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Daniel Iglesias Grèzes

Jean Carmignac (1914-1986) fue un presbítero, abad y biblista católico francés.Exégeta, estudioso de los textos bíblicos y traductor de los Manuscritos del Mar Muerto, cursó estudios en el Seminario Francés de Roma y en el Instituto Bíblico. Invitado alla Escuela Bíblica de Jerusalén en 1954, entra en contacto con los manuscritos de la comunidad esenia de Qumran ubicado en las cercanías del Mar Muerto y llega a ser un especialista en la materia. Fue uno de los más grandes expertos del lenguaje de los rollos del Mar Muerto, los cuales estudió por muchos años acumulando importantes conocimientos en las lenguas hebrea y aramea del período intertestamentario. Publicó varias traducciones de los rollos. En 1958 fundó y dirigió hasta el término de su vida la Revue de Qumran, revista especializada en los textos de Qumran. Lo asistió Émile Puech a partir de 1976. Durante un estudio lingüístico exhaustivo de los Evangelios sinópticos que duró unos veinte años, se convenció que la redacción original de los sinópticos fue hecha en hebreo y no en griego. Carmignac introdujo esta idea en 1984 en su libro La naissance des Evangiles synoptiques que Daniel Iglesias Grèzes comenta en esta serie de dos artículos para Fe y Razón.[1]

Nueve clases de semitismos

Para demostrar que Mateo, Marcos y las fuentes de Lucas fueron redactados originalmente en una lengua semítica (hebreo o, con menor probabilidad, arameo), Carmignac estudia los “semitismos”, es decir las influencias semíticas que a veces afectan y deforman el griego del Nuevo Testamento.

Carmignac clasifica a los semitismos en nueve categorías:

  • Semitismos de préstamo: consisten en el uso de términos prestados de lenguas semíticas (como “alleluia”) o de transcripciones de vocablos semíticos (como “Mesías”).
  • Semitismos de imitación: consisten en la reproducción de una expresión de la Septuaginta, una traducción del Antiguo Testamento al griego utilizada por los judíos helenizados y por los primeros cristianos.
  • Semitismos de pensamiento: consisten en la ausencia de asociación y de subordinación y en la amplitud de las exposiciones propias de las lenguas semíticas. Por ejemplo, en lugar de escribir simplemente “él vino”, los semitas preferían escribir “él se levantó y vino.”
  • Semitismos de vocabulario: consisten en usar una palabra en alguno de los sentidos que esa palabra tiene en una lengua semítica. Por ejemplo, entre los semitas la palabra “hijos”, además de indicar una estricta relación de parentesco, puede indicar una relación bastante más extendida. Así, en lugar de decir “ciudadanos del reino”, en los Evangelios se dice a veces “hijos del reino.”

En principio estas primeras cuatro clases de semitismos – de préstamo, de imitación, de pensamiento y de vocabulario – no sirven como pruebas de que la lengua original de los Evangelios Sinópticos fue el hebreo o el arameo, porque siempre se puede suponer que esos semitismos provienen de la influencia de la lengua materna de los redactores semíticos de los Evangelios en lengua griega.

  • Semitismos de sintaxis: consisten en el uso de expresiones griegas con particularidades sintácticas propias de una lengua semítica. Por ejemplo, para decir “en la casa del rey”, el hebreo —y a veces el arameo— suprime el primer artículo y dice “en casa del rey.” Un semita greco-parlante tenderá a omitir el artículo en ese caso, como se constata varias veces en el Nuevo Testamento.

En principio, también los semitismos de sintaxis pueden proceder de la influencia de la lengua materna de los evangelistas; pero si estos errores de sintaxis son demasiado frecuentes, esta explicación se vuelve inverosímil y es preciso admitir que provienen de un traductor demasiado servil, que desea calcar hasta en los menores detalles un texto considerado como sagrado.

