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Néstor Martínez Valls

Hemos leído con asombro, dolor e indignación la carta en que el Ministro de Defensa Nacional Eleuterio Fernández Huidobro responde a Mons. Jaime Fuentes, Obispo de Minas.

No nos parecen suficientes las “explicaciones” que da el Ministro acerca del sentido en que llamó “gil” a Nuestro Señor Jesucristo.

Por más que haya (¿irónicamente?) querido presentarlo como un título honorífico, así como también a la palabra “nabo”, ¿le gustaría al Sr. Huidobro que la gente se dirigiera a él con esos apelativos?

Rechazamos categóricamente las descalificaciones e insultos que el Ministro dirige contra la Iglesia Católica y contra el Arzobispo de Montevideo.

Los católicos no somos ciudadanos de segunda categoría y tenemos tanto derecho como cualquiera a que se guarde un mínimo de respeto hacia lo que somos y hacia lo que creemos. Que un Ministro tilde de “fascista” a la Iglesia es motivo suficiente para preguntarse si es prudente políticamente para el gobierno mantenerlo en su cargo.

No fueron pocos los miembros de esa misma Iglesia, que según Huidobro es “fascista”, los que con su voto contribuyeron a que ahora desempeñe el cargo para el que parece carecer de algunas dotes elementales en un gobernante. Nos imaginamos que muchos de ellos deben de estar sumidos en honda perplejidad al considerar en estos días santos el resultado de su opción.

De ningún modo Mons. Fuentes ha sido la “nota discordante” en este caso, sino que ha sido la voz de todo el pueblo católico uruguayo, y también de muchos cristianos no católicos, e incluso de todos los uruguayos que mantienen la tradición de respeto y convivencia de nuestro país, convocados todos con rara unanimidad por la insólita irrespetuosidad de las expresiones del Ministro. Basta para ver eso darse una vuelta por Twitter y Facebook, por ejemplo.

En nuestra Patria hay muchos Santuarios y templos dedicados a Cristo Rey, que es una invocación tradicional en la Iglesia, mucho más allá de las estrechísimas interpretaciones politizantes del Ministro. Calificar de “fascistas” a los que nos enorgullecemos de proclamar a los cuatro vientos la Realeza Universal de Jesucristo Resucitado es persecución religiosa en el plano verbal.

Lamentablemente, las expresiones de Huidobro no desentonan del todo con lo que estamos celebrando esta semana. Hemos recordado cómo Jesús fue traicionado, golpeado, flagelado, coronado de espinas, escupido, burlado, humillado, clavado en la cruz, muerto y sepultado. Lo que nos da esperanza a todos es que Jesús, mientras lo estaban crucificando, oró diciendo: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.”

¡Viva Cristo Rey!