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Néstor Martínez Valls

La distribución de un kit sexual en todos los centros de enseñanza pública del país a fines del mes de marzo causó sorpresa a varias autoridades educativas que no estaban al tanto. Incluso se frenó su distribución para un mejor análisis, que terminó por autorizar el reparto del material.

Sexualidad humana: de lo que no se habla

Asombrosamente, en esta publicación aparentemente tan “desprejuiciada”, hay un enorme tabú vigente en todas sus páginas. Véase por ejemplo un pasaje en el que se intenta dar una visión “amplia” de la sexualidad humana:

“La sexualidad es mucho más que mantener relaciones sexuales; tiene que ver con todo nuestro ser, nuestros sentimientos, emociones, sensaciones, deseos y las formas en que nos relacionamos entre las personas”. (p. 22).

Uno pensaría que luego de una descripción tan completa no queda nada fuera. Sin embargo, lo que más llama la atención es que la sexualidad se trate con casi total independencia de la transmisión de la vida y, por tanto, del matrimonio y la familia, que es el ámbito natural de dicha transmisión. Hay dos o tres menciones telegráficas y tangenciales del hecho de la reproducción humana. La sexualidad es presentada al adolescente meramente en su dimensión placentera y de relación con otras personas.

Está igualmente ausente el sentido de responsabilidad y compromiso en las relaciones sexuales. La mucha insistencia en la necesidad de relacionarse con los demás deja en la sombra sin embargo exigencias importantísimas de la relación interpersonal en el plano de la sexualidad. Concretamente, no aparece la palabra “matrimonio”, que sepamos, en todo el fascículo.

El gran, inmenso ausente, es el hijo o la hija, fuera de dos o tres referencias marginales y distraídas. Cuando más cerca se llega a hablar de él, es cuando se insiste en las formas de evitar que exista, o que, una vez existente, nazca.

¿Sería algo traído de los pelos hablar del hijo o la hija en un manual de sexualidad humana? El solo hecho de que se pueda plantear esta pregunta da la pauta de lo distorsionado del ambiente en que vivimos, distorsión plenamente reflejada en el texto que comentamos.

Si se responde que esto es una Guía para adolescentes y que por tanto se tratan solamente los aspectos que aparecen como inmediatamente urgentes en esa etapa de la vida, eso sólo serviría para mostrar lo errado del enfoque general de este texto. Al niño, al adolescente y al joven se los educa para ser adultos. La educación tiene que tener en cuenta la meta global de la existencia y preparar para ella. No se puede educar sin hacer referencia a los grandes objetivos que son los que dan sentido a la existencia humana, a los que se llega o trata de llegar normalmente en la edad adulta. Ni la adolescencia ni la juventud son vocaciones.

Esto supuesto ¿cómo se puede pensar en educar la sexualidad humana sin casi referencias a la procreación, la familia, el matrimonio y la educación de los hijos? ¿Qué adultos, qué matrimonios, qué familias, se puede preparar cuando todo lo que se le dice al adolescente, o al menos, el mensaje con mucho central y que ocupa sin comparación el mayor lugar, es que el sexo puede ser muy agradable y divertido siempre y cuando se tengan las debidas precauciones?

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Una confirmación realmente patética de lo que acabamos de decir son las siguientes frases copiadas textualmente:

“La única forma de cuidarte para no contagiarte una ITS es el adecuado uso del preservativo en todas tus relaciones sexuales” (p. 37).

“Usá preservativo en todas tus relaciones sexuales.” (ibid.).

“Usá preservativo en todas las relaciones sexuales.” (p. 38).

¿En todas las relaciones sexuales? ¿También dentro del matrimonio? ¿También cuando se quiere llegar a ser padres? Da la impresión de que eso ni siquiera ha pasado por la mente del redactor; en definitiva, parece como que no importa, que se lo puede obviar, que en todo caso es marginal.

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Esa marginalidad del matrimonio, la familia y la paternidad en el texto analizado se confirma por la forma en que son “tratados” cuando les llega el turno. El título de arranque es sugestivo: “Maternidad, paternidad y aborto” (p. 31).