  • Semitismos de estilo: la poesía griega tiene leyes muy precisas, que requieren un orden estricto de las sílabas largas o breves que forman un verso. En cambio en la poesía hebrea hay libertad sobre el número y el tipo de las sílabas y la unidad poética no es el verso sino la estrofa. La poesía hebrea hace rimar el pensamiento (paralelismo), no la sonoridad de la última sílaba del verso (como en español). Los poemas de los Evangelios[2] no respetan las reglas de la poesía griega, sino las reglas de la poesía hebrea.
  • Semitismos de composición: consisten en procedimientos de composición de un texto que sólo pueden ser explicados por medio de un texto original semítico. Por ejemplo, ése es el caso del Benedictus,[3] poesía compuesta de tres estrofas, cada una de las cuales tiene siete versos. En hebreo, los tres primeros versos de la segunda estrofa comienzan con verbos cuyas raíces aluden a los nombres de los tres protagonistas: Juan, Zacarías e Isabel. Esta triple evocación sólo existe en hebreo. Las traducciones al griego o a otras lenguas no la conservan. Carmignac indica unos treinta ejemplos de semitismos de composición en los Evangelios sinópticos.[4]
  • Semitismos de transmisión: consisten en errores de los copistas del texto original semítico. En los textos hebreos las vocales no se escribían y debían ser adivinadas por el lector, lo cual fácilmente podía provocar confusiones, como saben bien los descifradores de los manuscritos de Qumran. Por ejemplo, en Marcos 1,7 y Lucas 3,16 Juan Bautista dice: “Yo no soy digno de desatar (lashelet) la correa de sus sandalias”; pero según Mateo 3,11 él dice: “Yo no soy digno de llevar (las’et) sus sandalias”, lo cual es bastante menos natural. Carmignac indica unos quince ejemplos de semitismos de transmisión en los Evangelios sinópticos.[5]
  • Semitismos de traducción: consisten en traducir un término semítico que tiene más de una acepción por un término griego que corresponde a una acepción del término semítico que no es la que corresponde en ese contexto. Esto se da a veces bajo la forma de traducciones discordantes del mismo término semítico en textos paralelos. Por ejemplo, en Marcos 9,49 leemos con asombro: “Porque todo será salado con fuego.” Esto se explica considerando que el verbo hebreo “malah” tiene dos raíces que significan respectivamente salar y volatilizar. La traducción correcta sería: “Porque todo será volatilizado por el fuego.” El error del traductor se puede explicar porque en el contexto inmediato de este versículo se habla de la sal. Carmignac indica más de una docena de ejemplos de semitismos de traducción en los Evangelios sinópticos.[6]

Además de estas nueve clases de semitismos, pueden darse “semitismos múltiples”, cuando el mismo pasaje contiene a la vez varios semitismos de distintas clases enredados. Carmignac indica un ejemplo de semitismo múltiple.[7]

Los semitismos de las tres últimas categorías —composición, transmisión, traducción— demuestran que la lengua original de Mateo, Marcos y los documentos utilizados por Lucas es una lengua semítica, probablemente el hebreo. Para contradecir esta conclusión, se debería explicar de forma satisfactoria todos esos semitismos por medio de explicaciones válidas en griego. Pero además la cantidad de semitismos de las primeras cinco categorías (préstamo, imitación, pensamiento, vocabulario, sintaxis) y sobre todo de la sexta (estilo) sobrepasa con mucho lo posible en un escritor influenciado por su lengua materna o por el prestigio de un texto venerable.

