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Miguel Antonio Barriola

En los números 205 a 209 se alarga Amerio en su enjuiciamiento acerbo contra laTeología antropocéntrica de Gaudium et Spes 14 y 24.”[1] Le irrita sobremanera que los Padres conciliares hayan expresado queTodas las cosas que existen en la tierra han de ser ordenadas al hombre como a su centro y culminación(nro.   12) y queel hombre es en la tierra la única creatura que Dios quiso por sí misma”. Así, en el nro. 206 (p. 402) protestará:La afirmación de que el hombre sea la única creatura que Dios ha querido por sí misma parece desmentir el solemne paso de Proverbios 16,4: “Universa propter semetipsum operatus est Dominus.” [2]

Sólo que olvida Amerio que en Gaudium et Spes 12 no se habla delfin último”, sino del orden intra-creatural de los fines. En consecuencia, y francamente, no se ve qué error se dé en ambos números de Gaudium et Spes, ya que el hombre es el rey de la creación, constituyéndose así en laúnica creatura creada por sí misma”, fuera de su relación de origen (creatura) y de finalidad hacia el mismo Dios. Reiteramos que en el nro. 12 no se tiene en cuenta alfin último”, sino que se destaca el valor superior de la humanidad en referencia a todo lo demás.

Amerio, que acude tanto a Santo Tomás (cosa muy elogiable), parece haber olvidado que el Angélico compuso un capítulo de la Contra Gentes justamente sobre este tema:Que las creaturas racionales son gobernadas por sí mismas, pero las demás en orden a ellas”. Exponiendo después:Así, por lo tanto, por Providencia divina se provee a las creaturas intelectuales por ellas (propter se), pero a las demás creaturas a causa de las mismas (intelectuales). Por lo tanto sólo la naturaleza intelectual es buscada por sí misma (propter se quaesita) en el universo, pero las otras a causa de ella.[3]

Del número 238 al 242 se queja del rechazo postconciliar altomismo”; lo cual no negaremos, dada la extensa y descarada lucha que se ha desencadenado contra la saludable y perenne doctrina filosófica y teológica de Santo Tomás de Aquino, en Europa y casi mundialmente. Pero, parece que Amerio es demasiado injusto con el congreso que se tuvo en Roma y Nápoles con ocasión del VIIº centenario de la muerte del santo doctor. Notifica nuestro autor que tal congresocondujo a la fundación de una Asociación internacional en pos de untomismo sincretístico”.[4]

Pues bien, habiéndome tocado la fortuna de participar en aquel congreso, para mí y tantos más, que vinieron del mundo entero,[5] muy fructuoso y enriquecedor, si bien hubo aportes poco a tono con un auténtico tomismo,[6] no fue ése el clima dominante. Antes bien el grueso de las intervenciones fue de altísimo provecho y del mejor espíritu eclesial, como las de J. Pieper, L. Elders, P. Benoit, S. Lyonnet, Y. Congar, C. Fabro, M.-J. Le Guillou, A. Caturelli, O. N. Derisi y tantos otros más.

Refiriéndose después a la celebración de un nuevo aniversario tomista,[7] y comentando las Actas de la reunión internacional realizada al respecto, apunta Amerio lo siguiente:La variación instaurada en la Iglesia del Vaticano II es confesada en el Encuentro romano sobre Santo Tomás de Aquino en el centenario de la Encíclica Aeterni Patris:Con el Vaticano II, pese a su referencia a Santo Tomás, se abre el período del pluralismo teológico en el cual vivimos ahora”.[8]

Se puede percibir en semejante cita varias desprolijidades que, en el fondo, la vuelven poco honesta. En primer lugar omite indicar en cuál de los tres tomos de que constan losAttise encuentra su referencia, de modo que se vuelve algo complejo intentar dar con ella. Después, el texto más parecido (y seguramente al que se refiere Amerio) se encuentra en la p. 68 (no en la p. 168) del primer volumen. Por último y lo más grave, la frase genuina(de C. Fabro, expresa lo siguiente:Pero el nuevo curso iniciado después –no digo por– el Vaticano II, parece que ha vuelto a poner todo en cuestión y hasta el sentido mismo de la fe y moral cristiana.

