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Piero Gheddo

Quizás no hay país en el mundo que en el último medio siglo haya registrado un crecimiento tan sostenido como Corea del Sur, también en las conversiones a Cristo. Desde 1960 al 2010 los habitantes pasaron de 23 a 48 millones; el ingreso per capita, desde 1.300 a 19.500 dólares; los cristianos, del 2 al 30 por ciento, de los cuales casi el 10-11 por ciento (5 millones y medio), son católicos; los sacerdotes coreanos eran 250, hoy son 5.000.

He estado por primer vez en Corea del Sur en 1986 con el padre Pino Cazzaniga, misionero del Pontificio Instituto para las Misiones Extranjeras en Japón, que habla el idioma coreano. Ya era entonces una Iglesia con muchas conversiones, y todavía hoy es así. Cada parroquia tiene anualmente de 200 a 400 bautismos de convertidos del budismo. Se convierten sobre todo los habitantes de las ciudades. Cada año hay 130-150 nuevos sacerdotes, uno por cada 1.100 bautizados. En el 2008 los católicos superaron el 10 por ciento de los surcoreanos y aumentan alrededor del 3 por ciento cada año. En 2009 el número de los bautizados ha subido a 157 mil y fueron ordenados 149 sacerdotes, 21 más que en 2008. Más de dos tercios de los sacerdotes tienen menos de 40 años. “En los últimos diez años la Iglesia Católica en Corea ha pasado de tres a cinco millones de fieles; en Seúl somos el 14 por ciento” ha dicho en una entrevista el cardenal Nicholas Cheong Jin-suk, arzobispo de Seúl.

La Iglesia Católica en Corea del Sur es la que más crece en Asia. En Corea hay plena libertad religiosa, y el secretario de la Conferencia Episcopal Coreana, Monseñor Simon E. Chen, me decía que los coreanos manifiestan una fuerte propensión hacia el cristianismo, porque introduce la idea de igualdad de todos los seres humanos creados por el único Dios. Además, tanto católicos como protestantes han participado en el movimiento popular contra la dictadura militar, entre 1961 y 1987, mientras el confucionismo y el budismo promovían la obediencia a la autoridad constituida. Más todavía, el cristianismo es la religión de un Dios personal hecho hombre para salvarnos, mientras que el chamanisno, el budismo y confucionismo no son ni siquiera religiones, sino sistemas de sabiduría humana y de vida. Por último, luego de la guerra de Corea entre el Norte y el Sur (1950-1953), gracias a la ayuda estadounidense, Corea del Sur conoció un rapidísimo desarrollo económico, social y civil, convirtiéndose totalmente en un país evolucionado y también rico, en el que las antiguas religiones no dan respuestas a los problemas de la vida moderna.

Característica de la Iglesia coreana es la óptima colaboración de los laicos en la evangelización. La Iglesia nació en Corea a partir de algunos filósofos y diplomáticos coreanos emigrados que se habían convertido al cristianismo en Pekín, y luego, al retornar a la patria, propagaron la fe y se bautizaron. Desde 1779 hasta 1836, cuando llegaron los primeros misioneros franceses, los cristianos se difundieron; luego llegaron las persecuciones, pero quedó en pie la costumbre de colaborar con la Iglesia. Hoy en Corea, el que se convierte sabe que debe comprometerse en uno de los grupos, asociaciones o movimientos parroquiales. No es admitido el católico “pasivo”. En Seúl, donde hay más de 200 parroquias, he estado en la parroquia de los salesianos de Kuro 3-Dong, en un ambiente de obreros de la periferia. Ya en 1986 los católicos eran 9.537 sobre casi 150 mil habitantes, y los bautismos de adultos convertidos eran casi 600 al año.

El párroco, el Padre Paul Kim Bo Rok, me dijo: “En la parroquia somos dos sacerdotes y cuatro monjas, pero el verdadero trabajo misional y de enseñanza religiosa lo hacen los laicos, tanto en los ocho cursos de catequesis, en diferentes horas y para distintas personas, como en los movimientos eclesiales muy activos, especialmente la Legión de María. Cada año celebramos en la parroquia dos o tres ritos de bautismos colectivos de adultos: cada vez los bautizados son 200, 300 o también más, luego de casi un año de catecumenado. Es poco, pero no podemos conceder más tiempo a causa de los numerosos pedidos de enseñanza religiosa. La formación profunda de la fe se da luego del bautismo y es llevada a cabo por los movimientos eclesiales. Abrazar el cristianismo significa entrar en un grupo que te compromete a fondo, te da normas de comportamiento y de compromiso, te hace pagar las cuotas de participación y te da las oraciones para rezar todos los días. Cuando se entra en la Iglesia se acepta todo esto. Éste es el espíritu coreano: o aceptas y te comprometes o no aceptas y te vas”.

Sigue diciendo el Padre Paul: “En Corea la religión es algo serio y comprometido. Es verdad que existe el peligro del formalismo, pero es toda la cultura del pueblo la que se configura de este modo. En realidad el cristianismo es la fuerza principal que influye en la conciencia personal, en la libertad de la persona. Más bien se están presentando los peligros opuestos al formalismo: el secularismo y el materialismo práctico que alejan del espíritu religioso. Corea del Sur conoce un prodigioso desarrollo económico, ha desaparecido en ella la pobreza de hace treinta años: hoy existe para nosotros el pasaje a la abundancia y también a la riqueza. Ante ello debemos reaccionar con una formación cristiana más profunda y personal. Estamos superados por la oleada de las conversiones, por eso pedimos al mundo cristiano al menos la ayuda de la oración”.

Los bautismos son administrados generalmente en Pascua, Pentecostés y Navidad. En la parroquia de Bang Rim Dong, en Kwangiù, en la Pascua de 1986 participé en la Misa y en el bautismo de 114 adultos y sus hijos. Fue una fiesta popular, con una larga procesión de hombres y mujeres, niños y niñas vestidos de blanco para recibir el bautismo. Hubo cantos, músicas y mucha alegría. En la Iglesia Católica coreana está en pleno desarrollo el programa “Evangelización Veinte-Veinte” es decir, el esfuerzo de convertir al 20 por ciento de los surcoreanos en 2020. Quizás no llegaremos a esa cifra, pero el solo lanzamiento de este programa en 2008 demuestra la fe entusiasta de los laicos bautizados, porque los protagonistas son ellos y todos lo saben.

En la Pascua de este año, el domingo 8 de abril, en Corea y en el mundo de las misiones, otras decenas de miles de catecúmenos han ingresado a la Iglesia. No hay que ser pesimistas respecto al futuro del cristianismo y de la Iglesia Católica. Nosotros, los del viejo continente, atravesamos un período de crisis de nuestra fe, pero en las jóvenes Iglesias la acción del Espíritu Santo nos da una inyección de esperanza y de alegría pascual.

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