Carmignac concluye lo siguiente:

“El griego de nuestros Evangelios testimonia un buen conocimiento de la lengua: los nombres están declinados correctamente, los verbos están conjugados correctamente, el vocabulario es relativamente bastante rico. Nuestros Evangelios griegos no fueron escritos por semi-iletrados; fueron escritos por personas que poseían una buena cultura griega, pero que no se expresaban con la independencia de un redactor, y se creían obligados a brindar lo más servilmente posible unos documentos preciosos. Nuestros Evangelios sinópticos no son composiciones realizadas en griego; son traducciones hechas sobre el hebreo (salvo el prólogo y las transiciones de Lucas). Y por lo tanto los verdaderos autores de Marcos y de Mateo son sus redactores hebreos. Para Lucas, la situación es menos clara, porque nosotros no sabemos si él mismo fue el traductor o si él recurrió a la competencia de algún colaborador bilingüe; entonces no podemos precisar a cuáles retoques él ha hecho someter a los documentos que se encontraban en sus manos; pero en general esos retoques han debido de ser superficiales, como lo atestiguan los numerosos semitismos que han subsistido.”[8]

Al final del Capítulo 3, Carmignac anunció que, más allá de este breve resumen, él estaba preparando un estudio técnico mucho más profundo, con listas completas, referencias bibliográficas, etc. Él esperaba que ese estudio ofreciera pruebas irrefutables de su tesis. Lamentablemente, la muerte impidió al autor completar su obra y esos estudios suyos más profundos permanecen inéditos.

El problema sinóptico

En el Capítulo 4 del libro, Carmignac presenta su visión del famoso “problema sinóptico.” Los Evangelios de Mateo, Marcos y Lucas se denominan “sinópticos” porque son tan semejantes entre sí que sus textos se pueden colocar en tres columnas paralelas para obtener una visión de conjunto. Sin embargo, también existen muchas diferencias entre los tres Evangelios sinópticos. El “problema sinóptico” (o la “cuestión sinóptica”) consiste en cómo explicar a la vez esas semejanzas y esas diferencias. Cientos de sabios han estudiado el problema sinóptico, sin llegar a resolverlo totalmente.

Para aproximarnos al problema sinóptico, primeramente consideraremos que las distintas perícopas (narraciones o discursos) de los Evangelios sinópticos pueden clasificarse en tres grupos y siete subgrupos:

  • Perícopas de tradición simple: están presentes en un solo Evangelio sinóptico (Mateo, Marcos o Lucas)
  • Perícopas de tradición doble: están presentes en dos Evangelios sinópticos (Mateo-Marcos, Mateo-Lucas o Marcos-Lucas)
  • Perícopas de tradición triple: están presentes en los tres Evangelios sinópticos (Mateo-Marcos-Lucas)

La gran mayoría de los exégetas contemporáneos, incluyendo a Carmignac, se inclina por la “teoría de las dos fuentes”, que sostiene que las fuentes de Mateo y Lucas son Marcos y el hipotético documento Q (del alemán Quelle, fuente), documento que Carmignac llama “Colección de Discursos”, porque narraría sobre todo discursos de Jesús. Algunos estudiosos agregan dos fuentes propias de Mateo y Lucas (M y L) obteniendo así la “teoría de las cuatro fuentes” (Marcos, Q, M y L).

Según estas teorías:

  • los textos de tradición triple y los de tradición doble Mateo-Marcos y Marcos-Lucas dependen de Marcos;
  • los textos de tradición doble Mateo-Lucas dependen de Q;
  • los textos de tradición simple “mateana” dependen de Q o M;
  • y los textos de tradición simple “lucana” dependen de Q o L

El fuerte consenso actual acerca de la prioridad de Marcos se basa sobre todo en dos aspectos de este Evangelio:

  • Su gran brevedad. Marcos narra menos hechos y muchos menos discursos que Mateo o Lucas, y esto sería poco verosímil si Marcos fuera posterior a Mateo o Lucas.
  • Su carácter testimonial. En muchas perícopas de tradición triple y de tradición doble Mateo-Marcos o Marcos-Lucas, Marcos proporciona detalles precisos y concretos, y a veces pintorescos, que parecen provenir de un testigo directo. La desaparición de esos detalles en Mateo y Lucas puede ser el resultado de su mayor concentración en el contenido teológico.