Asimismo Amerio omitió la nota 5 de Fabro, donde hacía notar lo siguiente:De hecho el Vaticano II había sancionado, y esto por vez primera en un Concilio Ecuménico, la posición de privilegio del Angélico como guía en la vida doctrinal de la Iglesia.[9] Se puede comprobar cómo Amerio compuso su frase, mezclando elementos del texto y la nota de Fabro, aunque deformándolos considerablemente. [10]

Por todo lo cual es más claro que la luz que no se atribuía al Concilio el desprecio del tomismo, sino a posteriores desobediencias a su letra y espíritu. Todo ello, por otra parte, era más que evidente en la misma expresión de Fabro (cambiada por Amerio):El nuevo curso iniciado después –no digo por– el Vaticano II(“iniziato dopo –non dico dal–”), en clara referencia a la conocida distinción: “Non propter hoc, sed post hoc”.

Pasando a otro “punctum dolens” de la reforma conciliar y sus deformaciones posteriores, se extiende Amerio ampliamente en la consideración de los cambios, mal o bien, introducidos en la liturgia católica. Así, en el nro. 278, p. 517, nos encontramos con la siguiente apreciación:En primer lugar, por lo tanto, la Iglesia es universal y su universalidad no es puramente geográfica ni consiste, como se dice en el nuevo canon, en el estar difundida por toda la tierra.[11] Es una universalidad que se deriva de la vocación, dado que todos los hombres son llamados, y de su nexo con Cristo, que estrecha y aúna en sí todo el género humano”.Se puede estimar que una cosa no quita la otra, ya que ladifusiónes intrínseca a la llamada: Jerusalén, Judea, Samaría y todos los rincones de la tierra.[12]

Sería demasiado extenso detenerse a sopesar sus consideraciones sobre el retroceso del latín en la liturgia.[13] Así es como[14] somete a juicio la recomendación de Pablo VI respecto a esta disposición conciliar, cuando expresaba:Vale más la inteligencia de la oración que no las sedosas y vetustas vestiduras con las que se ha vestido regiamente… Y (Pablo VI) cita 1Corintios 14,19: En la asamblea prefiero decir cinco palabras según mi inteligencia para instruir también a los otros, que no diez mil en virtud del don de lenguas.” En el número siguiente, prosigue:Además no parece que esta preeminencia del comprender pueda ser deducida del lugar citado por San Pablo. De hecho el apóstol se refiere a la palabra didáctica (ut et alios instruam) la cual debe necesariamente resultar inteligible al que escucha”.

Quien, en realidad, se equivoca es Amerio, porque Pablo se opone aquí a los glosólalos, que no debían instruir y que, de todos modos, tenían que ceder a los discursos inteligibles. Porque todo el contexto no se refiere solamente al ministerio de la docencia, sino a otros también. El Apóstol prefiere la claridad comprensible a aquella glosolalia ininteligible de la que se preciaban exageradamente los corintios. En efecto, en el contexto anterior,[15] el Apóstol propone esta hipótesis:Supongamos, hermanos, que yo fuera a verlos y les hablara en esa forma (lenguas incomprensibles), ¿de qué les serviría, si mi palabra no les aportara ni revelación, ni ciencia, ni profecía, ni enseñanza?”

Como se puede apreciar, la enseñanza esunode los servicios que Pablo tiene en cuenta para exigir inteligibilidad. No el único. El Apóstol, entonces, prefiere la inteligibilidad también en expresiones que no son propiamente didácticas.

Exagera, acto seguido, arguyendo que también un no creyente podría tener la percepción intelectual de lo que se dice en una liturgia en lengua vernácula. Con la diferencia –habría que acotar– de que un descreído podrá comprender, pero no adherir a aquello que entiende. Al revés, el hombre de fe no la tiene mayor cuanto menos entiende, sino que trabaja además para poner en armonía toda su vida con aquello que cree, en el doble movimiento de la “fides quaerens intellectum” y el “intellectus quaerens fidem”.