Es como explicar la importancia del medio ambiente empezando con un título que diga algo así como: “Cuidado del ambiente, equilibrio ecológico y ventajas del napalm”…

Parece mentira, pero en realidad esa primera página dedicada a la paternidad y la maternidad está dedicada principalmente al tema de la anticoncepción… El tema de fondo es: “Si decidís no ser madre o no ser padre…”

En la página siguiente se presenta lo que no puede aparecer menos que como una curiosa excepción: “También podemos decidir ser madre o ser padre”.

“También”, o sea, hay de todo en la vida, incluso gente que tiene hijos. Pero nótese: “ser madre o ser padre”. Hasta ahora, la humanidad ha pensado generalmente que existe una relación bastante innegable entre ambas cosas: que alguien sea madre, implica que alguien más es padre, y a la inversa, y en definitiva, se trata de esas cosas que se hacen “de a dos”, no cada uno solo por su lado. Y sin embargo, la formulación, increíblemente, parece inclinarse a esto último.

Igualmente: “Recordá que tenés derecho a decidir cuándo y con quién tener hijos/as…” (p. 26).

Nunca se accede en esta publicación al nivel de la pareja, del “nosotros”, que sin embargo es básico en lo que tiene que ver con la sexualidad, la transmisión de la vida, la familia. La vida sexual de la persona es considerada desde una perspectiva crasamente individualista. ¿Bajo qué concepto se puede justificar algo así? O dicho de otra manera, ¿cuál es el límite entre la innovación audaz y provocadora y la ignorancia increíblemente inculta de nociones humanas básicas y elementales?

El siguiente párrafo, sobre “ser padre o ser madre”, es muy elocuente:

“Si tomás esta decisión tendrás nuevas responsabilidades, pero no quiere decir que tengas que dejar de divertirte, compartir espacios con tus amigos/as o dejar tus estudios… Ser madre o padre a esa edad no supone convertirte en un/a adulto/a; pero es una transformación importante en nuestra vida.” (p. 32).

Sigue dirigiéndose por separado al eventual “padre” y a la eventual “madre”, lo cual da una imagen de la pareja como líneas paralelas, que en todo caso se encontrarán en el infinito. Se habla de ciertas responsabilidades, pero todo queda a ese nivel meramente nominal, no se explicitan ni se profundiza en el tema. En lo que sí se insiste, es en que de todos modos debe seguir siendo posible la diversión, los estudios, etc. Es decir, las cosas que serían exactamente iguales si no hubiera un hijo o una hija de por medio. Y luego, lo más revelador y problemático: ser padre o madre a esa edad no supone convertirse en adulto.

Sin duda. Por eso mismo, ésa no es la edad para ser padre o madre. Porque ser padre o madre, es cosa de adultos. Esto confirma lo arriba dicho: la “educación” aquí está pensada como el parche de urgencia que se le pone a una situación actual problemática de hecho.

La palabra clave es “a esa edad”. No se piensa en educar de la única forma en que es posible hacerlo: mirando al futuro, es decir, a la adultez futura. ¿Se supone que recién cuando la persona sea adulta se le trasmitirán los valores que va a necesitar para ser un adulto responsable en la sociedad humana? ¿O se parte de la base de que en realidad para estos adolescentes no hay futuro?

¿No es más bien en la infancia, adolescencia e incluso juventud que deben ser trasmitidos esos valores? O sea, mirando al futuro, apuntando al adulto que se quiere formar, a la sociedad en la que se quiere vivir. No educando para ser adolescentes, sino para llegar a ser personas maduras. Dicho de otra manera: no se puede educar si no se sabe adónde se quiere ir en la vida y adónde es deseable que vaya en la vida el ser humano en general. Sin duda, que a lo que sea que debe apuntar el ser humano en su existencia, no es a la adolescencia.

Lo que sí se dice de la sexualidad

“Así, en la adolescencia comenzamos a experimentar el mundo con “un nuevo cuerpo”. El deseo sexual aparece de una forma más clara, la atracción hacia otras personas, el deseo de disfrutar de su compañía, de sus sentimientos, de una forma distinta a la que venías experimentando como niño/a. Las prácticas sexuales y genitales tienen un lugar privilegiado.” (p. 8).