La fuente Q, el otro gran pilar de la teoría de las dos fuentes (además de la prioridad de Marcos), me parece menos sólida, debido a un grave problema que soslayé al presentar las tradiciones simples, dobles y triple, pero que debemos abordar ahora. Se trata de que, en los textos de tradición triple, con frecuencia Mateo y Lucas “modifican de la misma manera el texto de Marcos: las mismas omisiones, las mismas adiciones, las mismas sustituciones (ya sea en griego o en el hebreo subyacente.)”[9] Existen cientos de estos “acuerdos menores de Mateo y Lucas contra Marcos.” Para resolver este problema se han propuesto dos soluciones principales. Algunos expertos suponen que Mateo y Lucas no dependen de nuestro Marcos actual, sino de una redacción más antigua de Marcos.[10] Carmignac se inclina por la otra solución, agregándole su teoría sobre la redacción de Marcos en hebreo: “Parecería sobre todo que un compilador habría querido combinar Marcos y la Colección de Discursos en una sola obra y que en esta ocasión habría retocado con frecuencia el texto hebreo de Marcos, omitiendo ciertos detalles, transformando ciertas frases, agregando algunas explicaciones. Es este Marcos Completado el que habrían utilizado Mateo y Lucas. Así se explicaría por qué muchas veces Mateo y Lucas encajan la misma cita de la Colección de Discursos en el mismo lugar del relato de Marcos.”[11]

Carmignac subraya que Lucas no miente cuando habla de “muchos” relatos anteriores al suyo.[12] Según Carmignac, se trataría de al menos estas cuatro obras: Marcos, Colección de Discursos, Marcos Completado y Mateo. El mayor aporte de Carmignac sobre el problema sinóptico consiste en afirmar que, debido a sus numerosos semitismos de composición, de transmisión y de traducción (distribuidos en todas sus partes principales), esas cuatro obras más antiguas que Lucas deben haber sido escritas en un idioma semítico, probablemente el hebreo. La intervención de diferentes traductores del hebreo al griego ayudaría a explicar muchas de las diferencias entre los Evangelios sinópticos. Carmignac pretendía probar ampliamente su tesis en una gran obra en varios volúmenes, pero la muerte le impidió completar su tarea.

En la nota 10 de la página 55 Carmignac dice que la solución propuesta por él no cambiaría sustancialmente si se supusiera que el redactor de Marcos Completado es la misma persona que el redactor de la Colección de Discursos. Más adelante menciona la posibilidad de que ese redactor de ambas “obras” fuera el mismo Mateo, pero no tiene en cuenta de que esto podría sustentar una teoría alternativa a la teoría de las dos fuentes: Mateo se habría servido de Marcos y Lucas se habría servido de Marcos y Mateo. Esta hipótesis, defendida en nuestra época por Farrer, parece mucho más simple que la teoría de las dos (o cuatro) fuentes. Esta última da la impresión de multiplicar las fuentes sin necesidad (contra el célebre principio de “la navaja de Ockham”); pero en verdad las grandes complicaciones de esa teoría no son gratuitas, sino que provienen de una hipótesis inicial que me parece bastante cuestionable: que Lucas no tuvo a su disposición el Evangelio de Mateo. Quizás Carmignac, habiendo arremetido contra uno de los grandes postulados de la exégesis moderna (la redacción original de los Evangelios en griego) no quiso abrir otro frente de lucha arremetiendo también contra la fuente Q, otro de esos postulados.

Tres indicios de la antigüedad del Nuevo Testamento en 2 Corintios

En el Capítulo 5 del libro, titulado “Informaciones antiguas”, Carmignac presenta varios testimonios de los primeros siglos de la era cristiana acerca del origen de los Evangelios sinópticos. En primer lugar, Carmignac analiza tres versículos de la Segunda Carta de San Pablo a los Corintios (2 Corintios 3,6; 3,14 y 8,18) que ofrecen indicios sugestivos de que la redacción del Nuevo Testamento fue muy anterior a lo que supone la mayoría de los exegetas actuales.[13]

En el número 71 de Fe y Razón comenté esta parte del libro:

Otras informaciones antiguas

Enseguida Carmignac presenta y analiza los testimonios de:

  • San Papías de Hierápolis (69-150);
  • San Ireneo de Lyon (130-202);
  • San Panteno de Alejandría (muerto hacia 216);
  • San Clemente de Alejandría (150-216);
  • Orígenes (185-254);
  • Eusebio de Cesarea, obispo (275-339).