Pasando por alto otras posturas denigratorias de verdaderos adelantos en la liturgia,[16] me detengo en las razones, a mi ver demasiado rebuscadas. por las cuales Amerio abomina de la orientación delaltar facial”, como lo denomina.[17] “El altar facial presenta graves inconvenientes. Si, como sucede con frecuencia, está plantado (piantato) delante del altar antiguo, que contiene el tabernáculo, es indecente que el celebrante dé la espalda al Sacramento para dirigir el rostro al pueblo. Se verifica entonces la abominación execrada en Ezequiel 8, 16 cuando los sacerdotes sacrifican volviendo la espalda al Sancta Sanctorum”.

En primer lugar, en el texto de Ezequiel ni se nombra al Sancta Sanctorum, hablando simplemente dedar la espalda al templo”. Además, si se condena este detalle, es evidente que no es por ese solo hecho, sino ante todo porque implica quecon sus rostros vueltos hacia el oriente, ellos se postraban hacia el oriente ante el sol.” Ahora bien, al dar la espalda al Sagrario, cuando se celebra en un altar que mira a la asamblea creyente, es más que obvio que no se está practicando ninguna suerte de idolatría. Por lo tanto, es una considerable distorsión del sentido primordial del texto estirarlo hacia la tesis que desea demostrar Amerio.

Tal importancia atribuye nuestro autor a la denostación de esta orientación, que continúa con esta argumentación:La indecencia resulta más manifiesta si se recuerda que, para no dar la espalda al Santísimo, los púlpitos se construían al costado de la nave y que durante la exposición del Santísimo, mientras se predicaba, el ostensorio era velado, teniéndose como irreverencia el solo estar ante el Sacramento sin tenerlo en atención.”[18] A la verdad que parece extremista porque, de hecho, el celebrante daba la espalda al sagrario cuando distribuía la comunión a los fieles. Se replicará que el mismo sacerdote tenía en sus propias manos a Jesús-Eucaristía. Pero… ¿no se lo tiene igualmente delante cuando se consagra en un altar, rodeado por la atención de todos los fieles? Además, si tal es la reverencia que se ha de tener ante el Santísimo, habría que retirarse del templo, reculando, caminando hacia atrás, paranuncadar la espalda al Santísimo. Parece que dejamos de lado la admiración del Salmista: “Me rodeas por detrás y por delante”[19] Y si bien el texto se refiere a la omnipresencia divina, bien que se lo puede aplicar también a la presencia sacramental de Cristo,[20] desde la cual, en un lugar determinado, ejerce no menos sus atributos divinos globalizantes.

Continúa argumentando contra el altar orientado hacia los fieles:La celebración facial rompe la unanimidad de la asamblea. En el rito preconciliar de la Misa, sacerdote y fieles se dirigen todos hacia Dios, que está frente y por encima de todos. Ellos están en posición jerárquica y tienen una mirada teotrópica. En la nueva misa à l’envers, como decía Claudel, tanto la asamblea como el sacerdote se vuelven hacia el hombre. Se corrompe la unanimidad de la Iglesia, porque el Dios al que se dirige el pueblo está, por decir así, al revés de aquel al que se dirige el sacerdote… El celebrante está ante un Dios al cual el pueblo le da la espalda y el pueblo, viceversa, está ante un Dios al que el celebrante da la espalda. Por cierto que se puede prescindir de esta figuración y centrar los pensamientos en la hostia del sacrificio, pero la natural piedad humana procede por figuraciones e imagina personas. Dije que se corrompe la unanimidad de la Iglesia, que no es la consideración recíproca de sus miembros sino el mirar a Dios todos juntos. Se reduce la Iglesia a comunidad de concentración, mientras que ella es comunidad de proyección hacia el único punto trascendente.”[21]

