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Sandro Magister

Los siete años de pontificado que Benedicto XVI cumplirá mañana están asociados, según la opinión habitual, a una declinación general de la Iglesia. Pero esta opinión se nutre de una mirada limitada al cristianismo del viejo continente, es decir, a una Europa que en efecto sufre los golpes de una creciente secularización. De hecho, con sólo extender la mirada la realidad aparece diferente.

En el último siglo, la Iglesia Católica ha vivido la más extraordinaria fase de expansión misionera de su historia. Al comienzo del siglo XX, en el África subsahariana los católicos eran menos de 2 millones de fieles. Cien años después eran 130 millones. También a escala mundial el siglo XX ha sido para la Iglesia un siglo de explosión numérica. De 266 millones a comienzos del siglo XIX, los católicos han llegado cien años después a ser mil cien millones de fieles. Se han multiplicado por cuatro, más que el aumento paralelo de la población del planeta.

Es una expansión que no da ninguna señal de detenerse y que ha comenzado en el siglo XIX, precisamente cuando en Europa la Iglesia Católica sufría ataques de una cultura y de poderes fuertemente hostiles al cristianismo. Hoy el cuadro es análogo. Para la Iglesia Católica en Europa son años magros, pero en otras regiones del mundo sucede lo opuesto. Corea del Sur, por ejemplo, es un país en el que el catolicismo crece a un ritmo asombroso, y precisamente entre los estratos más activos y “modernos” de la población.

El reportaje que sigue a continuación –publicado el día de Pascua en Avvenire, el diario de la Conferencia Episcopal Italiana– tiene por autor a uno de los máximos expertos de las misiones católicas en el mundo. Él mismo misionero, el padre Piero Gheddo es hoy director, en Roma, de la Oficina histórica del Pontificio Instituto para las Misiones Extranjeras. Es autor de numerosos libros y ha colaborado en la redacción de la encíclica Redemptoris missio, de 1990, escrita por Juan Pablo II.