A continuación reproduciré esos testimonios:

“Marcos, que fue intérprete de Pedro, escribió con exactitud todo lo que recordaba, pero no en orden, de lo que el Señor dijo e hizo. Porque él no oyó ni siguió personalmente al Señor, sino, como dije, después a Pedro. Éste llevaba a cabo sus enseñanzas de acuerdo con las necesidades, pero no como quien va ordenando las palabras del Señor, más de modo que Marcos no se equivocó en absoluto cuando escribía ciertas cosas como las tenía en su memoria. Porque todo su empeño lo puso en no olvidar nada de lo que escuchó y en no escribir nada falso.”[14]

“Mateo compuso su discurso en hebreo y cada cual lo fue traduciendo como pudo.”[15]

Carmignac presenta otra versión de este segundo texto de Papías: “Mateo reunió pues en lengua hebrea los logia y cada uno los hêrmêneuse como fue capaz.”[16] Luego Carmignac argumenta que la palabra logia significa no sólo “dichos del Señor”, sino más ampliamente “cosas dichas por el Señor y cosas dichas sobre el Señor”; es decir que se refiere a “lo que ha sido dicho o hecho por el Señor.” Además argumenta que en este texto el término hêrmêneuse significa “tradujo”, no “comentó.”[17]

“Mateo, (que predicó) a los Hebreos en su propia lengua, también puso por escrito el Evangelio, cuando Pedro y Pablo evangelizaban y fundaban la Iglesia. Una vez que éstos murieron, Marcos, discípulo e intérprete de Pedro, también nos transmitió por escrito la predicación de Pedro. Igualmente Lucas, seguidor de Pablo, consignó en un libro el Evangelio que éste predicaba.”[18]

Carmignac ofrece una traducción bastante diferente de la primera frase de este texto de Ireneo: “Mateo publicó entre los Hebreos en su propia lengua una escritura del Evangelio.”[19]

“Se dice que él (Panteno) fue a la India; también se dice que él encontró que su venida fue anticipada por el Evangelio de Mateo, entre ciertos indígenas del país que conocían a Cristo. Bartolomé, uno de los apóstoles, había predicado a estas personas y les había dejado, en caracteres hebreos, la obra de Mateo, que ellos habían conservado hasta el momento del que estamos hablando.”[20]

Carmignac menciona una supuesta carta de Clemente de Alejandría “recientemente descubierta y que es probablemente auténtica”[21] y que contiene dos breves textos de un supuesto Evangelio secreto de Marcos. Podemos desestimar ese testimonio porque la gran mayoría de los estudiosos piensa que esa carta es una falsificación o bien que el Evangelio secreto de Marcos fue una obra apócrifa compuesta por un grupo gnóstico o esotérico en el siglo II.

“Como yo aprendí en la tradición acerca de los cuatro Evangelios, que son también los únicos incontestados en la Iglesia de Dios que está bajo el cielo, primero fue escrito aquel que es según Mateo, primeramente publicano, luego apóstol de Jesucristo. Él lo editó para los creyentes venidos del judaísmo y lo compuso en lengua hebrea. El segundo [Evangelio] es aquel según Marcos, quien lo hizo como Pedro se lo había indicado… Y el tercero por Lucas, el Evangelio elogiado por Pablo y compuesto para gentiles conversos. El último de todos el de Juan.”[22]

Cito los numerales 4-5 según la versión de Carmignac, p. 65; agregué el numeral 6 tomándolo de esta versión en inglés.