Aquí se da como algo normal, que va de suyo, que ni siquiera cabe discutir, que durante la adolescencia haya “prácticas sexuales y genitales”. ¿Es obvio que es así? ¿No hay objeciones de tipo antropológico y ético a esta sexualidad adolescente por fuera de todo compromiso estable? ¿Es ése el espíritu de una enseñanza laica, en la cual se parte de la base de que los alumnos proceden de familias que pueden tener entre ellas formas muy distintas de pensar respecto de este tema?

Esto nos lleva a otro tema: el otro gran ausente de este manual son los padres, la familia. Es gravísima la visión absolutamente individualista que se tiene del adolescente. ¿Es realista querer educar en sexualidad prescindiendo de la familia?

Por ejemplo: “Pero está bueno que puedas elegir cuándo y con quién mantener relaciones sexuales de acuerdo a tus deseos, respetando tus tiempos y sin presiones de ningún tipo (ni de tu pareja, ni de tus amigos/as, ni de tu familia.” (p. 26).

Pero más aún, ¿qué pasa con los derechos inherentes a la patria potestad? ¿Qué pasa con el derecho de los padres como los primeros educadores de sus hijos? ¿Cómo el Estado se arrogaría el poder de adoctrinar a los hijos de una pareja nada menos que en materia de sexualidad, pasando por arriba de los criterios y valores de los padres? ¿O es que sólo se reconoce el derecho a decidir sobre la educación de sus hijos a los que tienen los medios económicos para enviarlos a la educación privada? Se ha hablado últimamente de exigir responsabilidades penales a los padres cuyos menores delinquen. ¿Cómo se puede tener obligaciones cuando no se tiene derechos?

Por otra parte, la forma en que se presenta el amor humano en este manual, más de una vez, es bastante superficial: consistiría en “disfrutar” del otro, como se ve en el texto citado. Poner el acento en ese aspecto lleva a una visión egoísta de la sexualidad en la que la otra persona queda reducida a instrumento de placer. Aquí se está plantando ya la semilla de la futura infelicidad sexual de las personas, en la medida en que la vida de pareja es imposible sin una cuota muy grande de altruismo y de sacrificio, que no entran para nada en el esquema del “disfrute” que aquí parece proponerse como el elemento central.

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Llama la atención, por otra parte, que junto a una información anatómica tan detallada sobre el aparato reproductor humano, no se hable una sola palabra sobre la reproducción misma, sobre la concepción y el desarrollo de una nueva vida humana en el seno materno. Es como explicar a fondo el mecanismo de un automóvil pasando por alto el detalle de que sirve para desplazarse de un lado a otro.

En biología, es claro y obvio que la anatomía está en función de la fisiología, el órgano se explica por la función, sin necesidad para ello de entrar en el debate entre azar y finalidad. Dar detalladas explicaciones anatómicas sin mencionar la función obvia y evidente de los órganos es poner la carreta delante de los bueyes, y en el fondo, obedece a un designio que es ideológico, no científico ni pedagógico.

Siendo así que hoy día la ciencia dispone de tantos y tan maravillosos conocimientos acerca del origen y desarrollo del embrión humano, del modo asombroso en que su carga genética se combina a partir de los aportes paterno y materno para dar lugar desde el mismo instante de la concepción a un nuevo individuo de la especie humana, con su carga genética propia, distinta de la del padre y la madre, y que desde la misma concepción comienza un proceso de desarrollo continuo, guiado desde dentro mismo del embrión, que posee por tanto en sí mismo, desde el comienzo, el “programa” de la maduración progresiva de un individuo humano único e irrepetible, y con él, el sello de su identidad personal.

¿Será que no se quiere aludir a ese aspecto esencial de la realidad humana para no entrar en conflicto con la mentalidad claramente anticonceptiva e incluso pro-abortista del manual, que veremos enseguida?

La masturbación

“La masturbación también es una forma de producirte placer. Es una forma de vivir la sexualidad que consiste en tocarse o acariciarse los genitales y otras zonas del cuerpo por placer. La masturbación es más frecuente en los/as adolescentes, pero eso no significa que todos/as los/as adolescentes lo hagan, depende de cada uno/a. Más allá de algunas creencias, masturbarse no causa ningún daño físico o psicológico, al contrario, te ayuda a conocer tu cuerpo y descubrir qué es lo que más te gusta.” (p. 22).

