teologia-de-la-liberacion-4

Miguel Antonio Barriola

Jesús y los pobres en la exégesis de los teólogos de la liberación
Primera parte

En la década de los 80 el Instituto Teológico del Uruguay Monseñor Mariano Soler estaba afiliado a la Pontificia Università Gregoriana de Roma. El P. Ángel Antón (r.i.p.) hacía de supervisor y lazo de unión entre ambas instituciones, viajando con frecuencia a Montevideo para el desempeño de estas funciones. En una de esas ocasiones me invitó a ofrecer un seminario de teología para los licenciandos en dicha sede romana.

Fruto de tales clases, dictadas en febrero de 1988, fueron las reflexiones que ahora nuevamente proponemos, ya que nos parecen gozar todavía de utilidad, pese a que las circunstancias concretas en que nacieron dieran la impresión de encontrarse superadas hoy en día.[1]

Ambientación histórica

En efecto, con la caída del comunismo europeo,[2] se ha desvanecido el carácter revolucionario que había adoptado la teología latinoamericana, inspirándose sobre la que se pensaba exitosa y duradera praxis marxista. Pero, tal como hemos indicado en un aporte anterior,[3] los rasgos básicos de aquel pensamiento se presentan en la actualidad camuflados bajo nuevos y diferentes aspectos como feminismo extremo, indigenismo, Amerindia,[4] por lo cual nunca está de más inmunizarse ante posibles resurgencias de aquellas desviaciones. Además, como se dirá más adelante: nuestra civilización habituada a moverse en la superficialidad, bombardeada por las imágenes, no tiene tiempo para detenerse en las profundidades, a fin de comparar y sacar consecuencias. Por lo cual, siempre podrá ser provechoso repasar las desviaciones de antaño, sopesarlas y prevenirnos, no sea que se vuelva a incidir en las mismas, ya que, si “cualquiera puede errar, pero ninguno sino el tonto persevera en el error”.[5]

Emergencia de la Teología de la Liberación

Recorriendo el Programma studiorum de la Pontificia Universidad Gregoriana para este semestre, es interesante comprobar cómo al menos diez cursos tienen en su objetivo a la Teología de la Liberación, nacida en un continente que por siglos no llamaba la atención de los círculos teológicos.

Y verdaderamente se puede decir que desde los tiempos coloniales, cuando se dio una gran efervescencia doctrinal respecto a la evangelización del Nuevo Continente, por obra de un Vitoria en España, Las Casas o los Concilios Limenses de Santo Toribio de Mogrovejo en el mismo continente descubierto por Colón, América Latina, aun siendo católica en todos sus niveles sociales, había entrado en una especie de letargo en cuanto a lo que a reflexión teológica se refiere.

España primero, y después Francia y Alemania, ofrecían manuales y hasta los problemas sobre los cuales se debía vivir y profundizar la común fe cristiana, el amor para con Dios por medio de Jesucristo y a los hermanos en la Iglesia misionera.

Para ser justos y no caer en cómodas simplificaciones, es preciso decir que la precedente afirmación no significa que los obispos, sacerdotes y laicos de nuestros países hayan sido grandes haraganes. Al contrario, el trabajo apostólico era masacrante y nunca fue interrumpida la historia de las generosidades por la difusión del Evangelio, las misiones entre aborígenes o en las campañas, la defensa del Evangelio contra el liberalismo y el laicismo.

Tan es así que había muchos que justificaban de algún modo la falta de producción propia en filosofía y teología, dada la vastedad del trabajo apostólico que estaba por delante. Así nació el slogan que se sentía–y por desgracia sigue difundiéndose: Non doctores sed pastores.[6]

Sin embargo, creemos que tal oposición no es aceptable. Porque, así como un intelectualismo lejano de la vida se queda frío y estéril, no menos un activismo alocado, sin puntos de referencia, pausas de reflexión y retorno a las fuentes de la vida cristiana se resquebraja, pierde profundidad y termina cansándose. Como bien decía el P. Galtier: “Dejar dormir la teología siempre prepara a la Iglesia un feo despertar”.[7]

Ahora bien, en torno a 1953 se encontró en Europa un grupo latinoamericano de estudiantes de teología (en Lovaina sobre todo),[8] que alimentaba la noble aspiración de hacer teología en base a los problemas y dimensiones de los países en los que deberían después desarrollar sus actividades académico-pastorales.[9] Vueltos a sus respectivas naciones, lograron encontrarse muchas veces, para esbozar los primeros planes del programa soñado en Europa.