“Por su parte, Mateo, que en primer lugar predicó a los hebreos cuando ya estaba por dedicarse también a otros, expuso por escrito su Evangelio en su lengua materna, sustituyendo de este modo por escrito la falta de su presencia en medio de aquellos de los que se alejaba.”[23]

Carmignac concluye lo siguiente:

“Una veintena de otros testimonios patrísticos más tardíos, incluyendo los de San Epifanio y San Jerónimo, quienes conocían el hebreo y el arameo, afirman asimismo que Mateo escribió su Evangelio en hebreo. No podemos en absoluto rechazar una tradición tan antigua (desde los oyentes de los Apóstoles), tan estable (ninguna voz discordante) y tan universal (desde la India hasta la Galia). Los exégetas, demasiado numerosos, lamentablemente, que rehúsan tenerla en cuenta no hacen una obra científica.”[24]

Carmignac añade en nota un dato decisivo:

“San Jerónimo precisa incluso, en su De Viris Illustribus , cap. 3,[25] que un ejemplar del Evangelio hebreo de Mateo se encontraba todavía en su tiempo (en 392) en la biblioteca de Cesarea.”[26]

Una verificación

Al final del Capítulo 5, Carmignac prueba que las hipótesis sugeridas por su estudio de los Evangelios sinópticos – basado principalmente en sus semitismos – son compatibles con los datos suministrados por San Pablo y por los primeros Padres de la Iglesia y escritores eclesiásticos.

Carmignac subraya un dato fundamental: los Hechos de los Apóstoles, después de relatar con gran cantidad de detalles de menor importancia el viaje de Pablo entre Cesarea y Roma, terminan bruscamente, sin decir nada sobre el resultado final del proceso judicial por el cual Pablo había sido llevado a Roma.[27] Hay una sola explicación convincente de este extraño final del libro: que Lucas haya compuesto los Hechos durante el cautiverio romano de Pablo, entre los años 61 y 63. Este fuerte argumento llevó al mismísimo Harnack, el principal exégeta del protestantismo liberal, a retractarse de su opinión sobre la fecha de redacción de Hechos, que él había supuesto no anterior al año 78. Además, de los prólogos de Lucas y Hechos se deduce que Lucas es anterior a Hechos, por lo que su composición debe situarse a más tardar en los años 58-60.

Carmignac agrega que la composición del Mateo hebreo no puede ser fijada ni mucho antes ni mucho después que la de Lucas, “porque sus Evangelios de la Infancia son tan diferentes que cada uno ignoraba manifiestamente la obra del otro.”[28] Este argumento no me parece concluyente.

En resumen, según Carmignac las fechas más tardías que se pueden admitir son: hacia 50 para Marcos y la “Colección de Discursos”, hacia 55 para el “Marcos Completado” y hacia 55-60 para el Mateo hebreo; empero, en función de los tres textos de 2Corintios antes comentados, unas fechas más antiguas son netamente más probables.

Dado que el Evangelio de Mateo no sería más que un desarrollo del Marcos Completado, es probable que el propio apóstol Mateo haya sido el redactor de la Colección de Discursos e incluso del Marcos Completado. Esta tesis es coherente con el testimonio de los Padres de la Iglesia sobre la autoría del primer Evangelio.

Carmignac piensa que es probable que Pedro sea el autor del Evangelio de Marcos en lengua semita (hebreo o arameo). Se basa principalmente en el siguiente argumento: Marcos 1,1-15 resume en forma muy breve y esquemática varios hechos importantes del comienzo de la vida pública de Jesús; pero el estilo de Marcos cambia súbitamente en 1,16, en el relato del primer encuentro de Jesús con Pedro. Desde ese punto en adelante se desarrollan los recuerdos de un testigo ocular. El “estilo visual” se conserva durante todo el resto del Evangelio.