Francamente parece un pensamiento tortuoso, abroquelado en un solo aspecto de una realidad, cuya riqueza permite muchos “et-et”. ¿Por qué no pueden todos convergir hacia el centro, donde se celebra la Palabra[22] y la Eucaristía? ¿No miran todos juntos al Dios hecho presente sobre el altar? ¿Por qué, en tal caso, esa rebuscada oposición espacial entre el celebrante que miraría aun Dios”, colocado en lugar diferente alotro Dios”, al que se dirigiría el pueblo? A un momento dado, parece volver al sentido común, cuando repara quepor cierto se puede prescindir de esta figuración y centrar los pensamientos en la hostia del sacrificio.” Con todo opondrá a ese razonable llamado de atención lanatural piedad humana, que procede por figuraciones.”Pero, esa natural propensión del hombre ¿no podrá ser reforzada por medio de nuevas figuraciones, de acuerdo a la presencia completamente fuera de lo común que por la fe percibimos en la presencia real eucarística? ¿No prometió el mismo Jesús que allí donde dos o tres estén reunidos en su nombre, estaría Él en medio de ellos?[23]

En el número 327[24] sigue acumulando quejas contra los papas.La desautorización del Papado es patente en los hechos de Juan Pablo II. Su enseñanza sobre la dignidad humana y sobre la paz y los derechos del hombre es infatigable, pero ineficaz. No acertó a ubicarse entre los contendientes y a detener las armas, cuando estuvo por visitar y visitó Gran Bretaña y Argentina, que estaban en guerra; o sea que no pudo hacer valer la incompatibilidad de una visita del predicador de la paz con el estado de guerra de las naciones visitadas, como si la diferencia entre paz y guerra ante la conciencia de los pueblos cristianos no fuera relevante”.

A la verdad que parecen objeciones muy poco cristianas. Porque debería también Amerio acusar a Jeremías, quien en su predicación obtuvo sólo indiferencia y fracasos. Cuando no al mismo Cristo, quien no nos mandó tener éxito en la presentación del Evangelio,imponiéndolo”, sino únicamenteproponiéndolo”:Saluden invocando la paz sobre la casa. Si lo merece, que la paz descienda sobre ella, pero si es indigna, que esa paz vuelva a ustedes.[25] Además se muestra incompleto, porque calla en absoluto la intervención papal (esta vez exitosa), que impidió una guerra entre Argentina y Chile en 1978.

Sigue acumulando descréditos sobre Juan Pablo II, al recordar:El Pontífice padeció la mayor afrenta en la visita a Nicaragua. Aquí se le opusieron los sacerdotes y los laicos de la Iglesia popular … se le impidió hablar y fue abismado con lemas irreligiosos y revolucionarios.[26]

Fue verdaderamente bochornoso ese viaje de Juan Pablo II a Nicaragua, sobre todo el comportamiento nada católico, cristiano ni humano de lossacerdotes ministrosdel régimen sandinista, como E. Cardenal y M. D’Escoto –que no estuvo presente, pero que despectivamente se fue de viaje a la India.

Me pregunto si Amerio también acusaría dedesacertadoa Jesús, cuando fue rechazado abiertamente por sus paisanos de Nazaret.[27] Por otro lado, calla Amerio lo siguiente:En cambio, quien quedó satisfecho fue el arzobispo Obando, máxima y cuestionada autoridad católica de Nicaragua: sabía que la vasta mayoría de su pueblo había quedado impresionada y conmovida por el hecho de que el Papa hubiera acudido a ellos, y el comportamiento de los sandinistas en la misa papal había aclarado la situación. Como recordaría más tarde el propio Obando,la gente empezó a preguntar: ‘¿Quiénes son para tratar de esa manera a la Iglesia?’…Gente que hasta entonces había tenido dudas sobre su relación con la revolución descubrió en qué lado estaba, porque vieron cómo trataba el régimen al Santo Padre.”[28]

Es también significativo el total silencio de Amerio sobre la presencia de Juan Pablo II en su primera visita internacional, realizada en México para la tercera reunión del CELAM en Puebla. Tuve la gracia de participar en aquellas movidas, pero no menos fructuosas, discusiones y nadie podrá negar el influjo más que beneficioso del discurso inaugural del Sumo Pontífice, así como los aportes de la rica enseñanza que esparció por todos los lugares por donde pasó. Sin silenciar la acogida verdaderamente entusiasta de la inmensa mayoría del pueblo mexicano.