Muchos de ellos, sobre todo Gustavo Gutiérrez, trabajaron eficazmente en calidad de peritos durante la Segunda Conferencia General del Episcopado Latinoamericano (CELAM), tenida en Medellín. Pero… no le toca a nuestro curso hacer la historia de este vasto movimiento de la teología actual.[10]

El hecho es que hoy, la teología que se practica en América Latina ha llamado la atención mundial en la Iglesia y también fuera de sus muros. Retrata bien la amplitud de este movimiento la siguiente descripción: “Son muchísimos los interesados en la Teología de la Liberación: periodistas y amas de casa; obreros y profesionales; creyentes y ateos; L’Osservatore Romano… y la revista Voprosy Filosofia[11] de Rusia; conferencias episcopales y gabinetes de gobierno; el Papa Juan Pablo II y Fidel Castro. Todo esto se debe a la Teología de la Liberación, porque ha despertado por todas partes el interés sobre un aspecto de la vida de la Iglesia y del mundo de hoy”.[12] Clodovis y Leonardo Boff[13] llegan a decir que una situación semejante hace “recordar las discusiones teológicas de la Iglesia antigua, en las que el pueblo en masa se sentía involucrado”.[14]

El Magisterio de la Iglesia también ha reconocido los valores de esta nueva aproximación teologal. De hecho, la Libertatis Nuntius declaró: “Tomada en sí misma, la aspiración hacia la liberación no puede dejar de encontrar un amplio y fraterno eco en el corazón y espíritu de los cristianos. Así, en consonancia con esta aspiración, ha nacido el movimiento teológico y pastoral conocido con el nombre de teología de la liberación”, en primer lugar en los países de la América Latina, sellados por la herencia religiosa y cultural del cristianismo”.[15] Más adelante dirá todavía: “Las ‘teologías de la liberación’… tienen el mérito de haber valorado los grandes textos de los profetas y del Evangelio sobre la defensa de los pobres”.[16]

Con esta cita llegamos al punto concreto de nuestro curso. Ya que los pobres, de hecho, son una de las principales líneas de fuerza de la Teología de la Liberación. Nuestros autores, no sólo se preocuparon de lamentarse y elucubrar sobre la penosa situación de los marginados y oprimidos, sino que, más bien se lanzaron a la búsqueda de los caminos más eficaces de solución, descartando remiendos que, según ellos, no son más que pan para hoy y hambre para mañana.

Pero… ¿ha sido todo oro puro en estos escritos y acciones en vistas de la liberación de los predilectos del Señor Jesús? Muchos obispos, teólogos, la Congregación para la Doctrina de la Fe y, no en último lugar, los mismos autores de esta tendencia teológica, advierten acerca de más de una exageración, desviación y error en los primeros y entusiastas arranques. Por consiguiente, no basta preocuparse por los pobres, para que todo esté en orden. Trotsky y Stalin decían trabajar por el proletariado. Pero el primero terminó liquidado bajo los golpes de los esbirros del segundo.

Ya a partir de la primera obra fundadora,[17] Gutiérrez advertía: la revisión sobre la pretendida ausencia de interés político en Jesús “es necesario emprenderla respetando al Jesús de la historia, sin hacer violencia a los hechos a causa de nuestras actuales preocupaciones”. En uno de sus libros posteriores (casi una década después,)[18] afirmará que uno de los objetivos de la teología reside en “corregir posibles desviaciones, así como recordar algunos aspectos de la vida cristiana que corren el riesgo de ser olvidados, si uno se deja llevar de las exigencias de la acción política inmediata, por generosa que ésta sea”. Al final del mismo libro, admite: “Muchos son los puntos a considerar y precisar”.[19]

Juan Luis Segundo, en una respuesta crítica de su parte a la Libertatis Nuntius, concede que el documento de la Santa Sede “llama nuestra atención sobre realidades que podríamos y deberíamos mejorar. Equívocos como los que a veces se mezclan en nuestros juicios o actitudes referentes a la Iglesia popular o en el uso mismo de esta expresión para cualquier tipo de realidades muy diversas entre sí. Exageraciones clasistas en nuestra concepción de la Iglesia, de su función y sus posibilidades. Uso simplista de las categorías dependientes de la lucha de clases, empleadas para la explicación de todo fenómeno de opresión”.[20]