Opiniones modernas

En el Capítulo 6 (Opiniones modernas) Carmignac presenta las obras de 49 autores modernos que estiman que uno o más de los Evangelios sinópticos – Mateo, Marcos y las fuentes de Lucas – fueron compuestos originalmente en hebreo o arameo. Entre esos autores figuran algunos muy conocidos: Eberhard Nestle, Julius Wellhausen, Marie-Joseph Lagrange, René Laurentin, David Flusser, Pinchas Lapide, Claude Tresmontant, etc. Estos autores se reparten en dos corrientes numéricamente muy parejas entre sí: 24 de ellos estiman, con mayor o menor certeza, que la lengua original fue el arameo; mientras que el resto se inclina por la lengua hebrea.

Carmignac, partidario del origen hebreo de los Sinópticos, dice que el Mateo arameo fue “inventado” por Johann-Albrecht von Widmanstadt en 1555, quien “imaginó” que el hebreo ya no era utilizado en tiempos de Jesús. Por el contrario, los manuscritos de Qumrán, descubiertos en 1947, probaron de manera incontestable que en tiempos de Jesús el hebreo era todavía una lengua muy viva.De todos modos, en este tema lo realmente importante para la exégesis es saber si los Evangelios sinópticos fueron redactados en griego o en una lengua semita. Que esa lengua semita haya sido el hebreo o el arameo es bastante secundario.

Carmignac dice que su libro El nacimiento de los Evangelios sinópticos forma una especie de trilogía con Refechando el Nuevo Testamento de John A. T. Robinson y El Cristo hebreo de Claude Tresmontant. Siguiendo métodos muy diferentes, los tres autores llegaron a conclusiones muy similares casi al mismo tiempo. Robinson siguió un método únicamente histórico, Tresmontant usó métodos históricos y filológicos y Carmignac trabajó con un método principalmente filológico, con algunos apoyos históricos.

Conclusiones

Carmignac resume sus principales conclusiones de la siguiente manera:

  1. Es seguro que Marcos, Mateo y los documentos utilizados por Lucas han sido redactados en una lengua semítica.
  2. Es probable que esta lengua semítica sea el hebreo más que el arameo.
  3. Es bastante probable que nuestro segundo Evangelio haya sido compuesto en lengua semítica por el apóstol S. Pedro.
  4. Es posible que el apóstol San Mateo haya redactado la Colección de Discursos o que haya redactado la Fuente Común utilizada por nuestro primer y nuestro tercer Evangelio.
  5. Incluso si se objetan las indicaciones de la segunda epístola a los Corintios, no es verosímil situar la redacción de Lucas en griego más tarde que los años 58-60; no es verosímil situar la redacción definitiva en lengua semítica de nuestro primer Evangelio mucho más tarde que Lucas; no es verosímil situar la redacción en lengua semítica de nuestro segundo Evangelio mucho más tarde que los alrededores del año 50.
  6. Si se tienen en cuenta las indicaciones de la segunda epístola a los Corintios, no es verosímil situar la redacción de Lucas en griego más tarde que los años 50-53; no es verosímil situar la redacción definitiva en lengua semítica de nuestro primer Evangelio mucho más tarde que Lucas; no es verosímil situar la redacción en lengua semítica de nuestro segundo Evangelio mucho más tarde que los alrededores de los años 42-45.
  7. Es probable que el Evangelio semítico de Pedro haya sido traducido al griego, quizás con algunas adaptaciones, por Marcos, en Roma, a más tardar hacia el año 63; es nuestro segundo Evangelio, que ha conservado el nombre de su traductor, en lugar del de su autor.
  8. Es verosímil que el traductor griego de Mateo haya utilizado el texto de Lucas.[29]

Respuestas a objeciones

En un Anexo, Carmignac responde de un modo claro y convincente 22 críticas del P. Pierre Grelot (un destacado exégeta católico) y otras dos objeciones. Algunas de las críticas de Grelot llaman poderosamente la atención:

Las críticas 1ª, 3ª y 10ª demuestran que Grelot no leyó con un mínimo de atención la obra de Carmignac.