Aquí salta a la vista la falta de cuestionamiento ético sobre el tema. Lo ético no se reduce ni a lo psicológico ni a lo físico. Pero además, ¿el vicio de la masturbación no causa ningún problema a las personas? ¿No es a veces causa de problemas graves en la convivencia matrimonial? ¿No es una actitud esencialmente egoísta que contradice radicalmente la naturaleza misma de la sexualidad, que está intrínsecamente abierta al otro, a la interpersonalidad? ¿No es una actitud evasiva en la cual se fantasea con algo que en realidad no existe, pero como si existiera? ¿Sirve la masturbación como preparación a una vivencia sana de la sexualidad humana? ¿No es más bien esencialmente lo contrario de la misma, como acabamos de decir? ¿No sirve más bien como preparación al egoísmo y a la falta de capacidad para abrirse al otro y para enfrentar la realidad, que son destructivos de la vida de la pareja? Promover la masturbación como hace esta Guía es promover la inmadurez, el narcisismo y la inadaptación respecto de la realidad.

Se dice que la masturbación ayuda a conocer el cuerpo y a descubrir lo que más le gusta a la persona. ¿Se conoce realmente el cuerpo cuando se lo usa para una función que no es la suya? ¿Qué clase de gustos son los que se puede descubrir masturbándose, fuera del gusto por la masturbación?

La toma de partido a favor de la masturbación, en el documento, es totalmente infundada e irresponsable. ¿Para cuántos adolescentes la masturbación es una cárcel cruel de la cual no pueden salir a pesar de desearlo con todo su corazón? Es lo propio de todo vicio, que con el tiempo se vuelve una “segunda naturaleza”, muy difícil y, en algunos casos, imposible de desarraigar. ¿Se mide la responsabilidad en la que se incurre al fomentar esta práctica entre los adolescentes como se hace en el texto citado?

La relación sexual

“La relación sexual coital se da cuando hay penetración del pene en la vagina o cuando hay penetración del pene en el ano. El sexo oral es la estimulación de los genitales o del ano con la boca.” (p. 23).

Esto es la “sexualidad” según el manual. La descripción se queda a medio camino de lo que sería una concepción de la sexualidad basada en valores, y una mera descripción de las prácticas humanas. Porque en el segundo sentido, habría que incluir también el sadismo, el masoquismo, el bestialismo, la necrofilia, etc., lo que aquí no se hace.

En el primer sentido, es claro que habría que hacer una discriminación entre prácticas y prácticas, y eso aquí tampoco se hace, fuera del silenciamiento de algunas de las mencionadas… lo cual en el fondo también obedece a una “creencia” de los autores del manual…

Además de estar separada de los valores, esta descripción se basa en la separación ya mencionada entre el órgano y la función, la anatomía y la fisiología. El ano, por ejemplo, tiene funciones clarísimas y universalmente reconocidas, que no tienen nada que ver con la sexualidad, sino más bien, en el contexto del aparato digestivo, con la excreción.

La misma insistencia en el “placer” que practica la Guía puede ser desorientadora cuando se olvida que hay distintos tipos de placeres vinculados con distintas funciones biológicas del organismo. El placer es siempre un estímulo para la acción, en contextos en que esa acción, sin el placer que conlleva, probablemente no se realizaría. No funciona solamente como estímulo para la reproducción, como es el caso del placer sexual, sino también respecto de funciones vitales importantísimas para la supervivencia como son, por ejemplo, la alimentación y la excreción. No es para nada científico olvidar las diferencias funcionales entre estos distintos tipos de placeres y ubicarlos a todos uniformemente bajo el rótulo de la “sexualidad”.

Equiparar con el nombre de “relación coital” tanto la penetración vaginal como la penetración anal es simplemente falsear la realidad biológica, antropológica y ética. En el manual son repetidas las menciones descalificadoras de las “creencias” que los alumnos traen del “mundo exterior” (concretamente, de la familia y eventualmente de la comunidad religiosa), lo que sugiere que de parte de los autores del manual se les contrapone el “conocimiento científico”. Pero en realidad ¿qué es sino una “creencia” para nada “científica”, sino biológica, antropológica y éticamente infundada, la equiparación del coito vaginal con el coito anal o con el “sexo oral”, que se practica en el texto?


