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Milton Iglesias Fascetto

La Iglesia es el lugar de nuestra Comunión; es, dice la Lumen Gentium nn. 2-4, la comunión de los hombres con Dios. La Iglesia es un proyecto eterno de la Santísima Trinidad, la proyección terrena de la Comunión eterna de Dios. Es el lugar del Reino de Dios, donde Dios es reconocido como Padre y como Amor. Es familia de Dios, cuerpo místico de Cristo, pertenencia y propiedad de Cristo y selección entre los vivientes. Podríamos decir que la Iglesia es una colonia del Cielo en la Tierra, un anticipo de la comunión final. Es también servicio a la comunidad y testimonio del “hombre”.

La Iglesia es por naturaleza misionera, porque tiene el encargo de llevar la comunión a todos los seres humanos de todas las épocas. Es fuente de la Comunión porque es esposa y madre. Hueso de los huesos de Cristo, carne de su carne; Él la lavó con su sangre, la liberó, la elevó, la limpió con el agua del bautismo y la embellece con la caridad.

Cristo hizo a la Iglesia bella, pura, casta. Le dio su presencia y su sacrificio (Eucaristía). Le dio su Palabra, la hizo heredera, le confió su misión; por eso es tan hermosa a pesar de las imperfecciones humanas de sus integrantes.

La Iglesia es Madre de los pueblos: los convoca a la Fe, los engendra en el Bautismo, los educa con la Palabra de Dios, los alimenta con la Eucaristía, los cuida con el cariño de la caridad.

Nosotros todos somos la Iglesia. Ella es nuestra Madre y Maestra. A una madre se le curan las heridas con cariño y con piedad.

Nuestro amor práctico a la Iglesia tiene nombres: el primero es el del Papa, centro de la unidad de la Iglesia. Por eso debemos escuchar al Papa y seguir sus orientaciones. Junto al Papa están los Obispos, los sucesores de los Apóstoles. Seamos solidarios con ellos, en compartir sus dificultades y colaborar en la comunión de la Iglesia local. La Iglesia es para mí y yo soy para la Iglesia, pues Cristo en la Iglesia está con nosotros. Oremos pues por la Iglesia, amémosla con ternura apostólica.

El corazón de la Iglesia es la Eucaristía, realización de la Iglesia, y por eso en ella entramos en comunión con la Iglesia celestial y con la Iglesia terrenal.