La 22ª crítica manifiesta una profunda agresividad: “Yo pienso… que ellas (las hipótesis de Carmignac) dormirán entonces (hacia el año 2000) en el cementerio de las hipótesis muertas. No se puede excluir que, de tiempo en tiempo, un erudito las desentierre e intente resucitarlas. ¡Pero en vano! Yo al menos he echado por adelantado, con cierta pena, algunas paladas de tierra sobre su tumba: ellas bien merecen este último homenaje.”[30] No parece adecuado que un sacerdote católico se exprese así sobre la obra de un colega; máxime cuando ese colega era un prestigioso erudito y la obra compendiaba el resultado de veinte años de esmerado estudio.

La absoluta seguridad con que se expresa Grelot contrasta con el hecho de que él no refuta ninguno de los 56 ejemplos de semitismos de composición, transmisión o traducción aportados por Carmignac como pruebas del origen semítico de Mateo, Marcos y las fuentes de Lucas, sino que se limita a calificarlos globalmente como “simples asonancias” (7ª crítica).

La 9ª crítica parece revelar la razón profunda de tanta agresividad. Grelot acusa a Carmignac de estar movido por un fundamentalismo estrecho. Reproduzco la respuesta de Carmignac: “Los lectores de la gran obra (377 páginas) de James Barr sobre el Fundamentalismo… juzgarán si este término se puede aplicar a mí. Si es debido a un prejuicio y a falsos argumentos que se admite el origen muy antiguo de la redacción final de uno o varios Evangelios, es evidentemente un error. Pero si se conocen argumentos serios a favor de este origen muy antiguo, ¿por qué se debería ocultar estos argumentos? Y si ellos conducen a un no creyente a plantearse el problema histórico de Jesús, o si ellos reconfortan la fe vacilante de un cristiano en dificultades, ¿qué inconveniente hay?”[31]

Resumiendo, en mi opinión, la obra de Carmignac es sumamente valiosa y merece ser divulgada ampliamente, estudiada a fondo y continuada por otros expertos.


[1] Son de Daniel Iglesias Grèzes, las traducciones de la obra del P. Jean Carmignac La naissance des Évangiles synoptiques, publicada por François-Xavier de Guibert, Quatrième édition, Paris 2007 y de algunos otros textos referidos. La primera de las dos partes de este trabajo de este trabajo fue publicada en el número 80 de  Fe y Razón.

[2] i.e El Benedictus, el Magnificat, el Padrenuestro, el Prólogo de Juan, la Oración Sacerdotal de Juan 17.

[3] Lucas 1,68-79.

[4] pp. 36-40.

[5] p. 40-43.

[6] pp. 44-48.

[7] pp. 48-49.

[8] p. 50.

[9] p. 54.

[10] Llamada en alemán Ur-Markus.

[11] p. 55.

[12] Lucas 1,1.

[13] pp. 59-61.

[14] Papías, Explicación de los Dichos del Señor, citado en:Eusebio de Cesarea, Historia Eclesiástica, III, 39, 15.

[15] Papías, Explicación de los Dichos del Señor, citado en:Eusebio de Cesarea, Historia Eclesiástica, III, 39, 16.

[16] p. 62.

[17] pp. 62-63.

[18] San Ireneo de Lyon, Contra los Herejes, III, 1, 1.

[19] pp. 63-64.

[20] Eusebio de Cesarea, Historia Eclesiástica, V, 10, 3, según la versión de Carmignac, p. 65; véase (en inglés) en newadvent.org Eusebius, Church History (Book V).

[21] p. 65.

[22] Orígenes, Comentario sobre el Evangelio de Mateo, citado en: Eusebio de Cesarea, Historia Eclesiástica, Vol. 6, 25, 4-6.

[23] Eusebio de Cesarea, Historia Eclesiástica, Vol. 3, 24, 6.

[24] pp. 67-68.

[25] Migne, vol. XXIII, col. 613.

[26] p. 67, n. 22.

[27] Hechos 27-28.

[28] pp. 69-70.

[29] pp. 95-96.

[30] p. 111.

[31] pp. 103-104.