La anticoncepción

“La elección del método anticonceptivo es muy importante. Negociar y llegar a un acuerdo es fundamental, así cada uno/a podrá, con confianza y respeto, distenderse y disfrutar de las relaciones sexuales.” (p. 26).

Se discrimina aquí a las familias que intentan educar a sus hijos en una filosofía de vida contraria a la anticoncepción. Por otra parte, es paradójico que uno de los temas que más lugar ocupa en una guía para la sexualidad sea la forma de evitar que ésta llegue a su culminación natural, a la vez que casi no hay referencia a la transmisión de la vida y todo lo que ésta implica.

Los anticonceptivos abortivos

Sobre “Las Pastillas” se dice que “evitan la ovulación” (p. 27), pero el caso es que está averiguado que en muchos casos lo que hacen es impedir la anidación, de modo que son abortivas.

Respecto del DIU se dice que “imposibilita la implantación si los óvulos fueron fertilizados” (ibid.), lo cual equivale a reconocer su carácter abortivo. Los “óvulos fertilizados” son seres humanos ya concebidos a los que se quita la vida impidiéndoles continuar normalmente su desarrollo intrauterino. No se advierte claramente, sin embargo, del carácter abortivo de estos métodos.

De la “píldora del día después” se dice que “impide la fecundación” y que “La Organización Mundial de la Salud la define como método anticonceptivo” (p. 30), cuando es obvio que una píldora que actúa luego de la relación sexual, o bien actúa después de la fecundación, quitando la vida al ser humano ya concebido al evitar su anidación en el útero, o de lo contrario tendría una bajísima tasa de eficacia al poder actuar solamente en el lapso de tiempo que va entre la relación sexual y la fecundación.


El preservativo

“El uso del preservativo es fundamental. No hay otra forma eficaz de evitar un embarazo no deseado y al mismo tiempo impedir contraer una Infección de Transmisión Sexual (ITS).” (p. 26). “Protege del ITS-SIDA” (p. 28). “Efectividad: 88-97%” ( ibid.).

Ya vimos la reiterada insistencia en recomendar el preservativo en esta Guía. Aquí se reconoce que tiene al menos un 3-12% de inefectividad. Es decir, aproximadamente, es normal que el preservativo falle en 1 de cada 10 veces que se lo utiliza, según lo que dice esta Guía.

El manual dedica una página entera y parte de otra a 12 recomendaciones para el uso eficaz del preservativo. Puede estar vencido, puede romperse al abrir el envoltorio, puede no ser usado desde el comienzo de la relación sexual, puede salirse durante la relación sexual, puede romperse durante la relación sexual, puede quedar retenido dentro de la vagina de la mujer, y se advierte (por algo será) que dos preservativos no protegen más y que hay riesgo de que se salgan o se rompan (pp. 28-29). Finalmente se concluye, como anticipando un resultado probable: “Si el preservativo se rompió o quedó retenido en la vagina, podés recurrir a la anticoncepción de emergencia para evitar un embarazo” (p. 29).

Frente a todo esto: ¿cómo seguir recomendando insistentemente el preservativo, en un contexto de alta incidencia de enfermedades de transmisión sexual, algunas mortales como el SIDA, y en un manual que estimula al máximo toda clase de relaciones sexuales, incluso homosexuales como veremos, entre los adolescentes? ¿Quién tendría relaciones sexuales con una persona de la cual sabe que es portador de SIDA, “protegido” por el preservativo?

Si son tantos los riesgos de embarazo no deseado por un lado y de infección por vía sexual por otro ¿no sería más prudente una educación sexual menos permisiva, menos alentadora de toda clase de experiencias, menos centrada en el placer y en el disfrute y más atenta a los deberes, compromisos y responsabilidades, menos olvidada de la primordial función procreativa de la sexualidad y de la importancia de la familia, menos violatoria de los derechos de los padres en la educación sexual de sus hijos, etc.? ¿Dónde aparece en esta Guía el tema de la “pareja estable”, que es fundamental entre las medidas para evitar la expansión del SIDA?