Los hermanos Boff, en el libro recién citado, alertan contra las “tentaciones de la Teología de la Liberación”.[21]

Objetivo de este curso

Hasta aquí hemos llegado al cruce de dos elementos sobresalientes, en los que todos se encuentran de acuerdo, cuando se somete a análisis la producción literaria de los principales teólogos de la liberación: en primer lugar, su contribución innegable y evangélica para hacer despertar la conciencia de la Iglesia hacia los favoritos de Jesús. Por otra parte, las no pocas perplejidades (admitidas por ellos mismos, como se ha visto), que se desprenden de los métodos empleados.

Gutiérrez advierte con gran nobleza: “Es claro que no se pretende que, por el solo hecho de esbozar una reflexión, partiendo de nuestra realidad de pobreza y de la vida de nuestra Iglesia, deba ser aceptado todo lo que se hace, porque, si no, el crítico sería acusado de mal cristiano o tenido como opresor. Esto sería inadmisible. Lo que se pide, en atención al Espíritu, que sopla donde quiere, es que se reconozca el ángulo en el que nos ubicamos y los problemas a los cuales procuramos dar respuesta. El resto debe ser el objeto de una discusión en el campo de la teología, con las exigencias de ortodoxia doctrinal y trabajo científico, que todos hemos de respetar”.[22]

En este curso, por lo tanto, intentaremos detenernos a evaluar la “consideración bíblica” que los principales teólogos latinoamericanos hacen de la “pobreza”. El cometido, entonces, está bien determinado. No se entrará en consideraciones de las bases sociológicas o filosóficas, ni en tantos otros presupuestos, que componen esta teología. Se aludirá a algunos de estos elementos, siempre que lo requiera nuestra consideración exegética.

Igualmente nuestra consideración será reducida, dado que, en la misma Biblia, nos detendremos sobre todo en el Nuevo Testamento.[23]

Una dificultad metodológica

Personalmente he trabajado sobre los textos originales en lengua castellana. Todos estos autores (fuera de Boff) han publicado ya en Iberoamérica o en la misma España. Será, entonces, complicado hacer referencias en diferentes versiones, por más que la literatura que usaremos se encuentre difusamente traducida en varias lenguas europeas, asiáticas y africanas.

Pero no es éste el problema principal. El hecho es que muchos de nuestros autores han cambiado bastante sus puntos de vista. Sobre todo Gutiérrez. ¿Qué hacer? ¿Estudiarlos sobre sus primerísimos textos? ¿Prescindir de los mismos, para tener en cuenta únicamente sus últimas publicaciones?

Es un asunto arduo de decidir, porque si es verdad que nos encontramos con tesis muy diversas de las primeras, llenas de matices, no se sabe con certeza que hayan corregido formulaciones precedentes.[24]

Veamos, por ejemplo, esta respuesta de Gutiérrez, durante un curso por él dictado en la Argentina, en el año 1986:[25] “En estos últimos años he tenido que releerme mucho, por motivos que ustedes conocen… No les diré que pienso sobre estas cosas del mismo modo que hace un tiempo. Hay diferencias, que acompañan la maduración del compromiso de tantos, que provienen de los logros obtenidos, de la hostilidad, de los fracasos. Se trata de un itinerario de casi veinte años. Pero debo decir con toda honestidad que las intuiciones fundamentales de aquel comienzo de la teología de la liberación, no por obstinación, sino por honestidad, continúan siendo las que pienso también ahora. Pero no se mantiene necesariamente el modo de decirlo, la proporción de un tema, la ausencia de ciertos puntos”.

