobre todo en la teología de la historia donde Pablo hace surgir la verdad oculta en el Antiguo Testamento, elaborando una hermenéutica cuyas palabras clave son: typos y skiá.[32] Librándose en cierto sentido de los textos, el Apóstol compara los acontecimientos de los dos Testamentos en sí mismos. Analiza sus armonías y diferencias, deduciendo de allí conclusiones teológicas. En las relaciones insinuadas, cada término conserva su propia realidad, así como también su sentido literal. La identidad nunca es completa. A la semejanza se añade más de una vez la antítesis y casi siempre el antitipo supera los datos que le sirvieron de punto de partida. Además, es siempre el antitipo el que esclarece la comparación dándole su alcance real. Casi todas las analogías puestas de relieve por Pablo tienen que ver directa o indirectamente con Cristo.[33] Entre los tipos, el Apóstol se detiene sobre todo en Adán,[34] Moisés,[35] Israel.[36] Tales correspondencias son debidas a la fidelidad de Dios a sus promesas. Y, finalmente, el mismo Cristo, meta de las analogías veterotestamentarias, llega a ser, a su vez, punto de partida para una tipología de las realidades del más allá, de la última fase escatológica.[37]

Resumiendo, se puede concluir que el Apóstol purifica, esclarece, eleva el Antiguo Testamento. Con la ayuda de textos así entendidos acierta también a profundizar el mensaje cristiano, tal cual lo había recibido de las Iglesias apostólicas.

Gracias a la inspiración del Espíritu, cuya asistencia ha afirmado siempre para su magisterio,[38] descubre Pablo las ricas verdades cristológicas escondidas en el Antiguo Testamento, proponiéndolas con singular profundidad.


[1] Filipenses 3,7-8.

[2] Filipenses 3,8.

[3] Romanos 1,1-2.

[4] Efesios, 16,25-26. Aunque algunos autores consideran este final de Romanos como interpolado, se trata al menos de una lectura muy primitiva y bien informada de la teología paulina.

[5] A. Penna, “Atteggiamenti di Paolo verso l’Antico Testamento”, en su obra: L’Apostolo Paolo – Studi di esegesi e teología, Cinisello Balsamo – Milano (1991) 442, citando: A. Amsler, L’Ancien Testament dans l’ Église, Neuchâtel (1960) 47. Véase también: PCB, Le Peuple juif et ses Saintes Écritures dans la Bible chrétienne, Città del Vaticano (2002) 21.

[6] Gálatas 3,6-9; 4,21-31; Romanos 4.

[7] Malaquías 2,11; Esdras 9-10.

[8] Isaías 40,5. Ver Romanos 10,20-21; Isaías 65,1-2; Romanos 15,12; Isaías 11,10; Efesios 2,11; Isaías 57,19. || “Las razones de lo dicho no son difíciles de profundizar. Isaías, con mayor claridad que cualquier otro libro del Antiguo Testamento, vincula la promesa de redención y restauración de Israel con la esperanza de que el Dios de Israel revelará también su misericordia a los gentiles y establecerá su soberanía sobre toda la tierra. Así, encuentra Pablo en Isaías –particularmente en las profecías del Deuteronomio e Isaías– una prefiguración de su propio y distintivo apostolado hacia los gentiles” (R. B. Hays, The conversion of the Imagination – Paul as Interpreter of Israel’s Scripture, Michigan / Cambridge 2005, 26).

[9] Isaías 49,6.

[10] Isaías 43,18-19; 65,17-25; 66,22-23.

[11] Efesios 1,9-10; 20-22.

[12] Romanos 4,13-14; Gálatas 3,16.18; Efesios 2,12; 3,6.

[13] Romanos 10,4. || Lo cual puede tener dos sentidos: “el cometido”, en una relación también de continuidad: la revelación de Dios a Israel, atestiguada en la ley, anhela la instauración de una justa posibilidad de relación con el mismo Dios, obteniéndola sólo Cristo en modo definitivo y universal. Pero, por otro lado, el versículo deja entender una situación dramática y polémica, considerando al Israel que ha rechazado a Cristo. Entonces el acontecimiento Cristo lleva también consigo un término a la ley, si es comprendida como estructura completa y cumplida en sí misma. (Véase: S. Romanello, “Cristo fine della Legge – Romanos 10,4” en: AA.VV., Rivisitare il Compimento, Milano 2006, 101-102).

[14] 1Corintios 9, 9; Deuteronomio 25,4.

[15] 1Corintios 14,21; Isaías 28,11.

[16] Romanos 8,4.

[17] También en este sentido: Gálatas 5,14; Romanos 13,9-10. Casos especiales: Romanos 3,31; Gálatas 4,21. Por otra parte la ley es calificada no menos que como “santa y espiritual”: Romanos 7,12.14.

[18] Divorcio, comidas idolátricas: 1Corintios 7,10-16,8.

[19] Gálatas 6,2: 1Corintios 9,21.

[20] Gálatas 2,20.

[21] Ibid., 5,22.

[22] Gálatas 5,11s.

[23] Ibid., 4,10.

[24] Ibid., 2,14; Romanos 14,1-5.20.

[25] Paidagogós: Gálatas 4, 14.

[26] Efesios 2,15.

[27] Romanos 9,1s.

[28] Romanos 10,6-8.

[29] Según Jeremías 31,33; Ezequiel 36, 27.

[30] Romanos 10,8-9.

[31] Romanos 16,25-26. Ver: Gálatas 1,12; Efesios 3,3.

[32] Trad. tipo y sombra: Colosenses 2,17.

[33] S. Amsler, ibid., 59-60.

[34] Tipo de Cristo: 1Corintios 15,20-22; Romanos 4,1-25; 9,5-11.

[35] Anticipo de los ministros del Evangelio: 1Corintios 3,7.13.15.

[36] Prefiguración del verdadero pueblo de Dios: Romanos 4,16-17; 15,12; 1Corintios 10,1-11.

[37] 1Corintios 15,48-49.

[38] 1Tesalonicenses 5,4; 4,8; 1Corintios 2,4-5; 7,40; Romanos 16,25-26.