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Anselmo Guido Pecorari

En estos meses los competentes Organismos de la Santa Sede –en particular la Secretaría de Estado, la Congregación para la Doctrina de la Fe y la Congregación para los Obispos– han sido constantemente informados acerca de cuanto Su Excelencia, en sustancial acuerdo y coordinación con un valioso y competente grupo de laicos expertos en la materia, ha realizado para salvaguardar la impostación “católica” del Círculo Católico de Obreros del Uruguay.

La Santa Sede ha estimulado siempre a los Obispos del Uruguay a sostener tan loable esfuerzo y ha ofrecido –y sigue ofreciendo– su apoyo a las iniciativas emprendidas por Su Excelencia y por los expertos laicos, verdaderamente católicos, que lo han ayudado, como corresponde a su misión de fermento en el mundo, a orientar a todo el Pueblo de Dios en este asunto, en conformidad con el Magisterio de la Iglesia.

Sin embargo, tal compromiso no ha tenido como fruto los resultados positivos que todos esperaban, si se consideran algunas decisiones tomadas por las Autoridades civiles no conformes a cuanto había sido pedido.

En nombre de la Santa Sede, siento el deber de invitar a Su Excelencia y al meritorio, precioso y competente grupo de laicos católicos que lo ayudan, a no rendirse ante las dificultades que han aparecido, y a continuar en el esfuerzo para obtener, con todos los medios pastoral y jurídicamente posibles y practicables, el resultado tan anhelado de salvaguardar la índole “católica” del Círculo Católico de Obreros del Uruguay.

Constituyendo éste un óptimo servicio eclesial, la Santa Sede augura que Su Excelencia y los laicos que con Usted colaboran continúen manteniendo una posición clara y firme en este delicado e importante asunto. Que la Santísima Virgen de los Treinta y Tres los proteja a todos en este precioso servicio que están prestando a la fe católica presente en Uruguay y en toda la población de buena voluntad de este querido País.

Agradeciendo su atención, aprovecho gustoso la oportunidad para expresarle, Excelencia, las muestras de mi fraternal estima en el Señor.

Carta dirigida a Su Excelencia Reverendísima Mons. Nicolás Cotugno Fanizzi sdb, Arzobispo Metropolitano de Montevideo por Anselmo Guido Pecorari, Nuncio Apostólico.