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Néstor Martínez Valls

En reciente entrevista periodística el Diputado Iván Posada expresó lo que sigue a propósito de su proyecto de legalización del aborto:

“Bueno, yo creo que éste es un tema que indudablemente a la hora de discusión despierta pasiones, y de hecho las posiciones que han primado son justamente las que de alguna manera establecen una defensa de esos valores a ultranza. Por un lado, el derecho a nacer del ser concebido y por otro lado el derecho de la mujer a practicarse el aborto porque en definitiva se entiende que es parte de su cuerpo. De hecho esta última posición que refiero es la que está planteada en el proyecto de ley que tiene media sanción y que ha impulsado el Frente Amplio.”

Cuesta un poco seguir el razonamiento del Diputado. Si el concebido tiene derecho a nacer, ¿cómo se admite que es parte del cuerpo de la madre? O inversamente, si “se entiende” esto último ¿de qué derecho a nacer se está hablando? ¿Quién es el titular de ese derecho? ¿Una parte del cuerpo de la madre? ¿No son las personas las que son titulares de derechos, o también lo son sus órganos, miembros, etc.?

Estas palabras del Diputado son un ejemplo de la imposibilidad de conciliar lo inconciliable y la inutilidad de buscar “términos medios” entre una afirmación y su negación.

O el ser humano ya concebido tiene derecho a la vida, y entonces, no solamente no se puede violar ese derecho, sino que se reconoce que no es parte del cuerpo de la madre, o es parte del cuerpo de la madre, y entonces toda conversación sobre derechos distintos de los de la madre misma está fuera de lugar.

Al reconocer, por lo menos en una parte de su pensamiento, que el no nacido es parte del cuerpo de la madre, el Diputado no está teniendo “término medio” alguno, sino que está optando por la postura abortista.

Y tampoco se logra el “término medio” por el hecho de que a la vez “reconozca” que el no nacido tiene derecho a la vida, optando así, a la vez, por la postura pro-vida. En todo caso, eso no es un término medio, sino la afirmación simultánea y contradictoria de ambos “extremos”.

En la práctica, el proyecto del Diputado no apunta a ningún “término medio”, por la sencilla razón de que se termina autorizando el homicidio del no nacido. El hecho de que haya consejerías o no es totalmente accidental al respecto. Una prueba más de que una contradicción no puede ser realmente pensada ni sostenida, y de que en la práctica se ha de optar por un “extremo” o el otro.

Los dichos del Diputado son un argumento más para mostrar que no existe ni puede existir el “conflicto de derechos”. Los “dos derechos” que se quiere contraponer aquí pertenecen a dos mundos distintos: uno en el que el fruto de la concepción es un ser humano, y por tanto, sujeto de derechos, y otro en el que no lo es, sino que es parte del cuerpo de la madre, y por tanto, no tiene derecho alguno.

El supuesto “conflicto”, por tanto, sólo puede plantearse sobre la base de una contradicción, como es afirmar al mismo tiempo que el fruto de la concepción es un ser humano con derecho a la vida, y es parte del cuerpo de la madre sin derecho alguno distinto de los de la madre misma.

El Diputado trata de descalificar a los que llama “extremistas” y “apasionados”, pero resulta que se trata simplemente de aquellos que se resisten a sostener contradicciones como la que el Diputado nos propone.

Agreguemos además que, fuera de las consejerías, que además son de dudosa aplicación práctica y resistidas por los legisladores del Frente Amplio que proponen la legalización del aborto, el proyecto del Diputado Posada es como un calco del proyecto anterior, e incluso lo agrava en algunos puntos, relacionados con la objeción de conciencia, donde por ejemplo se vuelve a instalar el plazo de nada más que 30 días a partir de la promulgación de la ley para que el médico pueda afirmar que tiene objeción de conciencia, siendo así que para anular la objeción de conciencia no se pone requisito alguno.