De hecho, cuando se trata de recomendar el aborto, la Guía sí recuerda las posibles fallas a las que hicimos referencia: “el método anticonceptivo utilizado puede fallar: el preservativo se puede romper, puede quedar retenido dentro de la vagina…” (p. 35).

Eso de que “el preservativo se puede romper”, ¿no habría sido indicado recordarlo también cuando se dice que: “La única forma de cuidarte para no contagiarte de una ITS es el adecuado uso del preservativo en todas tus relaciones sexuales” (p. 37).

Ya vimos la cantidad de formas “inadecuadas” que hay, según la Guía, de usar el preservativo. Pero no parece que la posibilidad de rotura, que aquí se señala, quede necesariamente comprendida dentro de ellas. O sea, por más “adecuado” que sea el uso del preservativo, éste se puede romper. Volvemos a preguntar: ¿en este contexto es lo adecuado promover toda clase de relaciones sexuales, incluso homosexuales, desde la más temprana adolescencia, sin control alguno de parte de los padres, desacreditando las “creencias” y pautas morales recibidas en la familia, separando la sexualidad de la transmisión de la vida, de la familia, del matrimonio, incluso de la pareja estable, de la responsabilidad?

En realidad, con este tipo de política educativa en materia de sexualidad, más allá de las intenciones, se está promoviendo objetivamente la expansión del SIDA y de los embarazos adolescentes. En efecto, lo único que se está haciendo es por un lado incitar a la juventud a tener toda clase de experiencias sexuales desde la edad más temprana posible, y por otro lado, dándole una falsa sensación de seguridad con la propaganda a favor de los anticonceptivos en general y del preservativo en particular.

El aborto

En el tema del aborto la Guía refleja la situación absurda en que ha quedado nuestro sistema jurídico tras la aprobación de la ley de “salud sexual y reproductiva”:

“Si vos –sola o con tu pareja– decidiste interrumpir un embarazo, el personal médico de nuestro país tiene la obligación de escucharte. Tienen el deber de recibirte en el centro de salud, en forma privada, respetuosa, sin discriminarte, sin pedirte que te acompañe una persona adulta y sin juzgar tus opciones (…) El aborto en nuestro país es ilegal, pero es totalmente legal y es tu derecho que el personal de salud te informe y atienda antes y después de interrumpir un embarazo.” (p. 35).

Aquí la Guía está reconociendo, entonces, que recomienda la realización de un delito.

La Guía tiene además 6 ó 7 páginas dedicadas al tema de la “violencia” y la “violencia doméstica”:

“La violencia doméstica supone cualquier acción u omisión, directa o indirecta, que limite el libre ejercicio o goce de los derechos humanos de una persona y que cause sufrimiento físico, psicológico, sexual, moral, pérdida de bienes materiales, daño, o muerte.” (p. 42).

¿Hay violencia doméstica más grande que quitarle la vida al hijo no nacido? Se llega a hablar incluso de la “violencia ambiental”, lamentando que no esté reconocida legalmente, y que consistiría en romper cosas, golpear puertas o dañar documentos personales… ¿Se puede seriamente pensar que se va a construir un clima personal, familiar y social ajeno a la “violencia doméstica” cuando al mismo tiempo se legitima la destrucción de la vida humana inocente en el seno materno?

La “perspectiva de género”

“Varones y mujeres nacemos con características corporales diferentes. Por ejemplo, desde el punto de vista biológico, los hombres producen espermatozoides y las mujeres no pueden hacerlo; mientras que sólo ellas pueden embarazarse y parir. Éstos son límites que nos pone el cuerpo físico, pero también existen reglas, normas, costumbres y formas de comportarnos que nos limitan como seres completos. El género es una construcción cultura y social que nos hace sentir y vivir nuestra femineidad y masculinidad. Las formas de ser varones y mujeres han cambiado a lo largo de la historia, de la sociedad en la que se vive…” (p. 19).

“El género marca diferencias entre varones y mujeres pero también trae como consecuencia valoraciones y oportunidades diferentes; a veces impide que seamos auténticos/as, lo que no nos permite vivir libremente.” (p. 20).

“¡Romper con los estereotipos para expresar libremente nuestros sentimientos y deseos!” (p. 21).