Es verdad, quien ha recorrido los libros de Gutiérrez no puede dejar de darse cuenta de nuevos acentos, ausentes antes, así como de desapariciones de fórmulas algo, o bastante, aventuradas. Lo hace notar al propio Gutiérrez el P. B. Sesboüé: “Siguiendo sus escritos en perspectiva me parece notar una creciente integración de elementos teológicos que eliminan el unilateralismo, que me parecía presente en sus primeras afirmaciones… Pero he notado también la repetición de ciertas tesis que no me parecen encontrar justificaciones teológicas, o el lenguaje, que les darían una indiscutible permanencia”.[26]

Dado que los primeros libros siguen editándose[27] sin cambios, es difícil saber qué sostiene hoy en día de las “intuiciones fundamentales”, qué correcciones asume (Gutiérrez y otros), de qué naturaleza sean los nuevos puntos de equilibrio. Sería, por tanto de desear, no sólo que los nuevos sones se añadan a los primeros, sino también indicar con precisión, qué cambios implican las tesis más recientes. Las Retractationes de San Agustín permanecen siempre como un ejemplo a imitar.

Autores elegidos para el análisis

Son muchos los escritores que podrían ser estudiados. G. Gutiérrez, H. Assmann, J. Comblin, J. L. Segundo, L. Gera, para citar los nombres de la primera oleada. Después poco a poco se fueron agregando: S. Galilea, A. Paoli, L. Boff (y su hermano Clodovis), J. Sobrino, I. Ellacuría, P. Richard.

En la imposibilidad de considerarlos a todos, se impone una selección. Nos detendremos en G. Gutiérrez, J. L. Segundo y L. Boff. Después, dentro de su vasta producción elegiremos todavía algunas obras:

  • G. Gutiérrez, Teología de la Liberación.[28]
  • G. Gutiérrez, La fuerza histórica de los pobres.[29]
  • G. Gutiérrez, La verdad os hará libres.[30]
  • J. L. Segundo, El hombre de hoy ante Jesús de Nazaret. Madrid, 1982. Obra que se extiende en tres gruesos volúmenes. Tendremos en cuenta el II/1: “Historia y actualidad – Sinópticos y Pablo”.
  • J. L. Segundo, Teología de la Liberación – Respuesta al Cardenal Ratzinger , Madrid, 1985.
  • L. Boff, Jesucristo y la liberación del hombre, Madrid, 1981.

¿Por qué los pobres y “los otros”?

Se trata de recuperar la universalidad de la destinación del Evangelio; de volvernos conscientes del hecho que Jesús no excluye a nadie de su invitación a la conversión y la salvación. Tanto los pobres como los ricos encuentran su lugar junto a Jesús y entre los miembros de la Iglesia de todos los tiempos. Que tal hecho cree problemas,[31] y a veces bien grandes, no nos faculta a restringir la amplitud de la misión que Cristo encargó a sus discípulos.

Queremos, pues, examinar, a la luz del Evangelio, de la tradición cristiana y del Magisterio de la Iglesia, si son compatibles con la Buena Nueva cristiana tesis como éstas, afirmadas y sostenidas por G. Gutiérrez y otros: “El pobre hoy es el oprimido, el marginado de la sociedad, el proletario que lucha por sus derechos más elementales, la clase social explotada y despojada, la nación que combate por su liberación. La solidaridad y protesta de las que hablamos tienen en el mundo actual un evidente e inevitable carácter “político”, en cuanto poseen un significado liberador. Optar por el oprimido significa optar contra el opresor”.[32]

Este pasaje no es sólo el fruto momentáneo de una fogosidad, que se podría descuidar. Ya había escrito expresiones equivalentes, desde el comienzo de la obra, justamente en el planteo de la cuestión: “El advenimiento del Reino pasa por la rotura de esta situación, se trata de encontrar caminos de respuesta teológica a los problemas que surgen en el seno de la vida cristiana, que ha optado por los oprimidos y contra los opresores”.[33]

Ahora bien, frente a tan tajante contraposición, la Libertatis Conscientia, 1986, recuerda: “La solidaridad es una exigencia directa de la fraternidad humana y sobrenatural. Los graves problemas socio-económicos, que surgen hoy, no pueden ser resueltos a menos que sean creados nuevos frentes de solidaridad: la solidaridad de los pobres entre sí, solidaridad con los pobres, a la cual son llamados los ricos, y solidaridad de los trabajadores”.[34]

En un paso anterior decía: “Jesús quiso también mostrarse cercano a aquellos que aun siendo ricos con bienes de este mundo estaban excluidos de la comunidad como “publicanos y pecadores”, porque él había venido para llamarlos a la conversión.[35]