Avanzando en la lectura, nos encontramos con otro solemne tirón de orejas a Pablo VI.[29]Pablo VI augura un mundo en el que la parábola de Lázaro y Epulón sea corregida, que la libertad no sea una palabra vana y el pobre Lázaro pueda sentarse en la misma mesa del rico.[30] El sentido de la parábola es aquí dado vuelta. En el Evangelio el rico accepit bona in vita sua[31] y por esta razón cruciatur.[32] Lázaro, al contrario recepit mala et nunc consolatur.[33] Querer que Lázaro goce como el rico significaría poner a la par aquellos bienes mundanos con el consuelo celestial y hacer del goce de los bienes del mundo un valor conectado con la fruición de Dios e incluido en ésta”.

Es un reproche inconsiderado, que no tiene en cuenta legítimas consecuencias que se pueden extraer de la parábola para la vidaen este mundo”. Porque, si Jesús condena el trato despiadado que el rico tuvo para con Lázaro, se cae de su peso que está exigiendo una conducta diametralmente diferente, para quedesde esta vidase vaya preparandola otra”. De ahí, el final del diálogo entre el rico y Abraham (pasado a silencio por Amerio): “Tienen a Moisés y los profetas.”[34] ¿Para qué? ¿Para llevarlos al cielo? No, para ponerlos por obra en esta vida, porque “si no escuchan a Moisés y a los profetas, aunque resucite alguno de entre los muertos, tampoco se convertirán.”[35] Pero laconversiónes posible sóloen esta tierray un rasgo de la misma, consiste en hacer compartir a los menesterosos delos bienes que se poseen en este mundo”.

Salteando otros párrafos merecedores también de esclarecimiento, terminamos este repaso con un aluvión de acusaciones al Vaticano II, que no reproduciremos en su totalidad, pero que será suficiente con lo que seleccionaremos.Las novedades del Vaticano II son relieves de partes de la doctrina católica que corresponden al olvido de otras partes correlativas. El olvido cubre al dogma de la predestinación bajo la verdad de la vocación universal; el del infierno bajo la verdad de la misericordia divina; el de la presencia real bajo la verdad de la presencia espiritual de Cristo en la asamblea…”[36]

Estoy de acuerdo en conceder el “desbarajuste con el que muchos teólogos” (¿cuáles?) han devastado la doctrina de la Iglesia. Pero ¿no tiene en cuenta Amerio el esfuerzo empeñoso y eficaz de tantos otros, que mantienenuna y otra cosa”? Escatologíaydeberes temporales, infalibilidad de Pedroycolegialidad episcopal, sacerdocio ministerial de los presbíterosysacerdocio común de los fieles, etc… ¿No tiene noticias de De Lubac,[37] L. Bouyer, L. Scheffczyk, K. L Becker, C. Pozo, J. A. Sayés, G. Segalla, V. Fusco, la Revue Thomiste, Communio[38] y tantos otros autores y revistas que salieron a defender la recta doctrina en medio de las tormentas postconciliares?

