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Asociación Familia y Vida

Días pasados, escuchando el programa “Esta boca es mía”, aprendimos una “lección de vida” de una participante denominada Carmen, que es digna de ser repetida y difundida.

Esta declaración fue realizada después de haberse escuchado a un panel tristemente direccionado en su casi totalidad a aceptar la despenalización del aborto, con la única excepción de la Dra. Argimón. Se han olvidado de algo tan básico como que en este partido juegan dos personas y no una, y de que aquí no se trata sólo de defender los legítimos derechos de la mujer, sino que debemos defender a los dos.

Cuando ya estábamos cansados de escuchar arengas en contra y ninguna palabra a favor del derecho a la vida del concebido, y ya próximos a cambiar de canal, se leyó un mensaje de una Señora Carmen realmente ejemplarizante, que textualmente dijo:

“Cuando hablan de la despenalización del aborto me siento tan rara, ya que soy adoptada desde los nueve días de nacida. Mi madre me abandonó porque no podía tenerme; no me deseaba. Como no estaba en situación de pagar un aborto me entregó al primero que se le presentó. A mis quince años quedé embarazada. La situación era terrible, tanto económica como emocionalmente. ¿Qué iba a ser de mi futuro? Mi decisión fue única: va a nacer y va a tener la misma oportunidad que yo tuve. Hoy Florencia tiene quince años. Yo no me arruiné ningún futuro; estudié como pude, con mil sacrificios. Es el precio que tenía que pagar por ser tan inconsciente y no cuidarme, pero lo logré. Nada fue imposible. Hoy tengo 30 años, y mi hija 14. No puedo imaginar la vida sin ella, ni ella sin mí. A mi madre biológica la busqué por 27 años. Irónicamente la encontré un 12 de diciembre, fecha en que mi hija cumplía años, sólo para decirle que no sintiera culpa porque yo estaba agradecida de que me haya dado la posibilidad de vivir. Mis padres del corazón hasta el día de hoy me dan ese amor incondicional que todo hijo merece. No me pongo a cuestionar si se debe despenalizar el aborto. Sólo cuento mi historia, que es lo único que puedo cuestionar. En mi caso si en el año 1981 acá en Uruguay se hubiera permitido hacer abortos en forma legal y con garantías yo no estaría escribiendo estas líneas. Saludos y mucha luz para todo aquel que no tenga la misma suerte que yo. Disculpen. Mis lágrimas brotan sin querer con este tema. Adiós.”

No pudo extrañar que después de este llamado a la realidad y dejando de lado polémicas estériles o parcializadas que se plantearon en un panel al que sólo le preocupaba legitimar una vía de destrucción de vidas humanas, finalmente, la encuesta de opinión diera un 67% a favor del derecho a la vida y 33% a favor de la legalización del aborto.

Montevideo, 14 de diciembre de 2011.