La pobreza que Jesús declaró bienaventurada es la que resulta en base al desprendimiento, a la confianza en Dios, a la sobriedad y la disposición de compartir con los otros”.[36] No por nada Mateo ha hecho explicitaciones sobre varias de las bienaventuranzas originales del Sermón de la montaña: “Bienaventurados los pobres de espíritu.”[37]

Creemos que Kierkegaard refleja bien el espíritu de las Bienaventuranzas, interpretado en la misma dirección por toda la tradición católica, cuando escribe: “Como el cristiano pobre no conoce su pobreza terrestre, así el cristiano rico no conoce su riqueza terrena, de la cual no habla más de lo que hable el cristiano pobre de su pobreza material. Uno y otro hablan de la misma y única cosa: de la riqueza celestial, de encontrarse ante Dios en la condición de quien pide el pan cotidiano y de ello da gracias; en la condición de quien es sólo administrador de los bienes de Dios”.[38]

Continuará.


[1] Aquí las ofrecemos, retocadas en algunos pasajes y puestas al día, cuando ha sido necesario. Con anterioridad, había presentado el núcleo de lo que en aquel curso desarrollé con mayor amplitud en el artículo que me solicitaran de la revista Seminarium, XXXVII, Nova Series: Año XXVI, nro. 3, Julio-Septiembre, 1986: “Jesús, los pobres y los otros”, pp. 606-624.

[2] Justo un año después de que presentáramos estas clases, 1989. Si bien se encuentra muy cambiado, sigue imperando en la vasta China, Corea del Norte, con ecos todavía preocupantes en Cuba, o disfrazado de diversas maneras en Venezuela y otros países iberoamericanos.

[3] Teología de la liberación y gemidos del Espíritu en: Revista Fe y Razón.

[4] Los Cambridge Companions to…, manuales de dicha universidad inglesa, de orientación e introducción a diversos temas teológicos) exhiben en su lista, este título de 1999: The Cambridge Companion to Liberation Theology, edited by Chris Gruchy. Recientemente, en 2012, se celebró en Brasil una conmemoración de los inicios de este movimiento teológico.

[5] Cicerón: Cuiusve est errare; nullius nisi insipientis in errore perseverare, Philippicae, 12, 2. Este curso en la Gregoriana fue presentado en italiano. Una vez finalizado, lo ofrecí a la revista “Tierra Nueva”, ya desaparecida), donde fue publicado, pero con una traducción bastante descuidada, cuando no con errores, que realizaron sin consultarme, Tierra Nueva, nros. 70 y 71 de 1989; 72, 73 y 74 de 1990. Aquí presento mi propia versión al castellano. Una anécdota puede dar una idea del ambiente creado en muchos estudiantes de teología por aquella época. Después de terminada la primera clase, se me acercó una religiosa brasileña, que me advirtió algo así: “No tocar a Leonardo”, refiriéndose a Boff. Respondí: “Se lo tocará todo lo que sea necesario”.

[6] Trad. “No se precisan doctores, sino pastores”.

[7] L’Unité du Christ, Paris, 1939, 278.

[8] Cuatro décadas después, ante el fallecimiento de J. L. Segundo en 1996, Gutiérrez evocará aquella época: “Nos conocimos a comienzos de los años 50, cuando él estudiaba teología en Eegenhoven, Bélgica, cerca de Lovaina; desde entonces nos unió una estrecha amistad, que se enriqueció a los largo de los años gracias a múltiples encuentros y a intereses y preocupaciones comunes. En uno de sus libros menciona nuestras primeras conversaciones y se refiere a nuestra amistad como “una amistad para toda la vida,” Juan Luis Segundo: un amigo para toda la vida, en: Misión – Juan Luis Segundo. Una teología con sabor a vida, Junio-Julio 1996, 62-63, 52.

[9] Unimos estos dos términos desde la profunda y arraigada convicción de que los trabajos de investigación y formación no son menos “pastorales” que los directamente parroquiales o de actividad apostólica.

[10] Recuérdese que estas clases fueron dictadas en 1988.

[11] Trad. Problemas de filosofía.

[12] Nicolás Cotugno, “Teología de la Liberación,” en: Boletín Salesiano, Montevideo, VIII, nro. 7, 1986, 12.