Por todo lo cual adhiero del todo al juicio de G. Possedoni después de una panorámica sobre las obras de Romano Amerio:Para concluir, es francamente difícil adherir al juicio complexivamente negativo que Romano Amerio parece pronunciar en su obra sobre el concilio ecuménico Vaticano II, que, por el contrario, en su hermenéutica en continuidad con la Tradición, presenta múltiples resultados fructuosos… Sobre todo es arduo compartir su visión de una Iglesia menoscabada por variaciones de tal grado que desnaturalizan su esencia, porque participar con él en esta convicción querría decir para un creyente, titubear, al menos, respecto a la fe en la promesa hecha por su fundador; porque, si es verdad que la Iglesia está constantemente bajo amenaza de quienes defienden cambios descabellados –y es obligatorio evidenciar y denunciar implacablemente los peligros y distorsiones, que son muy graves, a las cuales daría paso el laxismo para con esos ataques– también es verdad, más aún, absolutamente verdadero que la Iglesia jamás variará esencialmente, porque portae inferi non praevalebunt adversus eam.[39]

Continuará …


[1] En realidad, los párrafos que cita y rechaza Amerio se refieren al número 12 (no al nro. 14) y al 24.

[2] Trad. “El Señor hizo todas las cosas para Sí mismo.”

[3] III, 112.

[4] Iota unum, 451, número 238.

[5] Entre ellos el entonces Card. K. Woytila y, culminando el congreso, Pablo VI.

[6] K. Rahner, E. Schillebeeckx.

[7] El primer centenario de la Aeterni Patris (1879), documento con el que León XIII dio nuevo y potente vigor a los estudios tomistas.

[8] Iota unum, 455, número 240, citando: Atti, Roma 1981, p. 168.

[9] Cf. Optatam totius, 807 y De educatione christiana, 843. Enchiridion Vaticanum, IX ed., Bologna 1971, pp. 440 y 468

[10] No menos, descalificando la recomendación conciliar de Santo Tomás, Amerio, en el número 239 (p. 452), refiriéndose a Optatam totius 15, cita su texto: “apoyados en el patrimonio filosófico perennemente válido”, para agregar de inmediato: “Pero calla acerca del tomismo”. Ignora Amerio la respuesta oficial que brindara la entonces llamada Congregación de Seminarios: “Se ha preguntado, qué significan en concreto las palabras “patrimonio filosófico perennemente válido”…Se responde que el significado de dichas palabras se encuentra en la carta Encíclica Humani Generis…que está indicada en la nota a estas palabras. Consta además por los documentos del sacrosanto Concilio, que la Comisión de Seminarios, estudios y educación católica entendió por el patrimonio filosófico perennemente válido, los principios de Santo Tomás” (Ver: Seminarium –1966– 65). En la nota 1ª de esta misma página 452, Amerio expresa: “La extromisión de la filosofía tomista sancionada por el Concilio sigue siendo la postura de los estudios eclesiásticos”. Permítasenos comentar, como consta por los datos que se están brindando, que el Concilio no sancionó en modo alguno el abandono de la filosofía tomista. Con todo, Amerio tiene la honradez de contraponer a esa dejadez (que de hecho se ha extendido –aunque no por causa del Concilio, sino por desprecio del mismo) la advertencia de Juan Pablo II al episcopado francés: “El acercamiento a Dios por la ontología propiamente dicha, centrada en la intuición del ser en la perspectiva tomista, sigue siendo irreemplazable” (L’Osservatore Romano, 11/XII/1982). Datos semejantes podría fácilmente haberlos multiplicado con las profundas llamadas de atención al respecto de Pablo VI. Muy rápidamente señalamos las siguientes: Carta al General de los Dominicos (1964). Carta al Congreso de la Academia Romana (1965). La Lumen Ecclesiae (1974).

[11] Aquí incluye una de sus tantas notas de erudición y crítica filológica: “En realidad no está difundida (la metáfora proviene del líquido que se expande uniformemente haciendo un velo superficial continuo), sino más bien dispersa discontinuamente”. La verdad que parece una acotación demasiado traída por los pelos, porque una noticia también “se difunde” y no tiene por qué ser entendida rigurosamente con todos los ingredientes de la “difusión originaria de los líquidos”. No se olvide que “Comparatio non tenet in omnibus” (trad. la comparación no se sostiene en todos los detalles).

[12] Ver: Hechos 1,8.