La naturaleza humana es vista aquí solamente desde el ángulo de los “límites que nos pone el cuerpo físico”. Pero nuestra humanidad no es solamente ni ante todo un límite. Es sobre todo nuestra gran posibilidad, el único modo concreto en que podemos ejercer el milagro de la existencia. Nuestra naturaleza humana debe ser valorada y no solamente vista como un límite impuesto a nuestra libertad.

Por otra parte, cuando la Guía no ve la naturaleza humana como límite, niega su carácter natural y la transfiere al plano de lo cultural, histórico y variable. Así, las “reglas, normas, costumbres y formas de comportarnos (…) nos limitan como seres completos.”

Es totalmente irresponsable descalificar en bloque, de ese modo, todo lo que el adolescente ha recibido en materia de educación, valores y normas de conducta. Es una total incompetencia antropológica pensar que el ser humano pueda crecer y desarrollarse como tal sin el apoyo de la tradición cultural en la que se encuentra inmerso. Un ser humano que rechazase todas las pautas y normas que ha recibido desde su mismo nacimiento quedaría en un estado de “anomia” que lo incapacitaría totalmente para la vida en sociedad. “Romper con los estereotipos para expresar libremente nuestros sentimientos y deseos” puede ser la fórmula perfecta para la anomia individual y colectiva.

Imaginemos el resultado de la aplicación estricta de esa norma a la familia, la escuela, el trabajo, la vida en sociedad en general. Los sentimientos de ira, de venganza, de avasallamiento y dominio de los otros, de codicia, de envidia, de pereza, son constantemente frenados en la sociedad por “estereotipos” morales y legales que hacen posible la convivencia mínimamente humana. Esta descalificación global de la herencia cultural se debe a que se niega toda vinculación de la misma con la naturaleza humana, o bien a que sólo se ve en la naturaleza humana el carácter de “límite” que arriba decíamos.

Esto se confirma por lo que la Guía tiene para decir sobre la homosexualidad. En efecto, una cosa es afirmar una determinación de la sexualidad humana por la cultura en lo accidental, como por ejemplo, el tipo de vestimenta que usan varones y mujeres en las distintas épocas y culturas, y otra cosa muy distinta, es decir que la misma existencia de lo masculino y lo femenino es un hecho cultural e histórico y por tanto relativo y modificable.

“Existen varones y mujeres, personas con sexos diferentes, y también existe lo que se denomina “masculino” y “femenino” (…) nuestros ojos ven, nuestros oídos escuchan y nuestra mente piensa a las mujeres, a los varones, y a lo que hacen, a través del “filtro” o “lente” del género.” (p. 40).

“Los estereotipos de género no dejan ver las diferencias que existen entre los varones por un lado y entre las mujeres por otro. No existe una sola forma de ser mujer y tampoco una sola forma de ser varón”. (p. 20).

Aquí se sugiere que lo “masculino” y lo “femenino” en general es una pura construcción cultural. Que esto se presenta así en la Guía, lo confirma, como decíamos, lo que allí se dice sobre la homosexualidad.

La homosexualidad

“Nos podemos sentir atraídos/as por personas del mismo sexo, y esto no es síntoma de rareza o enfermedad; es la forma en que elegimos en cada momento de nuestra vida con quién relacionarnos sexualmente de acuerdo a lo que sentimos. Existen diversas formas de vivir nuestra sexualidad, lo importante es respetar nuestros deseos y los deseos de quienes nos rodean, sin discriminaciones.” (p. 23).

Es totalmente anti-educativo poner los deseos y sentimientos como criterio último de lo bueno y de lo malo. Eso es el ABC de la existencia humana individual y social. Los sentimientos y deseos deben ser evaluados y regulados por la razón y la voluntad. Todos los crímenes, todos los delitos, y todas las violaciones de los derechos humanos ocurren porque alguien se dejó llevar por sus sentimientos y deseos contra la voz de la razón y la conciencia moral. Si existe la “educación” es porque no es humano vivir solamente a base de deseos y sentimientos. Para tener deseos y sentimientos y actuar con base en ellos no hace falta la educación.