[13] Hermanos de sangre, ambos religiosos por aquel entonces y estrechamente aunados en la propagación de esta “teología latinoamericana”. Últimamente, con todo, Clodovis ha repensado su anterior postura, llegando hasta a criticar muy a fondo a su hermano Leonardo. Revisando este primer aporte, justo en los días posteriores a la renuncia de Benedicto XVI al pontificado romano, me encuentro con la entrevista que del diario bonaerense “La Nación”, 24 de febrero de 2013, le hicieron a L. Boff. Este hombre descarga con inquina sus venenos contra el papa, pretendiendo que entrará en la historia como el inquisidor que abortó a la teología de la liberación, “la primera que nació fuera de los centros metropolitanos del saber teológico, pero con expresión universal.” Acusa al papa que se retira de no haber entendido a los pensadores latinoamericanos, propiciando más bien a sus oponentes: militares, élites opulentas, en la consabida jerga demagógica. Ni se le pasa por la mente mencionar los estragos provocados por “Sendero Luminoso”, “Sandinistas”, “Montoneros”, “Tupamaros” y toda aquella “juventud idealista”, fogoneada tantas veces por esta “teología.”

[14] Cómo hacer Teología de la Liberación, Madrid, 1986, 109.

[15] Libertatis Nuntius, III, 1-2.

[16] Ibid., IX, 10.

[17] G. Gutiérrez, Teología de la Liberación, Salamanca, 1984, 10ª ed., p. 298; siendo la primera de: Lima, 1971. Usaremos en lo que sigue esta 10ª edición.

[18] La verdad os hará libres – Confrontaciones, Lima, 1986, p. 13. Se trata de la defensa pública de una tesis, síntesis de sus publicaciones anteriores, con el fin de obtener el doctorado en la Facultad de Teología de Lyon.

[19] Ibid., 247.

[20] Teología de la Liberación . Respuesta al Cardenal Ratzinger, Madrid, 1985, 193-194.

[21] Cómo hacer…, 82-84.

[22] La verdad os hará libres…, 161. Por lo demás, ésta había sido su postura desde la primera publicación, que lo dio a conocer universalmente en el mundo teológico: “La novedad y movilidad de las cuestiones que suscita el compromiso liberador hacen difícil el uso de un lenguaje adecuado y de nociones suficientemente precisas. Pese a lo cual presentamos este trabajo pensando que puede ser de utilidad y sobre todo porque confiamos en que la confrontación, implicada necesariamente en la publicación de una obra, nos dará la ocasión para mejorarla y profundizar estas reflexiones”, Teología de la Liberación, p. 18.

[23] Porque de hecho es bien conocida la importancia que tiene la interpretación del Éxodo y de los Profetas en el trabajo de la teología latinoamericana. Sólo de pasada, recomendamos el artículo de N. Lohfink: Von der “Anawín Partei” zur “Kirche der Armen”, en: Biblica, pp. 67, 198, 153-176. Allí se podrá comprobar que tampoco es del todo claro el análisis científico-exegético sobre los movimientos intitulados como “Los pobres de YHWH”.

[24] Se lo irá anotando cuando se presenten estos casos de correcciones que, sin embargo, no enmiendan ediciones anteriores.

[25] Publicado con el título: Evangelización y opción por los pobres, Buenos Aires, 1987, pp. 72-73.

[26] La verdad os hará libres, 50.

[27] En 1987, Teología de la Liberación alcanzaba su 12ª edición.

[28] Publ. por Perspectivas, Lima, 1971, Salamanca, 1984. Nos serviremos de esta 10ª edición de 1984. Cuando sea necesario, se hará referencia a la 14ª, “revisada y aumentada”, de 1990.

[29] Publ. Salamanca, 1982.

[30] Publ. Confrontación, Lima,1986.

[31] Ya desde las primeras cartas de Pablo, Pedro, Santiago, etc. Piénsese, por ejemplo, que la esclavitud es todavía tenida en cuenta en las comunidades cristianas de aquellos comienzos.

[32] Teología de la Liberación, 385. Semejante tesis sigue en pie en la última edición de 1990, p. 337.

[33] Ibid., pp. 177.

[34] Ibid., nro. 89 .

[35] Marcos 2,13-17; Lucas 19,1-10.

[36] Ibid., nro. 66.

[37] Mateo 5,3.

[38] Discorsi cristiani, Torino, 1963, p. 45.

Anuncios