[13] Estoy de acuerdo en que ha significado una gran pérdida la dejadez con que se ha tratado a esa ilustre lengua en la formación sacerdotal y su eficaz aporte a la universalidad de la Iglesia. Pero de ahí a negar los notorios frutos de una intelección más cercana, en la propia lengua, de los misterios litúrgicos, parece que hay un paso que no es posible dar con la insistencia de que hace gala Amerio.

[14] Nro. 283, p. 528.

[15] 1Corintios 14,6ss.

[16] Como la falta de aprecio de la mayor abundancia bíblica que ofrecen los nuevos leccionarios: número 288-289.

[17] Nro. 291.

[18] Nro. 291, p. 544.

[19] Salmo 139; 138,5.

[20] Olvida Amerio cómo, en las disposiciones del antiguo misal, pre-Vaticano II (Ritus celebrandi), se tenía en cuenta la posibilidad de celebrar con orientación hacia el pueblo: “Si altare sit ad Orientem, versus populum, celebrans versa facie ad populum, non vertit humeros ad altare, cum dicturus est Dominus vobiscum” (Tito 5, 3). O sea: “Si el altar estuviera dirigido hacia el oriente, mirando al pueblo, el celebrante con la faz dirigida al pueblo, no gira los hombros hacia el altar, cuando tenga que decir Dominus vobiscum”. Las principales basílicas e iglesias romanas tienen sus altares según esa dirección: San Juan de Letrán, San Pedro, San Pablo extra muros, San Clemente, Santa Cecilia, San Marcos, San Jorge in velabro, San Cesario, Santos Nereo y Aquileo, etc.

[21] Nro. 291, pp. 543-544.

[22] De paso, se nota el poco aprecio de Amerio a un adelanto innegable de la reforma litúrgica de la Misa dispuesta por el Vaticano II. Me refiero al realce que se ha concedido a la liturgia de la palabra, tenida como una de las presencias de Cristo (Sacra Congregatio , 7). Nadie podrá negar la “tradición” corrompida de tanta gente cristiana, que tenía a la primera parte de la Misa como un “aperitivo prescindible”. Era clásica la pregunta: “Llegué para el Evangelio, ¿Me vale la Misa?” Tampoco se podrá ignorar la gran recuperación de esta importante preparación a la Eucaristía, llevada a cabo por el Vaticano II.

[23] Mateo 18,20. || En un pasaje anterior (número 273, p. 509) había afirmado: “Es superfluo observar que Mt 18,20, al que se acude en el artículo 7 (de la Institutio generalis Missalis Romani de Pablo VI, 1969) se refiere a la presencia moral de Cristo en la Iglesia y no a la presencia real en el Sacramento”. Me pregunto si no podrá legítimamente aplicarse un a fortiori, ya que si con sólo la reunión orante de dos o tres, allí se hallará Cristo “moralmente” en el medio, con mayor razón lo estará cuando su “presencia real” es celebrada y adorada en la disposición misma del espacio litúrgico, con el altar en el centro.

[24] p. 617.

[25] Mateo 10,13.

[26] Ibid.

[27] Lucas 4,29-30.

[28] G. Weigel, Biografía de Juan Pablo II, Testigo de Esperanza, Barcelona (1999) 614-615.

[29] Nro. 328, p. 619.

[30] Populorum Progressio, nro. 47.

[31] Trad. recibió bienes en su vida.

[32] Trad. “es atormentado”.

[33] Trad. recibió males y ahora es consolado. Cfr. Lucas 16,25.

[34] Lucas 16,29.

[35] Ibid., v. 31.

[36] Siguen todavía ocho densas cataratas de estas oposiciones: nro. 330, pp. 626-627.

[37] Citado una sola vez, p. 606 y únicamente para recordar que fue creado cardenal.

[38] Revista fundada por H. De Lubac, H. U. von Baltahasar y J. Ratzinger, para hacer frente a los desvíos de otra publicación (Concilium), propagadora de una interpretación liberal y relativista del Vaticano II.

[39] Presentazione en: Autori Vari, Romano Amerio, il Vaticano II e le Variazioni nella Chiesa Cattolica del XX Secolo, Verona (2008) 16-17.

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