La aprobación de la conducta homosexual muestra que, en efecto, la Guía entiende la “construcción cultural del género” como abarcando incluso la misma división de la humanidad en varones y mujeres, de tal modo que la misma heterosexualidad de la especie humana es considerada como un producto meramente “cultural”. La Guía toma aquí partido en contra del 99% de la humanidad de todos los tiempos, hasta el día de hoy, al decir que la homosexualidad es algo normal. Sobre todo, toma partido contra la opinión de una grandísima cantidad de familias uruguayas que no quieren que sus hijos sean adoctrinados de esa manera.

Es tremendamente sintomático que en un manual de sexualidad en el que no se habla de la transmisión de la vida ni de la familia ni del matrimonio, se hable en forma positiva de la homosexualidad. La Guía tiende a legitimar, en la mente de los adolescentes y jóvenes, un estilo de vida que es particularmente perjudicial en materia de salud para los que lo practican. Existen muchísimos estudios científicos sobre la gran variedad de consecuencias negativas para la salud física y mental que tiene el estilo de vida homosexual.

Tomemos como ejemplo solamente la pandemia del SIDA, no para “discriminar” ni “estigmatizar”, sino para comprobar hacia dónde se está influenciando, de hecho, a los destinatarios de este tipo de “educación”, pasando para ello por encima de la más que razonable voluntad y derecho de los padres, que ese sí, merece el “respeto” que no recibe nunca en las páginas de este manual.


Para finalizar

La impresión global que deja la “Guía” es la de estar redactada más bien contra la sexualidad, porque la desvincula de uno de sus fines esenciales que es la procreación, y por tanto, la desvincula de la familia y el matrimonio.

No sólo eso, sino que, con su insistencia en la anticoncepción y el aborto, está en su mayor parte dedicada a evitar la culminación natural de la sexualidad humana, que es el hijo o la hija y a borrar de la mente del adolescente o el joven esa conexión natural y que la realidad se encarga luego repetidamente de recordarnos.

Pero además, la desvincula de la esencial complementariedad de lo masculino y lo femenino, al reconocer a la homosexualidad como una conducta normal tan válida en principio como la heterosexualidad.

Ni siquiera el carácter esencialmente interpersonal de la sexualidad queda en pie, dadas las alabanzas que se cantan a la masturbación.

Objetivamente, una cosa es cierta: una consecuencia inevitable de la coherente aplicación de este tipo de política en materia de sexualidad es que van a disminuir los nacimientos.

Incluso, muchas vidas jóvenes van a quedar truncadas por enfermedades mortales como el SIDA.

Y muchas más van quedar destruidas en el plano ético y psicológico, condenadas a quedar totalmente privadas de orientación y de norte y consagradas exclusivamente a la búsqueda del placer del modo que sea.

Van a aumentar también los embarazos no deseados y los abortos, bajo la doble presión de la incitación a la actividad sexual en todas sus formas desde la adolescencia y la falsa sensación de seguridad debida a la propaganda de los métodos anticonceptivos en general y del preservativo en particular.

Esto casa perfectamente, guste o no, con la hipótesis, ampliamente documentada por otra parte, que dice que estas formas de “educación sexual”, promovidas hoy día en toda América Latina, integran un programa general de origen extranjero, tendente a disminuir la población en los países del Tercer Mundo al mismo tiempo que a potenciar los negocios de las multinacionales del aborto como la IPPF, que justamente aparece como una de las referencias recomendadas a los destinatarios de este material en la p. 57, bajo el nombre de su filial uruguaya, AUPF.

Recordemos solamente un pasaje de la película “Blood Money”, documental de reciente producción, en el que una exdirectora de una clínica abortista de EE.UU. habla de los programas de “educación sexual” en los que esas clínicas habían tenido un rol determinante:

“Teníamos un plan completo para promover el aborto y lo denominamos ‘educación sexual’. El plan consistía en romper con la inocencia natural de los jóvenes, separarlos de sus padres y sus valores y convertirlos en expertos en sexo en sus propias vidas para que vinieran a nosotros, donde les daríamos pastillas anticonceptivas de baja dosis o condones defectuosos para que las chicas quedasen embarazadas. La meta era de tres a cinco abortos por cada joven entre los 13 y 15 años”.